profesión de fe

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Somos los conocidos superhéroes del barrio –concepto acuñado por Kiko Veneno para definir lo que se podría llamar héroes de proximidad-: Lansky y Superperropequeño. Ambos somos más ciudadanos que patriotas ( y tan rústicos como urbanos), o bien, nuestra patria son nuestros zapatos -o ni eso en el caso de Jara-, la infancia o el sillón de orejas de lectura, pero nos negamos a la ñoñería esa de ciudadanos del mundo. Simplemente, tenemos pasaporte

01/06/2012

EL PRECIO Y LA DIGNIDAD (Nuevo parte de guerra)


"El que no tiene nada, no tiene derecho a despreciar la mierda" Molloy, Samuel Beckett
"¿Qué es robar un banco comparado con fundarlo?"
La Ópera de los Tres centavos, Bertolt Brecht

No hay fortuna inocente, pero los ricos también lloran (cuando recuerdan a los fundadores de sus respectivas opulencias: ¡cómo era de emprendedor aquel abuelito ladrón!). Y se rien. De nosotros. En esta guerra que llaman ‘Crisis’, en esta ofensiva histórica de los más ricos,  estos se tronchan porque saben que los supuestos métodos para luchar contra 'ella' son realmente armas de destrucción masiva eficacísimas, o sea, pretextos para demoler los logros del último par de siglos de luchas sociales. Cautivo y desarmado el Estado del Bienestar, sólo falta claudicar. Este es el segundo Parte de Guerra y lamentablemente viene a decir lo mismo que el primero. No me gusta enmendarle la plana a lo clásicos, que, aunque vigentes, como Don Carlos, ya están muertos para replicar, pero la historia no sólo se repite a sí misma, primero como tragedia y luego como farsa, sino que a veces retrocede como pesadilla. Y es que los poderosos, en cualquier tiempo y lugar, son multirreincidentes.

Cuando el capitalismo estaba algo moderado por la política, o sea,  por poco tiempo y hasta hace poco, la riqueza se medía como la capacidad de comprar el trabajo de otros, pero ahora el capitalismo financiero se vuelve tan intangible, tan 'vicioso' en su propio círculo de retroalimentación voraz que, como en la esclavitud originaria, vuelve a ser la capacidad de comprar la vida completa de las gentes. Kant decía que todo tiene un precio o una dignidad, que aquello que tiene precio puede ser sustituido por algo equivalente; en cambio, lo que se hallaba por encima de todo precio no admite nada equivalente y eso tiene una dignidad, y concluía que el ser humano es el único que posee dignidad y no precio porque no puede ser sustituido por nada equivalente. Ingenuo filósofo. No es el simple necio el que confunde valor y precio, sino el necio codicioso.

Vale, paguemos la burbuja del ladrillazo o las quiebras de bancos y las grandiosas indemnizaciones de cese de sus incompetentes directivos recortando de la sanidad, la educación y la asistencia social. Los ciudadanos pagan impuestos, los súbditos forman mesnadas como buenos siervos de la gleba. ¿Que qué es la ‘gleba’?, un pedazo de tierra cultivada, un terrón levantado por al arado y hoy, ay, cementado por el especulador de turno.

La ofensiva de los ricos y los detentadores del capital financiero se apoya en aliados como los conservadores políticos y extraños compañeros de viaje, como algunos partidos socialistas europeos. Tenemos el campo de batalla de la zona Euro, con frentes ya rotos, como el griego, y otros en vías de serlo, como el español. Enfrente, divisiones panzer como el directorio alemán, el Consejo Europeo y demás servidores del Banco Central, disparando recortes a diestro y siniestro, disparando a mansalva a las hasta hace poco a salvo clases medias y, claro, a las populares so pretexto de luchar contra el déficit. Y no toman prisioneros: son sádicos y sociópatas.

Algunos pacifistas que pretenden incoherentemente participar en esta guerra como si fueran la Cruz Roja y el servicio de ambulancias y no los blancos móviles de esa artillería, desearían modernizar, dicen, entrañablemente ingenuos, la maquinaria económica, flexibilizar el déficit, relanzar el crecimiento, como si esa maquinaria no funcionara perfectamente, sólo que al servicio de sus amos, claro. Pero lo cierto es que para qué van a cambiar si están ganando. Más bien es lógico que los grupos financieros mundiales y europeos sigan incrementando la presión sobre los Estados europeos, se trata de seguir reduciendo la financiación de las políticas públicas, de acabar con la sanidad, la educación y demás servicios públicos. Ronald Reagan y Margaret Thacher siguen muy vivos y activos, como cualquier vampiro que se precie.

Los mercados (qué bonito eufemismo) financieros se han apoderado, desde la quiebra griega, y desde su requetequiebra, de esa riqueza pública europea que, a fin de cuentas, era el motivo de que los chinos, precisamente fugitivos del sistema de súbditos y esclavitud de la China actual, abrieran eso, tiendas de chinos en este antaño paraíso social. Nos disparan con tipos de interés cada vez más altos y obligan a los países a endeudarse como nunca en la historia. Aún no lo dicen con esas palabras, pero las naciones de Europa hace tiempo que han perdido su soberanía nacional, y no para cedérsela a una superior unidad política ficticia, como la Unión Europea, sino a estos bucaneros del dinero especulativo.

