profesión de fe

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Somos los conocidos superhéroes del barrio –concepto acuñado por Kiko Veneno para definir lo que se podría llamar héroes de proximidad-: Lansky y Superperropequeño. Ambos somos más ciudadanos que patriotas ( y tan rústicos como urbanos), o bien, nuestra patria son nuestros zapatos -o ni eso en el caso de Jara-, la infancia o el sillón de orejas de lectura, pero nos negamos a la ñoñería esa de ciudadanos del mundo. Simplemente, tenemos pasaporte

07/04/2008

Pin pan pun demográfico

Veamos algunos datos y unas pocas reflexiones sobre la expansión de Homo sapiens.
Dado como se comporta nuestra especie en su proliferación los médicos de obstetricia que asisten a un parto deberían exclamar “el mismo disparate sanguinolento otra vez!”, al asomar la cabeza del niño entre las piernas de la madre.

Se habla con tintes tan alarmantes, empezando por la propia semántica: explosión demográfica, bomba de población, etc., del incremento de la población que eso oculta a menudo varios hechos que la matizan, como un fenómeno demográfico tan importante o más que el simple incremento: las migraciones y los movimientos migratorios.

En 1900 la Tierra sustentaba a unos 1.600 millones de personas, de las cuales una quinta parte estaba en China. En 2000 se ha cuadruplicado, en un siglo, hasta los 6.000 millones, y China sigue representando una quinta parte e India, una sexta.

La tasa de crecimiento demográfico en el siglo XX es un fenómeno inédito, nunca había sucedido, pero es muy probable, por los indicadores de que disponemos, que nunca vuelva a suceder. Vayamos por partes: la mayor parte de ese aumento tuvo lugar después de 1950, y la tasa de crecimiento demográfico alcanzó su máximo: un 2 por 100 anual hacia 1970. Desde entonces ha descendido. Lógicamente la situación no es uniforme de unas regiones del planeta a otras. Los demógrafos calculan que seguiremos haciendo -desacelerar el crecimiento, aunque no decrecer- hasta llegar a cero antes de 2050 o 2070.

La causa principal de ese incremento fue el descenso de la mortalidad merced, sobre todo después de 1950, a las vacunas, los antibióticos, el acceso a la sanidad y la higiene, resultado de decenios de investigación científica. La esperanza media de vida al nacer en 1900 era de 35 años, alcanzó los 45 en 1950 y los 67 en 2000. Ese es un cambio radical en la llamada condición humana. Por decirlo de otra forma, la esperanza de vida del pueblo ahora más longevo de la Tierra (Japón) es el doble de la de sus bisabuelos. Y aunque los agravios comparativos son sangrantes, hasta el pueblo menos longevo, los habitantes de Sierra Leona tienen una esperanza de vida 20 años mayor que en 1900.

Las razones del lenguaje artificiero: bomba, explosión, tienen desde luego su lógica porque sobre todo entre 1945 y 1965, antes de que las tasas de natalidad también descendieran (lo que no ha sucedido en todas partes, pero sí en el promedio mundial) algunos países africanos y centroamericanos crecían a un 4 por 100 anual, es decir, se multiplicaban por dos cada 16 años. La ciencia ayudó a controlar la natalidad tanto como la mortalidad por la misma época prácticamente, pero lo que mejor controla la natalidad es la emancipación femenina y el consiguiente acceso de la mujer a la toma de decisiones sobre ella misma. Por eso, el mejor control de natalidad es el incremento del nivel y la calidad de vida.

La reducción más rápida en la historia del mundo se dio en China entre 1970 y 2000, periodo en el que la natalidad descendió dos tercios hasta la tasa de reposición. Y el incremento mayor en África, en el que se multiplico por seis o siete su población a lo largo del siglo XX.

