S.O.S

TABLÓN DE ANUNCIOS


Memoria histórica:

Hay una paradoja formal en negarse a revisar el pasado en nombre del presente y del futuro, que se supone que es lo que en el fondo importa, porque los interesados en impedir ese esclarecimiento son precisamente ese pasado, aunque hayan nacido después. Por eso los integrantes del falso sindicato Manos Limpias parecen sacados de una peli neorrealista italina que buscase fascistas redivivos


Control de Internet

El 'lado oscuro' de Internet es el lado oscuro del ser humano; los que han pretendido eliminar de raiz este último, sólo han conseguido destruir al hombre: igual con la Red


Y odio que se me mueran los amigos, cada año que pasa más. Y no tengo tantos. Y no era para tanto, no erán todavía viejos. La primera, Elsa, pobre, las mejores piernas y unos ojitos azules espectaculares; luego Antonio y a continuación Ramón, dos inteligencias portentosas, en serio; luego María, y ahora Dani, mi guiri favorito, ese sí, un emprendedor de verás y no estos negreros chorizos.




27/01/2012

"MEJOR" QUE VELÁZQUEZ


Quisiera reiterar mi opinión en un asunto presunta o lateralmente artístico que surgió en el post del hombre león de hace unos días: que no tiene propiamente sentido hablar de Progreso’ en el Arte, por un lado, y por otro, que la búsqueda obsesiva de lo nuevo, cuando no directamente de escandalizar o 'colgar' no 'obras' sino proclamas y  manifiestos teóricos y rompedores, ha suplantado o al menos apartado a muchos artistas modernos de la senda de la búsqueda de la belleza o la ha trocado por eso tan temporal y banal de estar al día o incluso ‘epatar’. Provocar en vez de emocionar es un cambio empobrecedor que sufre gran parte del llamado arte actual. Lo que importa es la 'Libertad' del propio artista, aunque una libertad sin contexto social siempre es autista.

Algunos 'modernos' lo llaman arqueología, confundiendo el camino con el destino, pero toda verdadera obra de arte aspira -y más si se pretende rompedora- a ser clásica, es  decir, a formar parte de un canón y a no estar jamás de moda para así no pasar nunca de moda. Picasso no pretendía algo tan tonto como pintar distinto que Velázquez, sino pintar, en cierta forma, igual: como un clásico que le tuteara en El Prado y no como un refugiado de los salones de modernillos. Las vanguardias que permanecen entre nosotros son sólo aquellas que se instalaron en dicho canón, de Cezanne a Morandi. Lo diré de otra forma: Rubens no está anticuado, Dalí, sí. No digamos ya esa forma infantiloide y pretenciosa de gritar, 'caca, culo y pis' a lo Duchamp de colgar un urinario rotulado: eso quedó antiguo al día siguiente de la primera impresión; mientras la Gran Ola de Hokusay frente al Monte Fuji sigue ahí, aunque sea adornando carpetas escolares o calendarios: eso es la eternidad.

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Los cromañones compartían con Duchamp la idea de que no son los pintores sino los espectadores los que hacen las pinturas, y ahí acaba el parecido, porque eso lo decía milenios después alguien que no creía en la palabra como forma de comunicación eficaz, mientras que los 'sapiens' eran superiores a la fauna que les rodeaba precisamente por el lenguaje. Estaba interesado en las ideas (¿o sólo eran ocurrencias?), pero se negaba a expresarlas en lenguaje coherente y renegaba de lo que él llamaba ‘productos visuales’. Creía en el artista, no el Arte. Acabáramos. Tanta contradicción generó una confusión que dura en algunos hasta hoy, aunque no en una inmensa mayoría que jamás se lo planteó.

Los principios son el culmen. Todo cromañón sabía más del comportamiento animal, de la fauna que le rodeaba y en la que vivía inmerso que la mayoría de los biólogos del siglo XXI. Para darse cuenta de esto, basta mirar los detalles de las pinturas rupestres naturalistas del Sur de Francia y el Norte de España. Un genio como Velázquez, familiarizado con los caballos y hasta a tratar con ellos (era poco más que un criado del rey, aunque sin las funciones de ensillar o enganchar), podía retratarlos magníficamente, como evidencian sus retratos ecuestres, aunque no fueran el motivo prioritario, pero, como el resto de grandes pintores del Siglo de Oro, otros animales levemente menos familiares, como los de caza, una perdiz o una liebre sin ir más exóticamente lejos, sólo los podía representar como los conocía: muertos en un bodegón.