Claro que están además apostando que no va a haber reacciones sociales drásticas (revoluciones), que de la indignación no se pasará a la exigencia de responsabilidades, que la impunidad de los colaboradores necesarios para el expolio seguirá activa como buena patente de corso. Al fin y a al cabo tratamos con un continente envejecido y con ahorros privados importantes y una izquierda tan domesticada que hace que, comparativamente,  hasta las ovejas parezcan tigres.

Tras cinco años del estallido de esta guerra/crisis, ni un sólo país europeo ha reducido su déficit estructural, porque no se trata de eso, al contrario, la deuda pública aumenta por doquier; el paro (más bajas; no hay que hacer prisioneros, muchos menos alimentarlos) se dispara (pronto seis millones en España, tres en la dulce Francia), igual que la inflación. Hasta Alemania tenía el año pasado 12, 6 millones de pobres (!!), 46 millones en Estados Unidos, 8,2 en Italia…(según la ONU).

¿A dónde está yendo el dinero que se ha entregado a los bancos desde 2008? Bueno, eso es cómo preguntarse qué van a hacer los secuestradores tras cobrar el recate: darse la gran vida.

Hay quien opina que contra la crisis y estos corsarios solo cabe otra forma de hacer economía y de hacer política...pero, la crisis económica es una crisis de credibilidad de los políticos, no tanto o no sólo porque lo hayan hecho muy mal, sino porque, precisamente, han negado que esta sea una crisis política y la han presentado como simplemente económica, lo que en buena lógica nos haría concluir que entonces para qué los necesitamos.

Si empezamos a tener la convicción de que el futuro va a ser peor que el presente y casi que el pasado es como si nuestros hijos estuvieran destinados a morir antes que nosotros, sus padres: un sinsentido de pesadilla. Así que no basta con indignarse, hay que responder al fuego enemigo.

Quienes crean que exagero al hablar de guerra deben considerar que el pacto social se ha roto, lo han roto. Se pueden admitir las desigualdades económicas de la economía capitalista a cambio —con el contrapeso— de libertades políticas y de igualdad de derechos. Pero los gobiernos europeos, con la aplicación sin disimulo de la ley del embudo y su sumisión a sus patronos financieros, las elites del dinero, se han colocado contra la inmensa mayoría de sus ciudadanos. Es una fractura social de imprevisibles consecuencias en la que en un bando estamos los ciudadanos, con lógico afán de sobrevivir, y en el otro los políticos que no deberían tener fines de lucro, pero que sirven sumisos esos intereses.


Mientras tanto, quedan unos pocos bastiones de resistencia, los últimos: en los vetustos sindicatos,  sí, más necesarios que nunca; entre los jóvenes y entre los que tienen ya cada vez menos que perder. Y hasta el Fondo Monetario Internacional, que no es precisamente una organización altruista, declara que así no podemos seguir. Y los mercados siguen a lo suyo, nos han dejado en pelotas (¿recordáis a los centuriones, jugándose a los dados la ropa del crucificado?), pero quieren también nuestra piel, nuestra sangre. Están venciendo, son lo que en biología se llama parásitos no acomodados, vampiros insaciables. No son humanos. ¿Y después? El diluvio.

Advertencia:

El peor analfabeto es el analfabeto político. No oye, no habla, no participa de los acontecimientos políticos. No sabe que el coste de la vida, el precio de las alubias, del pan, de la harina, del vestido, del zapato y de los remedios, dependen de decisiones políticas. El analfabeto político es tan burro que se enorgullece y ensancha el pecho diciendo que odia la política. No sabe que de su ignorancia política nace la prostituta, el menor abandonado y el peor de todos los bandidos que es el político corrupto, mequetrefe y lacayo de las empresas nacionales y multinacionales.
Mi pueblo aún resiste porque tiene benéficos anacronismos, salvavidas literales, como ganados y huertas..., ¿hasta cuando?

29/05/2012

Una gallina rodeada de cicuta


Para El Átman, que no leerá esto

En la Guía del autoestopista galáctico, de Douglas Adams se le pide a un superordenador llamado Pensamiento Profundo que calcule la respuesta definitiva sobre el universo. Tras siete millones y medio de años de cálculos, la máquina produce por fin una respuesta, escueta: 42. La mayoría de las veces no hay qué preguntarse cuál es la respuesta, sino cuál es la pregunta.

