28/04/2008

Lecturas inteligentes de la Biblia




Así pues y retomando el post anterior, hay "una" sola y pueril manera de leer la Biblia, la de esos cristianismos cuyo paradigma es el granjero colono del XIX en Estados Unidos y que continua hasta hoy en tanta secta protestante fundamentalista, y “muchas” maneras infinitamente sofisticadas y eruditas, como la de los hermeneutas y exegetas judíos. La primera, ya lo sabemos, bastante reciente, toma al pie de la letra el Antiguo Testamento, pero ni siquiera eso: toma al pie de la letra la traducción vernácula propia, una versión inglesa pongamos por caso, que a su vez ha sido traducida de otra traducida, jamás del “original” hebreo. El resultado, dependiendo del pasaje, puede ser demoledor: Dumbo, el elefantito de grandes orejas, volaba de verás, como un aeroplano.

En cambio, las lecturas sofisticadas de La Biblia no son unívocas; esas lecturas acotan interminablemente en los márgenes del texto sagrado. De hecho, lo que han intentado esos eruditos, normalmente o casi exclusivamente judaicos, es nada menos que oír la voz de Dios al fondo del texto; lo que algunos sabios, como el mencionado Stéphane Mosès, llaman el Eros, frente a la mera Ley que implica su doctrina directa. Lo que ocurre, creo desde mi distancia de no creyente pero simpatizante, es que esa Voz, además de lejana, al estar dirigida a los hombres se escucha, digamos, como la radiación de fondo del origen del Universo por los astrónomos que escudriñan con sus radiotelescopios. Así que sobre un texto parecido (traducción de traducción en muchos casos, no lo olvidemos) se puede dar la erudición sofisticada e interminable de la más antigua de las Religiones del Libro o la infantiloide, reciente e histérica, realmente improvisada, de gentes no ya eruditas, sino básicamente incultas.

En este último sentido, la Biblia hace daño, aliena, en el otro, en cambio, es la base de un sistema que ha generado en el pueblo judío esa llamativa afición por el estudio y el conocimiento que ha dado esa cantidad de genios en todas las áreas porcentualmente superior a la que le correspondería. De hecho, cuando un niño pobre judío destacaba en la Europa de entreguerras era frecuente que una familia rica costease sus estudios, fueran o no rabínicos. Ese respeto al estudio y el conocimiento entre los judíos ha dado premios Nobel de física, pero proviene de la costumbre del estudio e interpretación de La Biblia. Paradoja que me agrada: lo que en unos es incentivo para el conocimiento, en otros es anteojera para negarse a recibirlo, como en el caso de esos patanes creacionistas norteamericanos que niegan la evolución biológica tomando al pie de la letra algunos versículos del Génesis.

La primera Biblia es el conjunto de esos primeros cinco libros del Antiguo Testamento que los judíos llaman Torá, en antiguo hebreo. Las primeras traducciones fueron las que se hicieron a la lengua culta de la época clásica, el griego; en tanto que Pablo y los evangelistas escribieron directamente en ese griego neotestamentario que probablemente no hablase Cristo. Finalmente, vinieron las traducciones al latín, nueva lengua hegemónica, como hoy el inglés, pero sobre todo, la lengua del Imperio Romano a la que la crecientemente poderosa Iglesia Romana comenzaba a imitar en casi todo.

Al igual que Guerra y Paz, que está escrita en dos lenguas distintas, el francés habitual y culto de la nobleza rusa y el ruso de su pueblo llano, la Biblia cristiana está escrita en hebreo en el Antiguo Testamento y en ese griego neotestamentario en los Nuevos Testamentos. Ese griego era ya entonces una decadente ruina que enlazaba el griego clásico con lo que luego fue el griego moderno y actual, pero una ruina magnífica que permitía expresar emociones y cuestiones muy profundas de manera muy exacta.

