
Las mejores formas de eliminar a un hombre son las de ejecución más sencilla, pero que a cambio requieren una gran preparación previa.
-Claro. Entiendo. Te acercas al sujeto que se está tomando una caña y sin decirle ni buenos días le sueltas un tiro. Estilo ETA o IRA
-Las mejores formas incluyen que no te atrapen. Y a ser posible que ni siquiera te adjudiquen el muerto.
-Por ejemplo.
-Bueno, recuerdo mi primer asunto internacional…Una vez maté a un heredero a un trono. Fue en Mallorca.
-¿Fuiste tú? El príncipe Serguei No Sé Cuantos. Pero se mató en un accidente.
El otro ignoró la objeción y prosiguió:
-Le tiré dos piedras grandes como huevos de paloma, la primera dio en el carburador de la moto y le desequilibró, la segunda le acertó en el casco y le hizo caer por el pretil de la carretera al fondo de una caleta. Recuerdo que era principio del verano y la moto al estallar hizo arder toda la ladera de pinos, lo que lamenté mucho. Yo estaba encima de ellos, en la misma ladera, a unos cien metros y veinticinco por encima, junto a otra curva de esa misma carretera…
Como el otro continuaba callado, prosiguió:
-De niño había tirado piedras con una honda casera y hasta conseguí cazar palomas. Me traje una de alpaca trenzada de un viaje al Perú, como adorno étnico, ya sabes, pero no dejaba de ser un arma eficaz si se sabe usar, aún la tengo. Cuando surgió ese asunto requirió, como te digo preparación. No sólo estudie sus itinerarios y costumbres, averiguando que al sujeto le gustaba bajarse del coche, antes de emprender la marcha, y bajar en moto embozado con el casco como uno de los miembros de su propia escolta, pero, aunque iban otros dos motoristas, a él se le notaba porque no llevaba sobaquera y porque montaba como un gilipollas, inclinándose exageradamente en las curvas. Sólo tuve que elegir un recodo más alto en el que pudiera dejar mi coche apartado y con el motor encendido para salir pitando. La preparación también incluyó practicar con la honda hasta recuperar mi antigua destreza infantil. Las señales de tráfico de esa misma carretera y algunas urracas muertas lo atestiguan.
-Dejaste al trono sin sucesión ¡Qué pena!
-Se intentaron escaquear en el pago. Eso fue antes de mi sistema por Internet. Tuve que amenazarles con cargarme a toda la familia real.
-¿Y eso qué le podía importar al que te contrató?
-Era su hermano. También le mataron años después en un atentando con coche bomba en su país. Una chapuza politiquera. Si matas a un hombre y luego provocas un incendio para ocultar rastros, finalmente lo que consigues es tener por el mismo precio detrás de ti a los investigadores de la muerte y a los del siniestro, pero si te cargas a un futuro rey de una pedrada, como si fuera una liebre, nadie querrá creer eso. La versión oficial, como sabes, fue la del accidente, a pesar de que un escolta declaró haber visto el impacto de una de mis piedras. Yo había alquilado por tres meses una casita preciosa en una zona que el urbanismo milagrosamente había respetado. A principios de mi segundo mes ejecute el asunto y me quede los dos meses restantes tranquilamente, de vacaciones. Me fui cuando había pasado todo y conservé el arma, al revés que otras veces. Está colgada de una pared en casa.
-Eres un republicanote y un asesino sin escrúpulos.
-Sabes que detesto las muertes por motivos políticos, me parecen las más abyectas. Y sí a lo segundo, aunque no estoy muy seguro tampoco de eso. A veces pienso que casi todo el mundo sería capaz de matar, como se demuestra en todas las guerras, si le aseguraran la impunidad…-Quedo pensativo unos momentos y continuo: -Pero hay una frontera, sutil, pero cierta, entre pensarlo y hacerlo. Y una vez que lo haces, y basta con una sola vez, nunca más vuelves a ser el mismo.
-¿Y qué eres entonces?
-Un asesino sin escrúpulos, como bien dices. Ya no tienes escrúpulos, pero los echas de menos, te sientes incompleto, sí, Menos humano.
Sonaron unos golpecitos en la puerta y Khemal, pendiente del relato del otro, alzó los ojos y gritó “adelante”. Se abrió la puerta y entró súbitamente la música de la sala, voces airadas y una de las chicas, que dijo mirando a su jefe:
-Hay un tío ahí fuera armando bronca.
