“Por encima de todo, he sido un ser con sentidos, un animal pensante, en este maravilloso planeta y esto, en sí, ha sido un enorme privilegio y una aventura” Oliver Sacks


25 may. 2015

Venecia en inglés y en francés





Mi primer recuerdo se remonta a una época diez años anterior a mi nacimiento, transcurre en un lugar en el que nunca he estado y tiene que ver con mi padre, a quien nunca llegué a conocer. Harry Crews. Una infancia. Biografía de un lugar.

Un jubilado en Venecia es como un tordo en un olivar: se va a empachar seguro, pero también va a disfrutar. Jubilado o pájaro goloso, o sea yo, el asunto se agrava con los libros que lleve en la maleta. Ruskin, el gran teórico del arte y la belleza que apasionaba a Proust, “tradujo” Venecia, y Proust tradujo a Ruskin. Ruskin murió en Venecia en enero de 1900, fecha redonda donde las haya. Proust llegó a esa ciudad tres meses más tarde, en el mes más cruel según otro inglés, T.S. Elliott. Proust no se manejaba excesivamente bien en inglés y parece que era su madre, que le acompañaba en ese viaje, quién le traducía al esteta. También el novelista francés conoció en Venecia a Marie Nordlinger, quizás una inspiración para la Albertine de La Recherche, que le traducía Las piedras de Venecia, un libro tan hermoso como su tema. Ambos se refugiaron durante una tormenta en el baptisterio de San Marcos (hoy sería insólito que cupiera ni un alfiler entre tanto turista infame), y a continuación incluyó un epílogo a su ensayo sobre Ruskin que sería la introducción a La Bible d’Amiens. En ese epílogo se mostraba en desacuerdo con su antiguo ídolo estético; descuerdo que prolongó en  Sobre la lectura, un prólogo a su traducción de Sésamo y lirios de Ruskin. En El busca del tiempo perdido, el narrador protagonista Marcel tarda más de dos mil páginas desde que pronuncia el nombre de Venecia hasta que por fin la visita. Una nostalgia siempre aplazada, irrepetible, irrecobrable, el sueño del nunca más o del todavía no. 

Proust, Venecia y Ruskin nos hacen el mundo más bello, y los dos escritores convirtieron Venecia en el lugar de la belleza, su paradigma, su absoluto, el paraíso (parcialmente) terrenal y Gomorra. Para Ruskin la belleza no era simplemente un goce, sino la residencia de lo real, y le dio la vuelta a los estetas, porque no convirtió la belleza en religión, sino la religión en belleza. La iconografía pasó a ser iconolatría.

He releído a Ruskin en Venecia. A Proust lo he aplazado para más tarde, como él hizo con esta ciudad.

23 may. 2015

La respuesta del lunes


“Es irónico. Pero en EEUU la gente está más dispuesta a abrazar a un psicópata asesino que a una persona que busca mantener una relación saludable con alguien de su mismo sexo”(Michael C.Hall hablando de su personaje en Dexter y el anterior en A dos metros bajo tierra)



Recordad con el gran Gil de Biedma que va a resultar que los días laborables tienen razón. Un psicópata no es un sádico o alguien que disfruta provocando dolor, sino más bien alguien que no tiene ninguna empatía con sus supuestos semejantes, que para él no lo son: es el colmo del egocentrismo. Por consiguiente, un psicópata como es debido ‘comme il faut’, hará lo “necesario” para obtener lo que desea, independientemente del daño que cause. El medio es lo de menos que el fin siempre justifica. Así, puede desear que los verdes valles fabriles donde ha nacido mantengan incólumes sus fronteras edénicas y se hable un dialecto de pastores neolíticos y todo el mundo se llame Arrizcolagarretegui, per secula seculorum. Si para conseguir esa ‘hermosa’ estampa taxidérmica tiene que matar a los que se llamen García, aunque no tenga nada contra ellos y ni siquiera le caigan mal, lo hará sin dudar ni disfrutar especialmente con ello: un psicópata.

La niña quedó prendada con el misterioso hombre atractivo que vio en el funeral de su madre. Por tanto, para volver a ver al hombre piensa en otro funeral y mata a quien tiene más cerca y aguarda el siguiente entierro. De lo que se trata, amiguitos, es de volver a crear unas condiciones favorables; de hecho, su hermanita le caía bien y la echa un poco de menos. 

Este lunes veremos si volvemos a un funeral o a un bautizo

20 may. 2015

ppoppulismos 'democráticos'




Populismo (junto a corrupción) es la invectiva favorita en estas elecciones autonómicas de trece regiones españolas (autonomías) y municipales  en España de resultado más incierto que nunca tras la previsibilidad del dualismo de yin yang PSOE-PP anterior. Eso sí, todos defienden su principal valor proclamado: la democracia. Uno podría concluir que todos son demócratas populistas, o demócratas populares, como las "democracias" de dictadura del proletariado y la economía centralizada de décadas anteriores del siglo pasado felizmente superadas.

