25 ago. 2016

Breverías del saber


  “Tras un párrafo opaco siempre se oculta un ignorante o una trama delictiva” Peter Medawar



Me levanto cada mañana saturado de información, en su mayor parte irrelevante; armado pobremente por mis conocimientos acumulados esforzada y gozosamente y sin saber muy bien qué hacer.

Hay tres niveles en la cadena trófica del saber: Información, Conocimiento y  Sabiduría, que a menudo erradamente se consideran casi sinónimos. Lo opinadores se quedan en la primera y alardean de ella, de hecho toman la Información como si fuera conocimiento y ellos los sabios. A menudo, los científicos, pero no los más excelsos, también toman el segundo nivel, en el que están instalados por su razón de ser, por el tercero y último, y eso es lo único que los desacredita. 

Uno no se conoce a sí mismo, sino que conoce la generalidad en la que se incluye uno mismo; uno sabe de sí mismo. Es decir, el conocimiento se refiere al entorno, al mundo físico que nos rodea, en tanto que la sabiduría aplica ese conocimiento a la propia vida de cada cual. Por eso el progreso moral de la humanidad es mucho más lento que su acelerado progreso técnico-científico.



Los vendedores de autoayuda y las pseudociencias, en cambio, se saltan los dos primeros escalones y pretenden establecerse en la sabiduría directamente. Y en ese sentido se asemejan a los sacerdotes de cualquier religión con sus verdades reveladas.



La ignorancia se nutre de la pereza y la falta de curiosidad, además del recelo hacia el conocimiento basado en el esfuerzo, porque "informarse cuesta", como reza el lema de Le Monde Diplomatique. Por eso los ignorantes son propensos a valorar las teorías conspiratorias y alternativas. Es más cómodo pensar que las pirámides las levantaron extraterrestres que dominaban la antigravitación que admitir que las construyeron miles de hombres hace miles de años que ni siquiera eran más esclavos que la mayoría de los trabajadores actuales. Es más cómodo pensar que el paseo por la Luna fue un montaje que intentar comprender el esfuerzo tecnológico que implica.


Hoy en día, con los avances científicos a menudo tan complejos como antintuitivos, nadie puede pretender ser un Leonardo que abarque todo. Entonces es cuando se hace aún más urgente volver a la máxima socrática de reconocimiento de la propia ignorancia. Saber que no se sabe es la única forma inteligente de entender un poco nuestro mundo. Si el especialista abarca poco y profundiza mucho, y el generalista indispensable para conectar interdisciplinarmente tantas especialidadesabarca mucho y profundiza poco, el primero como una fina aguja y el segundo como un disco plano, la mejor forma de intentar entender es una mezcla armoniosa de ambos: la tachuela.
 

Lo opuesto a la información es el secreto y el ruido. Lo contrario al conocimiento es el trabajo obligado (los filósofos de la Grecia clásica no trabajaban, tenían esclavos) y lo contrario de la sabiduría es la alienación de dejarse llevar por el “esto es lo que hay” y pesar que la educación es un proceso formal que concluye en la juventud.


La ciencia es lo opuesto al espionaje. Hay competencia entre equipos, pero finalmente la información se comparte y el conocimiento obtenido deber ser ratificado por tus rivales.

Los tertulianos siempre tienen respuestas rápidas a preguntas equivocadas. En dicho sentido, son lo opuesto a los intelectuales y sobre todo a los científicos.



El cambio climático y el calentamiento global es un buen ejemplo del campo de batalla de la Información, el Conocimiento y la Sabiduría. Tenemos Información, esto es, suficientes datos contrastados y relevantes de lo que está pasando. Estamos empezando a entender el sistema complejo en el que se integran estos indicadores y del papel de las actividades humanas en esos cambios. Pero no hemos adoptado soluciones verdaderamente relevantes ante el problema porque eso implicaría cambios drásticos en nuestra forma de estar en el mundo en cuanto sociedades humanas. No estamos actuando sabiamente.


El arte de plantearse las preguntas pertinentes —las que con mayor o menor esfuerzo pueden ser respondidas o al menos al intentarlo hallar otras cosas— es más relevante que la técnica, el método científico, de responderlas. En ese sentido es alentador y no lo contrario, que la ciencia en su imparable avance abra más preguntas que las que cierra.





Contra lo que piensan los relativistas filosóficos, hay verdades, el que sean provisionales también es alentador y nos muestra que en ellas lo importante son los matices no la contundencia.





La ciencia es la más exitosa y progresiva/acumulativa de las formas de conocimiento, pero no la única. El empirismo de la sociedades tradicionales de prueba de error; o hasta los mismos mitos, que no son simples fábulas explicativas, sino expresiones de la perplejidad ante los fenómenos ignotos y que dicen mucho de esa búsqueda de repuestas, aunque sea ante preguntas en su momento prematuras. Por otra parte, al revés que los profanos, los científicos deben distinguir claramente causas de correlaciones. Una especie animal está desapareciendo a la par que un vegetal; podríamos estar tentandos de atribuir el primer hecho como efecto del segundo, su causa, cuando a menudo ambos son resultado de otro distinto, por ejemplo, una alteración del hábitat que afecta a ambos.

Los niños y los analfabetos totales y 'cultos' son los que hacen las preguntas más interesantes: ¿Por qué le cielo es azul? Para respoderla hay que implicar caso todas las ramas de la física y la astronomía. ¿De dónde ha salido el agua y la sal de los oceanos? Nuevamente hay que implicar en la respuesta todo lo que hoy sabemos sobre el origen de nuestro planeta. Por el contrario, las peores preguntas son las de los pseudocultos, porque ni siquiera saben que no saben.

"Mares no afligidos por orillas" Emily Dickinson












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Que existan culturas distintas, como lenguas diferentes, es maravilloso, pero la cultura debe servir para construir puentes y no como argumento para separarse unos de otros.

OTOÑO

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Carretera al Sanatorio de la Fuenfría

INVIERNO

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valle de Valsaín, Segovia