profesión de fe

profesión de fe
Somos los conocidos superhéroes del barrio –concepto acuñado por Kiko Veneno para definir lo que se podría llamar héroes de proximidad-: Lansky y Superperropequeño. Ambos somos más ciudadanos que patriotas ( y tan rústicos como urbanos), o bien, nuestra patria son nuestros zapatos -o ni eso en el caso de Jara-, la infancia o el sillón de orejas de lectura, pero nos negamos a la ñoñería esa de ciudadanos del mundo. Simplemente, tenemos pasaporte

21/12/2007

Aviso para navegantes, 8


Tengo un nuevo blog, "tanis-lem orbitando", del género conocido como Ciencia Ficción o más abreviadamente S.F. Naturalmente, podéis acceder a él desde mi perfil en Lansky o, más fácilmente, desde el enlace colocado en "Blogs enlazados". (Más fácil aún: pulsad sobre el nombre del blog en este mismo post).


Feliz nueva órbita alrededor del Sol.

El "If" de Lansky sin permiso de Kipling




(Año nuevo, vida igual, o consejos para envejecer mal y sin sobresaltos)


Jonathan Franzen (¿Que no le conocéis?, pero ¿a qué estáis aguardando para haceros con su novela Las correcciones y, sobre todo, con su ensayo “Cómo estar solo”?) dice: “por cada lector que muere hoy nace un espectador”. Así que deberíais sentiros como el gorila de montaña: en extinción.

Aunque yo prefiero su cuento, El hombre que pudo reinar, supongo que conocéis el famoso poema de Kipling, If, favorito de Aznar y de los directores de colegios privados. Ya sabéis, si no os hurgáis la nariz, y sí sois valientes con las serpientes venenosas y si tal y cual…entonces seréis hombres (a las mujeres, por fortuna, ni las menciona), previo paso por una Public Schooll donde os aplicarán duchas frías y azotes en el culo con varas de avellano, lo que terminará por gustaros. Pues bien, lo que sigue es mi If al revés.

Mientras llega la WWF en vuestra ayuda, deberíais saber adaptaros, de pacíficos primates herbívoros a antropoides bien armados; en vez de sabiduría, datos; en lugar de un alma, pertenencia a la multitud. Envejeced entre pataleos y operaciones de cirugía estética, no administrando con dignidad vuestra inevitable decadencia. No escuchéis a Nietzsche que decía que “los libros para todo el mundo son malolientes; se les pega el olor de la gente corriente”: La gente corriente lee a Coelho y a César Vidal.

No seáis contrarios incorregibles, como se definía Karl Kraus. No practiquéis reglas sensatas, como la de no almacenar cosas donde vivís ni vivir donde almacenais cosas; mejor sufrid el síndrome de Diógenes que la seducción austera del zen. Tened en cuenta que la ambición triunfa allí donde se disfraza de virtud. No tengáis en cuenta la máxima irrefutable que dice que “morir es la ley y vivir es el milagro”. No prestéis atención tampoco al rabino Hillel que escribió: “En un lugar donde no haya hombres, esfuérzate por ser hombre” Al contrario, sigue al rebaño. Si te reprochan tu tacañería responde con estadística: en el mundo actual hay ya más obesos, 1.000 millones, que desnutridos: 800 millones.

Sigue “un sistema de amenazas y promesas que cultive y desarrolle el fondo temeroso de tu naturaleza humana”; esto es: apúntate a una religión, a ser posible de reciente creación. Guarda el carnét junto al de la peña de fútbol y el pasaporte. No tengas fantasía, miente. Se miente más de la cuenta porque no se tiene suficiente fantasía, ya que la verdad se inventa. Teme ser refutado antes que mal comprendido. Sé un hombre de tu tiempo, no prestes atención al lastimoso azar de haber nacido en una época determinada. Es decir, aprovecha la indigna ventaja sobre el pasado ya que eres un payaso del futuro.

Sé optimista, espera no morirte. Búscate una chorba que envejezca antes que tú y te cosa la sombra a tus pies. No prestes atención a los que dicen que todas las grandes expediciones marítimas se emprendieron con el viento en contra. Por el contrario, aguarda a que te sople en el culo. No pienses que tienen razón los días laborables, como escribió Gil de Biedma, y planifica tus vacaciones con años de antelación, conseguirás grandes descuentos.

Quema tu biblioteca para hacer sitio a una tele gigante, a los videojuegos y los DVD. Abandona al perro en un arcén. Da patadas hacia abajo y lame culos hacia arriba; desprecia a los ancianos y halaga a los jovenzuelos. Medícate, pero no te diagnostiques. Habla a tu pareja como si fuera de tu propiedad y trata a tus propiedades como a seres queridos. No quieras lo que ya tengas, pero sigue deseando cualquier cosa que aún no poséas. Guarda y aguarda, respectivamente: tu semen en un tetrabrick en el frigorífico con la ilusión de fundar una dinastía, como un personaje de Alejandro Cuevas, y al caritativo Alzheimer que te hará olvidar quien eres.

Posdata: Si cumples todo lo anterior no te mataré el último, porque no me caerás bien; así que muérete tu solo.
Salud y República ("Res" "Publica")

20/12/2007

...


Mañana, mi despedida del año: consejos para envejecer mal y sin sobresaltos o año nuevo, vida igual

hurgando en la basura





No es una máxima del boxeo, pero podría serlo: si quieres saber como es una persona, examina su basura, comprueba lo que desecha y tira. Así que puedes conservar hasta la muerte los fundamentos técnicos del pugilismo que aprendiste en la adolescencia sin haber vuelto a pegar ni una sola hostia, pero ahora tienes que comportarte como un vagabundo hurgando en la basura. ¿Bandejas de poliuretano?: hace la compra en supermercados, ¿yogures desnatados?: se preocupa por la figura, ¿resguardos del banco rotos por la mitad?: es descuidado.

Hasta en la muy artificiosa vida del hombre urbano moderno, la basura, como todo producto de la actividad de un ser vivo, mantiene periodos temporales, ritmos, máximos y mínimos entre los que resaltan, como pepitas de oro en el lecho de arena de un río, las cosas relevantes. Un divulgador científico, intentando ser deliberadamente prosaico, dice que la realidad se compone de objetos y fenómenos, los primeros ocupan espacio y los segundos tiempo, así que, estudiando con el tiempo suficiente el fenómeno de la producción de basuras, resaltan los objetos con más información, como envases de medicamentos contra las infecciones bucales, por ejemplo. Averiguar a continuación el nombre y la dirección del dentista del sujeto es cuestión de poco tiempo. Un objeto significativo te conduce a averiguar un fenómeno de interés.

Y si algo no encaja es porque nos falta o por que se tiene demasiada información, Vemos a un vagabundo, especialmente sucio, untar un largo pan, tipo “pistola” o “baguette” con excremento blando de perro que recoge de la acera con su mugrienta navaja y a continuación, ante nuestro horror, se lo come con deleite. Sólo después sabremos que la sustancia cremosa y marrón que toma de la acera no es fecal, sino helado de chocolate, como evidencian los restos del cucurucho de barquillo que el “clochard” apartó con el pie y que se encuentran un poco más allá, o la presencia en la calle de la propia heladería a unos pasos, mientras les impreca a unos jovenzuelos que se burlan de él al salir de una hamburguesería, “vosotros sí que coméis mierda, niñatos”

Así que el “clamoxil” te lleva a su dentista.

Parado en el semáforo vigila a los muchachitos rumanos que rondan entre los coches a la vez que bloquea cautelar y automáticamente los cierres. De pequeñas cabecitas rapadas y piernas y manos ligeras, acaban de abrir la portezuela sin seguro del lado del acompañante de un BMW azul y salen corriendo en sentido contrario al del tráfico, sorteando la larga fila de autos, de modo que el conductor, que también ha abierto su puerta y les grita junto al suyo sin decidirse a seguirlos a pie, tampoco puede hacerlo de otro modo, porque el resto de vehículos ya le está tocando insolidariamente el claxon.

El desesperado y próspero dentista se golpea el muslo con una mano acostumbrada a provocar dolor, vuelve a subir resignado al auto y se aparta a un lado. Nuestro hombre le sortea con el suyo, dobla dos esquinas y se detiene junto al bordillo de la acera. Uno de los muchachos corredores se le acerca con un teléfono móvil y se lo entrega por la ventanilla que ahora desciende, la manita mugrienta recoge a su vez un billete, sube la ventanilla y el auto arranca, incorporándose al tráfico de la mañana.

Detiene el auto junto a un pequeño comercio de artículos electrónicos y penetra en la trastienda, aún más abarrotada, saludando con un gesto al dependiente. Al fondo del tugurio, iluminado por un flexo de tablero de dibujo, un individuo con una lupa incrustada en la orbita del ojo derecho alza la vista y toma de las manos del hombre el aparato que este le tiende.

-¿Puedes averiguar la contraseña?

-Dame tres minutos, Khemal.


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La bandera blanquirroja con el cedro estampado en verde ondeaba de un mástil inclinado en el balcón de la planta noble. El teléfono de la antesala de ese balcón suena estridente, al rato, más suavemente, repite el sonido en la misma sala:

-¿Sí?

-¿Hablo con el señor Lasouinn?

-Al aparato

-Le llamo de parte del doctor Laredo. Verá, ayer entraron a robar en la clínica y le sustrajeron su teléfono móvil y en el tenía todas las citas concertadas del mes, ¿podría usted confirmarme el día y hora que le habíamos dado para su problema y la infección?

-Si no hay cambio de planes, me dijeron ustedes que me presentara el próximo lunes a primera hora de la tarde, a las cuatro, cuando ya habría hecho efecto el antibiótico de la primera caja que me recetaron.

