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"Lector, éste es un blog(1)de buena fe. Te advierto desde el inicio que el único fin que me he propuesto con él es doméstico y privado. No he tenido consideración alguna ni por tu servicio ni por mi gloria. Mis fuerzas no alcanzan para semejante propósito […]; no es razonable que emplees tu tiempo en un asunto tan frívolo y tan vano." Yo no escribo para entretener, sino para entretenerme...

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(1) Comienzo y final del prólogo Al lector de los Ensayos de Michel de Montaigne, en el que sólo he sustituido la palabra ‘libro’ por la de’blog’

24 may. 2016

La literatura fantástica no transcurre en Marte pero la leemos niños



        " Nunca se sabrá cómo hay que contar esto, si en primera persona o en segunda, usando la tercera del plural o inventando continuamente formas que no servirán de nada. Si se pudiera decir: yo vieron subir la luna, o: nos me duele el fondo de los ojos, y sobre todo así: tú la mujer rubia eran las nubes que siguen corriendo delante de mis tus sus nuestros vuestros sus rostros. Qué diablos".  Julio Cortázar Las babas del diablo (Las armas secretas, 1959)


Freud es hoy en día una víctima más de uno de tantos movimientos pendulares de aprecio-desprecio. Ahora toca atacarle por lo que no fue aunque quiso: un científico y un sanador, ignorando lo que fue aunque no sé si quiso: una gran narrador y escritor, y lo que supongo que quiso ser y logró: un explorador, en aparente obviedad, de lo inexplorado (porque también se puede explorar lo supuestamente ya explorado, lo veréis enseguida). Y como todo explorador típico se introdujo en un territorio ignoto y sumergido —el de nuestra mente— donde la razón no siempre impera. Algunos grandes escritores también lo han sabido desde siempre. Y los niños fantasiosos. Y Calderón antes de Freud: "todos sueñan lo que son, aunque ninguno lo entiende" 

La literatura infantil y juvenil está nutrida de forma espontánea por el elemento fantástico, así que es algo extraño que luego nos desprendamos de él como si fuera eso: infantil, algo a dejar atrás por el lector adulto. Una manera de ingresar en lo fantástico es a través del terror. Todo niño es gótico, todo crío tiene miedo a la oscuridad, cualquier chaval se podría introducir con naturalidad en los temas, aunque quizás no en la forma, de autores tan retorcidos y excelsos como difíciles en principio: Stevenson, Stoker, Walpole, Le Fanu, Shelley, Poe, Maturin, Bierce, Meyrink… todos anglosajones, con la salvedad de algún sorprendente Víctor Hugo, el de Han de Islandia y El hombre que ríe. Y también Fu Manchú, por qué no. La infancia nos prepara para recorrer ese camino. Lo malo es tanto adulto que considera que madurar es pudrirse en la falta de imaginación más ramplona. Pero el lector capaz de aceptar lo inaceptable, de suspender temporalmente la incredulidad (Coleridge) adulta, de participar en el juego, de diferenciar entre verdad y verosimilitud, con ese se puede contar. Los niños que habíamos leído las versiones originales de los terribles cuentos de Andersen y Grimm no edulcorados por Disney estábamos listos para cierto afortunado grupo de escritores del otro lado del Atlántico. Y es entonces cuando uno emprende un camino ciertamente sin retorno (el melómano que ama a Bach no puede reconciliarse con la pachanga del bacalao).

Una muchacha muere de una anemia inexplicable para la ciencia médica. Cuando tras el entierro el marido y la sirvienta entran en el dormitorio de la difunta para poner en orden la habitación descubren que la almohada de plumas pesa mucho más de lo normal. El marido rasga la almohada con un cuchillo y entonces… (que no, que no os reviento el desenlace, buscad y leed el extraordinario relato. Es de Horacio Quiroga).

Demos un paso más. Un hombre oye en un restaurante una frase anodina e insignificante e inmediatamente desaparece la realidad que le rodea para coagularse otra mucho más inconcebible. Así comienza 62, Modelo para armar. Hablo de coagulación porque esa “realidad” alternativa surge como elementos aislados que la razón rechaza, pero que se juntan en una coherencia nueva. Y esa nueva realidad tiene tal fuerza que el personaje no puede por menos que rendirse ante ella. Lo fantástico que surge y abre una grieta en lo ordinario. Eso tiene mucha más fuerza y es más perturbador que cualquier artificioso escenario gótico fabuloso. Cortázar consigue que la coincidencia de recibir una carta con un sello rojo a la vez que suena el teléfono y se percibe el olor del café quemado constituyan un triángulo donde lo trivial y prosaico, esos tres hechos, conduzcan al personaje a un maremágnum fantástico donde él cree actuar libremente pero donde es empujado por fuerzas ajenas. Los sueños, esos sueños de fuerza tres que vamos olvidando conforme avanza la vigilia, son origen de muchos de esos relatos, que despiertan arquetipos primitivos e imprevistos. El Cortázar del relato Casa tomada, es, por confesión del autor, uno de esos muchos relatos de origen onírico.

