
En la naturaleza hay procesos y objetos. Los procesos se desarrollan en el tiempo, los objetos, en el espacio, aunque los naturalistas saben que ambos, espacio y tiempo están intimamente relacionados -no hacía falta aguardar a Einstein- y es nuestro análisis el que separa, para comprenderlos, uno y otro. Veamos algunos objetos naturales que se distinguen por su espacio/tiempo: la velocidad.
Una ola, una nube, una duna: formas ondulantes de distinta velocidad: la fugacidad de la ola, la transitoriedad de la nube y la falsa persistencia de la duna. Las tres cambian, aparecen y desaparecen, pero en segundos, minutos o días, respectivamente. Pongamos que hablamos de representantes típicos: una ola de playa de un metro, un cúmulo y una duna barham, la clásica duna en media luna y de movimiento rápido.
Las olas son ondas mecánicas superficiales que se propagan por la interfase o frontera entre dos medios, el líquido del océano y el gaseoso de la atmósfera. Si se tira al oleaje una botella (como hago yo con estos post en este blog), con o sin mensaje, flotará permaneciendo en el mismo sitio mientras oscila arriba y abajo con las olas; es el mismo movimiento que sufre una molécula de esa agua: un movimiento circular que la devuelve al mismo sitio en que se encontraba. Pero junto a esa oscilación que es un movimiento circular hay un segundo movimiento que es el de la propagación de la onda. La causa de las olas es la misma que la de las dunas, el viento, que también causa las corrientes marinas. Pero lo fascinante de esa interacción entre la superficie del agua y el viento es que se produce un círculo vicioso, un efecto bola de nieve o, más técnicamente, una retroalimentación positiva: cuanto más alta se hace la ola más energía puede extraer del viento al ofrecer mayor superficie de captación y resistencia.
La ola, si es constructora, acabará creando a la duna, y la duna acabará frenando a la ola. Cuando las olas son pequeñas y de poco periodo, lo que se llaman “olas de verano”, mueven poco sedimento y muy cerca de la orilla y lo depositan en la parte alta de la playa, la “playa seca” en la que se forman dunas, que son vivas, como las de Doñana, esto es, se mueven hacia el interior, si no hay obstáculos y el territorio es llano; en caso contrario, son detenidas por un acantilado o farallón. Por el contrario, el efecto destructivo de las olas se da cuando estas son altas y de periodos largos, con gran longitud de onda, y entonces mueven sedimentos más profundos, provocando una corriente de fondo hacia el mar y erosionando la playa en lugar de acrecentándola.
La nube sólo se relaciona con el más fugaz de mis objetos, la ola, y el más persistente, la duna, porque sufre el viento, que es el que causa los otros dos, pero a ella, el viento la transporta y la destruye a veces, no la forma.
El viento, que demuele rocas, crea dunas y olas, transporta cielos nubosos o semillas, el viento, ese gran escultor (¿O era el tiempo?)
4 comentarios:
Por cierto, Vanbrugh, hablando de fenómenos preciosos, ¿sabías que relativamente cerca de tu casa hay una pareja de halcones (Falco peregrinus) y aún más cerca un nido de cernícalos primillas (Falco naumanni)? Si te interesa y tienes unos prismáticos a mano te doy sus señas. Ir a verlos con un niño de curiosidad aún abierta sería toda una experiencia. Y tu Parque del Oeste está sobre una antígua escombrera-vertedero; los alcaldes de antes sabían hacer las cosas.
Para cuando un post sobre los cucos?
Siento no comentar a menudo Lansky, pero te leo mucho, que lo sepas.
Claro que me interesa. Me dejas realmente sorprendido ¿halcones en Madrid?
(Me ha encantado lo de mi Parque del Oeste. ¿En cuánto crees que lo podría vender?)
Hay muchas formas de poseer las cosas, vanbrugh; una, la mejor a menudo, es usarlas.
Te situas en el desvío que la carretera de la coruña tiene al entrar en madrid, antes del arco del triunfo, paralelo al parque del W, calle que no recuerdo el nombre, y miras a los balcones más altos de la Iglesia del museo de américa, fachada al norte: ahí está la pareja de peregrinos. La de cernícalos está bajo la clave del arco del triunfo, fachada sur, así que se ve muy bien desde las vías del "pepe" o desde las residencias de profesores. Ambos están a salvo de vándalos pero no de mirones, la de peregrinos se alimenta de palomas casi en exclusiva, y es la leche ver cazar a la hembra, mucho más grande.
Publicar un comentario en la entrada