
Desde que a finales de Febrero me instalaron el contador de visitas ya habeis pasado por aquí 326o. No está mal, aunque supongo que la mitad de esas entradas serán mías para ver qué pasa en esta vuestra casa. Pero aunque soy consciente de las objecciones que me hacía Vanbrugh, uno de mis más asiduos, prolíficos y cabales comentaristas, los comentarios a los post son la sal del blog, lo que anima a seguir. Y como los editores en busca de best sellers, aún no he dado con la clave que suscita esa participación; hay posts que modestamente arrasaron, y eran de divulgación científica, y otros no, y trataban de los mismo. Idem con los relatos, los comentarios sobre literatura, etc. No es que, ávido de esos comentaristas, me fuera a plegar a vuestros gustos en lugar de seguir honestamente los míos -eso sería, salvando respetuosamente las distancias, como los que justifican la basura de la tele afirmando que es lo que la gente demanda, es decir, confundiendo la gallina y el huevo-, tampoco pienso acudir a la ironía de la pintada de mayo del 68: "cien mil millones de moscas no pueden equivocarse: ¡come mierda!" Además, tampoco se me da bien fabricar esa metafórica mierda, creo.
Los blogs se diseñaron como nuestras instituciones políticas: para que pudieran funcionar con material humano de la peor calidad. Pero no quiero creer que si el nivel es algo más alto, en un caso y otro, blogs y parlamentos, dejen de funcionar, al contrario.
Sin embargo, contemplo este desierto de comentarios y me entra lo que un admirado escritor y navegante, Joseph Conrad definía en términos muy marineros: "l.a tentación de soltar el remo"
9 comentarios:
Puesto que afirmas amablemente ser consciente de mis objeciones, no debería volver a hacértelas. Pero, por otro lado, puesto que sigues amagando con abandonar en cuanto se te juntan dos posts (¡al ritmo de dos diarios!) sin comentarios, no tengo más remedio que hacerlo.
Al grano: cuando realmente quieras soltar el remo, lo soltarás. Y no tendrá nada que ver con el número de comentarios que recibas, sucederá, simplemente, que ya no querrás publicar más y que, por vete a saber qué motivo, habrás decidido que este blog ha llegado a su final. Y entonces te dará igual tener veinticinco comentarios que ninguno. Cerrarás el chiringuito y te quedarás tan ancho.
Y mientras eso no suceda -hágalo Dios muchos años- y el cuerpo siga pidiéndote ensartar las perlas de tu erudición en el sedal de tu ingenio -¡toma sha!- y colgarlas en esta plaza semipública, semiprivada -uno de los encantos de estos blogs minoritarios nuestros es que son como esas plazoletitas recoletas de los cascos viejos de las ciudades castellanas: abiertos a todo el mundo pero apacibles y con el número justo de transeúntes- seguirás haciéndolo. Porque mientras tengas algo que decir y ganas de decirlo, este es un buen sitio para hacerlo, tengas quinientos comentarios o ninguno.
No me parece que haya otra forma seria de hacerlo. No estás vendiendo jabón. No dependes de la audiencia. No estás en 20 minutos, ni soportas publicidad. No vives de esto.
Yo, por ejemplo, estoy dispuesto a decirte estas cosas todas las veces que me parezca necesario, me hagas caso o no.
Sí, pero no, Vanbrugh
García Márquez lo dijo muy bien, aunque algunos no lo cogieron: "escribo para que me quieran"
¡Quiero comentarios, ya!
Con algunos nimios matices, suscribiría tu post. Supongo, de otro lado, que no somos nada originales en eso; todos publicamos, también, para que nos lean y nos comenten. Pero, sobre todo, escribimos porque nos divertimos. Yo al menos, te aseguro que encuentro en el blog una forma muy entretenida de pasar el rato y, por lo tanto, los temas que toco son los que, en cada momento, me van interesando. Y no suelo acertar con mis expectativas de participación; cuando creo que un post no va a tener muchos comentarios, resulta que sí lo hay; y viceversa.
