19-may-2008

La fiera que llevamos dentro



¿Llevamos un mono dentro? Difícilmente, en cierto modo, pero no porque me alinee con las tesis literales del Génesis, sino porque “somos” un mono. Pertenecemos al orden primates dentro de la clase mamíferos, como el resto de monos y prosimios, antropoides incluidos. Nuestros más próximos parientes son los chimpancés y los bonobos (los mal llamados chimpancés enanos o, más adecuadamente, chimpancés gráciles) y después los gorilas; algo más lejanos, los orangutanes y gibones. Pero es el caso que un gran primatólogo, Frans de Waal, ha publicado un libro con ese título, El mono que llevamos dentro (¿Pero no era un niño?) : “Our Inner Ape”, el mono interior, nuestro mono interior, ¿qué tal el vuestro? ¿Le dais fruta y cacahuetes? El caso es que se puede sacar al mono de la jungla –lamentablemente para el mono-, pero no a la jungla del mono. Ni de nosotros, ¿qué tal vuestra jungla interior? ¿No la habéis visitado nunca? Eso creéis.

Para empezar tenemos, como dice de Waal, “obsesión por nuestro linaje”; al menos desde que nos columpiábamos de árbol en árbol (eso se llama “braquiación”: locomoción con los brazos o extremidades anteriores, y que viva Tarzán). Con nuestros parientes compartimos luchas por el poder y el sexo, pero también el compañerismo y la empatía, la compasión. Y sin embargo, sólo se menciona esa herencia biológica para denigrarla: nuestros bajos instintos. Como dice la misionera que interpreta Kathrine Hepburn al borracho Bogarth en La reina de África: “La naturaleza, señor Allnut, es lo que hemos venido a vencer en este mundo”. Craso error, Katy no bebía ginebra ni leía a Darwin. Pero esta opinión se tiene por respetable y hasta cierta; compartida por muchísima gente, gente equivocada. ¿Y saben una cosa?; lo más desolador es que de los millones de páginas escritas sobre la naturaleza humana, lo publicado en las últimas tres décadas es lo más erróneo. Se toma la metáfora del “gen egoísta” tan al pie de la letra como antes el relato del Génesis; se dice que la bondad o el altruismo humanos son imposturas, que la moralidad es una cortina de humo para impresionar y engañar a los demás, que a la gente sólo le importa el propio interés. No obstante, ¿cómo se explica que un bebé de tan sólo un día llore cuando oye llorar a otro bebé? Eso es empatía, pura y dura, aunque no sea muy sofisticada: tú lloras, yo lloro. Esos impulsos con los que aterrizamos en esta vida son los que, nunca mejor dicho, nos “impulsan” a interesarnos en los demás. Justo a la inversa de lo que dice el personaje de Susanita a Mafalda en la famosa tira de Quino: “Me gusta la humanidad, lo que no soporto es a la gente”. Desconfiemos de las grandilocuencias, pero no de los gestos íntimos. Dicho de otra forma, a los millonarios “altruistas” del mundo, a los roqueros, cineastas, actores y cantantes: menos conciertos humanitarios, menos proclamar adhesiones a causas como el hambre y más pagar impuestos.

De Waal cuenta el caso de una hembra de bonobo, Kuni que vió como un estornino chocaba contra el vidrio de un recinto del zoo británico de Twycross. Kuni tomó al aturdido pájaro y lo colocó con extrema delicadeza sobre sus pies. Como no se movía, le sacudió un poco, y el ave se movió aleteando espasmódicamente. Lo volvió a tomar en sus manos y se encaramó al árbol más alto, para lo que tuvo que abrazarse al tronco con las piernas mientras sostenía al ave con las manos. Desplegó las alas con gran cuidado, cada punta entre los dedos de cada mano. Y lanzó al pájaro como si fuera un avión planeador o de papel, que tras un deslavazado aleteo aterrizó en el foso. Kuni descendió del árbol y se quedó un buen rato junto al pájaro, montando literalmente guardia. Tras horas, el estornino ya recuperado salió volando.

El 16 de agosto de 1996, una gorila enorme de ocho años, Binti Jua, socorrió aun niño de tres años que había caído desde cinco metros de altura al interior del recinto de los primates del zoo Brookfield de Chicago. La gorila reaccionó al instante y tomó al niño en brazos; después se sentó en un tronco, acunó al niño inconsciente en su regazo y le dio golpecitos suaves para ver si reaccionaba antes de entregarlo al personal del zoo. Esta escena se captó en vídeo y se vio en todas las televisiones del mundo.

Hace un tiempo recibí una mala noticia por teléfono que me conmocionó; estaba sólo con mi perra Jara en casa. No dije nada, ni chille, no me puse a dar patadas a las sillas ni a romper jarrones, pero me senté en un sillón y cogí mi cabeza entre las manos. Una humedad externa se combinaba con mis lágrimas. Mi perra, contra su costumbre, me estaba lamiendo y movía el rabo a la vez que gemía. ¿Cómo creéis que interpreté esos gestos?

