TABLÓN DE ANUNCIOS

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1)“Los optimistas escriben mal

Arno Schmidt

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2) El peor asesinato es el político, porque a la premeditación y alevosía de todo terrorismo se añade que implica creer que determinada causa está por encima de la condición humana

El cuñado de Lansky

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3) Quizás el elevado número de altos cargos electos y no electos en todas las administraciones tiene que ver con un programa de integración laboral de deficientes mentales y yo no me había enterado

Lansky


4) O Europa exporta libertades y derechos occidentales o importa precariedades y esclavitudes chinas; es un problema de balanza comercial ética.

Lansky


27/05/2008

Locomotoras y mujeres modernas




El genial rezongón que es Ernesto Sábato llamaba “profetas de la Locomotora”[1] a los modernitos tontos, los que defendían la candorosa idea de que el hombre que viajaba en ferrocarril era moralmente superior al que lo hacía a caballo. Pero una cuestión aún más curiosa de esas gentes extasiadas por lo nuevo –hoy, claro, sería el i-Pod, el MP3 o yo qué sé-, son los que viven fuera de su tiempo; los hay que se adelantan, como Nietzsche, que fue un hombre del siglo XX, y los hay que se retrasan, como la mayoría de los intelectuales españoles de la primera mitad del siglo pasado y de finales del XIX, toda la dichosa generación del 98 en pleno. Ambas cosas, creo, no son igual de malas, pero ambas traen problemas al interesado. A mí, personalmente me gustan los anacronismos y también bastante remar contracorriente: se endereza mejor la barca. Odio los plásticos, sobre todo los fácilmente sustituibles por otros materiales y los que se integran en cosas nobles, como una silla o un suelo. Pero, anacrónico yo, me enternece esa falsa madera que se llamó formica, esa falsa cerámica, que se llamó baquelita, ese falso cuero, que se llamó skay, esa falsa seda, que se llamó nylon, esa falsa piel, que se llamó vinilo, y sobre todo esa otra que se llamó plexiglás. Y además me gusta mucho la palabra plexiglás, ese pionero de los plásticos con el que se hacían bolsos y hasta botas y zapatos tan brillantes como abiertamente falsos.

En parte sé lo que me pasa, es lo que yo llamo el síndrome de la puta y el edificio viejos, que dice así: como las putas y los edificios, cualquier cosa que alcanza determinada edad, por muy fea, nefasta o “tirada” que haya sido, si sobrevive, termina alcanzando cierta respetabilidad que nunca soñó tener de joven, sea el edificio cuando era nuevo feo, sea la pobre puta ahora convertida en respetable “Madam”. Y lo mismo para el nylon, el skay, la baquelita, la formica, el vinilo y el plexiglás; ah, el plexi glás, seguro que a Almodóvar también le mola.

Y las ideas lo mismo, de modo que el progresismo puede suponer sorprendentemente mantener ideas definitivamente superadas. Como la de que ambos sexos, hombres y mujeres son iguales; ojo, no que tienen los mismos derechos y merecen las mismas oportunidades, sino que son literalmente iguales, para jugar al frontón o para dar el pecho; que úteros y vaginas, son lo mismo que penes y testículos, depilarse que afeitarse, ser un hijo de papá que directamente una mamá. Así que si uno, siguiendo la lógica cromosómica, comete el desliz de señalar esas diferencias, será inmediatamente acusado de bárbaro y reaccionario, porque, de alguna forma misteriosa, le acaba de faltar el respeto a la Lógica de la Locomotora, que siempre es mucho mejor, en cualquier circunstancia y lugar, campo a través o junto al mar, que andar a caballo, no sé si me explico.

No obstante, es curioso constatar que en el aspecto del progreso menos discutible: la invención y desarrollo de tecnología, la mujer fue la inventora de casi todas las técnicas: desde las primeras nociones de la agricultura y la ganadería, con la domesticación de animales, los tintes, los tejidos, la cestería, la alfarería y cerámica, la cocción y conservación de alimentos, la molienda de harinas y el curtido de pieles y cuero. Como señala Otis Mason hay un neto origen femenino de la industria. Hoy, en cambio, son raras las mujeres que dirigen industrias o empresas, ni siquiera las más vinculadas a lo femenino, como la cosmética o la moda. Parece pues que el progreso de la emancipación de la mujer no ha sido acompañado por el desarrollo técnico, por las razones que sean, entre otras la evidente de que el progreso como única dirección ascendente y total es un mito y que el pasado no siempre es una simple fase previa del presente.