Es claro que el cromañón no empleaba todo su tiempo en cazar como creen algunos (Marshall Shalins demostró que los 'primitivos' actuales emplean mucho menos tiempo para conseguir alimentarse que un oficinista urbano moderno: tienen más tiempo de ocio), sino en algo previo y necesario aunque no suficiente: observar. El buen cazador sabe ver y mirar mejor que la mayoría, igual que el artista, que es posible que en aquellos momentos fuera el mismo sujeto. Los cromañones pasaban la mayor parte del tiempo no cazando, sino observando, durante horas, días y semanas. Vivían en medio de una fauna cuyo comportamiento les era tan familiar con el suyo propio, sabían de las rutinas de los animales, de los más sutiles cambios, desde el pelaje a los itinerarios habituales. Por eso pintaban un caballo, en cierto modo, mejor que Velázquez. Y es lógico. No hay ninguna razón para pensar que esos individuos idénticos a nosotros, sentados a nuestra mesa en ese banquete del que hablaba también hace poco, no contasen con gentes de gran talento, pero con mucho más criterio 'zoológico', por así decir que un 'urbanícola' como Don Diego.(Por cierto, El Bosco pintaba mejor muchas aves que los ornitólogos actuales: fijaos en el martín pescador o el jiguero del lado izquierdo de El Jardín de las Delicias).

En las paredes de roca, sí, pero también en asta, hueso, arcilla, marfil, piedra, cuero y madera, se buscaban las posturas más vivaces: un macho de reno olisqueando los genitales de una hembra, otro con la cola levantada en señal de alerta, dos mamuts enfrentados cabeza a cabeza, aquel caballo con el pelaje de invierno y con la crin rodeándole la mandíbula, casi como una barba, otro bisonte arrascándose el lomo…Los artistas del Paleolítico tenían un gusto distintivo por la emoción.

Emoción. Es una simpleza pensar que la ciencia no puede despertar emociones como el Arte o que una ecuación no puede encerrar una poderosa estética, aunque no sea eso lo prioritario. Pero ahora contemplo el caballo de Velázquez enjaezado, y tripón como el de Lascaux, y me produce menos emoción que el de Picasso, hipando al cielo. Pero si fuera un extraterrestre recién llegado a este planeta, serían los auriñacienses y gravetienses de hace decenas de miles de años los que me mostrarían de verdad lo que es un caballo. Y como sería un cabezota extraterrestre, serían también los que más me emocionasen.

Por cierto, la búsqueda de la belleza, en la que está implicada la simetría, las proporciones y la armonía, es evolutivamente adaptativa, como lo es el miedo (evitar al predador o los accidentes) o el asco (evitar las toxinas y envenenamientos). Son productos de la Evolución, lo que no quiere decir en absoluto que sean planas funciones fisiológicas sin más y sin posibilidad de ser modeladas y hasta contradichas por la cultura o el aprendizaje. Sin embargo, los teóricos de la Historia del Arte y la crítica, como esos adolescentes que creen haber inventado el sexo o el beso con lengua, piensan que es un logro no sólo superado (la búsqueda de lo bello), sino sólo existente en la medida  en que ellos, los ‘expertos’ lo sancionen. Y lo tengo dicho hace tiempo, los expertos, en cualquier campo, acaban siendo superfluos, por su manía de traer pensadas las soluciones de antemano en lugar de enfrentarse honestamente a los problemas. Por eso los científicos nunca se reivindican como expertos, sino como pertinaces curiosos interesados en algo o en todo. Y que San Duchamp me perdone.

