
Jazz viajero
El itinerario sería África Occidental Tropical, es decir, las cuencas de los ríos Níger y Gambia, el criadero principal de los esclavos que viajarían a América y con ellos viajó la semilla del jazz y de las futuras medallas olímpicas de Estados Unidos. Luego, vía plantaciones de algodón, mediante clippers negreros y antes de ellos bergantines-goletas con las sentinas hacinadas de ganado humano, Nueva Orleáns (el famoso estilo Dixieland, cuyo máximo exponente fue el primer “Sathmo", Louis Anstrong ), y como algunos fotógrafos, de tocar en bodas y bautizos, pero sobre todo en funerales, en bandas en movimiento detrás de un ataud, por tanto, sólo con instrumentos de viento, se pasó a los locales de música ex profeso, incorporando también los instrumentos islámicos de cuerda de África Oriental, ya que los plantadores veían en ellos cierta "respetabilidad" emparentada con el culto violín. Y de ahí a Chicago, una ciudad del norte y oeste con mayor concentración de negratas, pero de proletariado urbano, no rural, y luego Nueva York, donde adquiere el glamour y es aceptada por los blanquitos. Inmediatamente algunos blancos, como Glenn Miller o Tommie Dorsey, que tenía un jovenzuelo y menudo irlandés como espléndido cantante de jazz, aunque luego cambió de estilo, que se llamaba Frank Sinatra, e inmediatamente lo desvirtuaron para hacerlo aceptable a su alegre público blanco de entreguerras, pulieron estridencias y disonancias y convirtieron los grupos de 4 o 5 músicos o las caóticas bandas de los funerales en grandes orquestas cuasi sinfónicas de enorme número de interpretes y una cantante solista que además de cantar bien estaba buena. Duke Ellington les devolvió la pelota y creo su propia gran orquesta recuperando los ritmos originales y la raza de sus interpretes, la negra. Por supuesto todas se podían bailar, el jazz siempre fue bailable en su primer medio siglo de vida.
Entre tanto viaje, es interesante constatar el que hizo un instrumento que nadie consideraría jazzistico, me refiero al banjo. El banjo viajó físicamente o en la cabeza de algún esclavo, en las bodegas de los buques negreros, pero como luego fue adoptado por la “basura blanca” (los blancos pobres y racistas del sur) , en dos versiones: los openback y el banjo blue grass, el primero abierto por la parte trasera, para su música los propios músicos negros lo rechazaron. Pero banjo viene del Banshojo, el árbol africano con cuya madera se fabricaba y ahora hay músicos modernos de jazz, como James Horner, el autor de la música de la peli Las crónicas de Spiderwick, que vuelven a reivindicarlo. No es pues una rareza, como algunos creerán, sino un regreso a los orígenes, algo que el jazz ha hecho a menudo. Y sí, ya sé que el banjo actual es metálico, en realidad sólo la tapa a modo de cubierta de guitarra, pero no el original que era todo de madera.
Pero ni el racista Chicago ni el tolerante NY permitían a los negros hacer mucho más que divertir a los blancos, mientras que a algunos de ellos la Segunda Guerra Mundial les había enseñado que al otro lado del Océano había una ciudad que se llamaba París y según un paisano suyo era una fiesta, y se fueron para allá un montón, porque querían follar con chicas rubias, porque querían subirse a los autobuses y sentarse donde les diera la gana, porque querían vivir y que les dejaran vivir.
Afortunadamente en París además de una fiesta se vivía una tolerancia, sobre todo hacia las gentes con talento que forma parte del imaginario de esta hospitalaria ciudad, pero sobre todo, además de un crítico musical y escritor de estupendas novelas negras (Escupiré sobre vuestra tumba) que se llamaba Boris Vian, había un tipo, Charles Delauney, hijo de artistas, que fundó el Quinteto Hot Club y un sello discográfico llamado Vogue. Este tío era un pirado del jazz, y estamos hablando de la mejor década de su historia, los cincuenta, que iba a recoger al barco –sí, entonces se viajaba en transatlánticos, con baúles de viaje y roperos completos- a esos negratas, los llevaba al club, los daba trabajo en él, los alojaba y los grababa. Por eso París fue la culminación del viajero jazz, su aceptación por los intelectuales, ya que una música tan viva, tan emocional fue la mascota noctámbula de esos otros artistas del pensamiento y la creación literaria.
Django Reinhardt, el gitano y prodigioso guitarrista, Stéphane Grapelli, el violinista casi albino, Dizzy Gillespie, la rana, el trompetista más poderoso que ha habido, Chet Baker, el más tierno, Clifford Brown o ese Miles Davies que había compuesto para esa película irrepetible que fue Ascensor para el cadalso de otro enamorado del jazz: Louis Malle. Ese mismo Charles Delauney es el que grabó el primer disco de piano solo de Thelonius Monk.
