
Igual que hay egocéntricos ignorantes que creen que la evolución biológica tiene una finalidad y que dicha finalidad no es la rana o el gorila ni siquiera el elegante gusano comedor de bacterias Caenorhabditis elegans con sus escuetas 954 células, igual hay gentes carentes de imaginación que piensan que el camino del progreso tecnológico es el que aconteció y no pudo haber otro, que no hay bifurcaciones, es decir, que no elegimos, que la historia es como la vida, una escalera de peldaños siempre ascendentes, es decir, mecánica, de subida o de bajada, y los más pesimistas añaden que arriba nos espera el abismo, en forma de cambio climático o de conflagración nuclear, tanto da. Es curioso porque la noción de progreso surgió no hace mucho como respuesta al providencialismo medieval, la vida y la historia como un simple paréntesis de la eternidad, y estos progresistas vuelven a un determinismo parejo.
Ya digo que la noción de progreso, tan arraigada en la cultura actual, no es demasiado antígua. Viene del siglo de las Luces, el XVIII, y contamina aspectos como la vida privada, la economía y la política, amen de la ética y la ciencia, un momento de optimismo histórico aupado al capitalismo y la revolución industrial. Sólo a comienzos del pasado siglo, desde las vanguardias artísticas y la propia física avanzada se empieza a entrecomillar esa idea y a crearse en consecuencia eufemismos y sinónimos, como el de desarrollo, directamente secuestrado de las ciencias biológicas por esos nuevos gurús del determinismo incierto que son los economistas, aunque torciendo antes su recto y original sentido.
El caso es que se pudo siempre elegir otros caminos y algunos, presiento, bueno, lo sé, hubieran sido mejores. Cuando a los grandes buques de vela, que a fines del XIX habían llegado a la sofisticación de los clippers, se les suprimieron estas para sustituirlas por apestosas calderas de vapor, primero de leña, luego de carbón, finalmente de diesel, el progreso se convirtió aún mejor en esa metáfora de la vida, la de la escalera de gallinero: corta y llena de mierda. Y aquí estamos.
Gentes sin imaginación, a la moda, piensan ahora que energías limpias y renovables como, qué casualidad, la eólica, podrían sustituir, al menos en parte, a los apestosos y comprometedores combustibles fósiles, instalándola incluso…¡en los buques!. Esos captadores de energía eólica marina no dejan de ser otra cosa que las velas de toda la vida. Volviendo a inventar la navegación a vela, que ha sufrido sofisticaciones y perfeccionamientos sobre todo desde el campo de la competición deportiva, se está demostrando, una vez más que a veces hay que regresar para progresar, y en este caso gracias a un grupo de locos furiosos pero inocuos que nunca dejamos de navegar en frágiles barquitos. Que nadie piense que se trata de colgar una sábana en una balsa. Ya digo que la navegación a vela nunca ha dejado de progresar, simplemente se marginó del comercio marítimo por culpa, entre otros de las compañías aseguradoras y los fletes. Todavía en 1870 el clipper Cutty Sark recorría la singladura de San Francisco a Shangai con ventaja sobre los nuevos vapores. Pero bueno, ahora ya hay una nueva patente de un mercante mixto que lleva una suerte de parapente impulsor, aunque no se ha desprendido de sus motores, como un niño que sigue aferrado a su chupete mugriento aunque ya come de cuchara.. Si vivimos lo suficiente volveremos a ver clippers surcando los océanos. No siempre es malo volver a inventar la pólvora o a descubrir el Mediterráneo que quizá vuelva a ser ese mar de color de vino de Homero.