Pero independientemente de las  denuncias de ppoppulismo y de las declaraciones de fe demócratas, el único partido que hoy por hoy está en condiciones de practicar realmente uno y otra es precisamente el PP. Y lo hace ampliando y adelantando a esta campaña electoral autonómica y municipal medidas de su programa nacional, anticipándose a las elecciones generales. Tal es el caso de la bajada de impuestos del IRPF, IBI, IVA y Sociedades, que son, salvo el IBI y en parte el IRPF, medidas estatales.

Sin mí el desastre y después de mí sin mí el Diluvio. ¿Sabéis una cosa? Soy partidario de que llueva, que llueva mucho y, en cualquier caso, el diluvio es algo muy necesario: forma parte del ciclo hidrológico y lava mucha mierda acumulada.
 
El PP se envuelve en la bandera de la libertad, por tanto, los que se le oponen defienden dictaduras. Podemos lo hace en la del pueblo, con mayúsculas (¿qué es eso del pueblo?, ¿no es mejor hablar de ciudadanía?), por tanto, los que se le oponen atacan al pueblo. La exageración es el principal tono de las campañas electorales. Pero existe una cosa que se llama currículo. El PP es el partido que representa el pasado político de España bajo la dictadura; el PSOE es el partido que representa la modernidad, con sus claroscuros, desde las leyes del divorcio a las tributarias, pero también el desmantelamiento industrial, el ingreso en la OTAN y la UE y los GAL (aunque esto último no sólo ellos); Podemos representa la indignación, aunque no toda, y la decepción ante los dos partidos hegemónicos, también la crítica y la ausencia de propuestas claras (¿socialdemocracia leninista?); Ciudadanos representa la nueva derecha, españolista, que el PP ya no puede recoger, y los dos últimos, la novedad y la ausencia de ese currículo para bien (ausencia de trapos sucios) y para mal (falta de historial: no sólo no han contribuido a lo peor de este país, sino tampoco a los aciertos); y ambos le han dado emociones nuevas a estas elecciones, por lo que hay que agradecer su aparición.

Y luego está el asunto de los candidatos, aún más relevante en unas elecciones, no lo olvidemos, para elegir alcaldes y presidentes regionales. Ahí está un culto y agradablemente moderado profesor de filosofía, una jueza prestigiosa y luchadora contra la dictadura, una insumergible berlusconiana, un poeta y límpido columnista, un socialista poco contaminado... pongamos que hablo de Madrid. 

Yo votaré, y lo haré firmemente contra algunos, como casi siempre, y tibia y escépticamente a favor de..., porque si me levantase 'estupendo' el próximo domingo me quedaría en la cama.
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18 may. 2015

Aquellos años de purgas y poemas

"Si no estás conmigo estás contra mí" (De un reclutador anónimo)
"El que se mueva no sale en la foto" (Alfonso Guerra)

Las purgas no casan bien con los poemas. Si la música militar no es música, al igual que la justicia militar no es justicia, la poesía de ordeno y mando no es poesía, sino loa obligada.

No empecemos  por el principio, sino un poco después (o un poco antes, según se mire). Así que yo también pido la paz y la palabra:

Recién licenciado, yo acababa de inaugurar mi propia década prodigiosa, los veinte, y  sobrellevaba como buenamente podía una pesadísima obsesión de la época, porque contínuamente me pedían en la Universidad, como a tantos otros, que me ‘definiera’: “¡Defínete!”, es decir, ¡clávate un alfiler en el torax y metete en esa cajita con esta etiqueta debajo!, para más comodidad. El problema es que había y hay asuntos estrictamente personales, aunque sean públicos, los que apelan a esos espacios mentales privados. Dicho de otro modo: hay demasiadas personas distintas para tan pocas etiquetas, deberían aprender de Linneo. Ese filósofo de aspecto desaliñado tan de moda, Slavoj Zizek, afirma que todo es ideología, desde el diseño de un inodoro hasta usar o no corbata. Desde luego, y también que la ideología es un engrudo que ocupa el lugar de las ideas, mucho más variadas y versátiles. Y con esas premisas, os cuento el caso.

Padilla era un poeta cubano –a mi juicio, no muy bueno, aunque eso aquí no importa–, de nombre de pila ambiguo, porque aparece como Roberto, Heberto y Heriberto, que por sus opiniones antiestalinistas, anticastristas inevitablemente por tanto, y lo que es peor, por su forma libre de vivir y sus preferencias sexuales, fue detenido en La Habana.  Años después moriría en el exilio no de Miami sino de Alabama. Contaba 68 años y daba clases en una universidad de segunda fila, la de Auburn, en Fort Worth. Un día no acudió a sus clases y seguidamente apareció muerto en su domicilio. El origen del caso todavía es varios años anterior, de 1968, año mágico, cuando publica su poemario “Fuera de juego” que la Unión de Artistas y Escritores de Cuba premia inicialmente con la máxima distinción; sin embargo, las críticas a Castro le mandan a prisión en 1971. Fue torturado y así obligado a retractarse públicamente al más puro estilo de las purgas de Stalin, en una declaración dirigida a la Unión de artistas y escritores cubanos que tan imprudentemente le habían premiado tres años antes.

