

Cómo fácilmente se puede comprobar, el guión en las grandes películas de Holywood está desapareciendo. No se trata tanto de la primacía de los efectos digitales y del imperio de los trucos infográficos como de que las películas no son ya más que un conjunto de escenas de acción, de incidentes, riesgos y explosiones, pero sin una verdadera historia; así que una peli de acción es eso, pura acción, a menudo sin sentido; un western, los tiroteos, también sin demasiado sentido; una de terror, los descuartizamientos y la efusiones de sangre, igualmente a voleo, etc. Lo dice con mucha gracia el gran David Mamet, “El germen de la película que existe sólo por sus “momentos culminantes” es el cine porno”. Ergo todo el cine de masas es hoy porno en su planteamiento, aunque no lo sea en el tema, que es lo accesorio: se reparten tortas o tiros con la misma falta de sentido de la realidad y el relato que en las pornográficas se suceden los polvos: aquí te pillo y aquí te mato, o sea, te follo.
Lo malo es que esto no sólo sucede en el cine. En el fútbol, que es posible que sea, cuando el partido es bueno, el espectáculo deportivo más prodigioso, ya sólo cuentan los goles. Los telediarios los repiten y recogen, y las famosas moviolas que supuestamente recuperan las mejores jugadas, sólo emiten las de gol, que en realidad mutilan, porque omiten el inicio a veces genial de la jugada de desmarque, el pase al hueco, la carrera en la banda, y sólo destacan el zapatazo final y la vana estirada del portero. Han convertido un juego de listos en un espectáculo de tontos, un burdo jueguecito de consola.
En mis tiempos una expresión no de impaciencia sino de zafiedad era empezar las novelas por el final, por ejemplo, las policíacas; era expresión de alguien que no disfrutaba con el transcurso, sólo con el resultado. Y siempre ha habido tipos que en el cortejo sólo valoraban el resultado: llevarse a la interfecta a la cama, y no el sutil y apasionante juego previo de la seducción. No importa el trabajo que realices sino el salario, no importa el calendario ni las estaciones, sino los permisos y vacaciones, no importa cómo se use el coche, sino qué coche tienes.
Por eso hemos acabado en manos de los expertos, en fútbol o en economía, o de esos críticos de cine que insinúan siempre que sólo ellos harían la película verdaderamente digna de hacerse y de verse (¿…y?). Precisamente por eso hay personas que sólo se compran los libros que recomienda el suplemento cultural de su diario habitual, porque no tienen criterio ni, por consiguiente, gusto, porque nos dan gato por liebre de continuo, pero como el gato no satisface el apetito igual que la liebre, volvemos a por más. Es como confundir el estudio de la teología con la oración. Expertos, teólogos de toda laya: hagan el favor de irse: no se trata de eso en que ustedes tan vana como deshonestamente se ocupan.
Nos podemos poner cultos también. Tendremos entonces que concluir que ese afán por eliminar los transcursos es un culto al Tanatos, al fin, al gol, a la muerte en suma, porque la vida, y todos esos lo olvidan, es el transcurso; de momento entre el nacimiento y la muerte. Es decir, donde pasan realmente las cosas, y quizá por eso las iglesias, como la católica, sólo tienen interés moral en los dos extremos, cómo morir y como concebir, como entramos y cómo salimos de esta vida, pero no en lo que debería ocupar a la auténtica ética humana, que es lo que hacemos entremedias.
4 comentarios:
Completamente de acuerdo. Uno se hace adulto cuando deja de preguntar cada diez minutos "¿Cuándo llegamos?" y empieza a disfrutar del viaje.
(Aunque sus cabezas más visibles den con demasiada frecuencia la impresión contraria, a la iglesia católica le interesa mucho cómo vivimos, qué hacemos entre esos dos extremos de la vida en los que a veces parece que se concentran todas sus manías. Pero ya no sé si responder a estas inevitables puyitas o dejarlas pasar.)
No son puyitas, vanbrugh, la jerarquía católica se lo tiene ganado a pulso; no así esas gentes cristianas, que he conocido en mis viajes, entregados a sus semejantes, bochnrosamente buenos, en el mejor sentido de la palabra, de esos no hablo. Insisto a la jerarquía sólo le interesa lo que follamos , cómo morimos. es una forma de controlarnos.
Haciendo viajes a pie se comprende que lo de menos es llegar, que la gracia está en ir.
Estos expertos de los que hablan no tienen independencia, por eso yo confío en oráculos como este.
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