09-may-2008

Una falsa frontera




Quizás sean artificiales todas las fronteras que trazan los hombres, incluso las que definen grandes cordillera o mares, pero eso no las hace menos reales.

Este extremo occidental del Mediterráneo es lo que Fernand Braudel llamaba “La ‘Mancha’ mediterránea”. Para un geógrafo o un historiador no es un espacio tan bien definido como el Tirreno, no digamos el Adriático, la más coherente de todas las regiones de nuestro mar. Pero es un espacio autónomo, angosto, el que más honor hace a su nombre de mar entre tierras, o sea, el más propicio a la apropiación humana. Junto a ese mar, en un puerto de pesca –jamás deportivo: odio los puertos deportivos por poderosas e instintivas razones- de ese auténtico “canal” tuve durante lustros exilada a mi amada biblioteca. Es un mundo marino aparte, aunque los bañistas que se tuestan como salazones al sol lo ignoren, que va desde el estrecho de Gibraltar, al oeste, donde comenzaba el temido Océano, hasta el cabo de la Nao de Valencia, frente a Argel.

Pero a la inversa que el canal de La Mancha, que “aísla” el continente de las Islas Británicas, de escasa profundidad, El Estrecho es temiblemente profundo y permite la circulación superpuesta en ambos sentidos del agua atlántica de entrada, profunda, fría y poco salada y el agua superficial de salida del Mediterráneo, más salada y cálida. La circulación de este a oeste nunca ha sido fácil, como saben todos los marinos, y como si nuestro mar aprisionado entre tierras de olivos y encinas no quisiera dejarnos marchar. Salir al Atlántico, entrar en el verdadero mundo marino, vasto y sin orillas a la vista es asunto difícil, con nieblas frecuentes, corrientes fortísimas y cambios de vientos en el canal central y, si caboteas y te acercas a las orillas, con abundantes bancos de arena y arrecifes no siempre bien señalados. Aún hoy, la travesía del Estrecho es una operación náuticamente complicada.

En cambio, si navegar de este a oeste es difícil, hacerlo de norte a sur es fácil, pasar de Europa a África no representa ninguna barrera, ni para los barcos más pequeños ni para las aves que todos los años cubren sus rutas migratorias entre ambos continentes; es como un río que une más que separa ¿Sabéis una cosa? Iberia y África septentrional son un solo mundo, por muchas alambradas que dispongamos: un biocontinente con los mismos naranjos, olivos, encinas y alcornoques, asnos y ovejas. El mismo. Podríamos remedar la fórmula matrimonial: "lo que no ha separado la naturaleza no lo separe tampoco el hombre". El problema es que sí hay una barrera, paradójica porque también es una lanzadera; se llama pobreza.

Nota: la espléndida ilustración de este post no es una foto, sino una "imagen" satélite (confío en que la NASA no me demande, como un anticuario que yo me sé (ver post antíguo "La mano"). Es decir se captaron con sensores las franjas de radiación por separado, desde el infrarrojo térmico al ultravioleta, pasando por todo el espectro visible -con la luz verde en medio-, y luego se reconstruyó la imagen en colores convencionales, dando un resultado que es más "real" que la realidad, no sé si me explico.

7 comentarios:

Miroslav Panciutti dijo...

Qué maravilloso el libro de Braudel sobre el Mediterráneo; no hay mejor ejemplo de la importancia de conocer la geografía para entender la historia. En efecto, el Mediterráneo es un espacio lleno de subdivisiones, fronteras interiores que ya su perímetro dibuja claramente y más si se miran las profundidades diversas y se atienden a las cambiantes condiciones de los vientos y otros fenómenos (pero de eso poco sé, nunca he sido marino). Recuerdo cuando leía el libro con un mapa grande al lado para delinear los distintos mares en los que españoles, italianos, otomanos, etc jugaban las partidas de la época de Felipe II. Ahora me he vuelto a pasar un ratito evocándolo ante tu post y el mapa que pones. Tan sólo te diría que, en mi opinión, haces demasiado grande ese mar occidental llevándolo hasta el cabo de la Nao. Yo lo dejaría desde Gibraltar hasta el cabo de Gata, el llamado mar de Alborán.

Lansky dijo...

No lo hago yo, lo hace Braudel, citando a Gilberto Freyre y a René Lespès, y estoy de acuerdo con ellos; fíjate bien: es a partir del cabo de la Nao que el Mediterráneo ensancha y acoge las Baleares.

Vanbrugh dijo...

Estuve en Marruecos hace ya años. Yo vivía entonces en un pueblecito castellano y me impresionó hasta qué punto los tipos marroquíes más frecuentes, cambiándoles el fez y el turbante por una boina y la chilaba por una chaqueta de pana, hubieran podido trasplantarse sin llamar la atención a mis pinares segovianos. Los rasgos faciales, el porte, la actitud humana... todo, quitando el idioma y la vestimenta, era, en muchísimos casos, perfectamente similar. Se me ocurrió entonces que la guerra del Rif fué una lucha entre iguales, los mismos campesinos cenceños y renegridos de un lado que del otro matándose mutuamente en beneficio, evidentemente, de ninguno de ellos.

Y cruzar el Atlas nevado fue una verdadera sorpresa: paisajes alpinos, de pinares cargados de nieve, que te hacían pensar en Suiza o en el norte de Italia... hasta que te cruzabas la cuadrilla de quitanieves, con chilabas y turbantes totalmente fuera de lugar en aquel paisaje de Heidi.

Emma dijo...

Ayer comiendo en la cantina de mi empresa una ensalada con aceitunas descubri que mi compañera (tunecina) de mesa conocia el nombre " aceituna". Ante mi sorpresa ella me dijo tranquilamente que "aceituna" es "aceituna" en arabe.Oh, claro, pense yo, que tonta. Somos nosotros los que hemos heredado la palabra. Se me olvido que somos Africa. Este findesemana me voy a Murcia asi que espero respirar el aire africano nuestro con mas fuerza, que no es bueno vivir encerrada en esta europa central de luxe, ya me he dado cuenta.

Lansky dijo...

Por eso tenía razón don Pío cuando decía que los nacionalismos (y los racismos y las xenofobias) se curan viajando, Vanbrugh

Y en portugués, Emma, "aceituna" es "seituna", sin el "a" o "al" del artículo árabe.

Lansky dijo...

Y en Le Gorge des Singes, en el paso del Atlas teliano al sahariano, Vanbrugh, más anacrónico que los moros quitanieves eran las bandadas de monos pululando entre las laderas cubiertas de cedros del Atlas en ese paisaje nevado y alpinizado. Eran la misma especie que la famosa mona de Gibraltar: monos rabones de la especie Macaca sylvana: macaco de bosque, aunque aquí anden esntre rocas peladas.

Emma dijo...

Monos en paisajes nevados del Atlas. Musulmanes de piel blanca y cabellos rojos. Temperaturas de treinta grados en Moscu. Lluvia en Murcia. La vida es escandalosa!