-Gracias, le confirmo entonces día y hora, pero hay un problema. Nos hemos trasladado temporalmente, mientras arreglan los desperfectos de los ladrones. Estamos en la misma calle, pero en el piso de abajo, misma letra, que hemos alquilado hasta volver al habitual. La placa del portal sigue indicando el piso de siempre, puesto que es transitorio. No se confunda.

-Gracias, señorita: me doy por enterado.

**************

El lunes por la tarde, le abrió la puerta la misma voz que le había confirmado la cita con su dentista y que no era la enfermera habitual. Incluso había llamado al móvil del facultativo para asegurarse que no había ningún otro error y le había confirmado la cita la misma mujer de voz insinuante, Y la misma voz, perteneciente a una agraciada joven, le franqueo la entrada y le hizo pasar a la sala de espera con las consabidas revistas. La joven le dijo:

-El doctor le atenderá enseguida, tome un caramelo de la cesta, son sin azúcar.

De pronto se sentía adormecido y sujeto a un sillón ¿el del dentista? Tenía, sin embargo, la boca cerrada con un material plástico firmemente adherido a ella y tampoco podía abrir los ojos. Sintió un pinchazo en el brazo, a través de la tela de la camisa y se durmió soñando que un vagabundo comía excrementos caninos que untaba en un pan. Un vómito que no podía salir refluyó hacia su interior y después no soñó nada más.


************

Esa noche una sombra hábil ayudada de una linternita entró con sus propias llaves en el despacho del cónsul del Líbano y se llevó cincuenta pasaportes vírgenes y sin foto de un cajón metálico que abrió también con su propia llave. El mismo cónsul apareció a la mañana siguiente, recostado contra la puerta de la consulta del dentista. No había acudido a la cita que tenía la tarde anterior y presentaba síntomas de intoxicación por sustancia o sustancias desconocidas. La inflamación de la boca había remitido. Un vagabundo hurgaba en un contenedor de basura; unos muchachos rumanos dormían entre cartones en el vestíbulo de un cajero automático. Una ciudadana libanesa tenía por fin sus papeles en regla.

Colofón al post anterior


Parece que nadie pilló mis metáforas futboleras


1) Los poetas y los porteros de fútbol son maestros casi innatos de la intuición, del atajo fulgurante (en sus varios sentidos); son solitarios y locos, al margen del resto de los equipos; apenas necesitan experiencia sino presciencia. No saben: adivinan. Y toman siempre atajos donde los demás recorremos el camino completo; así que llegan antes (al balón, a la metáfora lúcida)


2) Los investigadores científicos y los centrocampistas relacionan asuntos complejos, un pase al hueco, una nueva dirección en un experimento. Precisan de cierta experiencia en su campo, de cierta acumulación vivida de situaciones distintas, y a la vez tienen facilidad de coordinación y deseos de organizar. Son curiosos integrales, futbolistas completos, maestros de orquesta.


3) Los novelistas y los entrenadores "son" la experiencia acumulada y bien digerida. Preveen el futuro como los oráculos, no como los profetas: porque ya lo han vivido: y saben contárselo a los más jóvenes. Son los viejos sabios de la tribu, pero ya no cazan, esperan en la aldea.

19/12/2007

Datos curiosos de viejos y sabios ( y de jóvenes y creativos)


Estas son las franjas de edades de mayor intensidad de producción en:


Poetas: entre los 16 y los 40 años (y porteros de fútbol)

Investigadores científicos: entre los 25 y los 45 años (y centrocampistas excelsos)

Novelistas: entre los 40 y los 60 años (y entrenadores de primera categoría)

¿Alguna conclusión?

Viejos y sabios II (más ensayito de lo mismo)




Descartes, que a fuer de materialista tosco les daba continuamente argumentos a los idealistas, es el injustamente acusado de esa absurda dualidad cuerpo-mente. Y digo injustamente porque son más bien los vulgarizadores de sus teorías los responsables, y nosotros mismos, que no nos desprendemos fácilmente de una idea que está en todos muy arraigada en lo cotidiano. El enano de la máquina lo llama con ironía otro neurobiólogo, Steven Pinker, y Antonio Damasio (y eh aquí otro libro que recomiendo) lo llamó El error de Descartes (El libro de Pinker, también totalmente recomendable, se llama La Tabula rasa) La idea a desmontar es bastante pintoresca, pero ha durado hasta hoy: la de un homúnculo, algunos le llaman mente, otros alma, una pequeña criatura que reside en el interior de nuestro cerebro y es responsable de la ardua tarea de pensar y del “espíritu” de la maquina, que es el cuerpo. Todo proviene, claro, de esa secular incapacidad de aprehender la idea de que la mente es un producto del cuerpo, y de la dualidad “cuerpo-mente”

Pero si admitimos que las mentales son funciones del cerebro y que este forma parte del cuerpo, no por eso las cosas se simplifican, aunque se encaminen en el sentido correcto. El cerebro humano tiene dos lóbulos frontales, izquierdo y derecho, de los que se han dicho muchas tonterías (por ejemplo, uno sería femenino y otro masculino, lo que les provee de chorradas sin cuento a los Coelho, Bucay y Jodorowsky de turno). Porque la dualidad es uno de los rasgos principales del diseño del cerebro. Para Goldberg el hemisferio derecho es el hemisferio de la “novedad”, mientras que el izquierdo es el depositario de los patrones ya desarrollados. Eso significa que al envejecer y acumular más patrones –lo que es más concreto que hablar de “experiencia"- se produce un cambio en el equilibrio de poder de ambos, dependiendo cada vez más del izquierdo, que usamos cada vez más. Pero es que la división del trabajo entre ambas mitades no se limita a la cognición. Las emociones también están lateralizadas: las emociones positivas se asocian al hemisferio izquierdo y las negativas al derecho. Por otra parte, el envejecimiento afecta de forma también distinta a esas dos mitades: el hemisferio derecho se “encoge”, mientras que el izquierdo muestra mayor elasticidad en su respuesta.

Cuando somos jóvenes se supone que nos impulsa el deseo por lo desconocido y lo inalcanzado: tenemos “la cabeza a pájaros”, nos aventuramos, "tropezamos en la misma piedra", "no escarmentamos en cabeza ajena". Ese mismo tópico asegura que con la edad maduramos (algunos, otros directamente se pudren), nos acomodamos, nos estabilizamos. Pero la estabilidad no es estancamiento, salvo que pensemos que en ese proceso sólo hay pérdidas y no ganancias. Así, cuando miro hacia atrás, no me veo más estúpido que hace veinte años; al contrario, pienso, creo, mejor ahora.

Lo anticipaba en la entrega anterior; contrariamente a lo que se pensaba hasta hace poco, en el cerebro nacen neuronas durante toda la vida del sujeto y además, cuanto más usamos nuestro cerebro, más neuronas creamos (esto es casi de un lamarckismo suave), y estas nuevas neuronas van a parar a las partes del cerebro que más usamos, de modo que la expresión “gimnasia mental” deja de ser una metáfora para pasar a ser un hecho objetivo. A medida que envejecemos usamos cada vez más el hemisferio izquierdo, lo que a su vez lo protege del deterioro. Podemos aumentar la longevidad de nuestro cerebro ejercitándolo, y esa y no otra es la paradoja de la sabiduría versus la vejez. Seguiré informando.

18/12/2007

Viejos y sabios (ensayo reconfortante)


Al envejecer, junto a diversas decrepitudes orgánicas, surge un extraño fenómeno: la simetría temporal. No es sólo que ya sepamos de una vez que no vamos a ser inmortales, sino que, por vez primera en la vida, el pasado te empieza a parecer tan importante como el futuro. Es a partir de ese momento cuando empezamos a considerar la posibilidad de volver a ver a los viejos condiscípulos de los que antes huíamos como de los inspectores de hacienda, de visitar los lugares de nuestra infancia (no estarán, o no estarán "iguales") y de atender a detalles que se nos habían olvidado durante más de media vida. Eso si uno no es idiota; si lo es, se comprará una moto de gran cilindrada que nunca condujo en su juventud, intentará ligar con jovencitas, con las que tampoco ligo de joven y comprará cosas carísimas y absurdas. Son síntomas del peor síndrome de la edad madura, el de la asignatura pendiente.
Algunos otros francamente hipocondriacos se harán exámenes médicos exhaustivos, pero los más raros y despiadados consigo mismos se harán una resonancia magnética (RM) del cerebro; sobre todo si hasta la fecha fue un tipo sensato y ahora se ha comprado la moto y anda persiguiendo chavalitas. Uno descubrirá entonces que los surcos corticales, esos que le dan aspecto de nuez a la corteza cerebral, siguen teniendo un aspecto normal, pero los ventrículos –los espacios del interior del cerebro que contienen el líquido cefalorraquídeo que baña el cerebro- son ya demasiado grandes, dilatados por la edad.

Ya lo he dicho anteriormente: todo el mundo se preocupa por su aspecto físico –estoy gordo, estoy viejo, estoy feo- y la impresión que, a ese respecto causa en los demás, pero nadie confiesa sus temores sobre su psique y cerebro: estoy idiota, soy bobo, no aprendo. La vejez actúa de diversas formas sobre un varón adulto –no digamos una mujer- , pero en cualquier caso lo hace con brusquedad: envejecemos igual que crecimos de niños, nada paulatinamente, sino a tirones. Esos “tirones” suelen preocupar en dos áreas concretas, el aparto genitourinario y el intelectual. Ya no somos jóvenes, háganse a la idea concreta y no abstracta de morirse dentro de un tiempo, porque la vida es una enfermedad de transmisión sexual que acaba indefectiblemente con resultado de muerte, cosa que no puede decirse siempre ni del temido SIDA.

