
Homo sapiens sapiens, un mamífero del orden de los primates emparentado con la familia de los pongidos, que agrupa al orangután, los gorilas y los chimpancés.
Desde siempre el lógico antropocentrismo (las hormigas son formicocéntricas) ha tenido una versión maximalista que implicaba no ya buscar las diferencias que nos separaban del resto del reino animal, sino negar nuestra pertenencia al mismo. Pero el ser humano es una especie animal; eso sí, no es una especie “más”. Cuando ese foso, merced a una de las más exigentes creaciones humanas, la ciencia, fue reduciéndose a una rendija, se fueron erigiendo nuevos bastiones para separarnos del hermano animal de Santo Tomás, en general relacionados con la consciencia y las actividades intelectivas, pero a medida que conocíamos que otros primates no sólo utilizaban herramientas, sino que las fabricaban, que hasta los perros reconocían su aspecto en los espejos, lo que implica conciencia de sí mismos, o que los delfines podían imitar, en la medida de su conformación anatómica, posturas humanas, poco nos quedaba como refugio del hombre, ni rey ni culmen de ninguna creación.
Yo creo, sin embargo, que hay dos aspectos que nos distinguen al menos del resto de mamíferos de gran talla. Uno es que desde hace cientos de miles de años somos el único cuyos nacimientos exceden con mucho las muertes por unidad de tiempo; el segundo es nuestra capacidad tecnológica para transformar radicalmente el medio a nuestra conveniencia o inconveniencia, en lugar de acomodarnos nosotros a él. Demografía galopante y drástica capacidad de modificar el entorno ha conducido a las tres “P” de problema de nuestra especie: la población, la pobreza y la polución. Todas ellas no son independientes, sino que se cruzan con la primera, por que lo que importa es nuestra capacidad de contaminar y de esquilmar per cápita. Seguiremos hablando de las particularidades de nuestra especie.
Yo creo, sin embargo, que hay dos aspectos que nos distinguen al menos del resto de mamíferos de gran talla. Uno es que desde hace cientos de miles de años somos el único cuyos nacimientos exceden con mucho las muertes por unidad de tiempo; el segundo es nuestra capacidad tecnológica para transformar radicalmente el medio a nuestra conveniencia o inconveniencia, en lugar de acomodarnos nosotros a él. Demografía galopante y drástica capacidad de modificar el entorno ha conducido a las tres “P” de problema de nuestra especie: la población, la pobreza y la polución. Todas ellas no son independientes, sino que se cruzan con la primera, por que lo que importa es nuestra capacidad de contaminar y de esquilmar per cápita. Seguiremos hablando de las particularidades de nuestra especie.
(PD.- Nos vemos el 24 de marzo, tras el equinoccio. Mientras, estáis en vuestra casa, digo, en vuestro blog)
5 comentarios:
¿somos el único cuyos nacimientos exceden las muertes por unidad de tiempo? No termino de entender esto. En todas las especies, mientras no se extingan, hay más nacimientos que muertes; ¿qué es lo que no pillo?
Somos el único mamífero de gran talla -eso sí está bien puesto- cuyo número de nacimiento excede con mucho al de muertes; así está bien puesto.
gracias miroslav
Las tres Pes de Plaga. La plaga de los mamíferos de gran talla. No sé, yo me tengo más bien por talla media, una gran talla es la del elefante o por lo menos el hipopótamo.
Que el viento te hinche las velas, Lansky.
¿Supondrá algun cambio significativo en el estado de cosas que describes el control de la natalidad? Me gustaría saber más sobre esto ¿alguna sugerencia?
María:
Lo relevante es si el planeta puede aguantar nuestro consumo; es decir, el consumo de recursos per capita, por lo que el esfuerzo hay que hacerlo no sólo en el control demográfico, sino en disminuir ese consumo en el Primer Mundo, donde la demografía, precisamente, no es muy galopante
Lansky
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