profesión de fe

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Somos los conocidos superhéroes del barrio –concepto acuñado por Kiko Veneno para definir lo que se podría llamar héroes de proximidad-: Lansky y Superperropequeño. Ambos somos más ciudadanos que patriotas ( y tan rústicos como urbanos), o bien, nuestra patria son nuestros zapatos -o ni eso en el caso de Jara-, la infancia o el sillón de orejas de lectura, pero nos negamos a la ñoñería esa de ciudadanos del mundo. Simplemente, tenemos pasaporte

10/04/2008

Reacción en cadena






El proceso se había iniciado muy lentamente en el siglo XVIII y XIX, con el surgimiento de las Naciones Estado; se había ido acelerando progresivamente en el siglo XX y sobre todo tras los acomodos entre naciones de Europa en los respectivos armisticios de la Primera y Segunda Guerra Mundial. A comienzos del pasado siglo XXI y pese a los esfuerzos de crear unidades supranacionales, como la propia Europa, se había iniciado en varias de sus penínsulas un proceso uniformemente acelerado que se retroalimentaba positivamente con efecto bola de nieve; primero la Península Balcánica se separó en antiguos estados medievales; luego la Ibérica, con el País Vasco en cabeza, finalmente la Itálica, con los miniestados renacentistas del Norte. Finalmente el propio núcleo del continente, los distritos franceses, con Bretaña pionera, los lander alemanes, con Baviera, etc. El propio Kosovo, que era uno de esos miniestados en los que se había fragmentado la antigua y viable Yugoeslavia se partió en tres partes, una de mayoría albanesa, otra servia y otra en fín propiamente kosovar. En la antigua España, el nuevo Estado independiente de Euskady se fragmento en sus antiguas provincias vascongadas, a su vez, Guipúzcoa, ya de por sí pequeña, se partió en dos mitades, con una parte, la oriental próxima a Navarra que disentía y acusaba de españolista a la occidental que lindaba con Vizcaya. Finalmente municipios extremistas como Mondragón se separaron de Guipúzcoa oeste y se constituyeron en independientes y dentro de este, algunos barrios y parroquias. La situación actual es la de hordas y tribus que no pudiendo sostenerse en sus mínimos territorios, que defienden eso si con uñas y dientes, vagan nómadas acosadas por las de los residentes/nómadas colindantes, en tanto que una lengua franca derivada fonéticamente del lenguaje SMS en inglés y castellano de una antigua tecnología comunicadora portátil sirve para los escasos cambios comerciales entre estas hordas guerreras. Algunos observadores externos, como el lingüista Tanis Lem de la nave Beagle que lleva siglos observando este continente, han comparado este proceso con el de la reacción en cadena de la fisión nuclear, en la que un elemento pesado, como el uranio radioactivo o el plutonio, se descompone en elementos crecientemente más ligeros liberando una brutal energía, bélica, en el caso geopolítico. No deja de ser una broma cruel que una parte de esos elementos de vida breve e inviable del final de esa reacción nuclear se llamaran por los químicos de la antigua civilización terrícola “tierra raras”.

22 comentarios:

Miroslav Panciutti dijo...

En esa atomizada situación, sin embargo, algunos de los más intrigantes y poderosos señores de la guerra que fueron surgiendo, mediante alianzas estratégicas con los miembro de la vieja y aparentemente inofensiva Iglesia, comenzaron a estrechar redes feudales de lealtades mutuas. Así, poco a poco, hacia finales del pasado siglo XXIII, los tiempos que observadores externos como el lingüista Tanis Lem denominaron "Segunda Edad Media", fueron dando paso a una nueva reestructuración política en entidades que, por seguir con la analogía, se asemejaban a los antiguos estados-nación, férreamente gobernados por poderes absolutos y legitimados por Dios a través de la mediación eclesiástica. Este proceso, que se ha comparado también con la fusión nuclear, ha liberado en los últimos tiempos, asimismo, grandes cantidades de energía bélica con sus inevitables dosis de dolor y destrucción. Ahora, a mediados de este siglo XXIV, se oyen las voces de quienes piden la desaparición de los estados en entidades supranacionales como única vía para la Paz, mientras los observadores de la Beagle se preguntan si acertó Borges con su teoría de que la historia se repite ciclícamente en su variedad infinita de combinaciones.

Lansky dijo...

¡Braco, miroslav! Veo que tu también gustas de la distopía, tan usada en el género de Ciencia Ficción, como sistema, por Reducción al Absurdo, de prolongar la Historia hacia futuros probables. Me ha gustado esta escritura a cuatro manos

Lansky dijo...

¿"Braco"? La raza de perro; no, Bravo (la v está al lado de la c, como Euskadi de Cantabría y mis dedos son grandes y torpes)

Vanbrugh dijo...

Excelente post. Política ficción de la buena. Y excelente la coda de Miroslav. Creo que formáis un buen equipo, deberíais dedicaros a la prospección.

