
¿Crisis económica? La degradación de la atmósfera, el
desarrollo de las armas nucleares, el fanatismo, todo esto también nos conduce
hacia la catástrofe ¿La catástrofe? No la veo, no la visualizo, me dice la pitonisa (*), que a la inversa que los economistas al uso es
intelectualmente honesta. Pero la hay, ¿no lo ves?, la interrumpo. Ya , ya, me replica paciente, pero
a lo que me refiero es que no sé decir ni cuándo ni cómo tendrá lugar, ni si
serán catástrofes en cadena o un apocalipsis; un estallido a lo bestia o un
desinflarse más o menos paulatino. Un mochuelo, aunque quizás sea un autillo
diminuto, porque no le he visto bien las ‘orejas’, se une al coloquio con su
ulular silbante desde una ramita encima nuestro y filosóficamente, como no podía ser
menos (tiene algo que ver con esa diosa griega tan repipi de la lanza, el casco y el escudo) nos chilla: relax, relajémonos. La mayoría de los males de la humanidad
que se pronosticaban para un futuro si no os enmendabais: contaminaciones de
mares, tierra y aires, hasta contaminaciones de vuestras mentes (y su posterior
lavado), de los alimentos que coméis y comemos y hasta del suelo que pisáis o
sobrevuelo; vuestro crecimiento demográfico desatado que ahora que esos miles
de millones, la parte porcentual más significativa son chinos con capacidad de
compra (gastones) y capacidad de todo (destrozones), que son muchos. Y prosigue no del todo incoherente: ¿No tiene
usted instalado aún un chino en su salón, si no, aproveche para volverse
sinófobo, como tanto taxista, es fácil, Fumanchú es muy malo. Desvaria el pájaro un poco, como todos en esta situación. Y la pobreza, le interrumpe un segundo pitoniso, más alto que la primera, no solo la personal, que estos chicos
financieros, estos magos de la estafa financiera internacional han provocado en
nosotros con el consabido beneficio para ellos, sino pobreza en sentido tanto
material como inmaterial, tanto local como global, de agotamiento de recursos,
de extinción de especies, de pérdida de todo lo que es bello y rico, material o
inmaterial. Esas tres P del apocalipsis que decía el ecólogo norteamericano
Kormondy: Population, Pollution, Poverty, ya están aquí, no hace falta esperar.
El futuro ya ha llegado. Cuidado, ha llegado aquí, al confortable hasta hace
poco Primer Mundo, porque en el Tercero hace tiempo que estaba ya instalado de serie.
Angustiado, vuelvo a interrumpir: vayamos pues aprisa a las soluciones, saltémonos la descripción pormenorizada,
escatológica, masoquista y morbosa de la puñetera situación. Y ahorrémonos,
para más ‘inri’, oír que nos lo hemos buscado todos nosotros, bien porque
directamente tenemos la culpa, bien porque no se la estamos cobrando a los que
realmente la tienen. Un viejísimo método de diluir responsabilidades, véase al
bueno de Maquiavelo, señala otro, y que es el mismo que el de diluir cualquier cosa en un líquido:
repartir culpa o soluto entre todos. Si un sistema no es capaz de resolver sus problemas
fundamentales, o bien se precipita en la barbarie, o bien se transforma para
encontrar respuestas nuevas. Y me levanta el dedito de sabihondo y sigue: pero
podría ser que volviéramos a las épocas oscuras de las edades ‘medias’; pudiera
ser; o bien, por el contrario a un nuevo estado del bienestar más inclusivo con
todos, vaya usted a saber, porque, usted y yo no lo vamos a ver ya. Ni el buhito.
