profesión de fe

profesión de fe
Somos los conocidos superhéroes del barrio –concepto acuñado por Kiko Veneno para definir lo que se podría llamar héroes de proximidad-: Lansky y Superperropequeño. Ambos somos más ciudadanos que patriotas ( y tan rústicos como urbanos), o bien, nuestra patria son nuestros zapatos -o ni eso en el caso de Jara-, la infancia o el sillón de orejas de lectura, pero nos negamos a la ñoñería esa de ciudadanos del mundo. Simplemente, tenemos pasaporte

13/03/2008

...y nadie sabe como ha sido




Dos veces al año la elíptica corta al ecuador celeste, entre el 21 y el 22 de marzo, y entre el 22 y 23 de septiembre. Durante los equinoccios el Sol está situado en el plano del ecuador terrestre, donde alcanza el cenit. Vamos hacia el de primavera, conocido como primer punto de Aries, -mi signo-; en el Polo Norte pasarán de una noche de seis meses a un día de igual duración (en realidad el Sol seguirá el círculo del horizonte); en nuestras latitudes, los días empezarán a exceder en duración a las noches hasta el solsticio de verano.



Caminamos pues hacia el equinoccio de primavera, los días se van haciendo más largos, florecen plantas perennes pioneras, como los almendros, y aparecen las primeras flores entre las anuales, las que resisten bajo tierra en forma de semillas aguardando tiempos mejores; los pájaros ya no pían sus reclamos: los sonidos que utilizan para mantener el contacto entre ellos, y los sustituyen por verdaderos cantos, en los que proclaman su territorio para criar como advertencia para rivales y llamada para las hembras; también llegan las aves migradoras que pasaron el invierno en el África subsahariana y se van al norte de Europa a criar las que pasaron aquí el invierno, y el aire se llena de insectos aparecidos de la nada. Es decir, florece el almendro, las margaritas, canta el pinzón, se van las grullas, llegan las golondrinas y aparecen los mosquitos. La primera distinción sería entre la primavera fenológica, la que a todos los efectos marca este renacer vital, y la astronómica que, independientemente de las condiciones meteorológicas, se inaugura con el equinoccio que depende a fecha fija de la posición del planeta con respecto al sol.

Primavera, verano, otoño e invierno, los dos equinoccios y los dos solsticios, las puertas del año como las conocían los berberiscos. Pero ni siquiera las estaciones son fijas a lo largo del tiempo o del espacio. Del espacio, porque sólo son propias de las latitudes medias, no las hay, en cambio, en trópicos y ecuador. Del tiempo, porque en nuestras latitudes mediterráneas, los antiguos distinguían hasta cinco estaciones: la prima-vera, es decir, el primer verano; el verano propiamente dicho, el estío, en que se agostaba seca toda la vegetación temporal y tras un breve otoño, el largo invierno.

Llega pues una de las puertas del año, la esplendorosa primavera, la estación más tópica y típica, ventosa y lluviosa si hay suerte, tristemente breve, en todo caso, la“que hace brotar las yemas en los árboles”, como enunciaba León El Africano. Los almendros y olivos se llenan de flor en pocos días, las narices de muchos de mucosidades, la vida indudablemente se anima, se vuelve cálida, impetuosa, hay viento, hay días de calor y regresos al frío, una estación de indecisa transición.

En los campos terminan las últimas faenas para luego sucederse todas las cosechas: la mies en junio, los higos en agosto, la vendimia en septiembre, la aceituna a las puertas de otro invierno. Las labores se reanudarán con las primeras lluvias de otoño. Como señalaba Fernand Braudel, el gran historiador francés del Mediterráneo renacentista, "toda la vida agrícola, es decir, lo mejor de la vida mediterránea, se halla bajo el signo de la premura” Antiguamente, la primavera, con el verano inmediato, marcaba los preparativos para la guerra y se activaba igualmente el tráfico marítimo, la una suspendida por el mal tiempo, como partidos de fútbol, el otro reducido al máximo a la espera de mejores vientos.

¿Qué se inicia ahora con la primavera? Ahora no hay guerras de galeras, ni piratería estricta, ni bandidaje en las campiñas y el número de campesinos, por primera vez en siglos, es considerablemente menor que el de funcionarios, incluso el de funcionarios sólo de agricultura y medio ambiente. Siembran pocos y los que guerrean, bien provistos, lo hacen en cualquier época del año. Pero aparecen las chicas y las mujeres: estaban ocultas bajo los “burkas” occidentales, gorros, bufandas, echarpes, abrigos, chaquetones y pantalones, y ahora surgen las piernas y pechos, falditas y escotes, y hasta el mirlo del pobre seto del edificio de al lado lo proclama.
(Esto es lo que se llamaba antes un artículo o columna coyuntural y de relleno, los "bordaban" los grandes plumíferos como Camba, González Ruano y ya más próximo a estos tiempos, Umbral)