1 de feb. de 2015

Se busca Teseo para dominar capitalismo salvaje

Para P., que intenta en vano ‘desasnarme’ en temas económicos, y para mi amigo Ángel, ‘Casti’ que me recomendó el libro de Varoufakis





Una nube de estupidez similar cubre los debates oficiales posteriores al crash [de 2008] en Europa. Si un visitante extraterrestre leyese la prensa europea seria llegaría a la conclusión de que la crisis europea se produjo porque unos cuantos Estados periféricos pidieron prestado y se gastaron demasiado dinero. Porque la pequeña Grecia, la engreída Irlanda y los lánguidos ibéricos intentaron vivir por encima de sus posibilidades haciendo que sus gobiernos se endeudasen para financiar unos niveles de vida muy por encima de lo que sus esfuerzos productivos podían soportar. Dejando a un lado la ironía de esta acusación, especialmente cuando viene de los financieros estadounidenses (cuya dependencia del Minotauro durante el período anterior a 2008 pondría en ridículo los intentos de cualquier otra persona por vivir del capital ajeno), el problema con este tipo de narración es que sencillamente no es cierta. Mientras que Grecia, efectivamente, tenía un gran déficit, Irlanda era todo un dechado de virtudes fiscales, España tenía incluso superavit cuando llegó el crash de 2008, y Portugal no tenía resultados peores que Alemania en cuanto a su déficit y su deuda. ¿Pero a quién le importa la verdad cuando las mentiras son mucho más entretenidas, por no decir útiles para quienes están desesperados por desviar la atención del centro real de la Crisis, el sector bancario?
(…)
Si acaso, el proceso darviniano ha dado un giro de 180º. Cuanto mayor es el fracaso de una organización privada, y cuanto más catastróficas son sus pérdidas, mayor es su consiguiente poder, por cortesía de la financiación del contribuyente.

Yanis Varoufakis: El Minotauro global

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"¿Qué ha pasado? Los griegos siempre supieron sobrevivir en la pobreza, tienen una cultura de supervivencia en la pobreza y eso se había acabado. Los valores ya no estaban." Petros Márkaris
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“Los últimos acontecimientos de Grecia suponen un desafío crucial para Europa: ¿es capaz de dejar atrás los mitos y la moralización, y afrontar la realidad de una forma que respete los valores esenciales del continente? En caso contrario, todo el proyecto europeo -el intento de consolidar la paz y la democracia mediante una prosperidad compartida- sufrirá un golpe terrible, tal vez mortal. […] mucha gente parece creer que los préstamos que Atenas ha recibido desde que estalló la crisis han servido para financiar el gasto griego. La realidad, sin embargo, es que la inmensa mayoría del dinero prestado a Grecia se ha utilizado simplemente para pagar los intereses y el principal de la deuda” Paul Krugman

Parece como si los alemanes quisieran que los griegos bebiesen cicuta, que la siguieran bebiendo hasta que surtiera mortal efecto, hasta que la cuna de la democracia se convierta también en su tumba. ”La rabia de los alemanes tiene algo de clásico”, señala el novelista griego Petros Márkaris, y añade que la crisis de Europa no es sólo financiera, ni siquiera económica. Este autor no obvia en absoluto las responsabilidades de las autoridades griegas, ni en menor grado de su ciudadanía, en el inmediato pasado, el triste presente y el precario futuro. Pero eso no impide reconocer, antes al contrario, que además de la económica y financiera, hay una crisis de valores. Algunos fanatizados simplistas como nuestro ex presidente Aznar afirman que dicha crisis es la de los valores del cristianismo, pero es aún más universal: es una crisis de valores... humanos. 