Pero lo que me interesa hoy resaltar de aquel caso prácticamente olvidado que a finales del año 1971 fue llamado ‘El caso Padilla’, es que dividió tajantemente, vamos en un tajo con dos partes opuestas, a los escritores e intelectuales comprometidos (‘engagges’), a favor o en contra del Régimen Cubano (la Revolución era una muy otra cosa, puesto que algunos la consideraban traicionada por los mismos que decían defenderla desde el poder de la Isla), que terminó siendo reductora e inevitablemente lo mismo que a favor o en contra del poeta Roberto Padilla. Los bandos se sintieron obligados a 'definirse' y los matices se escaparon por la rendija o su amplio tajo. De un lado, simplificando porque ya sabemos que cada escritor es una ideología y un partido político y una utopía completas, todo en uno, Gabriel García Márquez, Julio Cortázar, Salvador Garmendia y algunos más, que sintieron la necesidad de asegurar su adhesión a los lideres cubanos y a Fidel en particular. De otro, Mario Vargas Llosa, Carlos Fuentes, Octavio Paz, Jorge Semprún, Juan Goytisolo y otros. Lo importante es que marcó un divorcio, desde entonces siempre acentuado, entre los intelectuales, incluso de izquierdas, o sobre todo de izquierdas, occidentales y el castrismo que habían mantenido hasta entonces un fácil idilio. Pronto, además de los arriba mencionados, Passolini, Moravia, Marguerite Duras, Sartre, Simone de Beauvoir, Gil de Biedma, Alain Resnais, Juan Rulfo y una larga e ilustrada e ilustre lista se manifestó, casi todos a favor de Padilla y con el recuerdo de las purgas de Moscú de décadas anteriores en mente. Fidel Castro entre tanto lanzó la consigna del Arte como 'arma de la revolución’ y el arte como una actividad de masas, añadiendo que el marxismo-leninismo era el mejor instrumento crítico para analizar dicho Arte. Un lenguaje tan atroz como mendaz, o al menos vacuo, como toda propaganda, sea de políticas o de desodorantes. Todas me parecieron en su momento proclamas sin contenido y no he cambiado de opinión. Con o sin crítica, el follón fue tal que el régimen cubano se vio obligado a soltarle de la cárcel. Es entonces cuando consiguió salir de la isla e instalarse en Estados Unidos hasta su muerte.

La revista literaria Libre decía en su primer editorial que quería luchar contra la injusticia del Capitalismo, eso que hoy llaman "El Mercado" (¡Ay Don Mario!, usted lo subscribía entonces y hasta dirigió el último número, el 4) y particularmente contra la bárbara explotación del llamado Tercer Mundo; en cambio, creativamente sus posiciones eran más amplias y variopintas. O sea, libertad absoluta de creación, más estrecho en cambio, el planteamiento político que además –el caso Padilla lo descubrió- no era compartido unánimemente. El verdadero jefazo de todo este influyente tinglado era Octavio Paz, auténtico gurú cuya alargada sombra no sólo llegaba a México sino al mundo cultural en español al completo; por ejemplo, al nacimiento del influyente diario El País en España, o a la salida del prosista  Francisco Umbral del mismo, por una disputa que el mexicano resolvió reclamando su expulsión a pesar de que era el columnista más codiciado de la prensa española. Acabó en el diario El Mundo, como Padilla en Alabama.

Hubo otros escándalos ligados a la revista, como la invocación del tristemente famoso apellido Patiño, que estaba ligado a la explotación de los mineros bolivianos, en la financiación de la revista. Libre intentó que el mundo hispanoparlante dejara de estar balcanizado en multitud de camarillas, empezando por la española con Cela al frente que se oponía al ‘Boom’ latinoamericano. Fue bonito mientras duró, y duró exactamente lo que tantos romances, apenas dos años; mucho menos  incluso que mi dorada y sobre todo ya lejana juventud veinteañera.

Aún no se había ni se ha, me temo, descubierto un purgante para extraer las consignas simplonas de la mente; los lavados de cerebro son justo lo contrario. El debate no era nuevo, en décadas anteriores la gran trinchera se había excavado en Francia entre los partidarios de Sartre (y la URSS de Stalin) y los de Camus. Sartre ganó aparentemente la partida en aquel momento, pero Camus la ganó para la posteridad. Es la diferencia entre la fama y el prestigio.

De todas formas, algo es para mí bien cierto: a la izquierda siempre la han dividido las ideas tanto como a la derecha la han unido sus negocios e intereses, y es por eso, tal vez, por lo que cuento este caso casi olvidado hoy. Ah, si queréis saber que tenéis que votar, aquí o en Grecia, tanto da, no dejéis de consultarlo con la canciller alemana.