La otra característica singular y macroscópica de la humanidad en el siglo XX fue el incremento de la urbanización, el crecimiento de las ciudades. En 1900 entre el 12 y el 15 por ciento de la humanidad vivía en ciudades; el 1950 era en torno al 30 por ciento, y en 2001 había superado la mitad. Lo que no se suele decir es que hasta 1880 las ciudades eran puntos negros demográficos, precisamente por mayores tasas de mortalidad debido a enfermedades infecciosas y patologías de la infancia. Sobre todo la provisión de agua limpia a las ciudades fue la que invirtió el proceso junto a las mejoras de la sanidad pública. Pero actualmente las megalópolis del Tercer Mundo han tomado el relevo del crecimiento a las del mundo desarrollado y esas ciudades vuelven, otra vez, a ser puntos o agujeros negros demográficos: muere más gente en ellas que en el entorno rural de referencia, sobre todo en los suburbios periurbanos.

En 1900 vivían en ciudades unos 225 millones de personas; en 2001 la cifra rozaba los 3000 millones, es decir, se multiplicó por 13, mientras que el total de la población “sólo” lo hizo por 4 (de 1600 a 6000 millones) Así que bien podemos afirmar que el crecimiento demográfico es un fenómeno urbano. Ese incremento demográfico urbano, primero se produjo en Europa (Londres fue durante cierto tiempo la ciudad más populosa de la Tierra), el este de Norteamérica y Japón. Gran Bretaña fue el primer país que superó el cincuenta por ciento de su población viviendo en ciudades, hacia 1850, luego Alemania alcanzó esa proporción en 1890, EEUU en 1920 y Japón en 1935. Hasta entonces fue un fenómeno, la “metropolización”, del Norte o mundo desarrollado o Primero. Luego le tocó el turno al segundo mundo, la URSS en 1960; China en cambio (utilizando una brutal pero eficaz coerción hasta 1980) no lo alcanzará hasta 2005 0 2010. El caso de México DF. es bien expresivo: un tercio de millón en 1900, 5 millones en 1960, 25 millones en 2.000. De hecho, en 2000 y en megaciudades como Sao Paulo, Shangai, El Cairo y Delhi vivía más gente que en el conjunto de la humanidad en el neolítico o que en toda Gran Bretaña en tiempos de la revolución industrial.

Curiosamente, la urbanización fue la causa principal (no la única) de que el crecimiento demográfico se desacelerara después de 1970. Entre otras cosas los niños son onerosos en la ciudad (salvo que se permita el trabajo infantil) mientras que aún son útiles económicamente en los ámbitos rurales agrarios. Donde predominan las ciudades y las poblaciones urbanas, en una o dos generaciones disminuye el número de hijos por familia. Esta pauta indica que las ciudades están recuperando su viejo papel histórico de puntos negros demográficos: antes de 1880 descendían en poblaciones por unas tasas de mortalidad diferencialmente más altas que en el campo; la mayoría de las ciudades disminuirían sin la inmigración. Las condiciones urbanas hacen disminuir las tasas de natalidad, la ciudad no es para niños, es un "invento" adulto en todos los sentidos.

Ese crecimiento demográfico-urbano implica incrementos de consumo de recursos y producción de residuos per capita, mayor huella ecológica, menor sostenibilidad si se quiere, a costa inicialmente de las regiones en las que estaban insertas las ciudades y actualmente a costa de todo el planeta. Pese a todo (lo veremos en un próximo post) el fenómeno demográfico más relevante de nuestro tiempo no es el incremento de la población ni el de las tasas de natalidad, sino los grandes movimientos de masas, las migraciones humanas desde el Tercer al Primer Mundo.

3 comentarios:

Cigarra dijo...

Interesantisimas reflexiones. Esperamos la continuación.

isabel vera dijo...

Me hace pensar eso de que el mejor método de control de la natalidad es la emancipación de la mujer. También tendrán algo que decir los hombres al respecto, ¿no?

A veces tengo mis dudas sobre el tal aumento de la calidad de vida en las ciudades del primer mundo. Yo veo poca calidad en las caras de la gente, pero ya sé que con esto me salgo del tema de tu post.

Lansky dijo...

Isabel vera, cuando las mujeres alcanzan la capacidad de decidir sobre sus cuerpos y sus vidas, y no los hombres que las tienen a su cargo, no suelen comportarse como conejas, planifican sus vidas, profesiones y el nacimiento de los hijos que desean. Para eso se necesita un nivel económico -independencia económica- y un nivel democrático del contexto del país.