25/01/2012

PLANETAS, CIENCIA Y PROFANOS (historias de la ciencia y del olvido)


Cuando los catetos de las universidades de tierra adentro discutían airadamente sobre la posibilidad de que la Tierra fuera redonda, es decir, sobre que viviéramos en un planeta y no en un terrario más o menos amplio, los navegantes lo sabían desde siempre. No porque hubiera circunvalado la Tierra navegando por sus océanos, que también (y antes de Colón), sino porque ‘veían’ directamente todos los días encalmados de singladura su esfericidad: no sólo ese horizonte curvo que sólo se distingue en mar abierto, sino la desaparición de otro barco en ese horizonte, ‘cayendo’ por el otro lado mucho antes de que la distancia le hiciera disminuir tanto de tamaño como para dejar de verlo.

Igualmente, ahora, desde hace muy pocos lustros, sabemos que hay otros planetas en torno a otras estrellas que no son nuestro sol; los planetas extrasolares son un descubrimiento reciente en la astronomía, pero para la gente corriente y profana es obvio que los había. “Ah, ¿pero es que no sabían eso?”

El descubrimiento real es de 1995, aunque tres años antes un polaco (como Copérnico) había detectado unos objetos extraños alrededor de otro grande tipo pulsar. Los suizos Michel Mayor y Didier Queloz (entonces profe y alumno, hoy emérito y ‘cátedro’), de la Universidad de Ginebra, detectaron un planeta en órbita de una estrella que no es el Sol. Con ello abrieron una brecha que no han hecho sino ensanchar los que vinieron detrás: la búsqueda de planetas extrasolares. Este primero quedó bautizado Pegasi 51 b, es decir, el planeta b en torno a la estrella 51 de la constelación de Pegaso. 

Desde entonces se ha incrementado la lista en 700 y sigue creciendo. Son planetas a los que probablemente nunca llegaremos, porque están a años luz de nosotros (50 en el caso mencionado),  así que nunca lo haremos 'personalmente', sí con nuestro instrumental crecientemente fino. El objetivo, confesado o no, es encontrar planetas similares al nuestro, rocosos, de una masa similar a la Tierra y a una distancia apropiada de su sol para que el agua se encuentre en forma líquida. Si hay presencia de vida, se notará en su atmósfera, no tanto porque esta permita a aquella, como  a la inversa, porque la vida deja señales en la atmósfera, como metano, nitrógeno y el omnipresente oxígeno, que a su vez, en una retroacción genial, provoca la aparición de vida aerobia.

Ah, salvo Venus, Júpiter y Marte a veces, los planetas no suelen poder verse: son objetos sin luz propia y precisan de técnicas indirectas para ‘verlos’ (figuradamente). La de nuestros suizos se basa en la llamada velocidad radial, una suerte de bamboleo que induce gravitacionalmente en la estrella que es su sol el planeta que gira a su alrededor.

Pero, claro, se lo cuentas esto al de la tienda de la esquina y  él te suelta una de ovnis y a continuación te dice que claro, que como no va a haber más planetas. Y si lo piensa uno fríamente, no puedes dejarle de dar la razón. La Tierra era redonda antes de Colón, y los planetas estaban ahí, en la mente de cualquier tendero, pero ahora también en los instrumentos de nuestros astrónomos.


AMORES Y ODIOS


 Un camino banal y embarrado, unas cunetas y unas trincheras marrones, una valla deslabazada, pero la foto es la luz

1
(preámbulo: antes de andar)
  La sabiduría popular, que tan a menudo no es ni una cosa ni otra (ni popular ni sabiduría) dicta que el amor y el odio son sentimientos peligrosamente próximos y transmutables. Puede que en algunos casos sea así, como en el conocido amor pasión despechado, pero en muchos otros no. Yo odio cosas que jamás he amado ni amaré. Veamos



2
  Muchas veces os he hablado de mi odio al turismo —¿debería decir 'de masas', cuando siempre lo es?—,  así que no os cansaré. Esta vez, simplemente, me viene a cuento del odioso fenómeno una frase de Marx y Engels del Manifiesto: “todo lo sólido se desvanece en el aire, todo lo sagrado es profanado”

 

3 
No me suelen gustar las joyas, pero si algunas piezas graciosas de bisutería, y prefiero muchas piedrecillas curiosas, el ámbar y el coral a tanta piedra preciosa. El preciado alabastro me resulta casi asqueroso, mientras que la ‘vulgar’ madera me parece un material nobilísimo. De la apabullante máscara de oro de Tutankamón lo que más me gusta es la pasta de vidrio azul de sus ojos.