Con alguna de esas mujeres furiosas, siempre furiosas, que me han señalado con el dedo en esas circunstancias que menciono me pasa algo similar a lo que me sucede con el plexiglás o la auténtica formica de cafetería de carretera estadounidense: comprendo sus invectivas, como “comprendo” la textura satinada de la formica incluso, aunque siempre me gustará más la madera auténtica, como siempre me gustará más una mujer inteligente y menos doctrinaria, pero no puedo evitar enternecerme un poco, y eso se me nota, y eso las cabrea todavía más, porque jamás admitirá, una de esas féminas furiosamente reivindicativas que son a la mujer verdaderamente libre lo que la formica a la madera o el plexiglás al cuero.
[1] Ernesto Sábato: Heterodoxia. Emecé Editores, Buenos Aires, 1951

10 comentarios:

Miroslav Panciutti dijo...

Me ha venido a la mente esa canción de Sabina que va categorizando a las mujeres: "hay mujeres veneno, mujeres imán; hay mujeres consuelo, mujeres puñal; hay muejeres de fuego, hay mujeres de hielo, mujeres fatal". Tendrías que haberle soplado más versos: hay mujeres de nylon, mujeres de seda, etc ... Y, desde luego, "mujeres plexiglás" me parece un hallazgo.

Lansky dijo...

De hecho, miroslav, tengo entendido que las "dominantas", esas mujeres teatralmente sádicas que dan gusto mercenario a los masocas, con sus tacones de aguja y sus látigos, de negro riguroso, no van de cuero, sino de plexiglás, con lo que mantienen también, esa industria.

Emma dijo...

Las mujeres, origen de toda industria conocida, se han agotado para si mismas ergo ya no hay industria que inventar y por lo tanto que dirigir ya que tenemos lo que siempre deseamos :Medias coloreadas de nylon, tintes de pelo, uñas postizas, ollas bruñidas, pastillas contra la cal, lejia y fosforos. No puedo pensar en otra industria que me sea hoy por hoy impetuosamente necesaria.
A menos que se me ocurra la vuelta a la naturaleza, el vello en las axilas, la recoleccion de hierbas y los libros de geografia.
Pero ya no tendria sentido, soy una mujer de mi epoca. Lo contrario seria ser como una irlandesa hippy que conoci cerca de Ennistimon : Igual que Linda McCarthy, su diosa venerada, pelo largo y frondosas piernas, viviendo con dos cacerolas y un perro, cultivando zanahorias en el jardin, amante de todo Paddy desorientado.
Pero esa vida, si no has nacido vikinga, no es para las españolas ( me parece)

Lansky dijo...

Una hippy estricta como la que describes, Emma, debe ser más terrible que una bruja de Macbeth...Cuenta: ¿tienes algo de plexiglás?

Emma dijo...

Pues no se si tengo plexiglás, amor. Pero seguro que si rebusco en mi armario algo encontrare. Es posible tener sujetadores de plexiglás? Tuve algun primer sujetador de espuma pero vete a saber donde esta.
En cuanto a la bruja Macbeth, si, era espeluznante, pertenecia a una especie singular de brujas gaelicas ciertamente numerosa en la isla de Irlanda. Mujeres que en su adolescencia fueron bellisimas rubias de piel blanca y pecosa y que llegaron al Oeste de Irlanda en los setenta procedentes de Belfast o Gales, enfundadas en sus botas de agua hasta la rodilla, buscando fundirse con la naturaleza, su novio y tejer jerseys con la lana de las ovejas de cara negra. Pero cuando aquellos jovenes se cansaron de la aventura y regresaron a Londres o a Brighton cabezotas como Emily decidieron quedarse fieles mas seguramente a un "local" que a un modo de vida. Para convertirse ciertamente mucho mas tarde en MacBeth brujas. Haberlas haylas. Son muy divertidas

Lansky dijo...

Sujetadores de plexiglás los de las mencionadas dominantas. Por cierto, tu bruja de Macbeth se parece mucho a las recolectoras de bígaros de Finisterre.

Emma dijo...

Bígaros, que sabrosa palabra! De recolectora de bígaros hasta yo misma he ejercido, llena de alegria.
Si, es una de ellas sin duda. Buen olfato Lansky.

ismo dijo...

Buscaba información para intentar comprender eso del "cambio climático", dirigido hacia este blog por Júbilo... y me encuentro con este divertido retrato de las mujeres plexiglás. Gracias por la información (que me cuesta comprender) y muchas gracias por el buen rato.

Lansky dijo...

Gracias y bienvenido, Ismo. Para el cambio climático te recomiendo mi otro blog, "Tanis-Lem orbitando", de momento cerrado, y en concreto el post del 10 de enero: "Las objecciones de Newton al cambio climático"

ismo dijo...

Ya he podido disfrutarlo y ha sido revelador. Gracias otra vez.