Sin embargo, hay un prestigioso neurobiólogo estadounidense de origen soviético y discípulo del legendario Alexander Luria que afirma que esa decrepitud ni es inevitable ni se da siempre, que las neuronas se las apañan para establecer nuevas conexiones y hasta regenerarse, contra lo que se creía antes, y que la idea de la sabiduría de los viejos no es sólo propia de sociedades ágrafas que no sabían almacenar su conocimiento más que en forma de transmisión oral, de modo que los ancianos eran a la vez bibliotecas vivientes, bibliotecarios eruditos y consejeros permanentes, sino que son, efectivamente, más listos, sobre todo más listos que los jóvenes que tienen anatómicamente el cerebro sin formar por completo y además alterado en sus percepciones por dosis casi mortíferas de hormonas.
Este santo varón se llama Elkhonon Goldberg; el libro donde cuenta estas cosas está traducido como La paradoja de la sabiduría. Cómo la mente puede mejorar con la edad. Mejorar, ojo, no mantenerse. Aguardo impaciente a otro santo genio que nos hable igual de confortadoramente a los viejos, y a los que para allá vamos de cabeza, de nuestras prestaciones sexuales, porque de mear ni hablamos.

Ciencia recreativa, 3: Las nubes, joder, las nubes










Las nubes son quizá las grandes olvidadas del paisaje, aunque no para los grandes paisajistas, pintores o fotógrafos, sino para el común de esas personas que dicen que hay nubarrones en el horizonte, cuando presienten que algo va a ir mal en sus vidas, o que dicen que el día se está estropeando en cuanto el cielo no es inmaculadamente azul.

Harto de tales consideraciones negativas Gavin Pretor-Pinney, al que siempre le había encantado contemplar las nubes, su sublime y efímera belleza (como la de algunas adolescentes), dio una conferencia sobre el tema en el festival literario de Cornualles (os lo recomiendo) del 2004. Allí dijo que muchos observadores de nubes estaban hartos de que a las nubes se les considerara tan sólo una metáfora de la fatalidad. Si algunos defendían los osos panda o las secuoyas él iba a defender las nubes. Y anunció la creación de la Cloud Appreciation Society de la que hoy formamos parte casi dos mil socios de 25 países. Por supuesto hay meteorólogos y físicos, pero también mucha gente “corriente” que han mantenido ese interés que indudablemente sienten los bebés hacia las nubes y que mandan a la Web de la Sociedad fotos de nubes increíbles en forma de gato o de perfil de Albert Einstein.

En realidad no se aprecian como se debería a las nubes por la misma razón que algunos torpes maridos no se dan cuenta de lo hermosas que son sus mujeres: por su disponibilidad (hasta que dejan de estar disponibles y se les queda una cara de tontos, en el mejor de los casos, o un afán de maltratadores, en el peor)

Ahora bien, si una maravillosa puesta de Sol con cúmulos de intenso tono rojizo sólo se produjese una vez cada 25 años, cada generación hablaría de tal evento como algo memorable en sus vidas. Hay personas, me consta, que no han visto una puesta de sol durante ese intervalo, pero si el espectáculo fuera raro sería más apreciado. Personalmente yo he asistido en la playa de Ipanema a una puesta de sol sobre la Gavia de Tijuca, en Río de Janeiro, al final de la cual el personal aplaudió, pero es que ya se sabe que los cariocas son luditas irrefrenables y en lugar de los dados les gusta la vida en general.

Gavin cree firmemente que la contemplación de las nubes beneficia el alma y que mirarlas ahorra factura de psicoanalistas. Que las nubes son poesía de la naturaleza y en todo caso expresiones del cambio de humor de la atmósfera, que también tiene derecho. Finalmente, Gavin hace una recomendación que será para muchos desconcertante: “vive la vida con la cabeza en las nubes”

Yo, por mi parte, os prometo otra entrega más “científica” para hablar de cumulonimbos, las reinas de las nubes, cúmulos a secas, estratos, estratocúmulos, altocúmulos, altostratos, nimbostratos, cirros, cirrocúmulos y cirrostratos. Y también de un estratocumulo que se llama “castellanus”, aunque también los hay lenticulares y estratiformis. Habrá más.
P.D.- (Las fotos son una de Gavin y dos mías)

17/12/2007

Algunas obviedades de mi absoluta cosecha


1) Vida sexual de la elefanta:

La elefanta media entra en celo una vez cada cuatro años, pero ese celo sólo la dura cuatro días (un auténtico 4X4) . Cuando sucede, lo proclama a los, otra vez, cuatro vientos, como no podía ser de otra forma, y lo hace por medio de infrasonidos que captan los machos.

Ahora bien, creacionistas, evolucionistas, darwinistas o lamarquistas, tanto da: ¿Todavía os extraña que tengan esas orejotas los machos?


2) Lo audiovisual versus lo literal


nota previa:En buen latín pagano, como decía Robert Graves, incluso en mal latín de párroco, "versus" significa tanto "contra" como "hacia".


Una imagen vale más que mil palabras (1001, y ya valen más las palabras), pero sólo en pixels. En sílabas valen mucho más las palabras, ya que todo depende de la vara de medir que empleemos.


3) Consejo navideño: "Semen retentum venenum est". No me pregunteis si es latín pagano o de cura de aldea: es de Buñuel y punto


SALUD Y REPÚBLICA PARA EL 2008

Criterios y gustos, 3 (libros raros y medio raros)

Imaginad un tipo de Oxford nacido en plena era victoriana (1872); es decir, un eduardiano como James, Wells, Shaw, Chesterton, Conrad y Kipling ( a este último lo detestaba). Imaginad a un tipo singular, original, un raro que aspiraba a ser nada menos un gran escritor menor; alguien que escribió un cuento genial para burlarse de las ansias de posteridad de los literatos.. Un raro, ya digo, que sólo bailaba con su propia música, algo que comparto modestamente con él, y que afirmaba ser un escritor menor, igual que yo, pero del que nada menos que Auden calificó del mejor parodista en lengua inglesa, del que Bioy Casares seleccionó un cuento, prcisamente Enoch Soames, como uno de los más admirables, por la descripción del ambiente literario de la Inglaterra de finales del XIX, y del que Bertrand Rusell dijo que era “el más implacable de mis contemporáneos”. Alguien, en fin, a quien yo no conocía hasta hace escasamente un mes, cuando la editorial Alfaguara en fusión con de New York Review decidió iniciar con Siete hombres de Max Beerbohm una nueva colección.

Así que les presento mis in(-)presiones de estas otras tres –in:

Inefable
Inigualable
Inimitable

Sir Henry Maximilian Beerbohm, Londres, 1872, Rapello, 1956, fue sobre todo un ensayista, consolidando una reputación en su tiempo de crítico y caricaturista (mirad la ilustración de arriba), pero cuyo mejor libro parece ser esta colección de relatos que se llamó Siete hombres. Lo cual es curioso, porque si contais a los que aparecen en los cinco cuentos que la componen vereis que sólo hay seis. El séptimo, que siempre está presente en todos, es el propio autor.

La edición que comento tiene un prólogo de John Updike. Francamente se le nota al prologuista de hoy totalmente entregado al escritor de ayer, deslumbrado por ese aura un tanto aislada de, como ya he dicho, bailarín solitario de su propia música. Sus brillantes predecesores, como Wilde, y sus competidores coetáneos, como los mentados, no inspiraron en él ningún afán de emulación, sino las demoledoras parodias de todos ellos.

Deleitaros con la sorna decimonónica con que se vé a sí mismo:

“Tenía yo ciertas actitudes para la prosa y el verso en latín. A menudo di en preguntarme si esos dos elementos, esenciales como eran (y son) en la hechura de un estilo decente en prosa inglesa, serían por sí mismos suficientes para forjar un estilo algo más que decente. Me pareció que debía contar con otros modelos. Y de ese modo adquirí el hábito de imitar de vez en cuando, con diligencia, a tal o cual autor vivo, aunque a veces, justo es reconocerlo, de aprender más bien qué me convenía evitar”

Henry James y Joseph Conrad fueron admirados por él y admiradores suyos. Sin embargo, como señala Updike, la ambición de aquellos de esforzarse en ampliar su arte hasta los extremos más radicales fue del todo ajena al incomparable (otro in) Max.

El libro se compone de esbozos, parodias en las que interviene siempre el autor como un personaje espejo/pared, de supuestos literatos. De todos ellos, el primero, Enoch Soames es para mí el más conmovcedor, el que más desasosiego ha provocado en mí, porque, señores, se trata del retrato de un literato que lo tiene todo: dedicación, ego, estilo bohemio y unos ingresos privados suficientes, salvo talento. Una aparición demasiado próxima a cualquier escritor o aprendiz de escritor. Lo empeora, es decir, lo mejora un tono íntimo, sobrio, ligero, con eso que se llama “finura de trazo”, que evita que parezca una patochada la aparición del demonio nada menos en un restaurante donde el protagonista cierra el trato de venta de su alma a cambio de viajar hacia el futuro, concretamente a la sala de lectura de la biblioteca del British Museum., para comprobar si la posteridad le ha concedido la pervivencia como escritor que ansía. No creais que con este mini argumento os he estropeado el cuento, para nada..

Parece ser que recogió otras imitaciones devastadoras en Una guirnalda navideña, del que se ha dicho que es el libro de parodias más excelso que jamás se haya escrito en lengua inglesa. Nada menos. Alguien cuya vocación de escritor menor llegó a ser un credo, un alarde, pero que me ha llegado más adentro que muchos de los ya anticuados enredos de todo un Henry James., por poner un caso.