4 
Amor/odio a la lectura digital. No. Leo digital lo que nació digital, como este blog, y analógicamente en papel y tinta en forma de libro lo que como tal nació. Y creo que seguiré en esa convivencia sin suplantaciones mucho tiempo. Mi biblioteca es analógica, mi escritura cada vez más digital. Soy un comanche que hace de guía a las tropas invasoras del 5º de Caballería.


5 
Odio lo que estando ya inventado se vende como nuevo, por ignorar los precedentes o por oportunismo, aunque perdono peor esto último. Y esa es la parte que odio del Movimiento del 15 M y de los indignados, que son como esos chavales repletos de hormonas que piensan que antes de ellos no existía el sexo ni los besos con lengua. Los del 15 M son en cierto modo como para algunos europeos abstrusos las ‘caucuses’ de Estados Unidos, con toda su pureza  primitiva democrática y asamblearia en la que priman las decisiones comunitarias sobre el simple gesto rutinario de introducir un voto en una ranura, porque no se trata de depositar una papeleta tanto como de debatir en pública asamblea quién nos representa para elegir a otro. Como en lo 'otro,' meterla está bien, pero no es lo único, ni siquiera lo primero.


6
Odio a los héroes en lo que tienen de opuesto a la gente corriente. Un héroe es alguien que entrega su vida a cambio de sus sueños. Una persona corriente es la que entrega sus sueños, ay, a cambio de su vida (y a eso le llamamos trabajo). (Y odio a los que se repiten, y aquí lo he hecho, aunque es mejor que autocitarse)

Y odio a los mártires. Con el asunto de los cristianos y otros chantajes suicidas, siempre me pongo de parte de las fieras. Me parece siempre más sagrada -y más limpia- la tinta del sabio que la sangre del mártir,  que no tiene argumentos para mí.


7
Me gustan por lo común los niños. Por eso odio las mecánicas, estereotipadas representaciones de autómatas infantiles conocidas como funciones teatrales en los colegios. Adoro a los niños traviesos y detesto a los mimados, a los que se 'buscan' la vida y no a los que reclaman que se la solucionen.
8
Odio los irracionalismos, pero admito la necesidad de una cuota de irracionalidad en la vida de cada cual. Chesterton decía algo así como que los que no creemos en Dios estamos expuestos a creer en cualquier cosa, y parte de razón tenía, sobre todo al señalar el mayor irracionalismo y quizás el más consolador de todos: Dios. Parece paradójico que en la época de los brillantes desarrollos de la física y la biología que para hablar de supersticiones (adosadas o no a las religiones), astrologías y fanatismos diversos, y habrá quien diga que para cubrir la cuota bastan con las religiones, a ser posible las ‘buenas’, o sea, los monoteísmos con pedigrí y no las cienciología y demás vainas. No obstante, tanto como pueda detestar esos irracionalismos, tanto los comprendo en su necesidad: no hay nada más inhumano que alguien absolutamente racional; no es razonable.
9
Odio las masas, la gente como plural, su comportamiento ciego e irreflexivo, cuyo máximo exponente son los linchamientos, físicos o metafóricos. Desde ese punto de vista, la aclamada Opinión Pública tampoco me agrada; pero la gente, las personas, algunas, de una en una, me encantan y entiendo el mensaje cristiano y nómada de considerarlas de una en una, insisto, mis hermanos. Soy huraño, pero filántropo.
10
Me suele gustar el deporte; verlo y practicarlo, aunque hay deportes divertidos de jugar y aburrridos de ver (el golf) y a la inversa. Odio el mal llamado periodismo deportivo, hablado, escrito o presentido. Pero me gusta que los buenos literatos escriban sobre estos asuntos, no suelen incurrir en bobos cotilleos y transmiten heroismo y entusiasmo.
11
Adoro el contacto sexual y no odio, pero me entristece el sin-tacto sexual (si te masturbas pensando en mí, dímelo, por favor, igual podemos hacer algo juntos para mejorarlo). Amo a las mujeres, pero detesto a las mujeres 'femeninas'.
***
Tenía más, pero no quiero llegar al 13, por superstición (Adoro la curiosidad y detesto a los cotillas, me gusta lo nuevo, pero no lo actual, que es su contrario en cierto modo; detesto los eufemismos, pero también las 'sinceras' groserías...etc.) Ah, y odio subrayar lo que yo escribo (como, sin embargo, he hecho aquí), pero adoro subrayar lo que escriben otros.

