08-abr-2008

La cueva de Alí babá de la evolución




















La cueva de Ali Babá de la paleontología y la evolución no es Atapuerca, ni siquiera esa Falla del Riff de África Oriental repleta de Homo habilis y Australopithecus. Para empezar no estamos hablando de hace un millón y medio de años, esa vuelta de la esquina temporal, importante porque nos creemos o nos sabemos importantes, sino de más de 500 millones. El yacimiento que más tesoros revela es Burgess Shale, en la Columbia británica de Canadá y allí no hay homínidos, ni mamíferos, ni vertebrados, sino una enloquecida colección de organismos imposibles.

En 1909 Charles Doolittle Walcott, primer paleontólogo y mandamás administrativo de la ciencia norteamericana encontró esta recopilación de una antiquísima fauna de animales invertebrados, de cuerpo blando por ende, pero exquisita y extrañamente preservada. La paradoja es que su conservadurismo científico le hizo rechazar la hipótesis de que dicha fauna exigía replantearse toda la historia de la vida del planeta, con formas biológicas absolutamente nuevas, que en cambio fue adscribiendo forzadamente a grupos previamente conocidos.El mismo negó la veradera trascendencia de su hallazgo. Fueron necesarios veinte años de trabajo de otros tres paleontólogos de Ingalerra e Irlanda para darle la vuelta a la interpretación de Walcott.

En realidad, esta extraordinaria colección de fósiles ha puesto en cuestión la predecibilidad de la historia del planeta y sobre todo ha puesto en duda nuestra visión tradicional del progreso en dicha historia. Es una historia asombrosamente improbable, impredecible e irrepetible, justo todo lo contrario de los que piensan que la evolución tiene finalidad y que dicha finalidad es llegar a producir la especie humana. Aquí tenemos Opabinia con sus cinco ojos y “trompa” frontal; Anomalocaris, un enorme depredador para su tiempo con madíbula circular; Hallucigenia, que hace honor anatómico a su nombre. Como señaló Stephen Jay Gould en su espléndida La vida maravillosa, “Opabinia y compañía constituían la vida extraña y maravillosa de un pasado remoto”

8 comentarios:

Vanbrugh dijo...

Creo que ya hemos hablado del principio antrópico en otra ocasión, y soy uno de los que piensan que es una majestuosa y tautológica tontería: puesto que la evolución ha acabado produciendo al hombre, es evidente que se ha comportado de modo que esa producción fuera posible, pero deducir de ahí que no podía comportarse de otro modo o que lo ha hecho para producirlo es, en mi opinión, bastante más propio del Doctor Pangloss que de un filósofo de verdad. Solo desde un punto de vista creyente es oportuno un planteamiento así -por ahí iba mi admirado Teilhard- pero hasta a mí, que soy creyente, me parece poco serio mezclar a Dios en un proceso que puede explicarse perfectamente sin Él. (Y no digamos al propio Dios, que es todavía más serio que yo y que es por ello, a mi juicio, quien se ocupó personalmente de que no fuera necesario para nada meterle a Él en esta cuestión.)

Ahora bien, negar el principio antrópico porque en una fosa haya unos bichos que no tienen nada que ver con el "camino real" de la evolución que ha acabado produciendo al hombre no parece un modo mucho más respetable de razonar. Con desviaciones y caminos alternativos -finalmente cegados, parece- o sin ellos, el hecho es que donde hemos llegado es a aquí, y a ningún otro sitio. Y eso sigue admitiendo explicaciones para casi todos los gustos.

Por lo demás, un post fascinante, como siempre.

Anónimo dijo...

Cuidado, Vanbrugh; para muchos paleoantropólogos no yamilitantes ecologistas, el ser humano es un camino evolutivo sin salida; yo no lo comparto, pero lo que dicen se sustenta en buenas razones. Y cuidado también cuando hablamos de caminos sin salida y "fracasos" evolutivos en organismos que han durado cientos d emillones de años, cuando nuestra especie apenas roza los 500.000 y su estirpe los 4 millones.

Lansky

Vanbrugh dijo...

Hombre, esto viene a ser como si me dijeras que mantener la misma esquina en propiedad para la mendicidad durante treinta y cinco años, con ingresos regulares y asegurados, es un éxito profesional mayor que alcanzar la Presidencia de la General Motors y el decanato del Colegio de Ingenieros Industriales y perderlos a los dos años. Desde cierto punto de vista así es, claro, pero...

En fin, que quizás las cucarachas tengan razones para creerse más exitosas, evolutivamente hablando, que el homo sapiens, y no seré yo quien se las discuta. Pero no se las cambio.

Lansky dijo...

El artículo trata sobre evolución biológica, no sobre realización personal, Vanbrugh; concepto por otra parte difícilmente transportable a las cucarachas, creo, así que, como medida del éxito evolutivo, la permanencia temporal de una especie es el único varemo válido en sus propios términos, y en ese aspecto nada como las cucarachas.

julian bluff dijo...

Desde la más modesta modestía científica ¿no nos parecerán todos esos animales de Burgess Shale tan estrafalarios simplemente por tratarse de especies hoy extinguidas? ¿no serán más extraordinarios un pastor alsaciano con su disponibilidad, un chimpancé con su inteligencia, una araña con sus distintos ojos o una oca con un higado presto a convertirse en un delicioso manjar gracias a las habilidades del homo sapiens, que todos los de los fósiles encontrados en el Cánada?. Otra pregunta ¿podemos afirmar categóricamente en este siglo XXI AC que contamos los humanos con los medios infalibles para datar crónologías de cientos de miles de años atrás?.

Un abrazo, maestro!.

Lansky dijo...

Clavadista, esas faunas del pasado nos parecen estrafalarias precisamente por su disonancia con las actuales, es pues un anacronismo en nuestra percepción. Los métodos de datación son cada vez más perfectos; uno de los que más recientes que se usan es el cambio de polaridad en algunas moléculas, pero hay muchos más complementarios. Y no olvides que la evolución ha tenido muchos episodios de extinciones masivas, la mayor la del Pérmico, la última esta que está ahora sucediendo, pero que hay un hilo conductor, la vida no "sucedió" más que una vez en el precámbrico y ha seguido hasta ahora. En la época de Burgess Shale sólo había organismos marinos o acuáticos, ni plantas ni animales habían salido a tierra firme ni eran capaces de respirar ese poderoso veneno oxidante que era...el oxígeno

Vanbrugh dijo...

Comprendo que no debo confundir el éxito evolutivo de una especie con la realización personal de los individuos. No lo hago, de hecho. Ponía solo un ejemplo -me pierden los ejemplos; poniéndolos es donde más desbarro, pero no puedo evitarlo-. Ahora bien ¿no hay otro criterio para medir el éxito de una especie que su proliferación y su duración? A responder -o que me respondieran- esta pregunta es a lo que apuntaba con mis cucarachas.

Lansky dijo...

Pues no, Vanbrugh, el éxito evoluticvo se mide por la adaptación de una especie a su entorno, y si ese entorno cambia, por su capacidad para asumir ese nuevo cambio (por ejemplo, las especies "protegidas" actuales en peligro de extinción está claro que no pueden adaptarse a los nuevos y bruscos cambios introducidos en sus entornos por el ser humano). Ahora bien, más que el nº de individuos es la continuidad en el tiempo, o sea, que esos indivíduos dejen descendientes viables que a su vez...etc. No hay en ese sentido organismo más exitosos que las bacterias, capaces de adptarse a cualquier ambiente y función d ela biosfera, pero las cucarachas tampoco están mal, pero son las primeras las que heredarán la Tierra.