Para J.M. y Vanbrugh que tomaron por amable abordaje este blog y lo convirtieron en una palestra muy interesante
Algunos 'modernos' lo llaman arqueología, confundiendo el camino con el destino, pero toda verdadera obra de arte aspira -y más si se pretende rompedora- a ser clásica, es decir, a formar parte de un canón y a no estar jamás de moda para así no pasar nunca de moda. Picasso no pretendía algo tan tonto como pintar distinto que Velázquez, sino pintar, en cierta forma, igual: como un clásico que le tuteara en El Prado y no como un refugiado de los salones de modernillos. Las vanguardias que permanecen entre nosotros son sólo aquellas que se instalaron en dicho canón, de Cezanne a Morandi. Lo diré de otra forma: Rubens no está anticuado, Dalí, sí. No digamos ya esa forma infantiloide y pretenciosa de gritar, 'caca, culo y pis' a lo Duchamp de colgar un urinario rotulado: eso quedó antiguo al día siguiente de la primera impresión; mientras la Gran Ola de Hokusay frente al Monte Fuji sigue ahí, aunque sea adornando carpetas escolares o calendarios: eso es la eternidad.
Los cromañones compartían con Duchamp la idea de que no son los pintores sino los espectadores los que hacen las pinturas, y ahí acaba el parecido, porque eso lo decía milenios después alguien que no creía en la palabra como forma de comunicación eficaz, mientras que los 'sapiens' eran superiores a la fauna que les rodeaba precisamente por el lenguaje. Estaba interesado en las ideas (¿o sólo eran ocurrencias?), pero se negaba a expresarlas en lenguaje coherente y renegaba de lo que él llamaba ‘productos visuales’. Creía en el artista, no el Arte. Acabáramos. Tanta contradicción generó una confusión que dura en algunos hasta hoy, aunque no en una inmensa mayoría que jamás se lo planteó.
Es claro que el cromañón no empleaba todo su tiempo en cazar como creen algunos (Marshall Shalins demostró que los 'primitivos' actuales emplean mucho menos tiempo para conseguir alimentarse que un oficinista urbano moderno: tienen más tiempo de ocio), sino en algo previo y necesario aunque no suficiente: observar. El buen cazador sabe ver y mirar mejor que la mayoría, igual que el artista, que es posible que en aquellos momentos fuera el mismo sujeto. Los cromañones pasaban la mayor parte del tiempo no cazando, sino observando, durante horas, días y semanas. Vivían en medio de una fauna cuyo comportamiento les era tan familiar con el suyo propio, sabían de las rutinas de los animales, de los más sutiles cambios, desde el pelaje a los itinerarios habituales. Por eso pintaban un caballo, en cierto modo, mejor que Velázquez. Y es lógico. No hay ninguna razón para pensar que esos individuos idénticos a nosotros, sentados a nuestra mesa en ese banquete del que hablaba también hace poco, no contasen con gentes de gran talento, pero con mucho más criterio 'zoológico', por así decir que un 'urbanícola' como Don Diego.(Por cierto, El Bosco pintaba mejor muchas aves que los ornitólogos actuales: fijaos en el martín pescador o el jiguero del lado izquierdo de El Jardín de las Delicias).
En las paredes de roca, sí, pero también en asta, hueso, arcilla, marfil, piedra, cuero y madera, se buscaban las posturas más vivaces: un macho de reno olisqueando los genitales de una hembra, otro con la cola levantada en señal de alerta, dos mamuts enfrentados cabeza a cabeza, aquel caballo con el pelaje de invierno y con la crin rodeándole la mandíbula, casi como una barba, otro bisonte arrascándose el lomo…Los artistas del Paleolítico tenían un gusto distintivo por la emoción.
Emoción. Es una simpleza pensar que la ciencia no puede despertar emociones como el Arte o que una ecuación no puede encerrar una poderosa estética, aunque no sea eso lo prioritario. Pero ahora contemplo el caballo de Velázquez enjaezado, y tripón como el de Lascaux, y me produce menos emoción que el de Picasso, hipando al cielo. Pero si fuera un extraterrestre recién llegado a este planeta, serían los auriñacienses y gravetienses de hace decenas de miles de años los que me mostrarían de verdad lo que es un caballo. Y como sería un cabezota extraterrestre, serían también los que más me emocionasen.









a las cuatro,
a las cinco,



a las once,




















Cuchillo de carne de mi banquete (técnica musteriense)
Kurtén además escribió una entretenida novela ambientada en el Paleolítico en la que sugería la hipótesis de que neandertales y cromañones ( o sea, nosotros) hubieran mantenido cruces genéticos; el prólogo de la edición española era de otro paleontólogo humano español y buen divulgador: Juan Luis Arsuaga