Todo esto, uno puede pensar que se perdió al verter la o las Biblias a las lenguas nacionales, y de hecho pasó, según los eruditos hebreos, pero también tuvo imprevistos efectos benéficos. Así La Biblia del rey Jacobo, la primera versión casi completa en inglés, contemporánea de Shakespeare, fijó ese inglés de una manera eficacísima, como siglos más tarde pasó, por ejemplo, con el vasco escrito y la primera Biblia en vascuence.

Pondré un solo ejemplo. El Adan del Génesis no es el hombre, macho en cuanto género y sexo ni tampoco un ser hermafrodita como en tantos mitos de la creación del ser humano en otras culturas: representaba al principio ser humano indistinto. Adam en hebreo, en tanto predicado del conocido sintagma “Dios creó”, no está empleado como nombre propio, como creen los pioneros yanquis, sino como sustantivo común, ya que lo precede el artículo definido hebreo “ha”. El hombre en general haAdam.Y este ser-uno ya posee desde el principio la dualidad originaria. “macho y hembra los creo”. Dicha dualidad, subrayada por el plural (“los creó”) es la que posteriormente es separada en los dos seres: Adam y Eva, que son los dos géneros complementarios. Para la Biblia –qué alegría para las feministas- , la diferencia de géneros está inscrita, desde el origen, en la estructura misma de lo humano.

Se podría hablar de las dos acepciones que tiene el verbo “conocer” (lada’at) en hebreo bíblico: el que remite al acto de intelección y el que designa la relación sexual, pero nada de casualidades: ambos están ligados porque el Génesis deja muy claro que el ser humano conocerá a través de su carne o si se prefiere de su vida corporal. En fin, que la Biblia es fascinante no sólo como una colección de relatos que los modernos podemos mirar con superioridad, sino un mundo intelectual paradójico e intenso. Para eso tenemos que desprendernos primero de la idea del conocimiento progresivo, esa que considera a nuestros antepasados remotos y hasta a nuestros padres y abuelos como periódicos atrasados. Hay pues que prescindir de toda soberbia científica, que por cierto, define a los científicos…mediocres. Todo tan paradójico como la fascinación que este humilde ateo siente por el texto sagrado. Aunque no necesito descargo alguno: todos vivimos en un revoltijo de épocas distintas, aunque creamos que habitamos la modernidad actual; yo, como vosotros, tengo ideas actuales junto a otras del pasado remoto, o más acordes con mis padres que conmigo. Nadie puede ordenarlas fácilmente. En la Edad Media se mezclaba la religión con los conocimientos del momento, pero pregunten hoy a alguien que no sea tecnólogo por qué funcionan los trastos modernos: magia.

23 comentarios:

Vanbrugh dijo...

La Biblia es una prodigiosa mescolanza de relatos mitológicos, crónicas bélicas, árboles genealógicos, prontuarios higiénicos y recetas de cocina, escrita a lo largo de varios siglos por centenas de autores diferentes, que en muchos casos se ignoraban y contradecían entre sí. Los creyentes que en semejante amalgama queremos encontrar algo remotamente parecido a una inspiración divina tenemos, forzosamente, que leerla con ojos y entendimiento muy parecidos, por no decir iguales, a los que emplean para su lectura los no creyentes cultos, que buscan -y encuentran- en ella un riquísimo sedimento humano, tan lleno de sabiduría secular y de hallazgos éticos como de chascarrillos etnográficos y de anécdotas arqueológicas. Es más, no es posible hacer de la Biblia una lectura creyente sin haber hecho, previa o simultáneamente, esta otra lectura crítica, histórica y literaria.

Por todos los caminos llego a la misma conclusión: la lectura de la Biblia que hace un creyente como yo y la que hace un no creyente culto y curioso como el autor de este blog no son tan lejanas entre sí, especialente si se las compara a ambas con la lectura literal, irracional y neciamente acrítica que de ella hacen ciertos planteamientos "religiosos", para los que la Biblia debe ser leída como el manual de instrucciones de la última versión del Adobe Acrobat -aunque, desgraciadamente, con consecuencias mucho peores-. Hay maneras de no creer que siento mucho más cercanas a mi fe que algunas maneras de creer.

Lansky dijo...