14 comentarios:

hombredebarro dijo...

Pues eso, menos grandilocuencia en los gestos de los salvadores y más portarse como debe ser con lo más próximo.
Un saludo.

Vanbrugh dijo...

No creo que sea justo para con los monos decidir que a su herencia le debemos solo el impulso de abrirle la cabeza al competidor, mientras que los de socorrer o compartir son aportación exclusiva nuestra. Tampoco que sea justo para con nosotros negar que estos otros impulsos "bondadosos" sean otra cosa que nuestra maquiavélica deformación de su herencia agresiva, de manera que la evolución nos haya hecho sólo más hipócritas que nuestros antepasados antropoides, pero no mejor gente. Me alegran, pues, tus noticias: nuestro "lado bueno", en primer lugar, es de verdad "bueno", y no una hábil manipulación cosmética del malo; y, en segundo lugar, es también heredado.
Creo que si hay alguna aportación específicamente humana es la capacidad de elegir libre y conscientemente entre ambos impulsos, ambos heredados. Mientras que no creo que el gorila se tenga por más virtuoso cuando protege a la cría herida que cuando descalabra al macho competidor, y en ambas ocasiones actúa siguiendo un impulso que no controla ni escoge, nosotros sí somos capaces de decidir cuál de los dos comportamientos vamos a seguir y, en consecuencia, hemos construido unos cuantos "sistemas de valoración de conducta" (esta es buena, esta es mala) que son lo que realmente nos diferencia. No es que seamos menos capaces de hacer el bestia, ni más capaces de dejar de hacerlo, sino que somos capaces de decidir teóricamente cuál de las dos conductas es la preferible, para luego elegirla -versión optimista- o, quizás, de dejarnos llevar por la que más nos tire en cada momento, para luego canonizar esa como la adecuada -versión pesimista-.

Lansky dijo...

Vanbrugh, no es sólo que heredemos tanto lo bueno como lo malo de nuestros parientes (tengo planeado un post sobre esto último también), sino que la supuesta "brecha" entre ellos y nosotros no existe, así que es un problema tanto de grado como gradual. La imagen que tienes de un gorila, pongo por caso, preso de impulsos que no controla, bondadosos o malvados tanto da, es la del materialismo cartesiano: "el duende en la máquina"; el duende es el intelecto, la máquina, el cuerpo. No, no funciona así. Ahora, sí que es un problema de grado y, por tanto, la capacidad de elegir, de ponderar opciones entre los humanos es mayor, pero no es inexistente, ni mucho menos, en antropoides próximos.

Vanbrugh dijo...

Ya me imagino, supongo que todos los cambios se dan sin solución de continuidad y no creo que ni las alas, pongo por caso, ni la capacidad de elegir, aparezcan de repente, de la nada, sin tanteos, atisbos, ensayos y rudimentos previos. Los cambios son cuantitativos y graduales, sí, pero hay un momento en que la acumulación de cambios cuantitativos supone un cambio cualitativo y se puede empezara a hablar de un órgano, o de una función, que antes no existía. Sin duda el gorila escoge también su conducta en virtud de algún criterio, pero dudo mucho que se trate de un criterio "moral", es decir, que en su elección le guíe ningún propósito consciente de obedecer ninguna clase de norma que establezca que es bueno abrir cabezas, o socorrer crías.

Lansky dijo...

Lo siento, Vanbrugh, no me gusta hacer esto, quizá es el reconocimiento, pese a mis esfuerzos divulgadores de mi derrota, pero sin una terminología común y un mínimo rigor dentro de ella no podemos avanzar mucho. Conceptos, que sé que son términos también comunes, como los de "consciencia" que tu empleas en un sentido distinto que yo no nos lo permiten.

Vanbrugh dijo...

¿Qué es lo que sientes: tener que decirme tan cortésmente como lo has hecho que no domino la terminología específica y que, por tanto, la uso sin rigor y no es posible que nos entendamos? Pues no lo sientas, hombre, no pasa nada. Sin duda es así. Yo, que no soy un gorila, sí que soy consciente de que de este tema no sé nada y de que hablo a bulto. Ahora bien, creo que uno de los fines de la vulgarización es que los absolutos profanos sepamos, al menos, a qué parte del bulto dirigirnos con nuestras perplejidades. Sigo pensando que hay una diferencia sustancial entre la conducta del gorila y la del hombre, porque el gorila no escoge la suya en virtud de una valoración de las distintas opciones, o al menos eso creo. Y que no conozca los términos correctos en que debe plantearse esa diferencia, o que yo la plantee mal, no me basta para convencerme de que no existe.