El boom latinoamericano de los comienzos de la segunda mitad del siglo pasado agrupa escritores bien diferenciados y distintos, entre sí y con otros grupos, como Gabriel García Márquez, Carlos Fuentes, Mario Vargas Llosa, Julio Cortázar, o aún antes, Jorge Luis Borges, Bioy Casares, Alejo Carpentier, Horacio Quiroga y Leopoldo Lugones. No sólo generó un conjunto de obras de enorme calidad, sino que además tuvo en este lado del Atlántico dos benéficos efectos añadidos; de un lado, revitalizar el anquilosamiento de la literatura en español en España, reducida a un realismo, a menudo tremendista muy estrecho; en segundo lugar, generar una corriente en nuestro idioma que si bien frecuente en los países anglosajones, tenía escaso cultivo y recepción en España (aunque no sólo, Francia tampoco ha sido muy dada a ese llamémosle género), la literatura fantástica, aunque por supuesto, nuestra gran novela, El Quijote, puede considerarse en parte propia de ese género a mi juicio. Eso explica la displicencia con que fue recibida inicialmente esta corriente por los autores españoles, aunque finalmente triunfó entre los agradecidos lectores, mientras que fue perfectamente asimilada a través de traducciones en los países de habla inglesa. Hasta tal punto existían reticencias, que estas se trasladaron a la denominación de esta corriente literaria, que jamás se tildó de fantástica (reservada para el género afín al de la Ciencia Ficción), sino de un tipo de realismo, el realismo mágico, para hacerla más aceptable y respetable. Eso sí: debo admitir por experiencia propia que la realidad 'real' latinoamericana a menudo es mágica per se. 

El salto de madurez de los creadores latinoamericanos fue buscar ese elemento fantástico lejos de los castillos encantados, en lo cotidiano, pero sigue siendo difícil entender al Julio Cortázar fantástico sin el Poe de La caída de la casa Usher. La gran virtud de Cortázar fue buscar en lo ordinario, y no en lo morboso y extraño, lo fantástico, lo inquietante, lo sobrecogedor, y eso sin parodiarlo, como sí hizo Oscar Wilde de  El fantasma de Canterville. De un acto cotidiano surge lo fantástico. Uno desciende a los subterráneos del Metro y se introduce en un mundo extraño y paralelo, o hace una foto en un parque y..., o viaja por una autopista hacia el Sur y asiste a un sacrificio humano. Los surrealistas exploraron ese territorio, pero aquí no voy a adoptar su enfoque, a mi juicio bastante limitado. La literatura existe, entre otras cosas, para expresar lo inexpresable (como la realidad), toda la poesía se basa en eso. La realidad, desde tomarse un café hasta leer un periódico o viajar en metro abre poros en nuestra percepción que podemos rechazar de inmediato o explorarlos si tenemos suficiente talento. Cortázar lo poseía en grado sumo y él mismo confesó a menudo que esa disposición se le había aguzado con sus fantásticas (en los varios sentidos) lecturas infantiles.

En Borges lo fantástico parece cristalización de un teorema geométrico. Como dice Cortázar hablando de él, la suma de los ángulos de un triángulo es igual a la muerte de Madame Du Barry. Borges utiliza una férrea inteligencia para mostrar lo ininteligible, de ahí su fuerza. Adolfo Bioy Casares, la figura complementaria de Borges al modo que lo es el doctor Watson de Sherlock Holmes, es autor de uno de los mejores y más perfectos relatos fantásticos, La invención de Morel, pero en él, en lugar de la lógica del teorema, se utiliza el humor y la ironía de un perfecto caballero inglés, como sólo algunos argentinos cultos son capaces de ser.

Luego vendrían los García Márquez y demás, que inasumibles por un realismo plano fueron calificados de realistas mágicos, lo que es lo mismo que decir sin reconocerlo de fantásticos, en los varios sentidos de la palabra. Y abrieron el angosto panorama literario de España, por lo que les debemos agradecimiento eterno. Aún así, existen pocos escritores españoles insertos en esta corriente de lo maravilloso, hasta el punto de que sólo me viene  a la cabeza uno actual con la suficiente calidad, Andrés Ibáñez, y sigo preguntándome por que el autor de El mundo en la Era de Varick o de La sombra del pájaro lira no ha tenido más que un restringido éxito entre nosotros. Quizás la culpa sea haber olvidado demasiado nuestras lecturas infantiles. Fantásticos latinoamericanos para lectores adultos que no han matado a su niño. Si admitimos la teoría de Roland Barthes y Muchel Foucault de que la obra deja de pertenecer al autor para pasar a ser del receptor (lector en su caso), estos autores nos devolvieron nuestras infancias. Finales de los sesenta y comienzos de los setenta; o sea, a mí en concreto me la devolvieron a mis veinte años. 