Un raro, un exquisito que no necesitó vender su alma al diablo para aparecer en est confusa posteridad que somos nosotros, sus probables lectores actuales, aunque su discrección exigia apenas una nota a pie de la página de sus brillantes contemporáneos a los que dedicó su compasión y, lo que no está reñido, su humor.

14/12/2007

Frívolas arbitrariedades (leer sólo el 28 del 12)





Importantes y recientes descubrimientos en neurobiología han demostrado que:







Todos los que leen mi blog con la mano derecha encima del ratón son impotentes sexuales.




Ah, no. No vale que lo hayas soltado ahora

Por qué leemos (ensayo sobre una hipótesis)



Lo planteaba el expurgado del New York Times que adjunta los jueves el diario El País. La pregunta me parece más acertada que la más habitual y contraria: por qué no se lee. Yo creo –hipótesis- que un lector habitual se hace si tiene un primer encuentro venturoso con la lectura; no importa si es a edad temprana o tardía; si es así, el resto de lo que le quede de vida hará como don Quijote, leerá hasta los papeles volanderos que encuentre por las calles. No importa que sus padres le sorprendan con un cuento o un tebeo en las manos y le cojan de una oreja y le sienten ante el televisor. No importa, en realidad, si en su casa hay libros o no, aunque eso ayude, ni si sus padres son o no lectores (idem). Si le gustó lo que estaba haciendo, repetirá. Es como en el sexo, si la primera vez su compañero más experimentado/a le dice que es un inútil eyaculador precoz y que la tiene pequeña es probable que se convierta en un sádico asesino en serie de clones de su burlador/a, pero si la cosa resulta medianamente, repetirá y considerara el sexo una actividad tan placentera como habitual. Yo me “enganché” con cuentos y tebeos, seguí con clásicos de la literatura juvenil e infantil, como Stevenson, Salgari, Verne y Crompton; me adentré en las literaturas prohibidas para adultos, y aquí sigo. La primera vez, una primera vez placentera y siempre serás un lector.

Aviso para navegantes, 7 (mi método de trabajo)


Ayer un amable corresponsal de este blog -redundacia: todos lo sois- se manifestaba gratamente asombrado de mi prolífica producción: 60 post en dos meses de vida intenáutica. La explicación es fácil. Los ensayos y todas las notas, avisos y demás paridas de no ficción, como dicen los anglosajones, los escribo directamentee sobre la ventanilla que mi servidor me abre en el blog. Eso me depara sobresaltos tempranos (escribo muy de mañana, cuando mi ciclo vital está en su máximo; el mínimo es en torno a las primeras horas de la tarde: ¡viva la siesta!) y no es infrecuente que pierda el texto y esto no tiene back up. Me pasó ayer con mi ensayo taurófobo y tuve que escribirlo de nuevo, aunque a punto estuve de renunciar. Me quedó, creo, mejor que la primera versión. Pero se trata casi de escritura automática, no al modo de los subrrealistas bretonianos, sino del corresposal de guerra que redacta un teletipo bajo el bombardeo en un bar de hotel sorprendentemente bien provisto. Me gusta y parece que a vosotros también. Los ensayos, creo tienen más éxito, visitas y desde luego comentarios que mis cuentecillos. Esa escritura automática se me permite porque escribo sobre cosas muy digeridas y meditadas por mi desde hace tiempo, y me salen solas, como los gestos faciales característicos de cada persona.


Y luego están los relatos de ficción asesina y a sueldo, razón de ser original de este blog, y que estaban previamente escritos y almacenados en mi famoso "cajón de cuentos". Los voy sacando y publicando tal cual, salvo correcciones gramaticales. En principio pensé hacer una selección y eliminar los más flojos, pero de momento les estoy perdonando la vida a todos; estaban, todos, condenados a la hoguera, pero me gusta más dejarlos en este limbo sin papel (salvo d.m., que creo que los imprime) de la Red. Los administro cautamente, dentro de mi compulsión publicadora, porque estoy pasando un periodo de sequía imaginativa y tengo que administrar/ racionar el agua-cuentos que me quedan


Todo aclarado pues, salvo una cosa. En realidad, unos y otros, son pretextos para "colgar" las ilustraciones que más me gustan, desde Claudia Cardinale, mi máximo sueño erótico de juventud, o las demoiselles de mi adorado Picasso, a mis propias fotos, ahora que he traicionado mi viejo equipo de revelado en blanco y negro y me he pasado a la ventajista fotografía digital.

La percepción del paisaje (mini ensayo caprichoso; allegro con molto)


El paisaje, ese palimpsesto en el que se superponen geología, botánica, animales, razas, manejo del territorio; esa interacción secular del hombre con el entorno, es el verdadero "libro abierto" que el tópico adjudica a la naturaleza. Eso sí, un libro escrito en un idioma que hay que entender y al que le sobra información y le faltan códigos de interpretación a la vista. Incluso los paisajes aparentemente más "naturales" -permitidme las comillas escépticas- deben ser leídos desde múltiples percepciones y con distintos "bagages" (galicismo que dedicó a V., el afrancesado)

Este es el famoso Monument Valley. Para muchos, inmersos en la Cultura Popular de hegemonia norteamericaba, este es el grandioso escenario de los western de John Ford, con su icono favorito, el petreo, como el telón de fondo, John Wayne. Habrá también algún rarito aficionado al cómic que reconozca los fondos de la tira Crazy Cat de Herriman, un dibujante negro que triunfo con esta serie metafísica (un día os pongo una viñeta suya; es lo que tiene Internet: es como un arcón de maravillas con la tapa abierta, y es dificil no meter la mano) en la que una gata está perdidamente enamorada de un ratón que...la tira ladrillos a la cabeza (También hay un perro bull dog policia, pero casi sobra).


Si salimos de la cultura popular podemos entrar en el ámbito de los expertos, a los que hay que prestar atención, pero no excesiva reverencia. La razón es que los expertos, a diferencia de los curiosos, traen las respuestas pensadas de antemano, independientemente del problema planteado, al que ciñen, cual en lecho de Procusto, a sus prejuicios eruditos. Pero vaya, es interesante, porque el geógrafo constatará que esto es el Sur del Estado de Utah; el geólogo que este es un antiguo paisaje en meseta desmantelada (las superficies altas entre los cerros testigos y las mesas, todas a la misma altura) que fue excavado en el terciario en un clima más torrencial que el desértico actual. El ecólogo notará las limitaciones propias de un ámbito hiperarido, estrictamente desértico. El etnógrafo, en fin, buscará restos de navajos e indios pueblo; el zoologo girará la cabeza en busca de correcaminos y coyotes ( como los de la sádica y genial serie de dibujos animados). El cinéfilo reconocerá el tramo de carretera en el que Thelma y Louise secuestraron en el maletero al porrero ciclista negro, después de abrirle unos respiraderos a tiros..
Hasta ahora no lo habíamos dicho, pero para que exista un paisaje, además de gea, fauna, flora y siglos de interacciones, hace falta un observador, a ser posible sustraido del mundo del trabajo, porque ya lo decía Unamuno: "el que está con la frente sudorosa inclinado sobre la esteva del arado no tiene tiempo de deleitarse con la belleza natural" y sólo vera un duro y rocoso "campo" imposible de labrar. Y donde uno ve un paisaje, otro, un promotor sin ir más lejos, ve un solar edificable; y un cristiano renacido, la naturaleza tal como Dios se la sacó de la amplia manga el quinto día sin falta.
Nabokov lo explicaba muy bien en un ensayo delicioso sobre estos distintos niveles de percepción. Excelente lepidopterólogo y competente botánico, ponía el ejemplo de un lirio, que para un profano es una flor, para un naturalista una liliacea, para un botánico un representante del género Iris, para un botánico experto en ese género el Iris pseudoacorus.
Díganme, visitantes, qué perciben ustedes/vosotros en esa foto, además de la competencia del fotógrafo y el uso obvio de una Linhoff de gran formato con trípode?

13/12/2007

criterios y gustos, 2 (Libros raros y no tanto)




