profesión de fe

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Somos los conocidos superhéroes del barrio –concepto acuñado por Kiko Veneno para definir lo que se podría llamar héroes de proximidad-: Lansky y Superperropequeño. Ambos somos más ciudadanos que patriotas ( y tan rústicos como urbanos), o bien, nuestra patria son nuestros zapatos -o ni eso en el caso de Jara-, la infancia o el sillón de orejas de lectura, pero nos negamos a la ñoñería esa de ciudadanos del mundo. Simplemente, tenemos pasaporte

07/04/2008

Prejuicios "clasi(ci)stas"


Releer a Le Carre.

Una pedante regla no escrita dicta que los libros de género: novela negra, de ciencia ficción, de espías no se releen; tan insigne labor se reserva, digamos, para los dignos clásicos. Hace muy poco releí una novela de espías de John Le Carre, Un espía perfecto, porque quería comprobar si se mantenían dos de mis impresiones: que era la mejor novela del autor, y que era una novela excelente, aunque la primera cosa llevaba a la segunda, porque Le Carre es todo menos un best selleriano consumible, sino un escritor a la altura del mejor Graham Green y muy superior al nuevamente celebrado Somerset Maugham. Ambas cosas las he visto confirmadas, así como algo que en la primera lectura no sabía, que es la más autobiografíca de sus novelas y que el personaje de Rick esta milimétricamente inspirado en su padre, un encantador estafador del que huyó el autor a la primera oportunidad.
Además, como en la así mismo excelente serie del agente Smiley, se desvela el absurdo "gran juego" del espionaje, de la información y la contrainformación, de suma, -este también-, cero. Un espia que nació para hacer eso mejor que nadie, escribe una larga carta a su hijo adolescente sobre los motivos de haberse convertido en un doble agente, repasando su infancia bajo la deslumbrante bombilla de ese padre timador y de una madre aristocrática. El retrato de esa Inglaterra donde las diferencias de clase más que el dinero las marca la educación, con sus colegios privados que paradójicamente se llaman "public" y los reclutadores de espías en las universidades de elite, ese retrato, digo, es dificilmente superable y hay entonces que buscar parangones en la altísima literatura de un Evelin Waugh de Retorno a Brishead.

Vale, releer Guerra y Paz, merece la pena; intentar acabar En busca del tiempo perdido, pero llevaros a la playa que viene la edición de bolsillo de Un espía perfecto. No conozco mejor novela del género y os aseguro que no desmerece al lado de las mencionadas, lo que es mucho decir.
(p.d.- Para chicas/os lectores del blog y para hacer juego con mi post anterior, he buscado una foto de John en pelotas ya que es un hombre tan apuesto como talentoso. ¿Querréis creer que no he encontrado ninguna?)

8 comentarios:

Vanbrugh dijo...

Yo releo a Le Carré, releo a Hammeth, releo a Proust, a Green y a Waugh. Y a Wodehouse, claro. Por releer, releo hasta a Agatha Christie y a Tolkien. (A Maugham no, ya ves; nunca le he visto la gracia, a lo mejor tengo también que releerlo.) La relectura me parece la quintaesencia, el sibaritismo de la lectura. (Por el mismo principio vuelvo a Lisboa año tras año, ante la incomprensión de mucha gente, que me pregunta si no preferiría conocer sitios nuevos; pues depende. Conocer sitios nuevos está muy bien, pero hay lugares, como Lisboa, o Londres, en los que necesito estar con cierta frecuencia, y hay libros muy leídos que necesito releer.)Pero esta de Le Carré que recomiendas no la he leído. Me la apunto, como bien sugieres, para este verano. Ya estoy disfrutando de antemano con la relectura de dentro de dos años.

Miroslav Panciutti dijo...

He leído poco (y hace mucho) a Le Carré, y no la que citas, así que me la apunto. Buena tiene que ser cuando la pones a la altura del mejor Graham Greene, que es mucha. En cuanto a Somerset Maugham, era uno de los preferidos de mi madre en mi adolescencia, pero, a diferencia de Greene, eso no me indujo a leerle entonces. Hace pocos años lo hice y, la verdad, me dejo más bien frío y con la sensación de que era bastante aburrido.

Lansky dijo...

vanbrugh y Miroslav, no pensaba en vosotros, campeones, cuando hablaba de este tipo de prejuicios relectores. Ahora bien, como ponéis a caer de un burro al pobre don Somerset me veo en la obligación insólita de defenderle muy matizadamente; es decir: novelas (El Filo de la navaja, etc.) flojas y sentimentaloides (apropiadas para quinceañero que fuí cuando la leí en la cutre colección Reno). Cuentos, los ambientados en Extremo Oriente y en el mundo diplomático y del espionaje (de ahí la comparación) son algunos exclentes, igual que sus relatos d eviaje (En un biombo chino, etc.) Y me reitero: Un espía perfecto está al nivel de Nuestro hombre en la Habana, p.ej.

Cigarra dijo...

Coincido con Vanbrugh (que no se le suba a la cabeza que es muy dado) en que releer es un vicio exquisito dentro del exquisito vicio de la lectura. De hecho la clasificación mas relevante de mis libros (in péctore, si los colocase así fisicamente mi familia no volvería a encontrar ninguno) es la de "Este lo voy a releer seguro. Este no lo vuelvo a abrir ni borracha"
Y gracias a Dios nunca me dijo nadie que sólo se podían releer los clásicos (claro, que tampoco le hubiera hecho caso)¡la cantidad de morralla que yo habré releido con infinito placer!
Tomo nota de las recomendaciones.

Vanbrugh dijo...

Siento decirlo, pero en esta foto Le Carré está igualito que Álvarez del Manzano.

Lansky dijo...

Yo también siento decírtelo, vanbrugh, pero cómo se nota que no sabes nada de zoología: Alvárez del Manzano es invertebrado (como la España de ortega) y está clasificado entre los hongos. Por su parte, don John no sólo tiene vertebras para articular su escritura de precisión, pinzas para captar emociones y antenas para detectar absurdos sociales, sino que se clasifica entre los primates superiores. Un parecido tan superfcial como confundir un cisne con un calabacín.

Vanbrugh dijo...

Ya, ya. Sin duda. Tienes absolutamente razón. Pero, siento decirlo, en esta foto Le Carre está igualito que Álvarez del Manzano.

Lansky dijo...

no me calientes...