24/01/2012

TODO ESTO NO ES ARTE (O SÍ), PERO SE LE PARECE

a las tres, a las cuatro,a las cinco,
a las once,



Puede que arte sea lo que produce emoción, un cuarteto de Mozart o un desnudo de Degas, o puede que el Arte sea lo que teniendo otra función confesa: simbolizar, representar, ilustrar, acoger, cortar, cubrir una pared, proteger de la lluvia, acompañar las colaciones..., además emociona. Lo que nunca será arte es lo que simplemente te muestran entre copas y canapés y te dicen que lo es en una inauguración; lo que formalmente se presenta como tal desde un principio y ni te emociona ni, ya, te escandaliza, ni expresa la supuesta libertad libérrima del creador.¿Conclusion?

René Magritte, Giorgio Morandi, auriñaciense de Chauvet (Francia), gravetiense (Francia), Miroslav Tichý, Edgar Degás, Decó sin firmar, Miguel Ángel, Etrusco sin firma, Chozo sin firma, Románico, Merindades, sin firma pero con marca de cantero,  Arte plumario precolombino de Perú, Ilustración de Fernando de VIcente, artista desconocido (comedero de granito) y Lansky, río y Lansky, artista desconocido -grafitero- y comerciante -rotulista, Mozart

23/01/2012

EL SER IMAGINARIO MÁS ANTIGUO


El ejemplo más antiguo de un ser imaginario -más de 34.000 años- es el Löwenmensch, el Hombre León, o sea, un humano con cabeza de león, una estatuilla mítica a caballo entre ambos mundos muy diferente a cualquier otra cosa o artefacto prehistórico que se hubiese descubierto antes.
Se encontró en 1939 en la caverna de Hohlenstein-Stadel, literalmente “granero de piedra hueco” en un acantilado meridional del valle de Lone, en los Alpes suevos del sur de Alemania. Se trata de una asentamiento auriñaciense notable por los restos de marfil de mamut. Al inicio de la Segunda Guerra Mundial se interrumpieron las excavaciones y no se reanudaron hasta 1954. Las piezas extraídas durante los siete años siguientes, hasta el comienzo de la década de los sesenta, permanecieron olvidadas en el museo de Ulm hasta que al final de esa misma década Joachim Halm comenzó a unir fragmentos de marfil rotos que se habían encontrado en un nicho de la caverna y…que fueron formando la figurita del hombre león. Finalmente surgió poco a poco una estilizada imagen humana, ¿humana? De 28 centímetros de altura.

En el brazo izquierdo tiene unas marcas oblicuas, tatuajes o quizás escoriaciones (heridas cicatrizadas aposta para permanecer); sin embargo, los pies son patas, aunque erguidas. Es masculina, sin mamas: un hombre-animal, un ser mítico, el primero que conocemos, un ente fronterizo entre el cazador y su presa. Una frontera muy fluida, por cierto.

El artista o la artista (yo lo considero más probable) que la esculpió vivió en esa región del Danubio superior en una horda cromañona que cazaba uros, osos, mamuts y rinocerontes, como los colmillos que sirvieron de soporte a la talla. Con ese mismo marfil se fabricaban varillas, colgantes, cuentas y otros artefactos únicos. También había tallas de otros animales no míticos, normalmente grandes y poderosos de los que se realzaba la expresión del rostro, pero se minimizaban las extremidades: siempre se hacían algo paticortos. Y muchas tenían grabadas líneas o puntos. Luego, siglos más tarde, los mismos cromañones auriñacienses tallaron pequeñas figuras femeninas de enormes pechos y vulvas muy explícitas, muslos y vientres prominentes. Esculpir mujeres con rasgos sexuales exagerados, incluso monstruosos formó parte desde sus comienzos de este arte, pero detrás del Hombre León, aunque mucho antes que Rubens(*).