No he querido titular esta entrada 'El sentido de la vida' por dos razones, primero para evitar que este blog, apacible y frecuentado por benévolos y hasta amigables conocidos, se llene de comentarios esotéricos con diagramas indescifrables pero bien simbólicos, y en segundo lugar, porque no quiero plagiar, aunque sí homenajear, la desternillante película de los Monty Python (Monty Python's The Meaning of Life), y el más breve y sesudo librito de mi admirado Terry Eagleton. Aclarado esto, afirmo que este post va de eso: del sentido de la vida. Sin embargo, aunque me lo supliquéis,  no pienso contar aquí la anécdota de Bertrand Russell y el taxista

Hay al menos dos tipos de preguntas, unas son del tipo de ¿cuál es la capital de Mali?, y otras son del tipo de ¿a qué sabe la geometría? (son distintas por la misma razón de que no es lo mismo tener un dolor que tener un sombrero). Y luego están las del tipo de ¿Cuál es el sentido de la vida? (tachán...), que no sé muy bien si pertenece a una o a otra o a una categoría aparte. Los científicos y la gente prosaica tienen tendencia a plantearse el primer tipo, muchos filósofos, también, pero otros tienen devoción por el segundo tipo y desde luego por el tercero. Puestos a hacerse ciertas preguntas, hay que plantearse previamente si se trata de las que pueden tener respuestas, porquen eso sí que lo hacen los científicos, hasta el punto de que es lo que caracteriza a la ciencia, que es más el arte de hacerse preguntas pertinentes (de las que pueden obtenerse respuestas) que el de meramente reponderlas, como creen los profanos. Qué cosas, ¿no?

Muchos pensadores han rechazado de plano la dichosa preguntita agarrándose a su literalidad y afirmando que las cosas no tienen sentido ('sombrero', 'dolor'), sólo el lenguaje. Toma ya. Esta respuesta, muy a lo Wittgenstein, me recuerda el caso de un tipo chungón que llamó a su perro 'Cuál', sólo para dar lugar a contestar -'Cuál'  cuando le preguntasen cómo se llamaba: "-Cual", y así sucesivamente en una broma en bucle de lo más pesada, muy de pueblo y muy de Wittgenstein, que no tienen por qué excluirse, os lo aseguro.

Es probable que algunas preguntas, como las armas, las cargue le diablo. La gente se aburre y pregunta, o se alarma (¿por qué baja la bolsa?), y deja de preguntar lo obvio (¿por qué sube?), o -ante cualquier cosa- ¿por qué a mí?, (y por qué no?). En realidad, la pregunta clave probablemente sea ¿por qué hay ‘algo’?, en lugar de no haber nada, es decir, por qué el universo, por qué tú y porque yo y por qué ese gato y su pulga y la pulga (es un decir) de la pulga, etc. Ya estamos otra dichosa vez con el viejo dilema entre las causalidades y las casualidades

Mi opinión es que la pregunta no tiene respuesta, pero no por nada, sino porque El sentido de la vida no es la solución de ningún problema (no hay tal problema, chicos), sino una forma de vivir. O sea, que el asunto no es metafísico sino ético. No es algo aparte o separado de la vida, sino que forma parte de ella (o debería). Algo que hace que vivir valga la pena, más allá del mero existir: calidad, intensidad, profundidad y otras cualidades que debería tener la vida de cada cual. Si te dejan. Hale, ya hemos rebajado el asunto desde lo sublime a lo mundano. O sea, la clave del universo no es ninguna demoledora revelación, sino una actitud, eso que las personas decentes hacen de todos modos sin reparar apenas en ello. De forma que la eternidad no reside en un grano de arena, sino, como afirma Eagleton, en un vaso de agua, es decir, en el consuelo al enfermo y en dar de beber al sediento, de esa forma compartimos el amor que construyó las estrellas. O no, pero hacemos este mundo mucho más habitable. Es lo que los griegos, esos paganos tan listos, llamaban ‘agapé’ que algunos traducen por amor, pero que no tiene que ver con el erotismo, ni siquiera con la amistad o el afecto, sino con esa orden de amar absolutamente impersonal, por ejemplo, la de ese casi imposible  mandato cristiano de amar a personas que no conocemos ni apreciamos de nada. Y ese amor impersonal, por llamarlo de algún modo, al igual que la aspiración a la felicidad es como nuestra radiación de fondo, forma parte de nuestra naturaleza y, entonces sí, del sentido de la vida. Menos para esos sociópatas que controlan las finanzas del mundo y condenan al hambre a millones con un gesto de compraventa.

Igual no estáis de acuerdo. En ese caso, hala, empezad con Aristóteles, y su ética de la virtud, proseguid con Schopenhauer y su mundo como voluntad y representación, a continuación, si no estáis ya agotados, tomad Nietzsche, claro, y su más allá del bien y del mal y acabad con Wittgenstein, Marx, Freud, Darwin, o Max Weber o Sartre. Y no olvidéis a mi adorado Spinoza,  y aunque paseis de Voltaire, repasad a Diderot. Os va a dar igual, porque lo cierto es que el sentido de la vida es…

Colofón: Si Dios es la respuesta, ¿cuál era la pregunta? ¿Por qué hay algo en vez de nada? ¿Por qué el Ser?¿Por qué hay preguntas auténticas y falaces? (Wittgenstein: Investigaciones filosóficas) Jara no pone su propia existencia en cuestión, yo tampoco, contradiciendo al Heidegger de Ser y tiempo. Debo ser muy perro, o muy gallina.