El prestigioso diario El País, , no sólo "líder" de la prensa española, sino faro de lo políticamente correcto y del pensamiento "guay" y único, aborrece el boxeo, de hecho, no informa sobre él, pero no el toreo, al que adjudica en temporada un espacio propio. Mi actitud y hasta mi aptitud es exactamente la contraria, porque considero menos bárbaro dos tíos entrenados y relativamente protegidos que se dan tortas sin ánimo, las más de las veces, de matarse, que un grupo de personas, una "cuadrilla", armada que se propone masacrar un herbívoro de gran talla y que se defiende, claro. Cuestión de opiniones, cuestión de sensibilidades. Sospecho que marquesas y facundos escritores, cantautores tocados con bombín y otra glamurosa fauna que asiste a los cosos (¡qué cosas!) tiene bastante más que ver, así como su ausencia en las primeras filas que rodean a los rings.
La literatura taurina, armada también de toda una jerga propia que ha pasado en parte al lenguaje común, tiene excelentes representantes. No hace falta acudir a la tan celebrada como ñoña La música callada del toreo, de Bergamín. Sin ir más lejos, el remilgado El País tuvo la fortuna de contar con uno de los mejores, a mi juicio, prosistas breves del siglo XX, Joaquín Vidal, cuyas Crónicas taurinas reunidas en libro son una delicia aún para los que no somos taurinos, tal es la calidad y hasta las ocurrencias que contiene (hubo una vez que Vidal, hastiado de la mala lidia que había contemplado, se dedicó a llenar la obligatoria crónica con sabrosos comentarios sobre "El respetable", ya saben, el público vociferante y escasamente "respetuoso" a su vez).
Yo no he visto en mi vida una sola película taurina que no sea absolutamente insoportable, mientras que guardo en mi meoria, desde Toro salvaje a hasta Más dura será la caída, películas memorables ambientadas en el mundo del boxeo, donde se aspira el aroma del cuero, el sudor y el linimento y donde duros varones se sacuden puñetazos con una elegancia que nadie que no sea fan o incluso que no se haya calzado unas pocas onzas de guantes sabe lo que es eso.
Pero para mi la literatura del boxeo también gana a los puntos, por abandono y por KO técnico a la taurina. El centro, claro, como no podía ser de otra forma, se sitúa en ese Estados Unidos de barrio pobre donde las únicas instalaciones deportivas eran los gimnasios de box y algo más tarde las canchas de cemento de baloncesto entre mallas metálicas. Maravillas como el Martín Eden de Jack London, o A cincuenta de a mil, esa maravilla breve de Hemingway no le hacen sin embargo sombra a Neutral Corner de nuestro gran Ignacio Aldecoa. Hay un cuento en concreto, de los 13 que componen este libro singular, me vais a disculpar, pero no doy con otra expresión con más fuerza, que es literalmente la hostia: en 38 líneas cuenta la vida durísima del pugilista que está irremediablemente perdiendo el combate: Sesenta segundos, se llama.
Por supuesto, Ignacio Aldecoa, al que supongo que le gustaba el boxeo, utiliza este como metáfora de la condición humana; exactamente igual que hace Hemingway con la pesca de altura o la caza mayor, y Saint Exupery con la aviación en solitario
(Mi edición es de una colección exquisita y extinguida, en glorioso cartoné, de la editorial Lumen que aunaba la obra literaria con la de un fotógrafo, y en los sesenta eso de que la fotografía era un arte estaba por ver. A Aldecoa le acompaña, y yo la cuelgo a la derecha para vuestro deleite, el gran fotógrafo catalán Ramon Masats, otra de cuyas fotos adorna mi otra esquina. Por supuesto está agotada, pero Alfaguara la acaba de reeditar y supongo que conserva las fotos originales)

AGRADECIMIENTOS y Evaluación provisional


Se cumplen dos meses y 58 post desde que inaguré este blog. Desde aquí quiero agradecer las visitas, por lo común amables, especialmente a los comentaristas, pero también a un grupo mayor que, por las razones que sean, entra en este espacio pero no deja comentarios. A estos últimos no puedo darles más que un reconocimiento genérico. En cuanto a los que dejan textos de réplica, disensión o aquiescencia, tanto da, vaya mi gratitud puesto que sancionan y también mejoran este blog: Vanbrugh, Clavadista/Bluff, d.m., Emma, Mecánica, Miroslav, ama de casa, simplón, ariadna 666, Lipstick (que no consigue comentar), Chema, Liberty, Júbilo matinal, racing, y algún otro.


Ganan por goleada los ensayos y post de miscelanea frente a los relatos/cuentos -razón original de ser de este blog- en cuanto a número de comentarios, llevándose la palma alguno de los primeros sobre literatura, lectura y escritura.


Os dejo colgada una foto de uno de mis artistas favoritos, Amsel Adams, que recorrío el Suroeste de los Estados Unidos, sobre todo Yellowstone y el Monument Valley del Sur del Estado de Utah, esto es, los mismos escenarios favoritos de John Ford y del dibujante del comic Crazy Cat, Herrelman, otro de mis favoritos.

Corridas de toros en navidad (Ensayo a propósito de un relato futuro)




Una de las pocas cosas buenas que tienen, para mí, las navidades es que no hay ni corridas de toros ni festejos taurinos en los pueblos -aún peores que las lidias confinadas- y, aunque conozco taurinos más sensatos (va por tí, Angelito) que muchos antitaurinos furibundos no se trata, insisto: para mí, de un debate entre las ideas o los sentimientos que normalmente se invocan.




Sería yo, pues, un antitaurino que se cree, iluso o no, distinto, porque no participa de muchos de los argumentos antitaurinos y admite bastantes de los taurinos. Sin embargo, y como diría el castizo, tampoco es que haya que cogérsela con papel de fumar. Mis argumentos antiaurinos pesan más: el animal indudablemente sufre y sufre más que las reses que se sacrifican industrialmente para carne, pero el toro de lidia se da una vidorra que sólo algunos parientes de la ganadería extensiva comparten, en el paisaje que para mí es el totémico y canónico de España: las dehesas de encinas, y son precisamente los taurófilos los que nos advierten de que esos territorios magníficos pueden perderse si desaparece la fiesta, aunque no todas las dehesas, ni siquiera la mayoría se dedican al ganado bravo. Y desaparecería la misma raza de ese magnífico animal, ya que no tendría virtudes comerciales por encima de otras razas por ello más habituales.




Yo tengo algo contra la fiesta que alude a su concreta condición de espectáculo. No se trata de que sea sangriento y cruel, que lo es. Las peleas de gladiadores en la Roma Imperial también debían ser horrendas, pero, no seamos hipócritas sino tan sólo cínicos, también fascinantes. No, la condición del espectáculo taurino que detesto es que se trata de un asunto que o me aburre profundamente (no como esos aficionados que son capaces de aguantar el tedio de toda una bochornosa tarde para ver un solo pase aceptable de muleta) o me sobresalta: porque el toro no acaba de morir o porque el matador es cogido por el toro o porque el caballo del picador cae. Tediosa (por falta de entendimiento taurino, diría un entendido, y estoy de acuerdo) o alarmante.




Pero son los motivos éticos o morales los más espinosos y enconados en esta suerte de guerra de trincheras de frente inamovible entre taurinos y antitaurinos. O sea: ¿es moral hacer de la muerte de un hermoso animal torturado un espectáculo? ¿Es un progreso moral para la sociedad suprimir este espectáculo, como se suprimieron en su momento las peleas de gladiadores o los ajusticiamientos públicos (espectáculo, por cierto muy apreciado hace pocas décadas)? Para el toro, como para cualquier hombre, se puede aplicar lo que decía ese genio del Music Hall, Harry Champion: "La vida es muy dura; ¡nunca se sale vivo de ella!"




Para mí, la clave ética me la suministra el novelista y crítico de arte John Berger, uno de mis pocos héroes actuales casi absolutos. Comentando sobre los humanos autores de las pinturas rupestres de la Cueva de Chauvet , miles de años más antiguas que las más famosas de Lascaux y Altamira, dice: "Y al mismo tiempo eran distintos de los animales. Podían hacer fuego y, por consiguiente, tenían luz en la oscuridad. Podían matar desde lejos. Tenían capacidad para elaborar muchas cosas con las manos. Se construían tiendas que sustentaban con huesos de mamut. Podían hablar y contar. Transportar agua. Su forma de morir era distinta. Esos privilegios con respecto a los animales eran posibles porque estaban en minoria, y como tal minoría, los animales se lo permitían." Exactamente: eran privilegios lógicos y tolerables. Las corridas de toros son un privilegio humano que podía tener sentido cuando los humanos eramos pocos y estábamos rodeados de una naturaleza y una fauna hóstiles aunque últiles, pero ahora son el vicio superfluo, y para mí feo, de una multitud desvinculada del entorno, hastiada y saciada, como la de los tribunos romanos que apostaban por su gladiador favorito, pulgar arriba o pulgar abajo

12/12/2007

Gustos y criterios I







La pintura que, quizá (mientras no recuerde otra) más me gusta de comienzos del siglo XX, del pintor que más me gusta (eso sí lo recuerdo, aunque Cezanne le sigue de cerca, y está más en el XIX) de ese siglo pasado. Para muchos se trata del cuandro que inagura la modernidad.






Y el cuadro que más me gusta -esta semana: voy cambiando, y esa es la diferencia entre criterio y gusto- del inicio del siglo XVII






También son mi felicitación de Navidad, junto con la de mi gato

Aviso para navegantes, 6


Aquí teneis algunas sugerencias de lectura, casi en orden alfabético, que he ido expurgando de mi biblioteca, como bálsamo de fierabrás para las religiosas fiestas en las que estamos inmersos; y para los que confunden las cometas con un GPS, y para los que no creen que el buen rollo deba restringirse a ciertas fechas del calendario, porque el calendario es de los campesinos, como el horario es de los monjes y los burócratas.



Celso: El discurso verdadero contra los cristianos


Albert Camus: El mito de Sisifo


Mario Bunge: Materialismo y ciencia


Giordano Bruno: La cena de las cenizas


Cicerón: Sobre la naturaleza de los dioses


Francis Crick: La busqueda científica del alma


Finngeir Hiorth: Introducción al ateismo


David Hume: Diálogos sobre la religión natural


Inmanuel Kant: La religión dentro de los límites de la mera razón


Lucrecio: De la naturaleza (De rerum natura)


Frederich Nietsche: El Anticristo. Como se filosofa a martillazos


Gonzalo Puente Ojea: Ateismo y religiosidad. Reflexiones sobre un debate


Gonzalo Puente Ojea: El mito de Cristo


Bertrand Russel: ¿Por qué no soy cristiano?


Leonardo Sciascia: De la parte de los infieles


Enrique Tierno Galván: ¿Qué es ser agnóstico?