El flamante nuevo ministro de economía griego, Yanis Varoufakis, antes de aceptar el cargo había escrito un fascinante libro por fortuna traducido al castellano: El Minotauro global. En ese libro sostiene que al igual que la mítica criatura, existe hoy otra que exige continuos tributos, sólo que no son doncellas, o no sólo. Parece que tanto en Grecia con Syriza como en España con Podemos está llegando el tiempo de los profesores en los gobiernos, un poco encarnando, milenios después, ese gobierno de los sabios-filósofos que reclamara Platón. Así, Varoufakis es un respetado profesor de economía  que ya fue asesor del gobierno de Papandreu del que dimitió, en un caso parecido al del ministro Solbes aquí, por no ser atendidas sus recomendaciones. 

Parece habitual en estos nuevos brujos astrólogos, los sabios economistas, salir dando portazos si no reciben la atención que merecen. ¿Nos irían mejor las cosas si no prestásemos mayor interés a estos practicantes de las ciencias sociales como nuevas formas de brujería? Bueno, sé que hay de todo, pero también sé a quiénes les prestan más oídos los ricos y los poderosos, "los de arriba", como dice la retórica un tanto básica de los chicos de Podemos. Y como es una pregunta retórica, me la puedo responder yo mismo: si la economía es la que me temo que se enseña en las boyantes Escuelas de Negocios, donde no existe otra que esa ideología depredadora mal llamada liberal disfrazada de ciencia matemática y alejada de las necesidades de la gente, es decir alejada de la realidad de una ciencia que se reclama administradora de la ‘casa’ (oikos) de todos, pues sí: haríamos muy bien no prestándola ningún crédito, al menos el amplio resto de "los de abajo". Por fortuna no es el caso de Varoufakis ni de su interesante libro. Además, en el caso griego parece que se cumple a rajatabla la satírica definición de economía que daba Ambrose Bierce en su Diccionario del Diablo: “Economía, s. Compra del barril de whisky que no se necesita por el precio de la vaca que no se tiene.”. ¿Exageraba el 'Gringo Viejo'?, pues tomad nota del contrato entre Berlín y Atenas del año 2000 y de lo que Grecia tardará en pagar por los seis submarinos que adquirió a Alemania. (Mientras los fiscales de Múnich continúan al día de hoy investigando a intermediarios alemanes que habrían pagado millones de euros a políticos griegos para asegurarse la venta de esos submarinos). 

El Minotauro global... admiro las metáforas que nos ayudan a entender la complejidad: son armas de filósofos tanto como atajos de poetas. El Minotauro global es una de ellas. Según Varoufakis, esa bestia nace en los años setenta del pasado siglo, en Estados Unidos, su Creta; y su Dédalo, los entramados financieros. Una bestia que exige sangrientos tributos al resto del mundo, también a Europa. Al igual que los atenienses con el terrible bicho del laberinto, el resto del mundo manda enormes cantidades de capitales a los USA (*), y ese ha sido el oneroso motor que impulsó la economía global hasta hace poco, pero esas tres décadas se interrumpieron abruptamente con la crisis del 2007. Varoufakis no ve a los economistas liberales que propugnan sus brutales recetas de austeridad como los nuevos Teseos que nos liberen de la voracidad de la bestia capitalista, al contrario, son sus fieles servidores, pero tampoco, sorprendentemente, los encuentra en los keynesianos que recomiendan dominarla/aplacarla con grandes inversiones públicas al estilo de las de aquel santo presidente Franklin Delano Roosevelt y su New Deal. No, Varoufakis cree que el Teseo que dominará a la bestia del capitalismo son las regulaciones y los organismos de control, tan globalizados como su oponente, que las impondrán y aplicarán; los nuevos Bretton Woods, con su nuevo Banco Mundial, su nuevo Fondo Monetario Internacional y su nueva Organización para el Comercio. Los actuales no sirven, o sirven a la bestia. Mercados globalizados, libres, claro, como no, supuestamente eficientes en su funcionamiento, lo que está por ver, aunque lo proclaman como artículo de fe los 'neocons' liberales (y Vargas Llosa, una triste parodia de esos brujos), pero regulados por ese Teseo. Pero… ¿quién lo hará nacer?