El Hombre León, claro, es también una estatuilla preciosa, en sus varios sentidos, y la primera muestra de escultura de la historia. Su semblante es sereno, enigmático, entre animal y humano. Es también indudablemente un símbolo, un exponente de alguna creencia que quizás no tengamos tan olvidada como creemos. Jung, desde luego, opinaría que no lo está (olvidada).
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(*) Otro hallazgo absolutamente trascendente es el de cuatro flautas de hueso y marfil de 35.000 años de antigüedad en la caverna Hohle Fells. Una de las flautas está tallada en un hueso de...¡buitre! y mide casi 22 centímetros, con cinco orificios y un extremo perforado con una muesca.

20/01/2012

EL FOTÓGRAFO VAGABUNDO









No, no se trata de mí, más quisiera, en cierto modo, aunque de otro, no.

Como amante de la fotografía tengo en casa fotos hechas por mí, que considero suficientemente buenas, y fotos hechas por amigos, pero sólo tengo fotos de otro fotógrafo, y no especialmente famoso salvo al final de sus días. Las tengo porque me gustan mucho, pero también porque me interesa su historia (la del fotógrafo) y lo que yo creo que representa en esta sociedad no ya de consumo, sino del capricho y el despilfarro ostentoso y obsceno: Miroslav Tichý.

En fotografía, como antes sobre todo en música y quizás también pase con los libros, existe una pléyade de ‘falsos’ aficionados que en realidad son más o menos fanáticos de ciertas tecnologías representadas por los medios que permiten ejercer esa afición. No son melómanos, sino amantes de los equipos de Alta Fidelidad,  HiFi (antes, ahora de lo que sea, incluidas las descargas), ni de la fotografía, sino de los equipos y cámaras fotográficas. Lo sé porque yo aúno el amor por la lectura y el amor y devoción fetichista por ese objeto inigualable en su sencilla efectividad que es el libro de papel, pero sé que ser bibliófilo, o aún más bibliómano, no implica ser un buen lector.

En fotografía no me sucede. Los equipos de fotografía me interesan en la medida que me permiten captar la imagen del modo que deseo, me da igual una cámara desechable que mi vieja Pentax o mi actual Leica digital, pero eso sí, la Leica es mejor para mis fines.

Miroslav (como mi amigo de la red de Conciertos y desconciertos) Tichý era un fotógrafo obligadamente desdeñoso de los equipos, porque vivía precariamente aunque orgulloso con lo estrictamente esencial que encontraba en las calles; sus asombrosas y bellamente borrosas fotos estaban hechas con cámaras construidas por el mismo con envases diversos, a menudo de cartón y las lentes a veces estaban talladas también por el mismo, como los telescopios de Galileo desde culos de botellas y otras desechos de cristal.

Tichý era un vagabundo de aspecto recio que vivía en la calle, nómada entre los residuos de nuestro despilfarro, y llevaba la vida propia de esos individuos excluidos, pero con varios elementos genuinamente originales: tenía formación artística académica, hacia fotos y su buena presencia le permitía intimar con elementos femeninos de la sociedad normal, mujeres guapas siempre, que eran sus principales motivos fotográficos. Otro día os cuento cómo me hice con tres de sus fotos (originales o copias propias) y cómo es la historia de este fascinante individuo (ver enlace en Tichý al comienzo de este post). Aquí van algunas de las muestras de su arte. Los marcos también los fabricaba él con residuos. La sexta foto que he colgado la tengo en mi casa junto a un pequeño grabado original de Giorgio Morandi y una serigrafía de Tapies.

Nacido en Chequia y estudiante de la Academia de Bellas Artes de Praga, Tichý fue recluido durante quince largos años en cárceles y hospitales psiquiátricos como respuesta a su actitud olímpicamente disidente después del golpe de estado comunista en la antigua Checoslovaquia allá por los primeros meses de 1948. Una vez “libre” y ya con su amplia barba y larga melena característica descubrió la fotografía.

El mundo que captura Tichý más que real parece evocado. Sí, claro, es que sus fotos están borrosas, con esos objetivos caseros y de telémetro 'el ojo de buen cubero'... Pero la diferencia entre una simple foto borrosa mal enfocada y las fotos borrosas de un artista como Tichy son las mismas que las de un dibujo imitativo de un niño (ese mito de la imaginación infantil) y un Miró genial: la emoción.


