Un mundo sin Dios sería un mundo mejor, sin coartadas


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¡No te cases! Busca una mujer a la que odies de verdad y cómprale una casa. Lansky

30 jun. 2015

Si yo fuera griego votaría no


(Socrates) -De igual modo, Cebes, creo que todo esto es verdad, que los dioses son nuestros guardianes y que nosotros somos una mas de sus posesiones. ¿No lo crees?
(Cebes) -Si, lo creo.
(Socrates) Luego, ponte tu en su lugar. ¿Si una de tus posesiones fuera a destruirse ella misma sin tu consentimiento, no te enojarias con ella y la castigarias, si tuvieras medios para hacerlo?
(Cebes) -Ciertamente.
(Socrates) -Por lo tanto visto de este modo, supongo que no es irracional decir que no debemos poner fin a nuestra vida hasta que Dios no nos lo diga.
(Platón, en boca de Socrates en el Fedon)


Si yo fuera griego votaría no en el referéndum inmediato de la próxima semana. Puestos a votar, los griegos no han votado a sus acreedores —ni ninguno de nosotros del resto de países—, así que esos acreedores podrán pedir que se les devuelva lo prestado, pero no dictar sus políticas nacionales; en suma, pueden exigir el ‘qué’ (devolución), no el ‘cómo’ (políticas internas). Votaría no porque se trata de elegir entre la troika, que defiende los intereses (nunca mejor dicho, qué bonita polisemia) acreedores, y no el cese sino el aminoramiento de una austeridad que está matando a los ciudadanos de un país supuestamente soberano.

Algunas de las cosas que se vienen diciendo sobre el despilfarro y el mal gobierno (anterior a syriza) griego son ciertas, pero la mayoría no. Desde el 2.000 el gobierno griego ha venido recortando el gasto público y ha aumentado la recaudación interna (fiscal), se han reducido las pensiones de este país abusivamente pensionista, bien es cierto, y los funcionarios (empleo público, también excesivo) se han reducido en una cuarta parte. Con tales medidas, se debería haber pasado de déficit a superávit y si no ha sido así es porque, precisamente, las políticas impuestas desde fuera han hundido la economía griega y por ende la recaudación.

Grecia no tiene ya divisa propia, como la tenía la valerosa Islandia, por ejemplo ejemplar y reciente, así que no puede devaluar su moneda para afrontar ese déficit sin caer en depresión y aumentar las exportaciones. Porque el euro, no lo olvidemos es una mierda de moneda, solo útil a los capitalistas, sin unión fiscal y bancaria.

La austeridad es un suicidio, la austeridad es el abandono de la soberanía y la conversión de Grecia en una colonia de la troika, dejando de ser independiente. Los de la troika van de técnicos asépticos, pero, primero, no existe esa supuesta técnica aséptica, hablamos de política y economía, no de medicina y de antibióticos, y segundo, esos técnicos se equivocan más a menudo que aciertan: hablamos del FMI, con un apabullante historial de genocidas en los países en vías de desarrollo que ahora quieren ampliar también en los supuestamente desarrollados, pero poco, como Grecia. Esos técnicos disfrazan de análisis el mero ejercicio de su despótico poder, el poder, claro, de los poderosos acreedores a los que sirven.

Lo que ha hecho Syriza es algo muy arriesgado, porque no se ve muy bien a donde puede llevar, pero con todo es menos arriesgado que acatar al FMI y sus perros amaestrados, desde la fiera pastora alemana al  gritón caniche español, porque eso sí que se sabe a donde lleva, y eso sí que tiene riesgo. ¡Animo, hermanos griegos!

Yo apenas sé economía, pero cuento con la ventaja de que tampoco soy gilipollas, y los griegos ni son gilipollas ni tienen ya mucho más que perder.

29 jun. 2015

Una espléndida novela oculta en un género





    —McKendrick, acompáñalo —ordenó Milligan. Y añadió dirigiéndose a Laidlaw—: Sólo por si olvidas contarme algo.

   —No tengo ningún problema en contarte cosas—contestó Laidlaw—. De todas maneras, tú jamás las entiendes.





Era una bonita vivienda, pero a él le resultó molesta, de la forma en que siempre le incomodaban las casas rígidamente decoradas para ser atractivas. La experiencia, la conversación que había perdido toda noción de su propia arbitrariedad, la primorosa ornamentación de las habitaciones…, todo eso era como estar atrapado en las alucinaciones de otra persona.





La comida del mediodía fue como un intento de mantener una conversación con frases salidas de las galletas de la fortuna. Los padres de Mary hablaban con expresiones proverbiales: “Dios ayuda a quién se ayuda”, etc.





El suelo de la pequeña pista de baile era de mosaicos que dibujaban una ruleta. La barra del bar estaba formada por una serie de fichas de dominó enromes, acabada en seis doble […] El zumbido provenía de una aspiradora. La mujer que estaba trabajando con ella les daba la espalda. El conjunto confería a la mujer un aspecto inconscientemente patético. Era vieja y gorda. Su sola presencia era un comentario irónico acerca de todo ese esnobismo.