Una reflexión muy interesante desde la vieja patria que acuñó palabras como democracia (gobierno del pueblo) y como economía (oikos: casa, nomos: ley). El laberinto está situado en Estados Unidos donde al menos desde el final de la Segunda Guerra Mundial habita el insaciable Minotauro. Se busca valeroso Teseo y hábil Ariadna que le guie; razón: el mundo y su futuro. 

El Minotauro voraz de tributos es una expresiva y hábil metáfora de Varoufakis, pero se me ocurre que la misma Grecia es también una metáfora, y por eso unos claman que no nos parecemos a ella y otros que todos somos Grecia.

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 (*) Tengo entendido que está surgiendo otra bestia en China, pero Varoufakis habla de la que surgió en los setenta del pasado siglo y la que originó la actual crisis, no de la que está surgiendo ahora.

Petros Márkaris: La espada de Damocles ( Ed. Tusquets).2014
Yanis Varoufakis, El Minotauro global (Capitán Swing Editorial), 2015

                                             Minotauro atacando una amazona, Suite Vollard, Picasso



30 de ene. de 2015

¿Venganza de las masas o justicia democrática?






“abrid escuelas y se cerrarán cárceles”. Concepción Arenal





“…si uno examina los sistemas penales de Occidente, comprobará que aquellos que tienen las penas más duras no son, ni con mucho, los que combaten con mayor eficacia la delincuencia. El endurecimiento de las penas más allá de ciertos límites parece, incluso, contraproducente. Si tomáramos como modelo Estados Unidos (que parece ser el que efectivamente tomamos), probablemente tendríamos alrededor de un millón de presos y una delincuencia bastante mayor y peor que la nuestra. ¿Es eso lo que queremos?”
Tomás S. Vives Antón, catedrático emérito de Derecho Penal de la Universidad de Valencia.

Con un eufemismo: “Prisión permanente revisable” se puede instaurar en España la Cadena Perpetua, a propuesta del gobierno de derechas del PP y con la aquiescente colaboración del PSOE, un partido que aún hoy, con toda la mierda que ha llovido, se reivindica de izquierdas. Es una reforma, otra más, de nuestro código penal que forma parte del cacareado pacto antiterrorista. No soy jurista, ni ganas, francamente, pero como todos padezco o, en ocasiones que ahora no recuerdo, disfruto de la legislación vigente, lo que me autoriza a dar mi opinión. De hecho, en cierto modo mi opinión sobre esto y en especial sobre el terrorismo y su forma de combatirlo debería ser casi más relevante que la de las víctimas del terrorismo, y ello por dos razones, primero, porque esas víctimas o sus familias no pueden ser objetivas, porque supongo en ellas lógicos pero inadmisibles deseos de venganza más que de justicia, lo cual es humano, pero no democrático; y segundo, porque presumen de tener más valor sus opiniones que las mías o las de cualquier otro ciudadano, que es precisamente lo contrario de la democrática  igualdad de todos ante la ley. 

La pena de muerte es una vergüenza para las sociedades que aún son tan bárbaras como para aplicarla; la cadena perpetua es la otra gran vergüenza de los códigos penales. Tenemos un código penal, el que ahora pretende reformarse (más bien, en su segunda acepción: 'envilecerse'), de 1995. Jovencillo, veinte añitos. Pues bien, en esos veinte años lo han ido reformando (envileciendo) siempre en el mismo sentido, añadiéndole arrugas: endureciendo las penas (sospecho, con datos sociológicos cualitativos, pero supongo que los estadísticos lo corroborarían, que sobre todo para los "pringados", para los delitos cometidos por las clases bajas para entendernos). Así que ha habido un incremento de los periodos de privación de libertad, prisión vamos, y esa asíntota lógicamente conduce a la cadena perpetua. La justificación para esta medida no es su eficacia, aunque se citan como siempre países de nuestro entorno, pero no sus resultados, sino su demanda social: lo reclama la ciudadanía, lo que algunos también llaman con un exceso de benevolencia hacia el comportamiento de las masas: “la voluntad democrática del pueblo”. ¡Uy qué miedo! Opino que darle gusto a los ciudadanos encolerizados sólo es democrático en el muy instrumental sentido de que puede ser rentable electoralmente.