Y luego estaba una ciudad triste y sucia, sometida a vigilancia policial, Madrid, que tenía una base de las triunfantes fuerzas aéreas estadounidenses y que empezaron a propagar la semilla jazzistica en algunos club a los que la policía española no entraba porque casi era suelo diplomático aunque plagado de colillas de la única y primera potencia que había reconocido el régimen del dictador. Aunque…
Aunque, para un blanquito como yo, aunque atezado, pasear por los Campos Elíseos un otoño en París con una espléndida negrata del brazo, y en el otro un saxo tenor, mientras los burgueses te abren paso es uno de los mayores placeres de la vida.
Ahora sólo tenéis que adivinar si eso está en mis recuerdos o sólo en mis deseos.
Senegambia-Nueva Orleans-Chicago.Nueva York-Paris-Madrid...El "Grand Tour" del Jazz, por lo menos del mío.
10 comentarios:
Qué más da... Algunos de los mejores recuerdos lo son de deseos...
y algunos de los mejores deseos son los recuerdos...
Y, no lo olvidemos, todos estos míticos jazzistas compartían caves, Saint Germain, público y noches de alcohol y buena música con...
¡tachán!...
¡Georges Brassens, naturalmente!
(Cada uno arrima el ascua a su sardina)
Por supuesto. Lo gatos de Brassens sabían más de jazz que muchos críticos del Babelia.
Por simple cotejo cronológico, deduzco que la mayoría de tu post forma parte más de los deseos que de los recuerdos. En cuanto a la imagen del blanquito atezado paseando por los Elíseos con una espléndida negrata y un saxo tenor ... hombre, posible es pero me parece demasiado redondo para ser real y, de serlo, rozaría por poco lo anacrónico; desde luego en los cincuenta y primeros sesenta no pudo darte tiempo.
En otro orden de cosas, me llama la atención que califiques a Chicago de racista y a Nueva York de tolerante. No es que ponga en duda la pertinencia de ambos adjetivos referida a los cincuenta; sin embargo, mi impresión personal al respecto, tras visitar ambas ciudades en los ochenta, fue bastante distinta: los negros de Chicago me parecieron mucho más "integrados" que los neoyorkinos.
Por último, bien está que traigas al genial chiflado Boris Vian.
Miroslav, en los cincuenta, los negros de Chicago trabajaban en sus fábricas y vivían en sus suburbios exclusivos para ellos, mientras que en NY sólo había un barrio, de lujo venido a menos, pero dedicado al espectáculo (Cotton Club) y no grandes suburbios ni grandes fábricas sólo para negros como modernas plantaciones de la revolución industrial. En Chicago, incluso hoy, los clubs de jazz están llenos de interpretes y clientes negros, como en el Harlem de entonces, pero los clubs de jazz de NY, al menos los incluídos en los circuitos para turistas, hay negros en el escenario , pero la mayoría de los clientes son blancos del tipo de Alan Alda, el actor ese de las pelis de Woody Allen.
El anacronismo biográfico que detectas es porque piensas que estoy aludiendo en todo elpost a los años 50, pero en el post se habla del siglo XVIII al XXI (de las goletas y campos de algodón a la última referencia de James Hornes. Mi primera llegada a París fue en 1969, tenía 19 añitos como soles...lo demás es envejecer.
Lansky habla del desembarco en París de los músicos de jazz americanos en la década de los 50's. Pero antes hubo un primer desembarco que empezó con los años de la I Guerra Mundial y prosiguió durante los locos años veinte, para sonocer sobre este, otro escritor también muy bueno, Edmund White y su fantástico libro sobre París, titulado "A stroll through the Paradox of Paris" y, en castellano, simplemente París.
Ahora sí te has puesto un poco didáctico, profesor Lansky, pero sin perder ese toque de pimienta.
Ojalá te de por continuar la serie.
Besos,
Sí, por supuesto, Bluff, hubo varias oleadas y alguna la que tu mencionas, como Hemingway que llegó a parís tras su experiencia en la Gran Guerra (1ª Mundial), pero yo quería contar sobre todo la historia de ese mecenas de los cincuenta y su sello Vogue y el Hot Club.
Edmund White, no conocía ese libro, sí los que dedica a Genet y a Proust y sus famosos cuentos de chaperos parisinos.
Isabel, me puse didáctico, es que no sé negaros nada.
Esta en tus recuerdos, ninguna duda sobre ello.
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