La máquina Pensamiento Profundo de Adams no solo responde disparatadamente, pasando desde lo sublime a lo trivial y prosaico. Es un error de categoría, como dicen los lógicos, algo así cómo preguntarse cuántas emociones se necesitan para parar un camión. Es lo que tienen las respuestas inequívocas, te quedas con más cara de tonto que antes de preguntar. Por cierto, os ahorro la wikipedia, la capital de Malí es Bamako y los insurgentes tuaregs del Azawad aún no la han conquistado.
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Terry Eagleton: The Meaning of life; Oxford University Press, 2007
Nietzsche: Más allá del bien y del mal, Alianza, Madrid, 1971
Schopenhauer: El mundo como voluntad y representación, Akal, Madrid 2005
Wittgenstein:  Investigaciones filosóficas, Barcelona, Crítica, 1988
Spinoza: Ética demostrada según el orden geométrico, FCE, México, 1958
Conversaciones con Jara, sin transcribir

La Guía del autoestopista galáctico o Guía del viajero intergaláctico (The Hitchhiker's Guide to the Galaxy en inglés) , ed. orig. de 1978, trad. al castell, de 1983, Anagrama, Barcelona
Monty Python: El sentido del a vida, (Monty Python's The Meaning of Life) 1983, largometraje

28/05/2012

EL ARTE NUNCA ES SÓLO ARTE



En este increible, inefable, insuperable, memorable, execrable, prescindible, y etcéterable blog ya ha habido algunos post dedicados al arte que han dado lugar a las sabidas, consabidas, resabiadas, jugosas y bastante enconadas discusiones entre  el grupo de profanadores profanos, como yo y los que me dan la razón, y ‘expertos’ con diversas razones fundadas para llevarme la contraria, como he comentado en otro post reciente.

Hay muchas formas de ver las cosas, o hay muchos sitios desde los que iluminarlas. Por ejemplo, de las múltiples diferencias entre Japón (no Oriente, que es un tinglado de elementos muy distintos) y Occidente aprender a escribir, es decir, aprender la escritura, es en aquel caso todo un máster  final en arte y diseño, mientras que aquí es sólo el elemental comienzo de la alfabetización de un niño, o sea, de todo lo que después vaya a venir.

En realidad el arte –cuando lo es de verdad, cuestión espinosa- nunca es sólo arte (copiarlo en vuestros cuadernos cien veces y haced buena letra, que la caligrafía y hasta la tipografía se merecen respeto y en aquellos lejanos sitios se consideran disciplinas artísticas tan respetables como la escultura o la pintura). La literatura, la pintura, la música, pero especialmente, sí, la literatura, es un medio para exponer ideas y concepciones del mundo y de todo tipo, y cuando es muy ‘literaria’, o autorreferencial, esas opiniones son sobre el propio arte, pero son. Como la pintura moderna.

En literatura suele ser un personaje autobiográfico el encargado de esa exposición ‘extra artística’ por así decir. En Tolstói, por ejemplo, suele ser –en sus excelsas narraciones breves o en su novela Resurrección-  el príncipe Nejliúdov . Se me podrá argüir que Tolstói es un ejemplo amañado porque tiene mucho de profeta, no solo de grande de la literatura. Y sí, es un profeta, incluso un moralista, un predicador, un pedagogo y a veces un charlatán (como cuando describe a sus odiados médicos). Nabokov aún lo decía más claro: “Mucha gente se acerca a Tolstói con sentimientos encontrados. Estiman al artista que hay en él y les aburre terriblemente el predicador, pero ocurre que es bastante difícil separar al Tolstói predicador del Tolstói artista: es la misma voz lenta y profunda, es el mismo hombre robusto el que levanta una nube de visiones o un fardo de ideas.”(*). Eso mismo pasa con muchos otros artistas a los que rechazamos, pese a su arte, por sus mensajes implicitos o explícitos, o a la inversa, artistas mediocres, pero que nos parecen importantes por la supuesta novedad de ese mensaje, y cuando encima ese rótulo es el de su simple modernidad o actualidad (Warhol) la tontería está servida y el arte, como las tertulias de la tele,  se nos llena de 'famosos'.

O en un ejemplo menos obvio ¿Por qué pintaban los impresionistas al aire libre? ¿Para captar mejor la luz (natural)? ¿Por ahorrarse el alquiler de estudios y modelos? ¿Por que no tenían calefacción en sus míseras buhardillas, mansardas y garçoneries? ¿Para renegar de los motivos históricos y mitológicos habituales o anteriores a ellos y que ellos rechazaban? ¿Por captar la vida alrededor? Probablemente por todas y cada una de esas cosas, motivos todos que no son sólo, fijaos, motivos estrictamente pictóricos.

Siempre llega el momento en que los jóvenes levantan su dedito contra sus mayores, sin el menor respeto; cada cierto tiempo una generación resucita este viejo debate, levanta la voz contra sus predecesores, sus padres, podríamos decir, y reivindica a sus abuelos, más sociales (o menos), más artísticos (o  menos), siempre, y siempre es la misma historia. El arte y la vida, en los humanos, siempre está entrelazado, si falta uno, falta en realidad el otro. Eso sí, como se comentaba en un reciente blog de Miroslav, es una gran chorrada dejar de leer los cuentos de Borges por que sus opiniones políticas eran reaccionarias o las novelas de Vargas Llosa en vista de sus rudimentarias y tópicas tribunas económicas. Sólo se me ocurre algo peor, que es leerlos por esos motivos, o aún peor leer sólo esas opiniones y no su obra artística. Os dejo que me llevéis la contraria.
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(*) Curso de literatura rusa

25/05/2012

CONVERSACIÓN EN...¿LA CÁTEDRA(-L)?