Se llama autillo, inserto rápido yo sin mucho más qué decir, aunque uno es algo
ornitólogo y algo de casi todo, eso es lo malo y eso es lo bueno que tengo. Esa
es la esperanza, claro, o se cae toda esta mierda de tinglado o lo tiramos,
pero entre tanto va a doler mucho a muchos que antes no estaban acostumbrados
al maltrato. Es la esperanza de la desesperanza, por decirlo de algún modo. Uy, este que llega hablando ya desde lejos es un pesado, aunque tiene grandes y graves razones: La
Humanidad es el sistema más complejo que se conoce, está compuesto de
partículas subatómicas que hacen cosas muy raras —cuánticas las jodías—, de átomos, moléculas, macromoléculas orgánicas, procariontes, celulas complejas, órganos multicelulares, organismos completos, individuos, poblaciones
de individuos, especies que no son la nuestra solo pero jodidas por la nuestra
y a veces, jodiéndonos a nosotros; y biosferas completas, rodeadas de
atmósfera, bañadas en océanos, o sea planetas, y galaxias, universos…Ni la mecánica
cuántica, ni la química, la física o la biología, incluso la sociología, la
antropología, ni la política o la economía, o la astronomía, o la astrología
pueden ayudarnos por completo, porque o bien son reduccionistas con relación a nuestra
compleja y holística realidad (necesariamente reduccionistas, como la física de partículas,
no siempre es peyorativo), o bien no son suficientemente rigurosas ni firmes
del todo, como las llamadas ‘ciencias' humanas. Intento reconducir a tierra tanta cosmología sobrevenida y digo: ¿Y la democracia? ¿Es parte de
la solución, por así decir, o del problema? Me contesta otra pitonisa: es
preciso revitalizar la democracia, recuperar la confianza de los ciudadanos en
el sistema y en los cargos electos. Pero la sensación es que se marcha en el
sentido contrario— replico. Pero ella imperturbable sigue: en cuanto a las instituciones, y aunque se
diga que la fórmula del bienestar está agotada, el Estado tendría aún un papel
que desempeñar. Podría apoyar a las empresas que persiguen un interés público,
un interés socializado, cultural… —dejo hablar a este otro puñetero oráculo que
ha terciado ahora, porque tiene buenas intenciones, porque le veo que practica
el consuelo tan necesario del optimismo de la voluntad, y porque quiero, porque
de verdad que necesito creer algo, pero no puedo evitar contradecir un poquito,
tanto ha calado en mí los mensajes de austeridad y ahorro: pero esas políticas
necesitan recursos —digo, y me tapo la boca— Mi pitonisa sigue
imperturbable: como la marcha del progreso de la propia humanidad, que ha
significado salir de la nada para llegar a la más absoluta miseria, (eso mismo ya lo decía
otro pitoniso amigo mío con bigote pintado y lucidez nada impostada), y añade: hay
formas de ahorrar que no tienen que ver con el despido de funcionarios o
medidas similares, sino que combaten la burocratización generalizada del Estado
y las empresas. Es necesaria una política que contemple el conjunto de los
sectores e identifique aquellos que pueden ser productores de futuro. Claro que
existe el problema de la deuda, pero no podemos quedar prisioneros de él. Me ve
tan angustiado que me pasa el brazo por los hombros (es bastante alta, esta
última pitonisa) y me incita a pasear junto a ella por el devastado jardín. Prosigue diciendo: la
crisis económica se introdujo en una crisis general debida a la globalización,
a la occidentalización. Es una crisis general de la humanidad. Ese era el
contexto donde se desencadenó además, de una simple crisis económica por jodida
que sea. La gravedad de esta última no debería enmascarar la profundidad de la
otra. En un clima general de resignación y de impotencia como el que existía, se
ha provocado una reacción, un despertar. ¡El de los indignados!, salto ilusionado de saber algo, es un movimiento
interesante, prosigue, pero...no son revolucionarios, son rebeldes que representan una
contestación, una protesta. Si continuamos así, vamos hacia la catástrofe, y remacha: todo esto nos conduce hacia la
catástrofe. Es lo probable. Pero hay ocasiones en las que se ha producido lo
improbable. No pretendo ser un mesías que anuncia la salvación, digo
sencillamente que lo improbable es posible. Lo digo porque lo he vivido: en
1941, la victoria alemana parecía inevitable… Pero estos son casi peores que los
nazis, le replico tristemente, porque encima nos llaman nazis a nosotros, a los
que perjudican echándonos a la calle a patadas de nuestros hogares o
simplemente a los que no nos creemos su discurso porque hemos notado que no
necesitan razones, que les bastan con pretextos y que no son partidarios de ningún
derecho, por mucho que invoquen el de propiedad, porque prefieren los privilegios,
siempre menos extensivos por definición. Y me callo, porque les he callado con mi desespero pertinaz y porque es
mejor oírles a ellos y ellas, pitonisas y pitonisos míos, que oírme llorar a mí.
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(*) Mi pitonisa no siempre es la misma o quizás sí, pero es proteica
y adopta cientos de formas, aunque con todas hablo igual, unas veces se llama
Edgar Morin, otras Susan Sontag, Naomi Klein, Noam
Chomsky, Kenneth Galbraith, Ulrich Beck,
Maynard Keynes, Edward J. Kormondy, Georgescu-Roegen,
Guy Debord, Francois Flahault, Slavoj
Žižek y muchos más.
ADVERTENCIA.-Puede parecer un ejercicio banal y tosco de
literatura experimental, pero los textos de los diálogos no los he entrecomillado
—lo que facilitaría la lectura tal vez— porque no necesariamente son textuales de
los pitonisos citados y algunos son cosecha propia del buhito o del llorica del
interlocutor principal.