Yo no dudo que una parte mayoritaria de la sociedad exija estos endurecimientos (al contrario: soy muy descreído sobre mis conciudadanos); lo que dudo es que por el mero hecho de que esa opinión sea mayoritaria la medida también sea mágicamente (o numéricamente) democrática. O sea, que la justificación del endurecimiento de las penas hasta ese máximo de la perpetua más que democrática, sería lo que Borges decía para definir la propia democracia: un abuso de la estadística. Sin llegar a suscribir esa malevolencia sardónica, sí que creo que la democracia es bastante más que dar respuestas automáticas a esos deseos de las mayorías; la democracia es además el respeto a la dignidad, a la igualdad, a la fraternidad, a la solidaridad, a la separación de poderes, a la libertad de opinión... a todos esos valores que solo se consiguen lentamente con educación y cultura cívicas, no con automatismos de leguleyo. Lo contrario sería afirmar que cuanto más duro se es con los terroristas (hasta llegar a parecerte a ellos) o contra los delincuentes violentos (ídem) más demócrata eres también. La dignidad en una sociedad democrática es un derecho de todos, delincuentes incluidos. 

La sabiduría de las masas, no digamos su bondad o simplemente su talante democrático —revisemos la historia de la Alemania nazi— son conceptos, por decirlo suavemente, cuestionables, muchas veces basados en la ignorancia o en la histeria colectiva. La actitud del PSOE no sólo es suicida, sino olvidadiza de su propia y a menudo honrosa historia, y ya sabemos lo que pasa cuando se olvida: se repite en forma de parodia; y eso es lo que son estos “socialistas”: una parodia de los verdaderos socialistas. En cambio los peperos que reclaman airados la cadena PerPetua son un fiel reflejo... de sí mismos.

28 de ene. de 2015

Devuélveme mi noche rota (reseña)