La relación del hombre con la naturaleza, no me cansaré de insistir en ello, es un proceso de suma cero: lo que se gana por un lado se pierde por el otro. Y esto no es mística, es ecología y aún antes, simple termodinámica: todo tiene un coste y el Principio de Cautela exige que lo tengamos en cuenta. Con el primer bardo que en lugar de recitar su relato en voz alta en medio del silencio de sus oyentes prefirió escribir un libro, se ganó una nueva forma más fidedigna de memoria, pero se perdió parte del ritmo, la melodía y la prosodia del cuento. Con el primer cazador recolector que se asentó y cultivó la tierra se perdió el arte del nómada para moverse al ritmo de las estaciones y lugares o el de seguir rastros. Con el primer motor de un barco se perdió la cultura del viento y del timón sensible a los elementos.
Ahora las mesas de trabajo de todas las oficinas tienen ordenadores. Los currantes fingen que trabajan mientras navegan por Internet o participan en blogs. Cuando no había estos trastos, oficinistas oscuros, con maguitos, levitas y tinteros de inmersión escribían sus poemas luminosos, como Pessoa o como, mucho más modestamente, este servidor en su blog,
5 comentarios:
Claro que la relación del hombre con la naturaleza es un proceso de suma cero; esa es una exigencia termodinámica, pero, para evitar metáforas abusivas, habremos de convenir en que los sumandos se midan en unidades de masa y/o energía. Difícil se me hace imaginar la conversión a tales unidades de los ritmos y melodías del cuento hablado. Supongo que, en la mayoría de los evocadores ejemplos que mencionas, las unidades de medida acabarían reduciéndose a btyes; cosa distinta es que estemos ni por asomo cerca de ser capaces de aproximarnos a las cuantías en términos de información del saber navegar a vela o seguir los rastros. En fin, lo que quería decir es que no termina de convencerme que las pérdidas y ganancias a las que te refieres estén en procesos de relación hombre naturaleza; más me parecen variaciones en la cultura humana. Y en esos procesos ... ¿cabe sostener la inmutabilidad de las sumas cero?
Ah, por cierto; me has pillao. Pero, aunque sea verdad que estoy en el trabajo, entre tema y tema me concedo el recreo de leerte y añadir alguna bobería.
Después de las tías en bolas creo que me da igual si el progreso va o viene.
Miroslaw, el tinglado está montado de forma tal que el flujo necesariamente abierto de energía, que finalmente se degrada como calor en el sumidero espacial después de llegar del Sol y entretenerse en nuestra biosfera, ese flujo "abierto" mueve el ciclo cerrado de los materiales (C, N, P, etc.), algo así como un río contínuo mueve las ruedas de un molino de agua. Así que con la energía no es que haya suma cero, si no, de momento, un flujo constante mientras esa planta de enrgía de fisión que tenemos a 8 minutos luz de aquí siga funcionando. En cuanto a la información, en los ecosistemas sin interferencias suele aumentar, aunque curiosamente, en los más maduros de la sucesión ecológica parte de esa información se utiliza para cerrar el paso a nueva información; al igual que un viejo se niega a aprender cosas nuevas, el ecosistema maduro o complejo se va aislando, volvéndose "autista" de las variaciónes ambientales "exteriores" y creando sus propias condiciones.
Cuando hablo de procesos de suma cero estoy utilizando la metáfora habitual de ganacias y pérdidas del Principio de Cautela, no un sumatorio; nada es gratuito, todo tiene una contrapartida que a veces es aceptable y a veces no; por ejemplo, yo creo que la contrapartida de la energía nuclear, los residuos de larga vida, es inaceptable, aunque no contribuya demasiado al cambio climático. No se trata pues de energía o materia o información, sino de contrapartidas a veces sumamente inaceptables.
Un placer contar con lectores tan atentos como tú, aunque a veces, pese a mi presunción, sospecho que no divulgo ni me explico tan bien como creo.
hombre de barro, el otro post demuestra que el progreso no existe, porque la perfección está ahí desde un principio. Pero te entiendo, vaya.
Qué poético consigues ser, hablando de cosas tan prosaicas. Eso también es arte.
Esperaré a que naveguen nuevamente los clippers para ir a Argentina. Mi santo le tiene aversión a volar y me da pena ir sin él.
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