Tanis, sin duda, no habrá dejado de notar la paradoja de que las tropecientas lenguas vernáculas que habían sobrevivido milagrosamente en diversos rinconcillos europeos amparadas por la relativa seguridad que procuraban los estados de los siglos XIX y XX pero que, no satisfechas con esta situación, fueron origen, o al menos pretexto importantísimo, del proceso de descomposición de dichos estados, no les sobrevivieron, en un preciosos ejemplo de justicia poética: la fragmentación caótica y guerrera de los siglos XXI y XXII se las llevó por delante, junto con la integridad de la mayoría de las restantes lenguas cultas, y las sustituyó por diversos idiolectos derivados de las versiones más incultas del espanglish SMS. Nadie echó mucho de menos ni a unas ni a otras: para lo que había que decirse bastaba con las jergas monosilábicas, el gruñido indistinto y el ademán amenazador. En todas estas ruinas de idioma, sin embargo, se encontró la manera de enaltecer convenientemente a la sacrosanta identidad nacional, fuente de todo bien.

Lansky dijo...

Tienes razón, Vanbrugh; en cuanto me entere en que isla canaria vive miroslav me instaló en su habitación de invitados y me dedico a la labor conjunta.

Maria dijo...

Y digo yo el instinto de proteger el territorio ¿permitirá semejante invasión? Tendrá Panciutti que dejar gotitas de pipí por las esquinas para marcar sus lares o fundará una nueva religión reagrupadora? ¡Oh!

Miroslav Panciutti dijo...

Lansky, la isla canaria en la que vivo es Tenerife. Y, María, carezco de instintos territoriales; lo que ya no ya no puedo es hablar por mi perra, que se ha apropiado del sofa-cama de invitados (pero es una santa y la pobre ya está viejita).

isabel vera dijo...

¡Plas, plas, plas, plas! Mira cómo aplaudo, geniales Lansky y Miroslav.

Vanbrugh, yo tengo la ilusión de estudiar Euskera algún día, preferiblemente antes de que se extinga, espero que eso no sea obstáculo para nuestra amistad.

Chao,

Vanbrugh dijo...

Isabel, tengo exactamente la misma ilusión que tú, con la pequeña salvedad de que yo prefiero llamarlo vasco -por motivos estricta y escrupulosamente lingüísticos, los mismos por los que no llamo english al inglés cuando hablo en español-. No solo no tengo absolutamente nada contra ese maravilloso idioma, ni contra el catalán, ni el gallego, ni el bretón, ni el servocroata, sino que siempre me han interesado -los tres primeros, el servocroata y el bretón, menos- y jamás viajo al Pais Vasco, (que es, por cierto, la parte de España -con perdón, así es de momento- que más me gusta, con mucha diferencia, y de la que emocionalmente más cercano me siento, junto con la Asturias a la que tanto se parece) sin un diccionario vasco español que me permita entender lo más posible e ir aprendiendo lo que pueda. Canto a Serrat y a Llach en catalán y no siento más que simpatía e interés por esos idiomas. Como por cualquier otro idioma que exista y sea hablado por alguien, porque los idiomas son, junto con la música, probablemente las manifestaciones humanas que más me interesan y que considero más valiosas y dignas de estudio y conservación. Por eso, precisamente, detesto que se utilicen como armas de exclusión y diferenciación, en vez de como los vehículos de expresión y comunicación que deberían ser, y que, por mierderos intereses de politiquillos, se deterioren, se "normalicen" y a los dialectos vivos y auténticos que se conservaban en los valles vascos se los sustituya por un "batua" desnaturalizado que debe parecerse al vasco auténtico de hace ochenta años como el castellano al latín de Horacio. U oir hablar a los políticos gallegos en ese triste remedo de castellano mal hablado en que están convirtiendo la hermosísima lengua gallega. Lo que me repugna es el nacionalismo, no los distintos idiomas, que son una riqueza maravillosa y que no podían haber encontrado peores patronos -en el peor y más explotador de los sentidos de esta palabra- que los políticos nacionalistas en cuyas asquerosas manos han caído.

Cigarra dijo...

Plas, plas, plas. Aplaudo la ficción de Lansky, la continuación de Miroslav, y firmo debajo de las opiniones de Vanbrugh.
Cualquier cantidad de nacionalismo linda con la delincuencia, y a veces cae de lleno en ella.

julian bluff dijo...

No caben fotos fijas en la historia de la civilización, todos lo sabemos. Y el grado de barbarie de los hombres del futuro (como el de los de hoy) no va a depender, no va a poder hacerlo, de una bandera, o de un himno, sino que dependerá -a la postre- de la instrucción pública -y, por vía de esta, la entereza moral- que estos hayan llegado a adquirir.

Vanbrugh dijo...

Qué fé tan conmovedora y decimonónica en la instrucción pública, Bluff. Propiamente D'Amici en "Corazón". Desgraciadamente, cualquier relación que pudiéramos creer que existía entre la instrucción pública y eso que llamas entereza moral queda seriamente tocada ante la innegable constatación de que la Alemania de los años treinta, por ejemplo, era probablemente el pais con mejor instrucción pública del mundo.