Me consta, salvando las abismales distancias, de vagabundo a vagabundo, que esas lindas mujeres de Tichý no sólo le prestaban su palmito como encantadoras modelos, sino mucho más, porque como Neruda (otro checo, aparte del chileno que adoptó su nombre como peseudónimo), amó cuanto ellas puedan tener de hospitalario, al contrario que esta rácana, filosa, endurecida sociedad que nada ofrece a los que considera que no son 'productores' o 'consumidores'.

En un mundo inclemente y en lucha por sobrevivir, los cazadores recolectores del paleolítico europeo crearon un arte naturalístico del todo insuperable. Igualmente, Tichý, un sabio salvaje, miles de años después.

19/01/2012

EL BANQUETE DE LA HUMANIDAD

El viejo lema inscrito en el frontispicio de la Academia de Platón: "nadie entre aquí que no sepa geometría", se puede interpretar literalmente, pero también como un recordatorio de que pensar con y ‘en’ imágenes es muy útil; también o tanto más en ciencia. Platón defendía la primicia de la idea/concepto sobre los objetos/realidad, como en su famoso Banquete (‘Symposium’).

Otro banquete menos conocido -y otra imagen sugerente-, salvo por los fanáticos como yo de la Evolución Humana, e igualmente representativo de ese pensar con imágenes, es el que propuso el gran paleontólogo finés Björn Kurtén para dar cuenta del origen próximo de la especie Homo sapiens, la nuestra, pero no la única entre los homínidos. Kurten proponía imaginar una mesa para mil comensales en la que cada hombre estuviera sentado entre su padre y su hijo. Cada comensal, como es obvio, podría conversar sin problema con sus respectivos vecinos a su izquierda y derecha, pero en un extremo de la mesa se sentaría un cazador cromañón adornado con un collar de garras de oso y vestido de pieles de reno y en el otro un físico de partículas con esmoquin. Vistas así las cosas, la distancia no es tan grande —esa es la pretensión de Kurtén—, y finalmente, estamos sentados todos a la misma mesa cognitiva, el cazador paleolítico y el moderno científico, con las mismas habilidades mentales, pero 25 milenios de progreso cultural entre ambos extremos.

Todavía hoy algún joven se extraña de que Platón (u Homero) fueran tan cercanos y tan inteligentes como el que más de hoy, o que para mí Darwin siga siendo infinítamente mejor naturalista que la mayoría que pueblan los programas divulgativos de la televisión española. No sólo nada humano nos debería ser ajeno, sino que nada humano y aparentemente lejano lo es tanto, o bien, es más humano, y por ende cercano, que antiguo. Por otra parte, pensar con/en imágenes, es decir, la imaginación, es imprescindible para cualquier científico que no quiera ser un mero ‘obrero’ de laboratorio.

Cuchillo de carne de mi banquete (técnica musteriense)


Lo que está claro es que si, saltándose unas pocas generaciones, me sentaran al lado de Charles Darwin, no creo que probara bocado, aunque hubiese permanecido todo el rato con la boca abierta.

18/01/2012

LA EDAD DE HIELO

¿Tornan de nuevo las grullas a ti, las naves el rumbo
tuercen, van de tus playas en pos? ¿ Serenas y ansiadas
brisas llegan al plácido mar, y al sol asomando
del abismo el delfín, luz nueva inunda su dorso?
¿Jonia brilla? ¿Tiempo es ya? Pues es primavera,
y ha tornado a nacer la vida en todos los seres,
y hay en los hombres amor, y tiempos áureos se evocan;
¡vengo en tu paz a ti, oh poderoso, a loarte!
                                                         
                                                           Friedrich Hölderlin
                                                                              Versión de Otto de Greiff