   —No son las preguntas lo que cuenta. Las personas no dan respuestas. Se traicionan. Cuando creen estar respondiendo una cosa están en realidad contestando otra, con inconsciente sinceridad.





   —[…]. Más te vale que consigas un cerebro, chaval. Aunque tengas que robarlo. No te pago para que seas estúpido.


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Podría decirse que esta es una de las mejores novelas negras que se han escrito nunca en inglés, pero no seré yo quien lo haga porque eso llevaría implícito obviar que es una de las mejores novelas (aquí: punto). La razón de que Laidlaw no forme parte del canon de novela negra de todo tiempo y lugar, en este caso el final de los años setenta del pasado siglo y Escocia, concretamente Glasgow, inaugurando lo que los amantes de las etiquetas han llamado con escasa imaginación el tartan noir, es que su autor, William McIlvanney sólo escribió un par más del género. En cambio, se ganó su reputación como poeta y novelista sin más, siempre con escasa producción. La novela Laidlaw es espléndida, para amantes del género y para los que no. Quizás sea la misma razón por la que esta novela no esté considerada como una gran novela sin más: porque está oculta dentro de un género considerado menor por los que gustan de leer las etiquetas y no los contenidos. Hoy sigue escribiendo, por fortuna, y yo le sigo a él, nunca me decepciona, pero esta novela policiaca es mi favorita.
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William McIlvanney: Laidlaw. Ed. Orig. en Ing.1977. Trad. Amelia Brito, RBA, 2014

SOLICITUD

Unas sillas de jardín herrumbrosas y delante, suavizando el metal, una liana de hierba luisa... un hábitat mío


Muy señores míos (en realidad, más bien, yo suyo), les adjunto mis deseos y mi curriculum, que no viene a ser lo mismo; también una foto (véase supra) en la que no estoy yo porque me acabo de quitar precisamente para hacer la foto:

A ser posible y en el país más poderoso de la Tierra, y el menos posmoderno, me gustaría ser a mi vez más poderoso en ocasiones que su mismísimo presidente y general en jefe de sus fuerzas armadas, las mayores del planeta; con un sueldazo, cargo vitalicio y tomando decisiones inapelables y a menudo de mayor influencia que las de cualquier otro, en comandita con mis otros ocho —sólo ocho— colegas, sin que nadie pueda despedirme ni pedirme cuentas. En resumen, me gustaría ser juez del Tribunal Supremo de los Estados Unidos de Norteamérica. Para hacer el bien, como un superhéroe, o el mal, como un supervillano, eso ya se vería. (Este Junio de 2015, el Tribunal Supremo de EEUU ha convertido en legal el matrimonio gay en todo el territorio de la República, incluyendo los Estados que no lo admitían. En 1857, en el caso Dred Scott versus Sandford, los jueces del Supremo dictaminaron que los esclavos negros no eran ciudadanos y que el Congreso no podía prohibir la esclavitud en los nuevos territorios de los Estados Unidos. Cuatro años después estalló la Guerra Civil americana... Continuará).




CURRICULUM ADJUNTO
—¿Y a esto lo llama usted un currículo?— dijo agitando el escueto papelito. Luego se caló las gafas, lo tomó con dos dedos como si no quisiera pringarse y leyó en voz alta y escandalizada:


"Acabé el bachillerato, como quien finaliza una condena y, paradójicamente, un tedioso privilegio, muy joven; el caso es que con sólo dieciséis años, pero aparentando trece, me encontraba ya deambulando por las traseras de la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid, que es adonde vergonzantemente, y en compañía de los nada metafóricos cadáveres de otros indigentes menos afortunados que nosotros, nos habían relegado a los alevines de biólogos y geólogos en tanto construían esa facultad de estética carcelaria que por fortuna sólo concluirían siete años más tarde, cuando yo ya había volado lejos."

NOTA BENE 



Comprendería que mi perfil no se ajustase a mis deseos y ambiciones, suele pasar, pero también comprendan ustedes a su vez que el triunfo y el fracaso son cosas muy relativas, pese a las apariencias (que engañan, decimos en España); fíjense si no en este caso proximo y literario: mi vecino (para que ir más lejos), de ser un libro, sería un best seller, con un éxito impresionante y cambiando de cochazo cada 11 meses. Yo en lugar de una J.K. Rowling cualquiera, prefiero ser un Quijote, ¿un altruista e idealista? ¡No! Hablo del libro: no quiero ser un superventas sino un superviviente;o sea, un clásico, El Quijote, quiero ser El Quijote. O en su defecto más prosaico, juez del tribunal supremo de los EEUU.