No es la barbarie la que depende de las banderas y los himnos, sino estos los que nacen de la barbarie. Los orígenes de la barbarie son más oscuros e incontrolables. Temo mucho que algunos de ellos encuentran cómodo y fecundo caldo de cultivo en algunos progresistas nichos de algunas estupendas instrucciones públicas.

Dios te conserve la inocencia muchos años, hijo.

isabel vera dijo...

¡Olé Vanbrugh! De ti me gusta hasta el subconsciente. Si fueras un coche serías un Mercedes de lujo y yo también, pero tan sólo el chasis (me faltan todos esos detalles de la erudicción).

Lansky, tú eres el Ferrari de carreras.

Me va a dar un infarto con el partido. ¡Aupa Geta!

Lansky dijo...

La mayoría de los animales, y nosotros lo somos, tienen instintos territoriales; es la manera de asegurar la cría de la prole, la no interferencia de otros machos y unos mínimos recursos alimenticios y de protección. Ahora bien, la territorialidad es en esos casos propia de los individuos o de las parejas en cría, no de grupos, aunque también hay casos (colonias de nidificación) y son los más territorialmente furibundos. Ya tenemos una pista.

Por otra parte, el sentido de pertenencia al grupo es algo normal y sano, en los humanos también, pero siempre, siempre tiene una gran parte muy peligrosa: que ese sentido de pertenencia se reafirma como rechazo del otro, ante el extranjero, el bárbaro, el maketo, el charnego, el guiri, el payo, el extraño. Por eso muchos pensadores ven como única solución desprenderse de ese sentimiento de pertenencia para no cargar con el de repudio y se proclaman ciudadanos del mundo. Es dificil, aunque una buena intención. Viajar, pero viajar no hacer el turista, ayuda, como recomendaba Pio Baroja, como cura de los nacionalismos. Y la que llama Instrucción Bluff y que yo llamo educación, también, pero ninguna es panacea.

Y detesto las banderas, salvo quizá la de los piratas (el niño que aún vive en mí), incluída la blanca de rendición, y los himnos y la música militar "que nunca me supo levantar".

Rousseaun se equivocaba, nuestra especie es peligrosa, agresiva y violenta, lo que no excluye que haya individuos maravillosos que no siguen a la masa (las masas, ahí está el peligro) y que son compasivos, generosos y altruistas. Somos como el dios Jano, tenemos las dos caras, a veces, incluso, en el mismo individuo. Y es que evolutivamente, por Teoría de Juegos (halcones y palomas) tan ventajosa en el conjunto de la población es una actitud, como un pequeño porcentaje de la contraria, y por eso ambas perviven, aunque una, quizá, termine llevándonos a la perdición de todos, porque ahora ya no vamos sólo armados con piedras y palos.

Gracias a todos por vuestros comentarios

Vanbrugh dijo...

Gracias, Mercedes, digo Isabel. Hay que ver las cosas tan bonitas que dices. Ya sabes que el aprecio es mutuo.

Siento lo del Geta. La vida es injusta.

Lansky dijo...

Sí, es curioso los modelos de automóviles que nos adjudica Isabel. El mercedes es un coche fiable, apto para burgueses instalados y familias pudientes; el ferrari en cambio es más propio de mafiosos y jovenzuelos repentina y sospechosamente enriquecidos. No sé qué pensar.

Vanbrugh dijo...

¿Cómo que no sabes qué pensar? No puede estar más claro, tú mismo lo has dicho.

Lansky dijo...

Vanbrugh, te recuerdo la secuencia: dientes por el suelo, dedos rotos para recogerlos, doloroso...

Vanbrugh dijo...

No sé de qué me hablas, mi querido Ferrari. Nunca me ha pasado.

Lansky dijo...

Ya veo, típico. Mucha pulcritud con tildes y acentos y confundes los tiempos verbales: hablo que lo que va a pasar, no de lo que te haya pasado.

Anónimo dijo...

Lo malo es cuando las instituciones se ponen a manejar el asunto.
Yo puede que tenga cierto sentimiento de pertenencia al grupo como dice Lansky pero de ahí a querer que me lo gestione la Comunidad de Madrid va un abismo.
Madrid no es el mejor ejemplo y supongo que se entendería mejor si fuese catalana y la Generalitat quien pretendiese administrar mis interiores.
Julia

Lansky dijo...

Julia, lo malo no es que las instituciones manejen estos asuntos, es que son las que los "crean" y administran. O por mejor decir, determinados políticos, partidos políticos enteros incluidos, que ven una rentabilidad a corto plazo exacerbando populismos, nacionalismos, y otros ismos. La disgregación de Yugoeslavia se inció por este tipo de políticos (abundantes), no por la desaparición de un Imperio aglutinador, como el austrohungaro o la antigua Unión Soviética, de paises muy distintos. Sólo había un idioma común, que para no ofender se llamaba serbocroata, las religiones convivían entre ellas, el croata vivía en el mismo descansillo que el musulman o el servío, en Sarajevo, por ejemplo, y de pronto, ¡Pum! Por qué no pensar que también puede pasar en España o en Italia. Locos que dirigen a ciegos, decía Shakespeare, que era desdicha de su tiempo; y del nuestro.