Por eso que dices, Van. los judíos se concentran en la Torá, nuestro Pentateuco, que es más unitario aunque haya varios autores. Aún así, la lectura bíblica se complica incluso dentro de un solo de sus libros. Por ejemplo, el Génesis no es un relato estrictamente cronológico: entre la creación del ser humano indiferenciado ("el" Adam) y la separación de hombre y mujer (Gn 2:18-24) se sitúa la descripción del Edén, y la historia de la aparición de Eva es interrumpida nuevamente (2:21-24) en la mitad por el episodio en que Adán, proto Limneo, asigna un nombre a cada uno de los animales. En realidad aunque haya un eje temporal típico de todos los mitos, hay también una lógica sincrónica más secreta, en diferentes niveles de profundidad, un intento de descripción de los fundamentos de la realidad humana.

Otra cosa, entraré al trapo de tus preguntas del post anterior, aunque miedo me da que derivemos -a insistencia de Cigarra-; primero uno, absolutamente se trata de mi opinión personalísima: defecto de Jesús grave: no medir las consecuencias de su actos, como muchos dirigentes nacionalistas de la antigua Yugoeslavia; y sí, ya sé que para un creyente sus actos, que parecerían locura, del final de sus días, tenían una finalidad de redención a través de su martirio, pero como no soy creyente y no creo en Jesús como Mesias, pues...eso.

Miroslav Panciutti dijo...

Desconocía que Adán fuera el genérico del ser humano. Me has picado la curiosidad y habré de volver al Génesis. El post magnífico, por cierto.

Lansky dijo...

"El Adan" como genérico es perfectamente percibible si la traducción es directa del hebreo, pero en las vulgatas y demás la confusión existe y Adan es tomado por un humano varón y concreto, pero eso no es lo que dice el texto bíblico más antiguo y original.

Gracias por tus opinones, miroslav

Vanbrugh dijo...

Me resulta muy grato, creeme, leer de un confesado ateo que hay en la Biblia "una lógica sincrónica más secreta, en diferentes niveles de profundidad, un intento de descripción de los fundamentos de la realidad humana". Estoy acostumbrado a descalificaciones de la Biblia -y via bíblica, también pretendidamente de la fe- que son el revés exacto de las estúpidas interpretaciones literales de los fundamentalismos religiosos: esas lumbreras que dicen que la Biblia es "mentira" porque en el Arca no cabían, ni Noé pudo reunir, una pareja de cada animal, o porque las aguas de mar Rojo no pudieron separarse, gilipolleces de esa altura intelectual; y reconforta encontrar quien no por no considerarla palabra de Dios se cree obligado a estupidizarla, estupidizándose él mismo en realidad.

En cuanto a lo que consideras defecto de Jesús, es el de todos los hombres "de principios": hacen y dicen lo que creen que deben decir y hacer, y no es que no midan las consecuencias de sus actos, sino que las asumen, lo que no solo es muy distinto, sino que forma parte de su "mensaje". La explicación creyente no es la que aventuras, aunque no puedo reprocharte que lo creas así, porque esa explicación absurda y sumamente ofensiva, tanto para Jesús -al que reduce a una especie de marioneta programada y cuya única virtud sería la obediencia inerte- como para su Padre -al que pinta como un tirano sádico e implacable sediento de sangre y de dolor- es la que vienen predicando oficialmente prácticamente todas las iglesias cristianas desde hace dos mil años. No, ni Jesús actuó como actuó con la finalidad de que lo mataran, sino porque era lo que creía que tenía que hacer, al margen de cuáles fueran las consecuencias, ni nuestra "redención" -palabra con una solera irrenunciable pero llena de peligrosos y afianzados equívocos- pasaba forzosamente por su muerte, que fue el resultado muy previsible de la voluntad y de la libertad humanas -la de Jesús y la de sus verdugos- y no de la voluntad de Dios. Pero me imagino que todo esto terminará por ser materia de otro de esos posts cristianoides con los que pongo a pongo periódicamente a prueba la paciencia de mis quince lectores en Júbilo Matinal.

Lansky dijo...