Por este blog pasa mucha gente de talento, se nota en muchos comentarios, y me consta de otros que no comentan, los muy discretos, y a todos se les nota por su buen criterio para acudir aquí, a este blog (es broma sólo a medias: la mitad en la que me río de mí). Por tanto, no es extraño que muchos de esos visitantes, locuaces o silentes, tanto da, emprendan tareas meritorias. Por ejemplo, escribir una novela y que además sea buena. Uno podría estar tentado de afirmar que cuesta lo mismo escribir una buena que una mala novela, pero no es así. Hacer las cosas bien, independientemente de que no está al alcance de todos en todo, es siempre más difícil. La novela se titula “Devuélveme mi noche rota”, un título con resonancias de tango bien chulo, aunque lo que está detrás es una letra de Leonard Cohen. El autor firma como José Morand, que es a su vez el personaje y el narrador. Y ahí nos tiende el verdadero autor, que me consta que no se llama José Morand, sino algo parecido y que cuando vienen por aquí firma sus comentarios como J.M., su primera celada, para hacernos creer que lo que hace, con su talento, además de verosímil es verídico. No quiero embarcarme aquí en la vieja disputa de los elementos autobiográficos que contiene toda narrativa por imaginativa que parezca, porque para empezar y para terminar, ¿de dónde si no es de su propia experiencia saca cualquier autor sus “imaginaciones”? La imaginación sólo es un espejo deformante de lo que ya existe, o sea, de la realidad. Otra cosa es como se transmuta artísticamente esa experiencia; por ejemplo, hay quién en lugar de escribir una novela de piratas (y los piratas los construye con el vecino de al lado, con su cuñado, con su jefe y con él mismo), publica sus memorias o diarios y ya por eso nos creemos que la distancia entre lo verosímil y lo verídico no existe o es lo mismo, olvidando que la memoria es otra gran mentirosa y constructora de relatos. Bueno, vale de preámbulos. En ese juego de velos, que no engaños, trampaojos si queréis, el autor, ya desde un título tomado de Leonard Cohen, y en unos minicapítulos (como posts de un blog) que son canciones, se funde en melómano y uno tiende pensar en un músico literato, cuando estamos ante un ‘plástico’, un pintor, de esos de vuelta de todo que afirman rotundos que el arte ha muerto y si lo dudas te lanza a la cabeza el desnudo bajando la escalera o si lo cabreas mucho, el mismísimo urinario, de Duchamp naturalmente. Y le delata —además de lo que yo sé sobre él— que piensa y escribe en imágenes, en secuencias que para algunos no será novela, para mí sí, desde luego. Esas secuencias, a veces plano secuencias, son pese a todo más pictóricas que cinematográficas, no sólo por la ausencia de acción, sino por la abundancia de emoción, contenida, que el tipo, el autor, es más bien pudoroso. El caso es que de canción en canción el autor, narrador, José Morand nos cuenta sus rutinas diarias y sus descubrimientos comunes (comunes, porque ahí están, míralos tú a ver si los ves). Las canciones representan a un tipo joven, a un chaval, a un maduro padre de niños pequeños, a un estudiante de ¡te pille! … Bellas Artes. Este hombre sabe algo importante: que la memoria es un relato que se recrea, te lo creas o no te lo creas. En cualquier caso, parece que las muletas nemotécnicas de Morand son las canciones. A estas alturas el lector está tentado de editar un C.D. recopilatorio y empaquetarlo junto al libro. Otro asunto es el estilo, claramente se ha elegido, porque es una elección que cuadra, eso sí, muy bien con las rutinas domésticas que se cuentan, un estilo directo y muy sencillo, sobrio, adjetivado lo justo, certero; en ocasiones raras, perezoso, como descuidado sin serlo. Me gusta, no se parece al mío. Bueno si os gusta que un tipo melancólico, aunque exagere su descreimiento, os cuente lo que parece su vida cotidiana, su gusto por los restaurantes chinos cutres o su mirada tan precisa como preciosa sobre sus hijos pequeños, o esa velada presencia de su mujer a la que nunca muestra realmente, si queréis asistir a la angustia cotidiana y a las visitas de domingo al campo y a los padres labradores, si os gustó el decimonónico Viaje alrededor de mi habitación de Xabier de Maistre o el dieciochesco sentimental de Sterne, salvando todas  las distancias y especialmente las del tiempo, leed este libro que podéis pillar aquí, en este enlace., porque sólo está en formato digital, sin masacrar ningún arbolito, lástima, con lo que a mí me gustan los de papel y tinta. Pese a eso, pese a ser un libro digital, que no virtual, a mí me gustó mucho, a mí, que no me impresionan los truquitos posmodernos para lectores infantes de pretender sacarme monedas de las orejas escondiéndolas en la manga, a mí que me precio, como Borges, más de mis lecturas que de mis escritos; vamos, que alardeo sin pudor ni modestia verdadera o falsa de tener buen diente para las lecturas, a mí me parece bueno, una buena muestra literaria, aunque él quizás me diga, como Eduardo Mendoza —no lo espero ni lo creo— que la literatura, como la pintura ha muerto. Pues bien, éste es un cadáver exquisito (*).


"Give me back my broken night

my mirrored room, my secret life..."


 Pues eso


(*) Cadáver exquisito es un juego de palabras por medio del cual se crean maneras de procrear, es decir, sacar de una imagen muchas más. El resultado es conocido como un cadáver exquisito o cadavre exquis en francés. Es una técnica usada por los surrealistas en 1925, y se basa en un viejo juego de mesa llamado "consecuencias"