Voltaire: Cartas filosóficas



Casi todos son clásicos, a menudo deliciosos, como Lucrecio o Nietzsche. Otros son militantes, pero están incluidos porque tienen la dignidad de no caer en el panfleto (género perfectamente honorable, por otra parte), como los de Puente Oja (antíguo embajador en el vaticano) o el añorado alcalde y "Viejo profesor" Tierno. La mayoría son clarificadores, como el de Russel; algunos son casi ingénuos, como de "creyentes", como el del descubridor de la cadena de ADN, Crick. Los hay espléndidos como el de Sciascia, militantes como el de Hiorth. No se indica edición precisa porque casi todos están editados y reeditados en muchos sellos, como la misma Biblia, libro sanguinario, lleno de historias y perfectamente recomendable, al revés de lo que opinaban y creo que opinan las autoridades católicas. (George Borrow: La Biblia en España.- Las aventuras viajeras de un vendedor protestante de Biblias en la ultracatólica España del XIX ¡Maravillosa!)


Mi opinión, sin embargo, y dadas que se incluyen obras maestras de la literatura universal es que en este debate entre creyentes y no creyentes, divididos a su vez entre agnósticos y ateos -distinción de interés-, el título de Kant: La religión dentro de los límites de la mera razón es una aporía, una contradicción en sus términos. En mi opinión, los no creyentes debemos dar ejemplo de tolerancia a ese probablemente casi inevitable resquicio de irracionalidad; primero, porque la razón ni es única ni lo es todo, aunque deba lógicamente priorizarse y porque, por insigne ejemplo, creo firmemente que la escuela laica terminara educando en la compasión a los católicos. Por último el corazón tiene razones que la razón comienza a entender gracias a la neurobiología moderna.


Feliz Navidad

Una modesta proposición, 4


El bienestar nunca estará lo bastante bien como para satisfacer a quienes buscan lo que no está en el mercado, lo que el mercado precisamente elimina.


Propuesta: pasad las fiestas navideñas...


a) En un pueblo remoto y pequeño.


b) Navegando sin tocar tierra.


c) Encerrados en casa con un solo juguete (no digo cual).


d) En una país de otra confesión/religión

11/12/2007

Más fotos de "mi" garganta (ver post anterior)






















Una modesta proposición, 3


Lo decía muy bien el novelista Eduardo Mendoza en una columna de prensa: es infnitamente peor el que habiendo aprendido a leer no lo hace, que el que nunca aprendió. Al primero, por falta de practica se le olvida, mientras que el segundo nunca tuvo la oportunidad ni de eso, olvidarlo. Así pues, parece que no son estos tiempos propicios para la lírica y que nuestros jóvenes, siguiendo el ejemplo de sus burroides padres, no aprecian en exceso la cultura, sino las subculturas, como los grafitti (plural en italiano) o el botellón. La afirmación anterior, por cuanto está exenta de matices, es rotundamente falsa, pero como todos los tópicos contiene sus dósis -más o menos homeopáticas-, de razón, y aunque eso siempre ha pasado y probablemente siempre pasará voy a intentar mencionar una serie de razones en favor de ser un tío (o una tía) culto y leido. No se citan por ningún orden de importancia.


1) La cultura sirve para ligar, en el caso de los tíos, con las mejores mujeres, y supongo la viceversa igualmente cierta, aunque no de primera mano. Empíricamente, esto es, por mi propia experiencia, tal afirmación es tan cierta como la fuerza de la gravedad. En mi vida sentimental, un tanto agitada hasta que me topé hace unos años con la mujer de mi vida, casi siempre conseguí mis obvios propósitos, conocer -incluido en el sentido bíblico- a esas mujeres tan interesantes y sugestivas más que por mi aspecto, no precisamente repelente, bien es cierto, por mi santa labia, plagada de ocurrencias y saberes aparentemente tan inútiles como variopintos. (Disculpad mi autovaloración) Eso sí, huyendo de la pedantería, de los dogmatismos y del aburrimiento; con esa levedad tan difícil como gracil. Incluso a la tardía mujer de mi vida me la ligué así: antes había sido literalemente su profesor (brillante, creo) en un master lejano. Y teniendo en cuenta que siempre el que sabe escuchar es mejor que el que pontifica.


2) La cultura sirve para ser más libres. Los anarquistas de la Segunda República lo tenían bien claro cuando propagaban la consigna de que "La cultura os hará libres". ¿De qué forma? Organizando una suerte de cañamazo, como en los telares, donde situar todos los acontecimientos que te afectan en la vida y que de otra forma parecerían arbitrarios y confusos, sabiendo relacionarlos entre sí, aunque parezcan dispares, evitando así caer en manos de chralatanes, profetas de medio pelo y manipuladores de toda laya (¿laya?)


3) La cultura te permite disfrutar de las cosas y productos más excelsos del alma o pensamiento humanos, desde una sinfonía a un cuadro, desde una puesta de sol a la ligereza del movimiento de unas caderas.


4) La cultura es un refugio y un consuelo ante la dureza, la fealdad y la maldad que obviamente tiene a menudo el mundo. Te permite habitar otros mundos más placenteros o providenciales o consoladores, desde la balsa de un naufragio con final feliz a las guerra napoleónicas.


Podría seguir y superar los diez mandamientos, pero esta sección de modestas proposiciones ha de ser nececesariamente breve, y aquí va:


No dejeis la cultura, y en especial la lectura, en manos de los pedantes ni de los expertos, ser siempre diletantes y tomad nota de la frase del pie de un grabado de Goya: "Aún aprendo"
Postdata, a modo de razón nº 5) La cultura, las más de las veces y como ocurre con casi todas las cosas estupendas de esta vida, es gratuita. Como la foto que he "colgado": una garganta con un bosquete de roble melojo y enebros que está a media hora escasa de mi casa y de mi biblioteca. Esa garganta está fotografiada este último puente de Diciembre y es como una sinfonía de Debussy, como un poema de Auden, como un cuadro de Caspar Friedrich. Además de hermosa, ese paisaje habla de las interacciones seculares del hombre y sus ganados con el entorno, de la ausencia de incendios, del clima mediterráneo, de la gea ácida de granito, de los suelos en ranker y tierra parda, de la supervivencia de elementos botanicos del Terciario, de los efectos del viento Foehn y la disimetría de la Sierra, de...

10/12/2007

Ciencia recreativa, 2 (respuestas a C. recreativa, 1)


(Para Vanbrugh, porque lo prometido es deuda y no quiero dejar correr intereses)
Una de las formas más insidiosas de hacer mala divulgación es mentir sin más. La primera proposición referida a que las hojas se acumulan en el hemisferio Norte en la zona sur del estanque es simplemente mentira. Una buena mentira se adorna con datos engañosamente superfluos, como el surtidor central, y explicaciones tomadas de hechos reales, pero descontextualizadas, no viniendo a cuento, como lo de la aceleración de Coriolís.


La fuerza o efecto de Coriolis, descrita en el siglo XIX, sirve para describir el movimiento anómalo que traza un objeto siempre que sea dentro de un sistema de referencia no inercial en rotación, por ejemplo, el planeta Tierra. Un objeto lanzado derecho no traza entonces una línea recta, sino curva, en sentido contrario al de la rotación de la referencia. Esto explica los vientos y las corrientes oceánicas que se desplazan siguiendo un meridiano y se desvían acelerando en la dirección del giro hacia el Este, si van hacia los polos, o en sentido contrario si van al Ecuador; en el hemisferio Norte o Boreal, porque en el Austral o Sur se dirigen hacia la izquierda, y todo ello como consecuencia de que la Tierra rota sobre su eje de Oeste a Este.


El efecto Coriolis sólo es válido paara fluidos, como la atmósfera y los oceanos, en sistemas mayores en rotación. A escala pequeña este efecto se enmascara por otras fuerzas y hablar de él en un estanque no tiene sentido, pero pueden creerme si les digo que mucha divulgación mala contiene errores del tipo que yo he querido recrear.


En cuanto a la segunda cuestión, el musgo en el lado Norte de los árboles, el efecto es absolutamente real, como sabe cualquier boy scout, ahora bien, la explicación de la corriente polar también es cierta, al menos en parte, pero no deja de ser un enmascaramiento de la respuesta más sencilla: en nuestro hemisferio las caras Norte reciben mucha menos insolación por lo que están más frías y húmedas (se evapora menos el agua), condiciones que requieren nuestros musgos. Ahora bien, los niños suelen encadenar varios "por qués" seguidos, exactamente igual que los buenos científicos, por eso son tan desesperantes; y el por qué de esa umbrosidad se debe, claro a la inclinación del eje de la Tierra, pero en nuestras latitudes, en los inviernos dominan las corrientes polares en chorro, al igual que en los veranos lo hacen las provenientes del Sahara. De hecho, el Mediterráneo es un clima oscilante entre el dominio compartido de estas dos regiones: Polo Norte y Sahara que alternativamente toman el mando.

Una modesta proposición, 2


Lansky, mi nick/pseudónimo, es Meyer Lansky, judío, norteamericano y amo de los casinos, el juego y la prostitución caribeñas durante décadas, y prácticamente el último gangster en salir de Cuba tras su revolución.


La lista de "benefactores" (en realidad "beneficiadores": se "beneficiaban" a otros y de otros) no acaba en él. Junto a famosos como Al Capone y Lucky Luciano, habría que mencionar al loco Bugsy Siegel, a Vito Veronese, Dutch Schultz, el Holandés (muy bien radiografiado y hasta escaneado en la espléndida novela de Doctorow, Raightime; Sam Giancana (que probablemente inspiró a los Soprano, la maravillosa serie de culto de TV), John Dillinger, algo tosco, pero una fiera con la Thompson en las manos (esa bonita metralleta de cargador en tambor circular que se disparaba desde la cadera y se disimulaba bajo los largos gabanes de los años 30), Baby Face Nelson, que prefería la percha y el sedal de pescar y sobre cuyo aspecto su mote lo dice todo; Jimmy Hoffa y tantos otros.
Del temple de estos peligrosos tipos habla muy expresivamente una anécdota que recoge Norman Mailer en su novela Los hombres duros no bailan; estaba un día uno de ellos con su novia, una bonita corista, y el campeón de los pesos pesados del momento, así como otros más. En un determinado momento la rubia se quejó de que nadie la sacaba a bailar, Luciano, creo que era, porque no le gustaba, los demás por si acaso se mosqueaba el jefe, lo que era, lógicamente, una posibilidad sumamente peligrosa. Pero para demostrar que con él no rezaban esos recelos, el enorme púgil se animó a sacarla. Cuando volvió todo ufano con la bella para devolversela al mafioso, le dijo: "Y tú, ¿no vas a sacarla a bailar?" A lo que el interpelado, sin inmutarse y mirándole burlón le contestó: "Los hombre duros no bailan".