Vale, Vanbrugh, pero un matiz: yo me refiero exclusivamente a las consecuencias que tuvo esos actos en los demás, no en él, que fué muy dueño de asumirlo, como se suele decir, con todas sus consecuencias. En cuanto a mi interpretación, tienes razón, sigo la que mantiene el cristianismo desde hace 2000 años, ¿que otra cosa puedo hacer aparte de no compartirla?

Y comparto tus opiniones del infantilismo crítico de los materialistas modernos de turno, como lo del mar Rojo y el Arca de Noé; nada más lejos de mi (Ay, la emplearé la palabreja) talante intelectual. Si defiendo los conocimientos campesinos o los de los indígenas amazónicos como no voy a defender la sabiduría que encierra la Biblia para el que se acerque a ella limpio de prejuicios y tópicos.

(Me voy a comulgar, vanbrugh, que hoy no he desayunado por culpa de los análisis de sangre)

Miroslav Panciutti dijo...

Vanbrugh, vienes a decir que Jesús actuó como lo hizo porque era lo que tenía que hacer. ¿Para qué? Entiendo que para redimirnos. A mí, eso de la redención, siendo lo fundamental del cristianismo, siempre me ha parecido poco consistente, algo que se ha montado "a posteriori" y que para justificarlo la Iglesia ha tenido que ir construyendo argumentos endebles. En todo caso, en mi modesta opinión, dudo mucho de que el Jesús histórico estuviera pensando en redimir a la humanidad; al menos, en la acepción que esta palabra tiene en el cristianismo. Pero, como dices, esto daría para otra discusión.

Lansky dijo...

Estáis en vuestra casa, pero si me permitís una leve dirección del debate (Ay, ya me lo temía, esa maldita Cigarra), volved al Antiguo Testamento...

Vanbrugh dijo...

¿Cómo que "para qué", Miroslav? Yo me imagino que también tú actúas como crees que debes actuar y haces lo que crees que debes hacer, sin ningún "para qué" específico. Cada uno de nosotros obramos como nos parece correcto obrar , sin que para ello sea necesaria ninguna atribución previa de ningún "papel" ni ninguna "misión" global. Tenemos criterios sobre lo que está bien hacer y lo que no, o simplemente sobre lo que deseamos hacer y lo que no, y los aplicamos. Eso es lo que hizo Jesús, que tenía, parece, ideas muy tajante y radicalmente claras sobre qué comportamientos estaban bien y cuáles no. Hizo lo que en aplicación de esas ideas le parecía lo correcto, sin que le detuviera la consideración de cuáles eran las consecuencias más probables de hacerlo. Los cristianos creemos que Jesús era Dios, pero eso -habría que explicárselo, en primer lugar, a muchos cristianos- no significa que creamos que NO era hombre: Dios y hombre verdadero, dice una de las profesiones de fe más antiguas. Hombre verdadero, pues, con TODAS las características humanas, incluidas la fragilidad, la duda, las emociones, los afectos... La cristología más rancia y ñoñamente al uso tiende a presentárnoslo como una especie de supermán blandengue, que "fingía" ser hombre, u ocultaba bajo una mera apariencia humana su omnipotencia y omisapiencia divinas. Pero Jesús era un hombre, indiscutiblemente. Que los creyentes le creamos, además, hijo de Dios, Dios encarnado él mismo, signifique esto lo que signifique, lo que seguro que NO significa, en ningún caso, es nada que vaya en menoscabo de su fundamental e íntegra humanidad, en todo igual a la tuya o a la mía.

V. dijo...

Pero ¿tú no te habías ido a comulgar? Pues medita un rato, calladito, y no nos interrumpas, hombre.

Lansky dijo...

Yo comulgo cómodamente sentado ("hostia am tumaca" y cafe largo con poca leche) y me dejan traer el portatil.

Hablando de vuestro debate: miroslav y vanbrugh, creo que habría que llamar a un herético arrianista para tomar en cuenta todas las versiones; eso de la encarnación siempre me ha intrigado, aunque lo de la virgen, eso sí que me descoloca

Lansky dijo...

amb, no "am"

rocio prima dijo...

