
Para Miroslav y Vanbrugh, que piden por sus boquitas
La película aún no llegó. Lo primero: este libro hay que comprárselo en una edición con buena tipografía, como la original francesa, con amplios márgenes que permita escribir en ellos con lápiz fino, porque no se puede subrayar, porque si empiezas, lo subrayas todo, así de esencial es.
Primero el subtitulo: Estudios sobre la filosofía natural de la biología moderna. Aclaración, en 1967, año de la primera edición, la “biología moderna” era exclusivamente la molecular, heredera de la bioquímica. Primero se establece “una gran paradoja de la vida como fenómeno”, y luego se establecen una serie de tesis. La gran paradoja de la vida, o mejor, de los sistemas vivos: células, organismos, ecosistemas, es que sean a la vez inmutables y cambiantes. Inmutables como receptáculos de fenómenos indefinidamente idénticos; cambiantes, porque su esencia es sufrir modificaciones a lo largo de sus linajes. Se considera pues, la reproducción el fenómeno esencial, en el que se desarrolla un programa esencial, el genético, programa que sufre cambios aleatorios, las famosas mutaciones, los errores de impresión, casi siempre nocivas para su portador individual, esenciales para la aparición de nuevas especies biológicas.
Las mutaciones se producen al azar, pero la herencia obedece a leyes: azar y necesidad que son las que definen, según Monod, la vida. El préstamo es de Demócrito: “Todo cuanto existe es fruto del azar y la necesidad”. Me entusiasma esa línea que va desde la Grecia del siglo VII antes de Cristo al siglo XX de nuestra era.
La emergencia es “la propiedad de reproducir y multiplicar estructuras ordenadas muy complejas, y de permitir la creación evolutiva de estructuras de complejidad creciente”. Las tesis de Monod se clasifican, como sistemas explicativos de los sistemas vivos, según afirmen que la teleonomía (la finalidad) asegura y dirige la emergencia o, por el contrario, que la emergencia precede a la teleonomía. Los primeros siempre fueron los vitalistas, de los que hablé en el post de Maupertius contra Voltaire, son los “finalistas” por excelencia, desde Aristóteles a Teilhard de Chardin, pero lo curioso es que Monod incluye al materialismo histórico en este primer grupo. Su compañero de Nobel, François Jacob, marxista convencido entonces, le replicaría en su propio libro La lógica de lo viviente. Ambos, compañeros de laboratorio y que, por tanto, se veían a diario, se replicaban con libros y artículos mientras caminaban hacia la consecución común del Nobel y hasta que la temprana muerte de Monod en 1974 dejara desolado y sin interlocutor a su compañero.
Había entonces –los años sesenta y setenta- biólogos monodistas y jacobistas, como había partidarios de Sartre o de Camus. En mi opinión de entonces, es decir, de joven estudiante de biología, la gente se alineaba por simples ideologías, es decir, por prejuicios, muchos no habían leído ninguno de los dos libros. Me divertí mucho en aquella época de “enfant terrible” replicando a unos y otros. La verdad es que el bueno de Engels rechazaba el Segundo Principio de la Termodinámica y el criterio selectivo de la evolución, aunque lo que le "picó" al comunista medio es que calificara al marxismo como una nueva forma moderna de “animismo” universal: es como llamar estéril a uno de esos patriarcas bíblicos con cientos de hijos. Lo malo es que se basaba en los propios textos de los acusados, es decir, no practicaba la vieja y torticera táctica de atribuir al contrario opiniones deformadas o falsas; se basaba en La Dialéctica de la naturaleza y en El Capital. Monod escribió con astillas muy afiladas para la época: “ Las sociedades marxistas profesan una religión materialista y dialéctica de la historia. Su sistema está enraizado en el animismo, fuera del conocimiento objetivo, fuera de la verdad, extranjero y definitivamente hostil a la ciencia, a la que quiere utilizar, pero no respetar y servir.”; coloca después toda una trampa de estacas afiladas y prosigue contra el oso, ya no ruso, sino marxista: “Más aún que otros animismos, el materialismo histórico reposa sobre una confusión total de categorías de valor y de conocimientos. Esta confusión le permite, en un discurso profundamente inauténtico, proclamar que ha establecido “científicamente” las leyes de la historia, a las que el hombre ha de someterse sino quiere entrar a formar parte de la nada” Y concluye: “Una ilusión tan pueril como mortal”
Pero si la emergencia precede a la teleonomía, como defendía Monod –y hoy todos los biólogos- , eso quiere decir que el ADN varía fortuitamente, al azar, pero una vez esas variaciones son registradas por la naturaleza, son propagadas inflexible e indefectiblemente: la necesidad.
Había en este librito poco extenso otros asuntos como la contraselección, la existencia de distintos azares en función de diversas necesidades, la inexistencia de criterios imperativos, con o sin Kant, etcétera, pero aquí me alargaría en exceso.
El azar y la necesidad fue un libro ciertamente necesario, provocó una necesaria polémica en las conservadoras aguas de la intelectualidad europea que no sólo seguían mirando a otro lado cuando se les señalaba el “paraíso” comunista, sino que se alineaban según los prejuicios de sus "iglesias". Monod no resultaba satisfactorio por las soluciones éticas que proponía, pero tuvo la virtud, al margen de la oportunidad, de poner el dedo en la llaga y de provocar la contestación de Jacob en La lógica de lo viviente, mucho menos famoso, pero mejor y más profundo que el anterior. Y a mí, en esos momentos me enseñó las ventajas de estar bien informado, en este caso leyéndome ambos libros, para luego pensar por mi mismo, y, en mi caso, no tomar partido decidido por ninguno de los dos y conseguir no estar de acuerdo tampoco con ningún compañero de mi Facultad. Por eso a Monod le cantaría ese bolero que empieza: "tú me acostumbraste..." Gracias.