Schawarzschild, el matemático de Frankfurt, se llevó a la trinchera en la Primera Guerra Mundial las ecuaciones de la Relatividad General de Einstein y le escribió al gran físico una carta con la solución final de estas y en la que predecía la existencia de los agujeros negros. Faltaban décadas para perfeccionar telescopios que permitieran avistar alguno.

—Como ese que está en el centro del constelación de Orión.

—Exactamente. El caso es que Einstein le contestó diciéndole textualmente “Sus matemáticas son excelentes, pero su física es lamentable”.

—Einstein y los grandes errores de los grandes genios…también negaba la expansión del Universo, de ahí la cagada de su constante cosmológica para que le cuadraran las dichosas ecuaciones. ¿Qué le pasó al matemático ese?

—Murió en el frente o un poco después, no sé bien; muy joven, casi como nosotros exagerando un poco.

—De acuerdo pues: los objetos normales, soles, estrellas, planetas, deforman suavemente el espacio en su derredor y también el tiempo de su entorno, pura y sencilla relatividad…

—…pero si se trata de un objeto de masa enorme que ocupase un espacio muy, muy pequeño, causaría una curvatura tan colosal dentro de cierto radio…

—...el horizonte de sucesos, que es una poética forma de llamarlo.

—Exacto, el horizonte de sucesos. El caso es que esa curvatura brutal por un objeto tan pequeño espacialmente y tan masivo…

—Hablas de un agujero negro, como se dice vulgarmente ¿o de otra singularidad?

No, del susodicho agujero negro. A lo que voy es que entonces nada que entrase ahí, en su zona de influencia…

...podría salir porque no podría alcanzar la velocidad de escape

—Ni siquiera la luz, aunque sí la radiación de Hawking (*), de ahí lo de ‘negro’

—Y lo de ‘agujero’

—Los agujeros negros son tan masivos que obedecen a la relatividad, como cualquier objeto así, pero tan diminutos que a la vez responden a la mecánica cuántica.

—Sí, es el punto de encuentro de las dos físicas aparentemente irreconciliables

—Al final es lo de siempre: la materia le dice al espacio como curvarse, y el espacio le dice a la materia como moverse.

—La concisa enunciación de John Weeler sobre la consabida armonía autoconsistente, y teniendo en cuenta que el tiempo es la otra dimensión del espacio: el espacio-tiempo...

¡¡¡LOS DOS DE LA ÚLTIMA FILA, COMO SIEMPRE: PEPITO, JORGITO, SALID DE CLASE AL PASILLO, POR HABLAR!!!

—Sigamos niños: una por una es una, dos por dos, cuatro; tres por...
 


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(*)  Una de las consecuencias más interesantes del principio de incertidumbre de Heisenberg es la existencia de las llamadas “fluctuaciones cuánticas del vacío”. La teoría predice que durante brevísimos instantes se forman en el vacío pares partícula-antipartícula, y que cuando esto ocurre en los alrededores de un agujero negro, la intensa gravedad de este puede capturar una de ellas mientras que la otra escapa. Esa radiación, llamada “radiación de Hawking”, ha sido detectada recientemente por un equipo de físicos en un laboratorio.


23/05/2012

MÁS SOBRE EL ENVILECIMIENTO: sueños infantiles


Tinker, Tailor, Soldier, Spy

Los niños mienten mucho, sobre todo a los adultos y por diversos motivos, desde la mera supervivencia al disfrute con el engaño, pero no suelen mentirse a sí mismos; esa es una habilidad más 'adulta'. Así que yo les creo cuando a la consabida pregunta de qué quieren ser de mayores contestan con esa retahíla fantástica (en sus varias acepciones) de piratas, bomberos, cow boys, indios apaches, policías, submarinistas, zoólogos, aviadores, médicos, misioneros, exploradores…Sí, claro, el tiempo y los sucesivos programas educativos ya les pondrán en su sitio salvo a cuatro afortunados que conseguirán sus sueños tempranos —y cuidado con eso también: los dioses a menudo se complacen castigándonos al concedernos nuestros imprudentes deseos— , pero lo que me interesa es lo contrario: nunca he oído a un niño decir que quiere ser notario, registrador de la propiedad, banquero, analista financiero, bróker, político, concejal, obispo…¿Qué quiero decir con esta supuesta obviedad? No tanto que no conocen aún -por fortuna, quizás- la realidad de la vida, sino que esta aún no les ha envilecido. Las vocaciones tempranas más que inviables son altruistas, enloquecidamente geniales, soñadoras. Muchos adultos que no cumplen sus sueños infantiles —la mayoría de nosotros— se resarcen (se resignan) cambiándolos por otros más practicables, y a eso lo llamamos ‘madurar’. Pero otros, como una cosa es predicar y otra dar trigo, aprenden de los (malos) ejemplos próximos y se desquitan haciendo de la codicia con la que sustituyen la soñadora y noble ambición de una vida plena e interesante, su propósito, y de la ignorancia insensible su combustible. Si pudieran volver atrás estos sociópatas exitosos, a la pregunta de qué vas a ser de mayor, nene, contestarían: un perfecto cabrón;  O ya con más detalle: bróker, obispo, concejal, banquero…

Estos maduros nunca le permiten a hablar al niño que fueron, probablemente lo mataron al crecer. Y jamás se plantean  cuestiones tales como ¿Es verdadero, es bello, es bueno?… ante un libro, ante un edificio, ante casi cualquier animal o cosa, ¿es bueno, es bello. es verdadero? En el frontispicio de la antigua Ópera de Frankfurt figuran esas preguntas, justo al lado del Banco Europeo, que no consta que se las haya hecho alguna vez (ni falta que le hace, me dice el bróker que llevo dentro y  que nunca ahogué en la cuna).