A mí, tu blog me parece de los más interesantes por los que me paso, y seguro que lo mismo opinan los que también son asiduos. Quizá, usando la metáfora de vanbrugh, es que esta placita recoleta la conozcan pocos; habrás de resaltarla en los mapas turísticos. También es que hay una gran mayoría de personas que gustan de leer pero mucho menos de comentar. En mi caso, recibo entre 100 y 120 visitas de media diaria y el número de comentarios es muchísimo menos; de cada diez que pasan uno o menos deja constancia escrita.
En cuanto a tus tentaciones, te daré el consejo que me daban los curas de mi adolescencia: duchas de agua fría y a esperar que pasen. Aunque sé que harás lo que quieras, cómo no. Por supuesto, que sepas que si sueltas el remo, me joderá.
Y nada más. A ver si con este post logras aumentar los comentarios que es del tipo de los que suelen provocarlos.
No tanto para pasar el rato, miroslav; los letraheridos disfrutamos escribiendo tanto como leyendo y uno de los pocos motivos para publicar un libro en ese mundo sobre dimensionado de la edición es por no encontrar el libro preciso que deseas leer: entonces vas y lo escribes. ¿no crees?
Las entradas divulgativas son sencillamente fantásticas y también excelentes desde un punto de vista litarario. Ahora que... la participación de los profanos en muchos de los temas que planteas tiene que ser por fuerza limitada. A mi, por ejemplo, me gusta añadir algo que no sea una bobada sobre lo que se dice en los blogs y muchas veces me veo incapaz de hacerlo por mero desconocimiento. Supongo que eso mismo les pasara también a otros.
Eso no puede hacerte dudar en modo alguno de la consistencia de tus escritos, duda, mejor, de la capacidad de asimilarlos correctamente por parte de tus lectores. No nos abandones, tronco.
Un abrazo. Julian.
En esto opino como Vanbrugh, creo que ya te lo dije otro día. Pero tienes mucha razón en eso de que escribimos para que nos quieran. En realidad casi todo lo que hacemos tiene este objetivo detrás, la aceptación, el respeto, los mimos y el amor de nuestros congéneres.
Tu blog es muy bueno, podrías tener muchísimos comentarios si quisieras pero necesitas publicidad. Y eso cuesta esfuerzo y tiempo, tú verás si te compensa.
Buscar blogs muy frecuentados y comentar descaradamente con el único propósito de darte a conocer. Eso suele funcionar.
Personalmente estoy encantada con los comentarios que dejan en mi blog, me encantaría tener más, pero igual de buenos. Los de cumplido tipo "Te devuelvo el comentario", vacíos de significado, me dan grima y los publicitarios, también.
Resumiendo, los comentarios animan a continuar pero no son ni la razón de escribir ni la razón de dejar de hacerlo.
Por una vez, y que no sirva de precedente, suscribo lo que dice el licenciado en derecho. El Sr. Bluff, se entiende.
Supongo que alguien habrá hecho ya un estudio sesudo y pesadísimo que analice e investigue por qué los bloggers escribimos blogs. Si lo conocéis me lo contais, que yo no tengo tiempo (ni ganas) de buscarlo. Me gusta mucho mas navegar por vuestros posts ¡y dejar comentarios tontos en ellos!
Pero es cierto, ¿si hay tres mil y pico visitas, por qué no hay por lo menos mil quinientos comentarios? ¿por qué es tan tímida la gente? ¿por qué no tienen todos tanto morro como yo?
Por cierto qué bonita figura poética la de las perlas y el sedal, y la comparación con las plazas recoletas y poco transitadas, y llenas de encanto por eso mismo.
En cualquier caso ni se te ocurra cerrar este blog, que ya nos ha dado suficiente disgusto Tanis Lem
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