Unos auténticos hijos de puta. Pero comparen la lista de arriba con esta otra: Hitler, Menghele, Goebels, Himmler, Stalin, Beria, Franco, Salazar, Videla, Pinochet, Gadhafi, Mugabe...La lista aquí es mucho más larga, pero me sabe mal escribirla.
Sucedió en el siglo VI. En toda la historia de la humanidad sólo ha habido un genocida que me conste que se haya arrepentido públicamente y sin presiones: Asoka, su tumba, en el noreste de la India, contiene una lista de muertos y deportados por sus acciones de conquista, de las que dice arrepentirse profundamente. Un sólo caso conocido y hoy reverenciado por los peregrinos budistas de todo el mundo.


Para mí la diferencia entre los primeros y los segundos hijos de puta está en los motivos, mejor pretextos. Los primeros nunca mataron diciendo que lo hacían para mejorar la vida de sus semejantes o de sus compatriotas o de sus correligionarios, sino para enriquecerse, competir en la jungla urbana y, en todo caso, para sobrevivir. Eso les hace, para mí, mejores. Los segundos, en cambio, se llenaron la boca de palabras funestas, como patria, Dios, futuro, nación, proletariado, y hasta libertad y justicia. Unos altruistas. O como decía El Gringo Viejo, el periodista y narrador Ambrose Bierce, "Las patrias son el último refugio de los canallas".


¿Mi modesta proposición? No es mía, pero me la apropio. La leí en una pancarta en Puerto Rico:


"Que gobiernen las putas, que sus hijos no saben"

Aprendizajes tempranos






Sorteamos las dificultades de la vida con unas pocas habilidades. De todas las oportunidades de aprendizaje que se pueden conseguir con tiempo y dinero, uno al final se defiende con ese segundo idioma que aprendió de niño en una estancia azarosa en otro país, con el boxeo de aquella juvenil academia de barrio, con el don de hacer amigos o el consejo de un mentor en el momento oportuno para recibirlo. Todo lo demás que uno “voluntariosamente” intenta aprender más tarde, desde esquiar a cocina creativa o yoga resbala sobre lo verdaderamente aprendido como digresiones de un diletante. Pero, ¿cómo se enseña y se aprende a matar y no de una única forma? ¿Las fuerzas especiales, los cuerpos de seguridad? Sí alguna ventaja tienen las dictaduras como el franquismo es que estuvieron algo mitigadas por la incompetencia, el sistema del terror se bastaba a sí mismo sin Mosab, Cias o Casas de las Américas. Entonces sólo vale adquirir formación en el extranjero, como los pocos científicos de “elite” en un país sin tradición científica.

A veces se juntan en la misma persona y en el mismo momento feliz el mentor y el instructor, como en aquel lejano final de infancia cuando tres matoncillos mayores le estaban propinando una tunda y se interpuso aquel estrafalario individuo, los espantó con cuatro sopapos y le tomó por los hombros para hablarle y le explicó que cerrando los puños de esa forma inadecuada sólo conseguiría dañarse la manos, que nunca se acometía con la cabeza por delante, patético torito, que los golpes decisivos no se anuncian llevando el brazo hacía atrás, pero, en cambio, se impulsan con todo el peso del cuerpo, que el brazo menos hábil, el izquierdo en su caso, es el encargado de parar los golpes y también de hostigar al contrario y de que si quería aprender a defenderse más le valdría pasarse por su gimnasio para recibir algunas lecciones. Entró entonces en un paraíso masculino con olor a linimento y cuero viejo donde los hombres más fuertes y hábiles y valientes eran, sin embargo, los más amables, sobre todo con ese casi aún niño enclenque y larguirucho pero dotado de una combatividad que los enternecía y como confesaría más tarde su mentor, entrenador, ex púgil y propietario del susodicho gimnasio Paraíso -pues ese era su inadecuado/adecuado nombre- esa cualidad es lo que le motivó a prestarle ayuda, el ver que no se arrugaba ante los matones callejeros, torturadores de un niño sin padre, víctima propiciatoria que no propicia, así como su propia bondad y su sentido de la justicia. Cuando meses después, y aún verde pero ya algo avezado en el intercambio de golpes, el chiquillo combativo le proporcionó a él, discreto pero emocionado mirón desde una esquina, el espectáculo del derribo de dos de esos matones, se sintió más que pagado y más ufano que si el mismo hubiera conseguido, -se quedó en puertas en su época de púgil-, el título de los ligeros.

En primer lugar, el jab, el golpe de tanteo por excelencia –recuerda la voz de su mentor: “cuando no sepas que hacer, lanza jab, tantea, machaca de a poquito”-, los jabs son los puntos suspensivos del pugilismo, un golpe que no trasfiere el peso del cuerpo de un lado al otro, sino que usa el brazo desde el hombro como una biela hasta el puño, pasando por el brazo y el antebrazo, manteniendo el peso en la pierna de apoyo. Un golpe, el jab, que es un gesto técnico educado, que canaliza el estilo de cada individuo, como los jab de Moohanmed Alí, colando su pie adelantado junto al pie del rival, distrayéndolo con una guardia abierta y provocadora para a continuación extender su relámpago jab, la mano semiabierta de abajo a arriba , para llegar más lejos, impactando en ojos-nariz-boca, pegando primero y moviéndote después: ahora estoy y, ahora no estoy, evitando con apoyos mínimos las contras peligrosas, bailando con esa ligereza inimitable. O bien, el directo, un golpe que puede ser definitivo, porque ya transmite la masa corporal, no sólo el impulso del hombro, añadiendo a la biela del brazo la palanca pie-tibia-muslo (pistón), utilizando el giro del cuerpo como un látigo, el cuerpo semi flexionado con cierta tensión, rotándolo pero dejando las caderas en posición frontal. Y lo que los entrenadores llaman, por su obviedad, consejos de la abuela: si pretendo golpear en la cara evito mirar hacia allá, si pretendo golpear el cuerpo no doblo las lumbares sino que flexiono las rodillas, etcétera.
Y la psicología: cuando los dos púgiles se tiran derechas es porque ambos quieren acabar la pelea por K.O. y conviene asumirlo como un hecho más con todas sus consecuencias. Y sobre todo aprendió que todo matón es un cobarde disimulando, que te rehuirá en cuanto dejes de ser una víctima fácil.

En el boxeo, como en cosmología, las distancias lo son todo. La distancia se gana con los desplazamientos, nunca con los golpes. Aquel individuo se encontraba demasiado cerca, así que dio un paso atrás y estiró el brazo, el otro le apartó el puño de un manotazo, más corpulento, volvió a aproximársele para fajarse. Volvió a lanzar el brazo izquierdo y esta vez le alcanzó con un jab, ahora el que retrocedió, trastabillando, fue el otro y el que estableció la distancia él; volvió a golpear en una serie rápida a las costillas y remató con un derechazo al mentón. El guardaespaldas cayó sobre las rodillas y el le empujó ligeramente con el pie para pasar a su lado y enfrentarse al otro hombre tranquilamente sentado en el sofá. Le dijo:

-¿Podemos ya hablar?

-Desde luego. Es usted muy persuasivo y se ha deshecho de Julián como un profesional. ¿Lo es? –A la vez que hablaba le había hecho una seña al gorila que se estaba levantando penosamente, para que saliera de la estancia: un amplio salón con vistas al puerto deportivo. Le señaló un sillón al otro lado de la mesita con flores frescas: astromelias blancas y amarillas. Aguardó a que se sentará, le señaló la botella de licor que el otro rechazó con un gesto y volvió a hablar:

-Policía o conocido de mis socios, ¿cuál de las dos cosas es usted? No me suena su cara.

-Servicio de mensajería. Le traigo esto, -y depositó junto a la botella de licor un paquetito

-¿Para mí?¿Un regalo? Qué emocionante, aún no es mi cumpleaños –Dijo sin tomar el objeto envuelto en papel de embalar.

-Ábralo. No es dinamita

-Claro, claro. Veamos –Dijo a la vez que deshacía el envoltorio con la navaja que le había tendido el otro y con movimientos desenvueltos y precisos.- ¿Una navaja? Automática, holandesa –La sopesaba en la palma de la mano.

-¿Quiere saber como la he conseguido?

-Por supuesto, aunque no tengo idea de que pretende usted. En una tienda de todo a cien no sería ¿Verdad?

-Estaba al extremo de un brazo ahora roto que se presentó, con el dueño de ambos, brazo y navaja, en mi night club en busca de una de mis empleadas. Le mencionó a usted después de que mi socio le preguntara educadamente quien le enviaba.

-¿Y su socio, dónde está ahora?

-En la antesala, procurando que nadie nos interrumpa. –se habían oído voces afuera y un golpe seco. Luego, silencio.

-Bien. Creo que podremos solucionar esto fácilmente: su empleada, la señorita Miriam adeuda a mi compañía una cierta cantidad. Es evidente que el sujeto que envié a recordárselo se extralimitó y llegó a amenazar con esta…chuchería a esa dama y usted, con todo derecho le puso en su sitio. Le pido disculpas, por ello, pero es el caso de que la deuda comentada persiste.