(En ciertas épocas y lugares la cultura implosiona sin saberse muy bien por qué. El Renacimiento en la Italia del XV, La Edad de Oro de la España del XVII, o la Francia del mismo siglo, o la Inglaterra del teatro isabelino, o la Poesía de los años treinta nuevamente en España, o… el boom de Latinoamérica a mediados del pasado siglo. Borges es un precursor de ese boom en la zona geográfica del Río de la Plata y un continuador de una tradición allí ya asentada, si le vemos como un caso único es porque desconocemos ese contexto. Horacio Quiroga, en la otra orilla del gran río, es otro caso modélico.)

MIS FAVORITOS


Jorge Luis Borges : El Aleph (y el resto de sus cuentos)
Adolfo Bioy Casares: La invención de Morel
Gabriel García Márquez: Cien años de soledad
Mario Vargas Llosa: La casa verde
Julio Cortázar: Las armas secretas (y el resto sin excepción de sus cuentos)
Andrés Ibáñez: El mundo en la Era de Varick
Horacio Quiroga: Cuentos de la selva
Carlos Fuentes: La región más transparente



16 may. 2016

votaré, pero no volaré




Aviso: no es recomendable leer este post si se tienen dudas a la hora de votar porque...

Me ahogo en un mar de dudas, y mis escasas certidumbres son negativas. Votar, no votar, a quién votar (sé a quién no votar, incluso sé contra quién votar, pero no tengo tan claro a quién votar), populismo, democracia, romper España, dejarla entera, desgana, entusiasmo, ilusión, escepticismo, promesas electorales, campañas otra vez, lo nuevo, lo viejo, lo que parece nuevo y es viejo, pactar, no pactar...  

Iré a votar, sin entusiasmo y aunque decidido, sin voto decidido aún, porque sé que no voy a volar en el azul de los ojos de la santa democracia, feliz de seguir estando aquí abajo (Nel blu de gli occhi tuoi blu, felice di stare quaggiù). A mí juicio, siempre a mi juicio, como todo lo que sigue, como todo lo que escribo, no debería hacer falta decirlo:

POPULISMO. Podemos es populista. El populismo ha entrado en España de la mano de Podemos. La primera afirmación es cierta; la segunda afirmación es falsa: el populismo lleva instalado en España tanto como los partidos. Populista es también el PP, por ejemplo, y mucho. 

ROMPER ESPAÑA. Romper naciones. Algunos quieren “romper España”, otros no quieren que los otros rompan España. La expresión como mínimo es bastante idiota. Algunos quieren separarse de España, lo comprendo, yo también querría, y separarme de Cataluña si fuera catalán, y me gustaría separarme de esta Europa mercachifle e insolidaria, amurallada y egoísta. Lo que quieren es hacer un referéndum preguntando sólo a los que presumen que quieren separarse y a los demás más calladitos que también ocupan los territorios supuesta o realmente en conflicto, pero no al resto de España. Me gustaría que también me preguntaran a mí sobre eso, y ya puestos me gustaría que me preguntasen sobre el resto, sobre esta Europa, esta España, este mundo. La larga mano de la anterior dictadura sigue influyendo de mala manera en unas izquierdas tolerantes con los nacionalismos periféricos o centrífugos, en tanto que los centrípetos son con razón mal vistos como herederos de aquel franquismo uniforme. Pero los nacionalismos, todos los nacionalismos, son como las religiones organizadas, son religiones organizadas e interesadas: opios, hipnóticos, narcotizantes que generan dependencia y nos impiden mirar hacia los verdaderos problemas. De hecho, esa es su función. (En mi opinión, bla bla bla)

Hay naciones y naciones, es obvio si comparamos Etiopía con Estados Unidos, pero también es obvio que eso gustan de creer algunos, que hay naciones y naciones. Hace pocos días, sin rubor, sin falsas modestias, al contrario, dijo David Cameron: “Nosotros [los británicos] somos especiales, diferentes, únicos”. Un compatriota suyo, Rudyard Kipling, que tiene hoy muy mala fama como colonialista e imperialista, dijo hace más tiempo sobre las naciones, rompibles o irrompibles, una cosa que me gusta mucho y que creo que contextualiza lo de Mr. Cameron. Dijo, más o menos, que cada nación, al igual que cada individuo, avanza haciendo ostentación de vanidad —de lo contrario no podría vivir consigo misma—, pero a mí no deja de asombrarme que naciones como Cataluña o el País Vasco, no digamos España, con tanto para avergonzarse (como todas), se crean ejemplos a seguir, caminos de futuro alentadores, frente a la simple ciudadanía, frente a los que aspiramos a merecernos esos títulos honrosos de apátridas, de ciudadanos y de humanos. Claro, de ahí tanto himno y tanta banderita y tanto símbolo. Es más fácil desfilar, unánime entre muchos, que avanzar con dudas.

