profesión de fe

profesión de fe
Somos los conocidos superhéroes del barrio –concepto acuñado por Kiko Veneno para definir lo que se podría llamar héroes de proximidad-: Lansky y Superperropequeño. Ambos somos más ciudadanos que patriotas ( y tan rústicos como urbanos), o bien, nuestra patria son nuestros zapatos -o ni eso en el caso de Jara-, la infancia o el sillón de orejas de lectura, pero nos negamos a la ñoñería esa de ciudadanos del mundo. Simplemente, tenemos pasaporte

13/12/2007

criterios y gustos, 2 (Libros raros y no tanto)




El prestigioso diario El País, , no sólo "líder" de la prensa española, sino faro de lo políticamente correcto y del pensamiento "guay" y único, aborrece el boxeo, de hecho, no informa sobre él, pero no el toreo, al que adjudica en temporada un espacio propio. Mi actitud y hasta mi aptitud es exactamente la contraria, porque considero menos bárbaro dos tíos entrenados y relativamente protegidos que se dan tortas sin ánimo, las más de las veces, de matarse, que un grupo de personas, una "cuadrilla", armada que se propone masacrar un herbívoro de gran talla y que se defiende, claro. Cuestión de opiniones, cuestión de sensibilidades. Sospecho que marquesas y facundos escritores, cantautores tocados con bombín y otra glamurosa fauna que asiste a los cosos (¡qué cosas!) tiene bastante más que ver, así como su ausencia en las primeras filas que rodean a los rings.
La literatura taurina, armada también de toda una jerga propia que ha pasado en parte al lenguaje común, tiene excelentes representantes. No hace falta acudir a la tan celebrada como ñoña La música callada del toreo, de Bergamín. Sin ir más lejos, el remilgado El País tuvo la fortuna de contar con uno de los mejores, a mi juicio, prosistas breves del siglo XX, Joaquín Vidal, cuyas Crónicas taurinas reunidas en libro son una delicia aún para los que no somos taurinos, tal es la calidad y hasta las ocurrencias que contiene (hubo una vez que Vidal, hastiado de la mala lidia que había contemplado, se dedicó a llenar la obligatoria crónica con sabrosos comentarios sobre "El respetable", ya saben, el público vociferante y escasamente "respetuoso" a su vez).
Yo no he visto en mi vida una sola película taurina que no sea absolutamente insoportable, mientras que guardo en mi meoria, desde Toro salvaje a hasta Más dura será la caída, películas memorables ambientadas en el mundo del boxeo, donde se aspira el aroma del cuero, el sudor y el linimento y donde duros varones se sacuden puñetazos con una elegancia que nadie que no sea fan o incluso que no se haya calzado unas pocas onzas de guantes sabe lo que es eso.
Pero para mi la literatura del boxeo también gana a los puntos, por abandono y por KO técnico a la taurina. El centro, claro, como no podía ser de otra forma, se sitúa en ese Estados Unidos de barrio pobre donde las únicas instalaciones deportivas eran los gimnasios de box y algo más tarde las canchas de cemento de baloncesto entre mallas metálicas. Maravillas como el Martín Eden de Jack London, o A cincuenta de a mil, esa maravilla breve de Hemingway no le hacen sin embargo sombra a Neutral Corner de nuestro gran Ignacio Aldecoa. Hay un cuento en concreto, de los 13 que componen este libro singular, me vais a disculpar, pero no doy con otra expresión con más fuerza, que es literalmente la hostia: en 38 líneas cuenta la vida durísima del pugilista que está irremediablemente perdiendo el combate: Sesenta segundos, se llama.
Por supuesto, Ignacio Aldecoa, al que supongo que le gustaba el boxeo, utiliza este como metáfora de la condición humana; exactamente igual que hace Hemingway con la pesca de altura o la caza mayor, y Saint Exupery con la aviación en solitario
(Mi edición es de una colección exquisita y extinguida, en glorioso cartoné, de la editorial Lumen que aunaba la obra literaria con la de un fotógrafo, y en los sesenta eso de que la fotografía era un arte estaba por ver. A Aldecoa le acompaña, y yo la cuelgo a la derecha para vuestro deleite, el gran fotógrafo catalán Ramon Masats, otra de cuyas fotos adorna mi otra esquina. Por supuesto está agotada, pero Alfaguara la acaba de reeditar y supongo que conserva las fotos originales)

2 comentarios:

Emma dijo...

Me encanta Ignacio Aldecoa y el boxeo me pone nerviosa, me eriza los pelos de la nuca, me hace sudar o excitarme, no se como explicarlo, pero no me duele como cuando veo a un toro embadurnado en sangre, derrotado y tendiendo el cuello hacia el matarife en un desesperado intento de escaparse de la muerte.

Que acertado lo de El Pais y su pensamiento unico! No aguanto su hipocresia. Es casi peor que llevar un bombin de bohemio y acudir con ojos brillantes a regocijarse con la carniceria.

Lansky dijo...

El boxeo no es exactamente un deporte, salvo quizás en sus modalidades amateurs a tres asaltos y con casco protector, mucho más sensatas, pero que nos privan de la angustia del agotamiento y de los KO. Como todos los deportes de elite es desde luego malo para la salud, pero es también una forma de vida: más dura será la caida

El País es como las democracias: el menos malo de los diarios nacionales; el tuerto entre ciegos. Yo no soy su fan, desde luego