“Hacer memoria es como hacer café. Amargo si no lo endulzas. O dulce, si no lo amargas...”  Zafferano
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“Yo no sé quién soy, pero sí sé quién era cuando me levanté esta mañana. Me parece que he debido cambiar varias veces desde entonces.”(Alicia a la oruga) Lewis Carroll
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"She is determined to learn  the truth about the past, whithout realizing that the past, like the future, can only be imaginated." (= "Ella está empeñada en conocer la verdad acerca del pasado, sin entender que el pasado, al igual que el futuro, sólo puede ser imaginado"). Lo siento, es una frase que copié de algún lado porque me pareció muy acertada, pero no anoté de quién era y ahora es posible que nunca lo sepa, porque hasta google y la wiki tienen límites (por fortuna)

26 jun. 2015

¡Ve y estudia! (pero sé compasivo)





Vi la cara de alarma de la azafata que estaba recogiendo las tarjetas de embarque y me giré en dirección de su mirada: ¡joder, qué susto! Había coincidido en el embarque de mi vuelo internacional con un grupo de judíos ultraortodoxos con toda la parafernalia y aditamentos de su condición. No me hizo ninguna gracia en estos tiempos de atentados terroristas, porque era como si al avión le hubieran instalado de repente un cartel de “se admiten bombas y secuestros” y a cada uno de nosotros, pobres pasajeros más discretos, una diana en el culo.

Los judíos ultraortodoxos pueden obedecer al pie de la letra al Levítico que dicta no raparse los lados de la cabeza, y de ahí esos tirabuzones tan monos, o que lleves sombrero y barba y vayas vestido de fúnebre negro. No por eso son buenos judíos como demuestran con su intolerancia con sus hermanos árabes.

En los primeros años del siglo I —recién ajusticiado por la Roma ocupante otro judío notorio: Jesús—, el gran sabio fariseo Hillel llegó desde Babilonia a Jerusalén para predicar junto, o frente, a su rival Shammai que propugnaba una versión más rigorista del fariseísmo. La mala fama de los fariseos, después de leer algunas cosas sobre el tema menos tendenciosas que las fuentes de los evangelios sinópticos —en especial los de Mateo y Juan, con mucho los más "antisemitas"—, creo que se debe precisamente a un tema de ‘competencia’ con ese cristianismo inicial. Los fariseos defendían el estudio de la Torá y la ley, la exegesis no tanto para buscar sentidos originales en la Biblia, como actuales o nuevos, exactamente como los cristianos que afirmaban que mucho de lo que en el Antiguo Testamento decía referirse a David en realidad podría interpretarse de nuevo como referido a Jesús; aunque los fariseos no llegaron a tanto como a defender la existencia de un ‘Nuevo’ Testamento.

El caso es que las palabras escritas en las Sagradas Escrituras tenían que se revivificadas por una exégesis constante. Eso conducía a una suerte de sobreabundancia interpretativa que entorpecía finalmente al creyente. Así, a los rabinos les gustaba señalar que el rey Salomón había utilizado tres mil parábolas para ilustrar cada verso de la Torá, y podía llegar a dar mil y cinco interpretaciones de cada parábola, lo que quería decir que había tres millones y mil quinientas exposiciones posibles de cada una de estas unidades del libro sagrado. Visto lo visto, un listillo de la época se presentó ante el mentado Hillel y le retó a que resumiera la Torá mientras se mantenía apoyado en una sola pierna (como un pastor Massai). Hillel le dijo: “escucha; no hagas al otro lo que no quieras que se te haga. Esa es toda la Torá, lo demás sólo es comentario. Ve y estudia esto”.

Bien, Hillel tenía el don de la concisión antes del Twiter y los Facebook, pero ese resto que es sólo comentario es muy interesante. El judaísmo recomienda el estudio de los Textos Sagrados, pero sin interpretaciones literales (lo cual es muy conveniente para los sofistas, porque siempre se puede demostrar con la Biblia una cosa y su contraria, pero también para los antidogmáticos), y hacer trabajar sobre esos textos a los jóvenes, como paso para otros menos 'sagrados', termina por arraigar la idea de que el estudio es el mejor camino para moverse por el mundo y explica, a mi juicio, no sólo la veneración entre los judíos por  el estudio y el respeto por los eruditos, sino el número sorprendentemente mayor del que les correspondería por tamaño poblacional de genios, sabios y estudiosos que han dado al mundo, especialmente entre los más heterodoxos y los laicos, desde Spinoza a Einstein, pasando por Freud.

A los estudiantes judaicos aspirantes a rabinos se les incita a revelar este núcleo central de la compasión y toda la legislación y las narraciones de las Sagradas Escrituras, incluso si esto significaba tergiversar el sentido original de esos textos. El mayor mandamiento del levítico: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo.”

Por tanto, los ultraortodoxos israelíes actuales no son buenos judíos porque han olvidado la enseñanza de Hillel: la compasión, la negativa disciplinada a infligir dolor a otro ser humano; todo el resto es comentario a esta escueta y hermosísima regla de oro, junto al otro mandato maravilloso del rabino: “¡Ve y estudia!” Eso hice el resto del vuelo, y aprendí bastantes cosas del tal Hillel, muy famoso entre los suyos (*).

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(*) El libro que llevaba como lectura en el avión era Historia de la Biblia, de  Karen Armstrong, 2ª ed. 2015