profesión de fe

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Somos los conocidos superhéroes del barrio –concepto acuñado por Kiko Veneno para definir lo que se podría llamar héroes de proximidad-: Lansky y Superperropequeño. Ambos somos más ciudadanos que patriotas ( y tan rústicos como urbanos), o bien, nuestra patria son nuestros zapatos -o ni eso en el caso de Jara-, la infancia o el sillón de orejas de lectura, pero nos negamos a la ñoñería esa de ciudadanos del mundo. Simplemente, tenemos pasaporte

13/12/2007

Corridas de toros en navidad (Ensayo a propósito de un relato futuro)




Una de las pocas cosas buenas que tienen, para mí, las navidades es que no hay ni corridas de toros ni festejos taurinos en los pueblos -aún peores que las lidias confinadas- y, aunque conozco taurinos más sensatos (va por tí, Angelito) que muchos antitaurinos furibundos no se trata, insisto: para mí, de un debate entre las ideas o los sentimientos que normalmente se invocan.




Sería yo, pues, un antitaurino que se cree, iluso o no, distinto, porque no participa de muchos de los argumentos antitaurinos y admite bastantes de los taurinos. Sin embargo, y como diría el castizo, tampoco es que haya que cogérsela con papel de fumar. Mis argumentos antiaurinos pesan más: el animal indudablemente sufre y sufre más que las reses que se sacrifican industrialmente para carne, pero el toro de lidia se da una vidorra que sólo algunos parientes de la ganadería extensiva comparten, en el paisaje que para mí es el totémico y canónico de España: las dehesas de encinas, y son precisamente los taurófilos los que nos advierten de que esos territorios magníficos pueden perderse si desaparece la fiesta, aunque no todas las dehesas, ni siquiera la mayoría se dedican al ganado bravo. Y desaparecería la misma raza de ese magnífico animal, ya que no tendría virtudes comerciales por encima de otras razas por ello más habituales.




Yo tengo algo contra la fiesta que alude a su concreta condición de espectáculo. No se trata de que sea sangriento y cruel, que lo es. Las peleas de gladiadores en la Roma Imperial también debían ser horrendas, pero, no seamos hipócritas sino tan sólo cínicos, también fascinantes. No, la condición del espectáculo taurino que detesto es que se trata de un asunto que o me aburre profundamente (no como esos aficionados que son capaces de aguantar el tedio de toda una bochornosa tarde para ver un solo pase aceptable de muleta) o me sobresalta: porque el toro no acaba de morir o porque el matador es cogido por el toro o porque el caballo del picador cae. Tediosa (por falta de entendimiento taurino, diría un entendido, y estoy de acuerdo) o alarmante.




Pero son los motivos éticos o morales los más espinosos y enconados en esta suerte de guerra de trincheras de frente inamovible entre taurinos y antitaurinos. O sea: ¿es moral hacer de la muerte de un hermoso animal torturado un espectáculo? ¿Es un progreso moral para la sociedad suprimir este espectáculo, como se suprimieron en su momento las peleas de gladiadores o los ajusticiamientos públicos (espectáculo, por cierto muy apreciado hace pocas décadas)? Para el toro, como para cualquier hombre, se puede aplicar lo que decía ese genio del Music Hall, Harry Champion: "La vida es muy dura; ¡nunca se sale vivo de ella!"




Para mí, la clave ética me la suministra el novelista y crítico de arte John Berger, uno de mis pocos héroes actuales casi absolutos. Comentando sobre los humanos autores de las pinturas rupestres de la Cueva de Chauvet , miles de años más antiguas que las más famosas de Lascaux y Altamira, dice: "Y al mismo tiempo eran distintos de los animales. Podían hacer fuego y, por consiguiente, tenían luz en la oscuridad. Podían matar desde lejos. Tenían capacidad para elaborar muchas cosas con las manos. Se construían tiendas que sustentaban con huesos de mamut. Podían hablar y contar. Transportar agua. Su forma de morir era distinta. Esos privilegios con respecto a los animales eran posibles porque estaban en minoria, y como tal minoría, los animales se lo permitían." Exactamente: eran privilegios lógicos y tolerables. Las corridas de toros son un privilegio humano que podía tener sentido cuando los humanos eramos pocos y estábamos rodeados de una naturaleza y una fauna hóstiles aunque últiles, pero ahora son el vicio superfluo, y para mí feo, de una multitud desvinculada del entorno, hastiada y saciada, como la de los tribunos romanos que apostaban por su gladiador favorito, pulgar arriba o pulgar abajo

9 comentarios:

Mecánica dijo...

Bien rematado Lansky. Preciosa e instructiva última parte.

el_clavadista_solitario dijo...