Pero si la emergencia precede a la teleonomía, como defendía Monod –y hoy todos los biólogos- , eso quiere decir que el ADN varía fortuitamente, al azar, pero una vez esas variaciones son registradas por la naturaleza, son propagadas inflexible e indefectiblemente: la necesidad.
Había en este librito poco extenso otros asuntos como la contraselección, la existencia de distintos azares en función de diversas necesidades, la inexistencia de criterios imperativos, con o sin Kant, etcétera, pero aquí me alargaría en exceso.
El azar y la necesidad fue un libro ciertamente necesario, provocó una necesaria polémica en las conservadoras aguas de la intelectualidad europea que no sólo seguían mirando a otro lado cuando se les señalaba el “paraíso” comunista, sino que se alineaban según los prejuicios de sus "iglesias". Monod no resultaba satisfactorio por las soluciones éticas que proponía, pero tuvo la virtud, al margen de la oportunidad, de poner el dedo en la llaga y de provocar la contestación de Jacob en La lógica de lo viviente, mucho menos famoso, pero mejor y más profundo que el anterior. Y a mí, en esos momentos me enseñó las ventajas de estar bien informado, en este caso leyéndome ambos libros, para luego pensar por mi mismo, y, en mi caso, no tomar partido decidido por ninguno de los dos y conseguir no estar de acuerdo tampoco con ningún compañero de mi Facultad. Por eso a Monod le cantaría ese bolero que empieza: "tú me acostumbraste..." Gracias.
7 comentarios:
O yo he entendido mal el significado de la palabreja o la tesis de Monod no es tanto que la emergencia preceda a la teleonomía como que no hay tal teleonomía, es decir, que no hay ninguna finalidad pretedeterminada hacia la que se avance sino, simplemente, resultados aleatorios de mutaciones aleatorias. Admitir que no fuera así equivaldría a postular la existencia de... ¿algo? ...¿alguien? capaz de fijar de antemano un objetivo y disponer medios para alcanzarlo. Y ese postulado me repugna intelectualmente hasta a mí, que soy creyente, pero creo en un Dios "tan listo" que ha hecho una creación que no le necesita y funciona por sí sola.
La segunda parte de la historia no me la sabía (leí el azar y la necesidad hará cosa de treinta años y debí enterarme de aproximadamente la tercera parte). Tuvo que joderles bien a los marxistas ser acusados de "animistas", y además con tanto fundamento; lo cierto es que la "Historia" de los marxistas es alarmantemente parecida al Jehova del Sinaí. Yo me la imagino hasta con barba, entre la de Dios Padre y la de su primo, Don Carlos.
Sobre lo primero, la existencia de finalidad no implica un diseño o diseñador previo, sino que se deduce del proceso; en dicho sentido se dice que la finalidad del ciclo de Krebs es metabolizar las grasas en energía; pero en realidad tienes parte de razón, por eso se usa Teleonomía y no finalidad: no son lo mismo. La evolución por mutaciones al azar, y selección natural que las "filtra", las dirige y las hace adaptativas es una teleonomía: tienen" por objeto" hacer adaptables al entorno a las especies conforme cambia este, pero no es finalista, aunque hay evolucionistas franceses, precisamente, los ortogenistas, que defienden ese finalismo.
Sobre lo segundo, sí, escoció mucho a los comunistas, cosa que a mi me divertía más que preocuparme; yo siempre he respetado a Marx y su teoría de la plusvalía, y su inciática tesis sobre Epicuro, pero los marxistas y sus pretensiones de que el materialismo histórico es una ciencia siempre ma han dado entre risa, por ignorantes, y pavor,por fanáticos.
Ay, esto me ha recordado a mi época en la Universidad-allá en Cuba-.Cuando leí "Dialéctica de la Naturaleza" de Engels tuve una opinión parecida a la de Monod, autor del que nunca pude leer nada, por razones obvias, tratándose de un país comunista.Un país donde los nombres de Marcuse o Sartre no se podían mencionar sin que te mirasen mal.
Soy totalmente un inexperto sobre lo que aquí escribes, aunque me ha interesado bastante.
Saludos.
Me ocurre como a Vanbrugh, no recordaba la crítica de Monod al marxismo; omo ya te dije, tengo ganas de releer el libro (y está esperando en mi mesilla) y comprobar la impresión que tantos años después me produce. Comparto contigo que la pretensión cientifista de Marx y Engels poco bien le hizo al marxismo como construcción intelectual y mucho mal le hizo a tantas personas. Lo que no quita para que hayamos de evitar (y no lo digo por ti) las descalificaciones absolutas; pienso que también fue necesario (¿o quizá es más correcto calificarlo de inevitable?)
A finales del XIX y comienzos del XX surgieron tres pensadores importantísimos; por orde de importancia y casualmente también cronológico fueron Darwin, Marx y Freud.
Dicho esto librennos los dioses de los darwinistas (no confundir con los evolutivos neodarwinistas y demás biólogos), los marxistas y los froidianos, y eso sin hablar de darwinismos sociales (Spencer), regímenes supuestamente marxistas y supuestas curas psicoanalíticas. Ellos no tienen culpa
wesEmpisserex
Bded
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