Lansky dijo...

vale, Vanbrugh, y esperemos que lo consiga en sucesivos post sobre el tema, por el sistema de la cebolla o el pájaro carpintero: insistir en lo mismo. El burdo materialismo cartesiano, el del fantasma que controla la máquina ha hecho tanto daño, por lo menos, como el psicoanálisis, y ha servido para lo mismo, para nada, salvo alguna buena peli y novela. Si vemos, aunque sea implícitamente a los animales como máquinas la siguiente pregunta es lógica: ¿Quién y cómo controla esa máquina? El hombre, tanto si es rey de la Creación, como asesino imnato, se controla a sí mismo por un artilugio al margen del cuerpo que es el espíritu, el alma, la conciencia o la mente (pero no considerando esta como lo que es: una función del cerebro, sino como algo aparte) ¿Y los animales? pues o bien son teledirigidos, aunque no se sepa ni se diga bien por quién, pongamos que por Dios o por un programa implantado de improbable nombre "instinto", o bien, se autocontrolan, como nosotros, que es lo que hacen. No quiero anticipar el post de mañana, pero los parientes bien llamados antropomorfos no tienen diferencias con nosotros y las de "contar" o pesar o ponderar más que groseramente ni pasan a cualitativas por acumulo; de momento debrías creerme, o al menos tener la paciencia que algunos chimpancés tienen para cascar una nuez de noko.

Lansky dijo...

no tienen diferencias de grado substanciales, quería decir

Vanbrugh dijo...

Me fío enormemente de tus conocimientos, y hasta de tu capacidad de analizarlos y sacar de ellos interpretaciones y consecuencias. Me fío, es decir, me consta que son intelectualmente consistentes y siempre dignos de consideración y estudio, amén de francamente instructivos y amenos. Pero de esa confianza a la fe que me pides -"deberías creerme"- hay un salto, no sé si de mero acúmulo cuantitativo o ya cualitativo, que, discúlpame, no estoy dispuesto a dar. Mi adhesión irracional a un conocimiento cuyas bases teóricas ignoro o no creo compartir, que es a lo que en este contexto podríamos llamar "creer", la reservo para otra clase de conocimientos.

Ahora, paciencia, toda la que quieras. Nunca he pelado una nuez de noko, sea este objeto lo que fuere, pero me parece un pasatiempo tan bueno como otro cualquiera y estoy seguro de que si puede hacerlo un chimpancé, también yo.

Vanbrugh dijo...

En cualquier caso ni yo creo, ni me parece que de nada de lo que he dicho pueda inferirse que yo crea, que los animales son "teledirigidos" por fuerza alguna exterior a ellos, ni tampoco que esa instancia a la que adjudicas tan dispares nombres como "espíritu, alma, conciencia o mente" sea algo aparte de una función del cerebro. Sin duda mis planteamientos son burdos y están irremediablemente contaminados de mis irracionales creencias religiosas, pero he adquirido cierta destreza en el arte de disimular estos tristes condicionantes de mi razonamiento y tengo la esperanza de no haber expresado, ni siquiera inadvertidamente, nociones tan facilmente rebatibles. Me limitaba a plantear mi opinión de que entre el modo de autocontrolarse de los animales, aún de los más inteligentes, y el del hombre, existe una diferencia sustancial que, si bien probablemente no se debe más que motivos "cuantitativos", como mayor capacidad craneal, mayor número de neuronas y de conexiones nerviosas y cosas así, se manifiesta en la práctica de un modo tan fundamentalmente distinto que cabe considerarla como cualitativa. Esta opinión es probablemente igual de irracional e indefendible que la visión del "fantasma que controla la máquina" que tú descartas por cartesiana (hábil juego de palabras: descartar, Descartes...) pero reconoce, al menos, que es más vistosa.

Emma dijo...

La foto es de dos chimpaces copulando de frente? Ellos tambien lo hacen asi? Perdona pero estoy confusa.

Miroslav Panciutti dijo...

Me ha gustado el post; también yo creo que las diferencias entre los otros primates y los humanos son de grado, desconfío mucho de los términos "esencialistas" que, las más de las veces, suelen ser peticiones de principio apriorísticas. Que el gorila no tome sus decisiones con criterios "morales" es, a mi modo de ver, uno de esos ejemplos y supongo que cae dentro de la petición que haces de emplear una terminología unívoca. Lo malo, Lanski, es que esa es una guerra perdida, lamentablemente.

Me sumo a la pregunta de Emma. Y ya puestos me pregunto por qué le sorprende a Emma que los bonobos copulen de frente.

zwingenstein dijo...

No creo que el libre albedrío sea cuestión de grados, se tiene o no se tiene, por supuesto creo que gorilas chimpances caballos ballenas gatos y demás mamiferos y casí todas las aves lo tienen al igual que nosotros e incluso más pues no tienen condicionantes culturales,
Parece claro que los chimpancés son más creativos que los humanos, pues cuando se enfrentan a un problema tienden más a encontrar una solución por ellos mismos que nuestra especie gran especialista en la copia y la imitación por más que le duela a SGAE.

Lansky dijo...

Emma, Miroslav:

Sí, están copulando de frente, pero son bonobos, no chimps, la única especie junto a la humana que tiene esa postura. Ver el próximo post, continuación de este, en que lo comento