Los dos se incorporaron, pero Khemal fue más rápido y ya desde la puerta le dijo:
-Me ocuparé yo. Aquí no hay piedras. –Y salió muy tieso en pos de la muchacha. Sonaba un anticuado bolero de Lucho Gatica
-Claro. Entiendo. Te acercas al sujeto que se está tomando una caña y sin decirle ni buenos días le sueltas un tiro. Estilo ETA o IRA
-Las mejores formas incluyen que no te atrapen. Y a ser posible que ni siquiera te adjudiquen el muerto.
-Por ejemplo.
-Bueno, recuerdo mi primer asunto internacional…Una vez maté a un heredero a un trono. Fue en Mallorca.
-¿Fuiste tú? El príncipe Serguei No Sé Cuantos. Pero se mató en un accidente.
El otro ignoró la objeción y prosiguió:
-Le tiré dos piedras grandes como huevos de paloma, la primera dio en el carburador de la moto y le desequilibró, la segunda le acertó en el casco y le hizo caer por el pretil de la carretera al fondo de una caleta. Recuerdo que era principio del verano y la moto al estallar hizo arder toda la ladera de pinos, lo que lamenté mucho. Yo estaba encima de ellos, en la misma ladera, a unos cien metros y veinticinco por encima, junto a otra curva de esa misma carretera…
Como el otro continuaba callado, prosiguió:
-De niño había tirado piedras con una honda casera y hasta conseguí cazar palomas. Me traje una de alpaca trenzada de un viaje al Perú, como adorno étnico, ya sabes, pero no dejaba de ser un arma eficaz si se sabe usar, aún la tengo. Cuando surgió ese asunto requirió, como te digo preparación. No sólo estudie sus itinerarios y costumbres, averiguando que al sujeto le gustaba bajarse del coche, antes de emprender la marcha, y bajar en moto embozado con el casco como uno de los miembros de su propia escolta, pero, aunque iban otros dos motoristas, a él se le notaba porque no llevaba sobaquera y porque montaba como un gilipollas, inclinándose exageradamente en las curvas. Sólo tuve que elegir un recodo más alto en el que pudiera dejar mi coche apartado y con el motor encendido para salir pitando. La preparación también incluyó practicar con la honda hasta recuperar mi antigua destreza infantil. Las señales de tráfico de esa misma carretera y algunas urracas muertas lo atestiguan.
-Dejaste al trono sin sucesión ¡Qué pena!
-Se intentaron escaquear en el pago. Eso fue antes de mi sistema por Internet. Tuve que amenazarles con cargarme a toda la familia real.
-¿Y eso qué le podía importar al que te contrató?
-Era su hermano. También le mataron años después en un atentando con coche bomba en su país. Una chapuza politiquera. Si matas a un hombre y luego provocas un incendio para ocultar rastros, finalmente lo que consigues es tener por el mismo precio detrás de ti a los investigadores de la muerte y a los del siniestro, pero si te cargas a un futuro rey de una pedrada, como si fuera una liebre, nadie querrá creer eso. La versión oficial, como sabes, fue la del accidente, a pesar de que un escolta declaró haber visto el impacto de una de mis piedras. Yo había alquilado por tres meses una casita preciosa en una zona que el urbanismo milagrosamente había respetado. A principios de mi segundo mes ejecute el asunto y me quede los dos meses restantes tranquilamente, de vacaciones. Me fui cuando había pasado todo y conservé el arma, al revés que otras veces. Está colgada de una pared en casa.
-Eres un republicanote y un asesino sin escrúpulos.
-Sabes que detesto las muertes por motivos políticos, me parecen las más abyectas. Y sí a lo segundo, aunque no estoy muy seguro tampoco de eso. A veces pienso que casi todo el mundo sería capaz de matar, como se demuestra en todas las guerras, si le aseguraran la impunidad…-Quedo pensativo unos momentos y continuo: -Pero hay una frontera, sutil, pero cierta, entre pensarlo y hacerlo. Y una vez que lo haces, y basta con una sola vez, nunca más vuelves a ser el mismo.
-¿Y qué eres entonces?
-Un asesino sin escrúpulos, como bien dices. Ya no tienes escrúpulos, pero los echas de menos, te sientes incompleto, sí, Menos humano.
Sonaron unos golpecitos en la puerta y Khemal, pendiente del relato del otro, alzó los ojos y gritó “adelante”. Se abrió la puerta y entró súbitamente la música de la sala, voces airadas y una de las chicas, que dijo mirando a su jefe:
-Hay un tío ahí fuera armando bronca.
Los dos se incorporaron, pero Khemal fue más rápido y ya desde la puerta le dijo:
-Me ocuparé yo. Aquí no hay piedras. –Y salió muy tieso en pos de la muchacha. Sonaba un anticuado bolero de Lucho Gatica