Leyendo vuestros comentarios me he acordado de una peli que me fascina, La via lactea, de Luis buñuel. Hay que ser artista para hacer una pelicula de la historia de los heterodoxos españoles de Menendez Pelayo y que no sea un peñazo insoportable

isabel vera dijo...

Qué interesante, profesor Lansky.

Mi lectura de la Biblia es poética, está tan llena de espiritualidad que muchas veces cierras los ojos y te sientes flotar. No me preocupa mucho comprender cada palabra que leo, me da la sensación de que los mensajes me llegan sin pasar por el cerebro.

Lansky dijo...

Sí, Rocío, con La Historia de los Heterodoxos españoles, del insigne polígrafo, se han hecho dos cosas bien distintas: una, esa maravilla de Buñuel que comentas; otra, plagiarla sin más, como el Gargoris y Habbidis de Sánchez Drago, alias "El Cuarteado". Por cierto Los heterodozos de Menéndez Pelayo es uno de mis libros de cabecera favoritos; me recuerda a esos manuales de confesores del XVIII donde se mencionaban pecados que a uno ni se le habían ocurrido; daban muchas ideas. Pues el reaccionario Don marcelino, igual: a base de denigrar a los heterodoxos te los iba magistralmente mostrando.

Isabel, eso es que te está hablando directamente la Voz de Dios: nunca la hace pasar por el cerebro (por si acaso te pones a pensar): mantente lejos de las zarzas ardiendo el próximo incendiario y caluroso verano.

isabel vera dijo...

Me ha sorprendido tu respuesta.

La poesía utiliza canales distintos de los habituales para conectar con la espiritualidad humana. Claro que no todo el mundo tiene la sensibilidad necesaria para captarlo. Eso no prueba que la Biblia esté dictada por la Voz de Dios pero sí prueba que los autores eran poetas con un conocimiento muy profundo de la naturaleza humana. Yo los respeto por eso.

isabel vera dijo...

Y se me olvidaba, no hay un libro que incite más a pensar que la Biblia. No es una contradicción, hay tiempo para el trance y tiempo para la reflexión.

Lansky dijo...

Isabel, no conectamos en mi, lo reconozco, extraño sentido del humos: estaba bromeando. De todas formas, la buena poesía, o sea, la poesía sin más, apela al intelecto tanto como a las emociones: ningún patán la entiende

Cigarra dijo...

Insisto, Lansky, tus posts son fascinantes, pero el diálogo con tus comentaristas los elevan aún más.
Por lo que respecta a las interpretaciones fundamentalistas de la Biblia por parte de los pioneros del Oeste americano, recuerdo que en "Al este del Edén" (la novela, no la peliculita hecha a mayor gloria de ese adolescente malhumorado) el único que interpretaba un pasaje bíblico como es debido, era el chino, un personaje maravilloso que ponía el énfasis en el matiz de una palabra: no "Dominarás la tierra" sino "PODRÁS dominar la tierra". Lo importante era que dejaba al hombre la posibilidad de elegir. Podrìa, si quería. Era lo mejor del libro, y en la película ni existe ese personaje.
Bueno, hace tanto que lo leí, que tal vez lo estoy confundiendo todo, ustedes perdonen.

Lansky dijo...

¿James Dean hacía de chino?

Cigarra dijo...

Creía recordar la palabra que interpreta el chino Lee de "Al este del Edén": Timshel, y efectivamente, buscandola he encontrado este enlace, que, como está en inglés no se si he entendido muy bien, pero ahí lo dejo, porque creo que apunta en la misma dirección que yo anotaba en el comentario anterior.
http://www.timshellfarm.com/Timshel_Thou_Mayest.html

Cigarra dijo...

¡Ja, ja, el james dean haciendo de chino! ¡Hubiera estado bien!

Lansky dijo...

Aparte de una marca de cocinas cojonudas, la palabra hebrea "thimsel" signfica "tu podrás": en el sentido de que el camino está abierto, que es lo que decía Steinbeck en Al este del Edén.