21-may-2008

Los dos monos que llevamos dentro, 3






Sí, a falta de uno, dos: uno agresivo y machista, ingenioso y manipulador, el otro, feminista, follador y conciliador. Somos como el dios Jano de las dos caras, todos un Doctor Jeckill y un Mister Hyde en uno. La mayor diferencia entre ambos, al margen de su comportamiento tan opuesto, es la proporción corporal como ya he dicho. El chimpancé parece que va al gimnasio a diario: cuello corto y grueso, espaldas anchas, capaz, de hecho, de arrancarle un brazo a un hombre vigoroso de un simple tirón; el que sean de media más bajos que nosotros no debe engañarnos: tienen una fuerza terrible y, también quedó dicho, en especial los machos adultos pueden ser muy agresivos. Por el contrario, los bonobos son chicos elegantemente gráciles, con torsos esbeltos, hombros estrechos y cuellos delgados con cabezas más pequeñas y expresivas caras. Los chimpancés, cuando caminan de su forma característica, no exactamente a cuatro patas sino apoyándose en los nudillos de las manos, tienen la espalda inclinada hacia abajo, mientras que en los bonobos queda casi horizontal al suelo por la elevación de las caderas. Erguidos, enderezan la espalda mejor que los chimpancés, con una postura sobrecogedoramente humana. Hay algún antropólogo que los ha comparado con nuestros ancestros en línea directa, los famosos australopitecos. El bonobo es uno de los últimos mamíferos descubiertos por la ciencia. Tras el okapi –una suerte de tímido “híbrido” entre la jirafa y un antílope- y el hipopótamo enano. Fue en 1929 y no en la jungla, sino en un museo de Bélgica dedicado al África colonial, al inspeccionar un pequeño cráneo atribuido inicialmente a un chimpancé juvenil. Hubo hasta zoólogos que se burlaban del Doctor Schwart, el descubridor, porque pretendía que había dos especies de chimpancés y tres de elefantes, cuando todo el mundo sabía que sólo había un chimpancé y dos elefantes, el asiático y el africano. Hace poco se ha confirmado que el elefante de selva (el africano común es el de sabana) es una especie distinta y hace mucho que el bonobo se considera una especie a parte.

Los bonobos viven en selvas densas y pantanosas de una región relativamente pequeña de la República Democrática del Congo, antiguo Zaire. Las primeras experiencias en su hábitat natural consistieron en dejar caña de azúcar en los claros; los machos llegan primero e inspeccionan la zona, se apresuran a recoger todo el alimento que pueden antes de que aparezcan las hembras; cuando estas lo hacen, su entrada conduce a una orgía sexual y a la apropiación inevitable de las mejores cañas por las matriarcas. Igual sucede en cautividad. Téngase en cuenta que los machos son más grandes y fuertes y están dotados de largos caninos que las hembras no tienen. Pero así son estos ginocéntricos, sensuales y apacibles bonobos. Su comportamiento da idea de la enorme variedad de conductas que podrían haber tenido nuestros ancestros.

Todos estos descubrimientos surgieron en un momento en el que el panorama sobre la probable conducta de los primeros humanos estaba dominado, al menos a nivel popular, por el famoso etólogo austríaco, Konrad Lorenz. Lorenz, especialista en el comportamiento de gansos y peces, premio Nobel y con un dudoso pasado nazi, era el propagador de la idea de que la violencia y la agresión estaba en nuestros genes (Sobre la agresión, el pretendido mal) y que además eso no era malo desde el punto de vista evolutivo. Y de pronto un segundo chimpancé –"El tercer chimpancé”, según el título de un famoso libro de Jarred Diamond, somos nosotros- viene a desmontar la teoría de que la “marca de Caín” es la seña de identidad de la humanidad. Al otro lado del Atlántico, le hacía eco, más que se hacía eco, un periodista científico norteamericano, Robert Ardrey, que describía a los australopitecos, el género anterior al Homo, como carnívoros implacables que calmaban su sed con la sangre caliente (literal) de las presas vivas que descuartizaban. Ardrey en su libro, Génesis en África, trataba a nuestros parientes como predadores mentalmente perturbados. Ni que decir tiene como la derecha política aprovechó todo esto, así como El gen egoísta de Dawkins, para promover una imagen violenta, codiciosa y egoísta, que además era buena para la sociedad: sólo los que se ayudan a sí mismos son benéficos para el conjunto, afirmaban calvinistamente Reagan y Thatcher, esa pareja pavorosamente cómica. Sólo los ingenuos y los ignorantes totales de la historia de la ciencia piensan que esta es tan objetiva como no manipulable; quizá a la larga, pero se utiliza como forma de propaganda por todos los régimenes y en especial los totalitarios.



Notas sobre las fotos: las dos superiores muestran el rostro de bonobos con su característico “peinado” Creo que si alguna vez me diese por cambiar el nombre de este blog le pondría, yo sé muy bien por qué, “El flequillo del bonobo”.La última foto, tomada del extenso repertorio del grupo del zoo de San Diego, tan fotografiado como las estrellas de rock, muestra un nada infrecuente acto de sexo lésbico entre dos hembras de bonobo.

6 comentarios:

Emma dijo...

La escena de sexo lesbico es inquietante: Los animales como los bononos buscan placer sexual sin fines reproductivos con la ventaja de no contar con sentimientos de culpa ni otros estupidos rollos. Ellos son libres y nosotros, pobres humanos, ay pobres humanos!

zwingenstein dijo...

Los amores lesbicos de los bonobos, parece ser que buscan mejoras en el status, así que no son tan libres

Emma dijo...

Es eso cierto Lansky? No es que desconfie de zwing pero prefiero una opinion contrastada.
Hay algun bonono macaco o gorila que posea el libre albedrio que nosotros buscamos desesperadamente?

zwingenstein dijo...

Haces bien en desconfiar, en el libro de Garcia Leal, A. (2005) "La conjura de los machos: Una visión evolucionista de la sexualidad humana" Tusquets encontrarás bibliografía especializada sobre la sexualidad de los bonobos y ya puestos sobre la de otros grupos animales. Así como un analisis de las llamadas "señales honradas" es decir,si aquellas cosas del otro sexo que nos atraen tienen valor para la supervivencia de la especie. El libro es bastante bueno, desde mi punto de vista algo tendencioso pero la revisión bibliográfica es espectacular y de allí puedes ir a las fuentes directas y sacar tus ptopias conclusiones.

Lansky dijo...

Frans de Waal no opina eso; parece ser que son los chimpancés los que más utilizan el sexo para detener agresiones (quizá como las mujeres maltratadas) y para mejorar estatus, que, por otra parte es lo que hacen las isabel preisler de este mundo y tantas y tantos otros. La imagen de las dos bonobas es un fotógrama del famoso centro de la isla de Yerkes; las anotaciones de esta filmación indican que ambas hembras tienen el mismo rango en el grupo y que después de alimentarse inciaron ese encuentro sexual denominado GG (frotamiento de vagina y clítoris).

Pero entiendo a Emma y a la supuesta parte contraria, zwingenestein: estos primates despiertan cierto nerviosismo porque nos muestran a nosotros mismo bajo una luz brutalmente honesta.

Emma dijo...

Efectivamente, la escena de sexo lesbica entre los dos primates nos habla con una elocuencia tal que ninguna pelicula porno podria superar jamas.