Para mi lo peor de los toros es su catalogación como fiesta nacional. El que haya todavía un gran número de españoles, con predicamento, que se sientan orgullosos de las corridas, que haya todavía más gente que estén dispuestos a pagar una pasta por asistir a una corrida. Que las consideren un símbolo de nuestra idiosincrasia.

No voy a ponerme demagógico (sufrimientos y tal y tal. Ningún hombre sabe aún de la respuesta psíquica de los animales al dolor físico). Tampoco ir -en mi caso- de ecologista de salón (las dehesas de encinas de las que habla Lansky y tal y tal) o zoólogo amateur (la desaparición de la especie y tal y tal). Es sólo que lo de "hacer de la necesidad virtud", transformada para el caso en "hacer de la vulgaridad grandeza", me parece un poco lastimoso.

No existe espectáculo cuya contemplación requiera un menor esfuerzo psicológico, ni menor sensibilidad, que el de seguir una corrida de toros. No existe cosa más vacua que la de "entender" un huevo de toros. Con permiso de Vidal, Zabala, Amón o, incluso, del mismo Cañabate (que en paz descansen). Y dicho todo ello sin acritú.

Vanbrugh dijo...

Absolutamente de acuerdo con Bluff. Añado que, dejando a un lado el sufrimiento del toro, lo que más me molesta de una corrida es el objetivo envilecimiento que no puedo dejar de apreciar en una asamblea que sigue absorta, y comenta como si de un espectáculo artístico se tratara, un acto de acoso, tortura y muerte alevosa de un ser vivo inocente.

Lansky dijo...

Sólo una puntualización/disensión, clavadista:
Compartimos los humanos con los toros un 80% del genoma. Mamíferos igual que nosotros, tienen un sistema nervioso muy desarrollado y sólo diferente en la corteza cerebral del encéfalo y de ciertas áreas como los tallos olfativos del nuestro. Y sólo de eso depende sentir o no sentir el dolor y no de ninguna trauma "psicológico", que dices ignorar. El gusano planaria tiene un sistema nervioso muy simple y puede partirse en dos sin problemas (de hecho regenera la parte respectiva seccionada). O sea, que cuando le clavan una banderilla, si quieres saber lo que siente un toro no tienes más que realizar un sencillo experimento: clavártela tú en el mismo sitio.

Hay una cosa que sí me gusta de la fiesta taurina, su jerga, su lenguaje específico, porque me fascinan esos lenguajes a mendio camino entre lo experto y lo popular, y porque ha calado en el lenguaje común: vosotros, por ejemplo, habeis "entrado al trapo" Y porque algunos críticos taurinos, como Vidal, que mencionas, han sido también algunos de los mejores prosistas de la prensa cotidiana.

mecánica dijo...

Su manida plástica la soporto mal por cutre y fea por no hablar de lo que allí se junta con esos señores de copa y puro, eso sí, muy plásticos. Lo dejo que me he puesto faltona.

Clavadista: Me gustó lo de D. Jorgito, lo había olvidado. Me hace mucha gracia. Un saludo también.

el_clavadista_solitario dijo...

Lansky

Ay bribón! Tú sí que sabes. Eso es lo que me acercó a mi al mundo de los toros. Sus glosadores. Magníficos. Y también en esto, se ha producido un tremendo bajón.

Igual me atrae de ese mundo cerrado y elitista de ganaderos, críticos y aplaudidores, que -a diferencia del fútbol- ayuda a hacerse hombres, y hacerse sabios, a sus jóvenes protagonistas.
Cualquier muchachillo, a los dos años de alternativa, es casi, casi, un pequeño Séneca. Sabiduria del Sur.

Vanbrugh dijo...

Y a mí que me parece que esa sabiduría del Sur consiste, más que nada, en mascullar sentencias ininteligibles con acento cordobés, mirando al infinito con el ceño fruncido...

Lansky dijo...

Pues ahí teneis esa "contradictio in terminis": que el cutre mundo taurino da, como dice clavadista, magníficos glosadores. Por ej, la ilustración de toro de este post es un espléndido aguafuerte no muy conocido de Goya, que era a la vez ilustrado y taurino, hay que joderse: es el toro que mató a Pepe hillo. La otra es una foto mía (soy bueno ¿Eh?) de una dehesa de encinas próxima a casa envuelta en niebla. En esa dehesa se cría ganado bravo

Franziska dijo...

Esa fiesta está en decadencia. Somos cada vez más numerosos los que le hemos vuelto la espalda: simplemente la ignoramos. Nunca me ha gustado porque siempre me ha horrorizado el espectáculo que se exhibe en el ruedo.

Pero sí da lugar a una reflexión por mi parte: qué fácil es llevarnos al "huerto" para eso están los glosadores -les pagan muy bien- y esto se añade el ambiente -el tema social cuenta mucho: hay que estar allí donde los importantes van- y se va creando un hábito -la rutina no deja pensar-.

Finalizo: he tenido la suerte de no haber caído en esas trampas.