Otras gentes afines, además, a veces son los mal llamados ‘emprendedores’ y antes empresarios, que cierran la rueda de (su) la fortuna con los gestores de los párrafos de arriba. Siguen entonces sorprendentemente la consigna punk: Search and Destroy. Que también era la consigna más gore de la guerra del Vietnam, pero estos no necesitan napalm

Buscan
(Encuentran) y…
Destruyen (y se forran)


Codicia e ignorancia insensible, mezcla más explosiva que el TNT.

Es la forma perversa que tienen de dejar su huella y no fundando hospitales en la selva, escribiendo novelas o poemas  o circunnavegando el globo, cosas estas más bien de niños o peor aún, de los sueños de los niños.

21/05/2012

COSAS QUE ENVILECEN (antes de cumplir los 40, mucho antes)





“el desafío del escritor es enseñarle al lector que él (el lector) es más inteligente de lo que pensaba”

                 David Foster Wallace

Envilece (y degrada a su alrededor):

1-Dedicarse al saqueo financiero que algunos llaman inversiones especulativas, economía del neocapitalismo, atención a los mercados y demás eufemismos. Como decía el gran clarividente Bertolt Brecht unas décadas antes de hoy y en tiempos pre fascistas muy parecidos al presente, "¿qué es robar un banco comparado con fundarlo?" Y los entrañables anarquistas de primera generación, que sabían que "no hay fortuna inocente". La ambición no es legítima ni  mucho menos es una virtud si se basa en el expolio de los demás.

2-Dedicarse al 'pesebrismo' grupal, esto es, a la política como profesión, salvo por motivos altruistas demostrables con hechos (por ejemplo Nelson Mandela y...me sabía otro, pero se me ha olvidado ahora). El desafío del político no es sólo ser honesto —eso se le  debería suponer, ¡ay!—, sino demostrarle al ciudadano que no le considera más tonto que a sí mismo (ver cita supra)

3-Hostigar de palabra (no digamos de obra) a tu pareja, a tus hijos, a tus padres, a tus subordinados y a cualquiera más débil que dependa de ti de una u otra manera.

4-Ir por la vida dando lecciones a todos los que no te las piden (siempre que se esté tentado de dar un consejo debería 'franquearse como un paquete postal o financiarse como cualquier proyecto con un billete, pongamos de 100 euros, caso de que siga existiendo la susodicha divisa)

5-No leer ni escribir nunca (nadie ha hablado de publicar; se puede ser , por ejemplo, un ‘inmigrante digital’, como un servidor; ver Regardélagilipolluá). Lamentablemente la mayoría de los que quieren ser escritores lo que quieren realmente es verse publicados y su nombre impreso, ricos y famosos, lo que es legítimo, pero diferente. Terminan así no leyendo a sus contemporáneos, sino vigilándolos, ni a sus antecesores, sino saqueándolos. El mal lo enunció clara y nada hipocritamente, Ramon Gómez de la Serna, que dijo: "escribo todo lo que se me ocurre, publico todo lo que escribo, y cobro todo lo que publico"; dichoso él, y lúcido: ganar dinero es uno de los motivos más sensatos ( e improbables) para escribir.

6-No caminar si se puede: pasear aclara las ideas, aumenta la capacidad de observación y reflexión, o sea, es bueno para la salud incluida la mental.


7-Comer demasiado. Comer demasiado poco si es voluntario —anorexia— es una enfermedad grave pero tratable, y si no lo es no envilece: degrada.

8-Beber demasiado…poco . Abstemios por recomendación médica quedan excluidos. El alcohol y en especial el vino es una hermosa e integrada droga en muchas culturas que, bajo sus efectos,  proporciona un comportamiento muy esclarecedor de uno mismo. Es decir, el que es un energúmeno borracho lo es sobrio igualmente, pero disimula ese 'mal vino' que tiene, y viceversa.

9-Cagarse en Dios a todas horas o a la mínima, en vez de por motivos justificados y excepcionales (martillazo en el dedo, por ejemplo) y en general ofender sin necesidad al que no opina lo mismo que tú, como hacen tantos 'creyentes'. Con tu parte de Dios haz pues lo que quieras, en privado, como el resto de creencias. Tentado estoy de sustituir la Declaración Universal de  los Derechos Humanos por los Diez Mandamientos, sino fuera porque me sobran varios de aquellos, me falta uno y además soy ateo.

10-Dar limosna con la actitud sobrada y soberbia del que da un supuesto ejemplo también y no lo que le sobra y apenas le cuesta nada.