-¿En concepto de qué?

-Gastos de traslado, desde Turquía, creo, y formación.

- ¿Formación? ¿Qué formación?

-Bueno, como compañía para clientes masculinos, digamos.

-Quiere usted decir prostitución.

-Llámelo así, si quiere, no me gusta esa palabra.

-A mi no me gusta lo que significa. Y Miriam no ejerce ya la prostitución.

-Eso no es asunto mío, pero en cualquier caso ¿Qué servicios les presta en su club?

-Como bien dice, no es asunto suyo, pero le contestaré: es camarera. No creo que ustedes le enseñaran a servir bebidas. Y en cuanto a su antiguo oficio ni yo ni mi socio somos proxenetas, a la inversa que usted, así que ese asunto está resuelto y además: ¿cuántos son los gastos de traslado, como usted los llama?

-Cien mil euros. Y eso olvidándome de la mencionada formación.

-Se haría usted un favor si la olvidase, en efecto. La señorita aludida fue trasladada desde Ankara a Madrid en línea regular de avión; eso sólo supone unos 350 euros, billete sólo de ida, en clase turista. Vino engañada, pensando en ejercer el oficio que ahora ejerce y no el que ustedes le obligaron. Ustedes la mantuvieron prácticamente secuestrada, la quitaron su pasaporte y no se molestaron desde luego en tramitar su regulación laboral ni de residencia. Nosotros sí.

-¿Miriam tiene los papeles en regla? ¿Cómo lo han conseguido?

-Por los medios habituales, acudiendo a las instancias de la administración pertinentes, incluida la policía.

-Ya había oído algo sobre sus buenas relaciones con la policía.

-¿Sí? No me diga. Pago mis impuestos, tengo regularizados a mis empleados y un negocio legal. No sé si usted puede decir lo mismo, ¿cómo se da de alta una empresa de trata de blancas?

-Esta es una empresa de importación y exportación perfectamente legal.

-Sus tapaderas no son asunto mío ni mi negocio el suyo. Miriam tampoco es asunto suyo desde este momento en que le reembolso su pasaje –Dijo empujando varios billetes por la superficie de la mesa.- Se puede quedar con la navaja de recuerdo. Ah, y si vuelve a aparecer alguno de sus “empleados” por mi local le volveremos a hacer una visita y esa vez no será, como esta, tan cortés.

-¿Cree usted de verdad que está en disposición de amenazarme? Usted, con su boxeo de salón, su amigo, el forzudo retaco y sus amistades de la bofia no me impresionan lo más mínimo.

-No esperaba menos de usted. ¿Ve aquel yate ostentoso de la rada? –había tomado un teléfono móvil.

-Sí, aquella elegante embarcación es mía.

-Pues haré magia: ahora la ve y ahora no la ve.

La explosión hizo retumbar la cristalera. Cuando el individuo llegó a la ventana los restos del pecio flotaban en un charco oleoso.

-¡Mi…!

-Eso sí que era dinamita. Su mujer y su hijo han sido desembarcados previamente, junto a la tripulación y una caja fuerte con contenido muy interesante. Están a salvo en el muelle. ¿Ve? –Una mujer y un chiquillo corrían hacía el edificio acompañados de un marinero de chaqueta blanca. –Prosiguió:- La caja de caudales es un modelo antiguo que se abre con una horquilla del pelo, nos hemos quedado con su contenido, pero, francamente, lleva usted una contabilidad muy desastrada, no sé que opinarían de ella si le hacen una auditoria un poco concienzuda.

Nuestro hombre se dirigió a la salida, cediendo el paso a una mujer llorosa y un niño emocionado a los que sostenía la puerta Bassin. Cerró suavemente tras de sí. Abajo, ya en la calle, se les unió a los dos un orgulloso Khemal.

05/12/2007

Una modesta proposición, 1


Don Pío Baroja decía que los nacionalismos se curan viajando, pero hoy en día que la gran plaga del turismo de masas ha acabado con el viaje auténtico, nos tememos que la solución es de poca aplicación; sobre todo, cuando uno comprueba que hay mucho nacionalista que se dedica a hacer turismo, dentro y fuera de sus mesiánicas fronteras.

Así pues, mi modesta proposición de hoy es grabar con letras de buen plomo en el frontón del Palacio de Ajuria Enea, caso de que lo tenga, cual templo de la nación, o si no en el recinto del árbol de Gernika esta frase de Voltaire:

“Cultura es la victoria progresiva de la razón universal sobre los prejuicios y costumbres del lugar”

O sea, cultura ¿y no se habla de levantar piedras?

Ciencia recreativa, 1


Dos cuestiones húmedas y casi frías



Una:


Ahora que estamos en otoño. ¿Alguien sabe si las hojas que se acumulan en el lado Sur de un estanque aproximadamente circular con un surtidor en el centro, lo hacen debido a la fuerza de Coriolís, en nuestro hemisferio boreal?



Dos:


¿Y el musgo, también en nuestro hemisferio, que crece en el lado norte de los árboles? ¿Lo hace por la corriente en chorro del Ártico que domina en nuestras latitudes en invierno?

04/12/2007

Aviso para navegantes, 5


A tenor de los post de Fernando Fernán Gómez y Cómo hacer odiar la lectura


Están saldando dos libros estupendos por menos de 4€. Son restos de edición, o sea, que están nuevecitos:


Salvador García Giménez, El hombre que se volvió loco leyendo "El Quijote"; Ed. Ariel, 1996

(En la librería especializada en saldos, sótano, BookCenter de la calle Luchana junto a la Gta de Bilbao en Madrid.


Unas estupendas e ilustradas Conversaciones con Fernando Fernán Gómez y un guionista y productor, (Editorial Espasa Calpe) profusamente ilustradas como se suele decir con fotogramas de pelis antiguas y recientes y otras más; en la librería de Saldos adjunta a la Casa del Libro de Espasa Calpe en la Gran Vía madrileña; o sea, no en la Gran Vía sino en la bocacalle transversal con la que hace esquina donde hay una vieja relojería

Por qué hay gentes que nunca leen (ensayo de cómo enseñar a odiar la literatura)




Hay hechos en la Historia que no tienen la brillantez de César cruzando el Rubicón o Pinzón gritando “¡tierraaa!, ni siquiera la aparente trascendencia de un solitario Arquímedes asustando a las criadas con su "Eureka", pero cuando San Agustín sorprendió a San Anselmo (Vaya sobredosis de santos en un solo convento) solo en su celda leyendo sin mover los labios, el acto de leer paso de ser una declamación pública en el refectorio a un vicio solitario.
Todos los lectores habituales son lectores “enviciados” que conocen el placer supremo de este acto único. Por eso, la pregunta entre esa secta cada vez, dicen, menos abundante, sería ¿por qué hay no lectores, es decir, gente que “sabe” leer pero jamás coge un libro? Hay varias respuestas, pero una inmediata es… porque existe la enseñanza de la literatura en las escuelas. Un maestro de escuela y posterior catedrático de literatura, Salvador García Jiménez, lo explicó muy bien en un libro: El hombre que se volvió loco leyendo ´El Quijote´” (Está agotado, pero yo sé donde hay ejemplares en saldo). Este sabio, premiado con muchos premios, como el Adonais, Hucha de Oro y otros tantos, propone rechazar la enseñanza de la literatura en todos los niveles, combatirla con saña, porque es la causante de tantos como la odian y jamás leen un buen libro.

Por el mismo sitio por donde la letra con sangre entra salen las ganas de leer. La palmeta alzada, todos los libros idénticos y abiertos por el mismo lugar. Ya lo decía Larra: “el chico podrá no salir bien enseñado, pero saldrá bien apaleado”. “Abran el libro por la página…” “A ver Pepito, lee en voz alta” Poco a poco se vuelven las tornas y del placer silencioso se regresa a la primitiva y obligatoria lectura en voz alta.Y sin ganas de volver a coger un libro a solas en el resto de su vida adulta. Unos pocos supervivientes, pese a todo, consiguen sobreponerse para dar cuenta de tan espantoso adoctrinamiento –no merece el nombre de enseñanza- , junto al mentado Larra, Galdos cuenta en Tormento los brutales métodos pedagógicos del cura de turno, Pedro Polo, Don Miguel de Unamuno tuvo un primer maestro armado con una larga caña por el que mereció el mote de El Pavero; Pérez de Ayala nos habla de un especialista en “pellizcos retorcidos", el padre Mur, asiduo también al “cara a la pared” Ni Azaña se libró de estos sádicos en el bárbaro magisterio de sus frailes: “viendo correr más lágrimas sobre el texto de los ´Comentarios´ que sangre vertió el propio César sobre el suelo de las Galias”

Dice como conclusión sensata García Jiménez: “Quien aprendió las letras a cañazo limpio huirá de los libros como si estuvieran encuadernados con la piel del diablo.” O estará -los maltratadores suelen haber sufrido malos tratos de pequeños- enseñando literatura en algún colegio concertado, armados con lápiz rojo, vesánicamente dispuestos a desterrar el placer desinteresado de la lectura.
Uno está tentado a decir que siempre será preferible quemar los libros que ignorarlos. No hablo de piras inquisitoriales o nazis, sino de chicos de instituto que repiten ese bárbaro rito tras los exámenes para escándalo de los profes. Cualquier elemental información sobre las actividades desplazadas y el subconsciente les hubiera informado de que no estaban ardiendo en la cancha de baloncesto los manuales gastados, sino ellos: sus exigentes, intransigentes, pedantes y estúpidos profesores, que no maestros.