DEMOCRACIA. Aunque sea cierto, cada vez me consuela menos eso de que la democracia es el menos malo de los sistemas políticos. Porque siempre es manifiestamente mejorable y no sólo porque haya tantas democracias como personas (o países) que deciden proclamarse demócratas, sino por sus insuficientes resultados. Borges decía que la democracia era un abuso de la estadística; era genial aún cuando se ponía reaccionario. Porque un abuso estadístico es que varios millones de personas, en su mayoría ni privilegiados ni impunes, sigan insistiendo en votar a un partido como el PP en el que no es que se den casos frecuentes de corrupción, sino que la corrupción forma parte de su forma de funcionar, como pasaba en la dictadura. Uno de los objetivos de la democracia es la justicia, pero ante los hechos reales (ante los privilegios) uno tiene la sensación de que la justicia es un accidente de nacimiento y que siempre ha sido (¿y será?) así. Entonces la democracia no sería si no una manera de engañar a la mitad como mínimo de la población que se encuentra en el nivel más bajo. Los privilegiados, y los potentados, y la clase media alta-alta lo que están es rabiosos por preservar esos privilegios. Pero dejo inmediatamente de pensar así, me autocensuro, para poder ir a votar, para no volverme un escéptico reaccionario ni siquiera tan talentoso como Borges.

PROMESAS ELECTORALES. No creo lo que prometen, creo lo que han hecho, que contradijo muy a menudo lo que prometieron antes. Por eso se me hace muy difícil votar a los partidos de toda la vida que ya han gobernado, no porque me entusiasmen los “nuevos” a los que veo ya con muchos de sus mismos vicios.

Por otra parte, ninguno explica cómo van  a hacer lo que prometen, se limitan a explicar porque los rivales no podrían hacerlo.

Como no hay ya mayorías  se precisan alianzas, pactos entre partidos. Pero ¿quién es el adversario?, ¿el oponente ideológico o el que rivaliza con ideologías próximas y competidoras? ¿Les separan más las ideologías o los intereses?

En este país quizás no haya tantos demócratas como ‘partidarios’. Partidarios del Barça, del Madrid, del PP, del PSOE o de Podemos, tanto da, aunque no dé lo mismo. Hace tiempo, durante el 15 M se oía el lema “PSOE, PP, la misma mierda es”. Cuando tenía ocasión les decía que, sin ser yo ‘partidario’, no era así, aunque entendiese porque lo decían dadas muchas de las políticas realizadas por miembros de gobiernos autodenominados socialistas. Y no lo era, lo que les diferenciaba eran sus votantes, la calidad humana en promedio de estos. Y en el propio partido, la corrupción como anomalía, aunque frecuente, no como sistema. Igual que el sibilino y prepotente Pablo Iglesias (hablo del actual, no del histórico) no es Podemos, sus miles de ilusionados, habrá quien piense que más bien ilusos, seguidores.

VOTAR. Antes de nada: ¿qué porcentaje de soberanía real estamos votando? Sólo tengo dos cosas claras, en realidad relacionadas: a pesar de todo votaré, e intentaré hacerlo contra el PP, aún no sé de qué forma. A los del PP los considero, con los resultados de sus políticas bien a la vista, genocidas de baja intensidad más o menos soterrados. Pero iré a votar no ya con una pinza en la nariz, eso suena francamente elitista. Iré a votar como voy al dentista: sin ninguna ilusión pero apremiado por la necesidad.  



Hay un cuadro de Brueghel (atribuido, ni siquiera es segura su autoría). En la esquina derecha, diminuto, ha caído Ícaro al agua y se está ahogando sin que nadie repare en ello. Mientras unos apacientan sus ganados y algunos barcos surcan las aguas, otro labra los campos y nadie se da por aludido, casi ni el pintor. Un chapoteo en  el vasto paisaje, en el mundo, o en España tan sólo. Al margen del simbolismo y las intenciones originales del pintor, para mí ahora mismo es además una metáfora del votante, solo junto a muchos, ahogándose en un mar de dudas mientras el mundo casi ni se inmuta. Las cosas siguen indiferentes, pero igual podemos fletar una pequeña lancha salvavidas… Sin privilegios, sin impunidad.

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Que existan culturas distintas, como lenguas diferentes, es maravilloso, pero la cultura debe servir para construir puentes y no como argumento para separarse unos de otros.

OTOÑO

OTOÑO
Carretera al Sanatorio de la Fuenfría

INVIERNO

INVIERNO
valle de Valsaín, Segovia