11-Utilizar a las personas como si fueran cosas, aunque sean cosas valiosas. Lo de amar al prójimo como a  tí mismo es de imposible cumplimiento, creo, basta con respetarlo en el sentido apuntado.

12-Dedicarse al deporte como gestor intermediario

13-Ser policía: Los policías deberían hacer un juramento vinculante similar al hipocrático de los médicos en el que se asegure (se recuerde) que el monopolio de la violencia que el Estado les atribuye, pero que en realidad les concede la sociedad, o su pacto social, es para defender precisamente al ciudadano y no para reprimirlo si se rebela pacíficamente.

14-La admiración a los matones. (Es una coda del anterior)
 
15-Estar orgulloso de ser un cabrón. (Hay quién lo considera redundante y va en el paquete de 'cabrón')

16-El miedo permanente y no ocasional (el momentáneo suele ser adaptativo y sensato)

17-La servidumbre voluntaria incorporada en la personalidad (sumisión, recordad a 'San' Espartaco)

18-La reivindicación de derechos (propios) sin la contrapartida de deberes (propios). Por ejemplo, reclamar servicios del Estado y a la vez evadir impuestos. Es un vicio propio de la mala (y tolerante) educación.

19-Ir de ocurrente, en su versión leve (light), de chistoso, o en la dura (heavy), de genio: lo desarrollaré en el siguiente post.


20-La envidia sin la vacuna suficiente de la admiración.


21-El linchamiento amparado en la masa indignada y en el anonimato. (¿Por qué claman justicia si lo que desean es venganza?)

Pero…

Lo que más envilece es ir por la vida practicando como ineludible La Teoría de la Gravitación Social, consistente en:

Lamer culos hacia arriba,

dar patadas hacia abajo y

codazos a los lados.

Por muy rentable que esté demostrado que resulte, que lo está por desgracia.





16/05/2012

Los culpables de la crisis



NOTA PREVIA: Me curo en salud y me pongo la venda antes de la herida para advertir que comparto la idea de que 'la verdad’, sin mayestáticas mayúsculas, reside en el matiz, que seguramente muchos de los que leáis esto aplicaréis al tosco texto que sigue, pero que en cualquier caso esta creo que es una gran parte de la verdad, que a menudo  se omite. Por otra parte, la búsqueda de culpables ( como esas hordas linchadoras que sin concernirles directamente se agrupan a la puerta de comisarías y juzgados exigiendo venganza, aunque se supone que claman justicia) es un deporte extendido. Pero las cabezas de turco, los chivos difícilmente expiatorios (porque no son nada  propiciatorios), como los tiburones financieros, depredadores ultraliberales y otros sociópatas del capitalismo se ven acompañados de otros gremios sin empatía hacia sus supuestos semejantes, como tanto político mediocre y graciable hacia aquellos y finalmente con la imprescindible colaboración y no sólo tolerancia de las masas que propician la impunidad y la ausencia de responsabilidades en los —valga la paradoja— responsables.

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 "No soy un partisano, siempre soy un disidente. Sólo puedo confiar en el individuo, pero mi confianza en él es total"
MIHAIL SEBASTIAN (Diarios)


¿Tenemos los gobernantes que nos merecemos? ¿Esa privilegiada y acomodada casta de mediocres y poco imaginativos ignorantes y codiciosos? Es decir: ¿son los gobiernos un reflejo de sus gobernados? Jodidas preguntitas, porque me temo que la culpa, tan cómoda de trasladar hacia arriba, como el helio y como la envidia, también es de muchos de nosotros.

Pero es más complejo que repartir culpas entre todos, los humanos como especie animal maldita que desde la noche del Paleolítico sólo ha progresado en lo tecnológico pero que apenas ha avanzado ni en la ética ni en la sabiduría de vivir. Por eso a menudo no me siento contemporáneo de mi tiempo, pero sí, yo qué sé, del de Pericles cuando leo a Platón o del de las bandas cromañonas cuando leo a algún paleoantropólogo de mi gusto. El problema es que mayoritariamente los que aspiran al poder no lo hacen por altruismo sino por interés, no para mejorar la sociedad en la que viven, sino para beneficiarse ellos, y así, aunque fueran una minoraría  egoista son los que influyen:  los peores de nosotros, no los mejores. (Con excepciones formidables, como Nelson Mandela, por poner un ejemplo tan escaso como modélico; pero excepciones que, de hecho, cambian a mejor el mundo)


Y sin embargo, no basta como explicación porque no  toda la culpa reside en unos gobernantes que elegimos pero no gobiernan (sólo mandan hacia 'abajo' (*)), y en unos embozados 'mercados' que mandan pero no elegimos. Es, en efecto, un problema que la lealtad de los primeros no esté con los que les votan, sino con los aparatos de los partidos que les colocan en disposición de ser votados. Y también es un problema que la obediencia de los primeros sirva  a esos segundos que les dirigen como marionetas. A cambio de prebendas, naturalmente, no por simple deslealtad hacia los gobernados/electores. Eso evidencia que la democracia es muy imperfecta, pero contra lo que dictan los populismos en auge, la solución estriba en que necesitamos más y mejor democracia, no menos. Necesitamos que vuelva a tomar el mando la política, ahora una esclava de esa nueva forma de brujería interesada que algunos llaman economía, mezcla de ideología e intereses privados que intenta disfrazarse de dictamen científico inapelable.