La Edad de Hielo de hace 40.000 años era como las primeras películas: un mundo ralentizado y en blanco y negro. Pero casi todos los elementos del paisaje existen hoy en día, aunque no en la misma disposición y proporciones: los humanos, escasos y furtivos como pordioseros, medrosos y ateridos; la mayoría de los animales, grandes y abundantes, como los caballos y los renos, y la vegetación de pinos que ampara a un rebaño de uros y otro de bisontes. También hay un río manso que se desliza perezoso por la llanura y una neblina que lo hace igualmente sobre sus orillas. Los caminos en las llanuras eran por entonces los ríos. El primero de los hombres cubiertos de pieles simplemente amontonadas sobre sus hombros sin conformar un auténtico vestido (*) es el guía de la partida de caza, el rastreador más hábil. Lleva en su mano izquierda un haz de jabalinas o lanzas cortas y se apoya en la derecha con otra mucho más larga sujeta por el astil y con la punta hacia arriba. Los primeros son venablos para lanzar, la larga no, es para alancear apoyándola en el suelo. En el grupo, ahora se la distingue, marcha también una mujer con un pequeño saco a cuestas, también hay un adolescente con sus correspondientes armas y tres varones adultos más.

No caminan como nosotros hoy, no porque no lo hagan erguidos y con buenas zancadas, sino porque sus ojos se mantienen en continuo movimiento barriendo todos los detalles de los alrededores conforme avanzan. En ocasiones se detienen, el primero el guía, que se inclina y recoge restos que se lleva a los ojos o a las narices. La mujer también recoge algunas cosas, pero las guarda en el saquito sin apenas mirarlas. El joven además no pierde gesto del guía, su padre, o eso dicen. En lugar de cuchillo, como los adultos, lleva una flauta de hueso sujeta al cinto.

Esas gentes eran ya nosotros.

No sé exactamente o en promedio cuál es la sensación más frecuente que invade al hombre moderno. Tal vez el tedio, o la ansiedad, en algunos seguro que la codicia, tal como están las cosas, pero en tiempos fueron el hambre, el frío y el miedo. Compartimos, no obstante, lo que considero más noble: la curiosidad, el altruismo, la lujuria medida (templada por el respeto al otro u otra), la admiración por la habilidad y la belleza y la calma del anciano sabio. El mundo de entonces era el de la mera supervivencia y, por tanto, comparativamente más duro, pero no sólo no excluía la imaginación más fecunda, sino que, vibrantemente poblado de fuerzas y seres reales e inventados, mágicos y naturales, probablemente era una fantasía mucho menos institucional que la actual que es casi una boba especialización del negocio del espectáculo.

Estoy seguro. Hubo un letal instante en el paleolítico en que el talento dejó de ser la habilidad de cazar bisontes y pasó a ser la habilidad de parecer que los cazabas tú. Adueñarse del relato.

Pero aún eran libres como sólo lo pueden ser los nómadas (y los navegantes), jamás los propietarios o los esclavos de la tierra asentada.

La hermosa Grecia nunca había existido, sino que más bien Occidente había construido el mito griego para que su propio destino viniera de algún lugar y fuera hacia alguna parte. Eso dice convincente y entregadamente mi amigo Félix de Azua, y yo le creo, pero las gentes del hielo, temerosas y arriesgadas, tenaces y huidizas, predadoras y depredables, esas no sólo existieron, sino que siguen aquí. Con traje y corbata. Pero, para los que ven esta nuestra historia como algo divino e inexorable en la que, dado que se trata de nosotros y nosotros somos estupendos, el destino es el carácter, a esos tautólogos les informo de que casi nos extinguimos hace 70.000 años merced a una gigantesca catástrófe natural (**). El azar y la necesidad que dijo Parménides y repitió Monod, eso es lo que 'explica y complica' que estemos nosotros y no otros aquí y ahora, como allí y entonces.
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(*) En ambientes gélidos, la importancia que tuvo el hecho de confeccionarse vestidos ajustados al cuerpo es incalculable, especialmente si se compara con el uso de pieles como meros mantos. En este sentido, uno de los inventos más revolucionarios de la historia es la aguja, de asta, hueso  o madera, con ojo para pasar una fina fibra, hilo o cuero estrecho; invento cromañón.
(**) Me refiero a la colosal explosión del volcán del Monte Toba en Sumatra, hace unos 73.500 años, considerado con la de Krakatoa también en Indonesia en el siglo XIX, la mayor erupción registrada en tiempos humanos