Pero desgraciadamente además hay más culpables, muchos más (y diminutos) culpables: una gran masa de la población que cayó en la codicia (y la ignorancia, o al menos la ausencia de conocimiento de lo que realmente pasa y de sabiduría de saber vivir sin consumir a lo idiota) que ilustra el famoso cuento de la lechera. El tsunami de crédito barato que recorrió el planeta entre 2002 y 2008 fue más que un simple fenómeno financiero: fue la tentación que ofreció a sociedades enteras la posibilidad de sacar a relucir aspectos de sus naturalezas que normalmente no podían permitirse. Los islandeses quisieron dejar la pesca y convertirse en banqueros de inversión. Los griegos quisieron convertir su país en una piñata repleta de dinero y dejar que sacara tajada de ella el mayor número posible de ciudadanos. Los alemanes quisieron ser aún más alemanes, con esa soberbia y ese complejo de superioridad que tantos dramas han provocado en Europa en el pasado reciente. Los irlandeses quisieron dejar de ser irlandeses emigrantes y comedores de patatas.

¿Y los españoles? Los españoles pasamos sin transición de habitar un país austero, un país de netos emigrantes esforzados, a transitar ufanos por un país si no rico sí despilfarrador y receptor neto de inmigrantes, todo en una sola generación; de habitantes de aquel país pintoresco que rozaba dignamente la miseria, -que con sol es menos miseria- pasamos a convertirnos de la noche a la mañana en pretenciosos nuevos ricos, rodeados de autopistas y trenes de alta velocidad, aeropuertos (a veces incluso peatonales, es decir, sin aviones) y un ostentoso museo  casi sin contenidos en cada poblachón: derroche. Todo ello sin mejorar realmente la estructura productiva ni la educación real (más títulos, sí, pero menos buenos profesionales por titulación, aunque este sería otro debate) O sea, seguimos el itinerario que marcó Groucho Marx: salir de la nada para llegar a la más absoluta miseria, pasando por esa grosería fea y destructiva de nuevos ricos.

Pasó con mucha gente en España, como en Grecia, Islandia e Irlanda, y  por muy diversas razones, personas muy diferentes que se atiborraron de créditos baratos a su alcance en el preludio al desastre que hoy por hoy vivimos. Es lógico que estemos deprimidos no sólo económicamente, la culpa no es sólo de unos políticos mediocres y serviles, también es de una mayoría de nosotros. Y la prueba es no sólo que ellos solos no hubieran podido joderlo todo tanto sin nuestro auxilio, sin que siguiéramos votando y eligiendo corruptos declarados, codiciosos demostrables, ignorantes y horteras palmarios, porque -ay- son unos de los nuestros. Sin  ponerles frenos, sin que siguieramos intentando emularlos y admirarlos por hacer lo que muchos otros harían si pudieran ponerse en lugar. Españistán es un país muy corrompido, aunque por fortuna se pueden encontrar algunos justos, de ellos dependemos para salvarnos de esta lluvia de azufre que nos mandan esos dioses vengativos e insaciables que algunos llaman mercados.

¿Pagamos justos por pecadores o no hay tantos justos como nos gusta pensar? Hay algunos justos, juntos parecen bastantes, muchos, por ejemplo cercano, esos jóvenes del 15 M y demás 'Indignados', pero cuidado: conseguir una sociedad justa, más decente pasa no sólo por reclamar derechos y denunciar tropelías y recortes de los mismos, sino también por reconocer deberes y obligaciones propias. Más igualdad, menos corrupción y acceso más fácil y mejor a lo público. Mientras podíamos ir despidiendo con 20 días trabajados a tanto consejero delegado incompetente que se retira a sus cortijos,como dijo aquel, después de hundir empresas y bancos.

Esopo y luego Samaniego relataron la fábula de la lechera por todos conocida. Yo prefiero una versión más reciente, la del romántico Kliest: El Cántaro roto cuenta la historia del juez Adán que recibe en su juzgado un caso singular: averiguar quién ha destrozado un cántaro en el dormitorio de la joven Eva, y el principal sospechoso es su prometido Ruperto. Sin embargo, el auténtico causante no es otro que el mismo juez Adán, quien se valdrá de las más grotescas argucias para salvaguardar su supuesta inocencia. Bajo la apariencia de una comedia de costumbres El cántaro roto es un disparo contra la moral burguesa: la corrupción de la justicia, la prevaricación, el abuso del poder público, el interés por los bienes materiales por encima de la felicidad. El final insinúa la reconstrucción del orden frente al desorden de la justicia, con subversión romántica, ironía y sarcasmo contra la clase social privilegiada de la que el propio Heinrich von Kleist formaba parte no resignada.

Mis diculpas por ponerme tan moralista y 'al mal tiempo buenas bragas' como dice P.

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(*) Aplicados practicantes de mi Ley de Gravitación Social ya muy difundida: 'Lamer culos hacia arriba, dar patadas hacia abajo, y codazos a los lados'