
El librito de Schrödinger comienza preguntándose qué es la vida y concluye con un epílogo sobre el determinismo y el libre albedrío. Lógico. Pero antes –last but not least- responde: “En biología nos enfrentamos con una situación completamente diferente[1]. Un único grupo de átomos, del que existe una sola copia[2], produce acontecimientos ordenadamente, armonizados entre sí de modo maravilloso y con el ambiente siguiendo las leyes más sutiles.” El “mecanismo” de un ser vivo, de una célula, por ejemplo, es completamente diferente del mecanismo de probabilidades de la Física. El principio director de cada célula está contenido en un grupo de átomos –“asociación atómica”, lo llama Schrödinger- única existente en una sola copia (a veces en dos) y todo ello produce un modelo de orden. Esto es un hecho sin precedentes que sólo se da en la materia viva. Y eso nos enfrenta a la ley más general e importante de la Física, la ley del aumento de entropía que lo abarca todo y que no es otra cosa que el propio desorden molecular.
Hay dos formas de producir orden, el del desarrollo de la vida procede de una fuente diferente. Esos dos mecanismos son el que produce orden a partir del desorden y el que produce orden a partir del orden. El primero es el que sigue la naturaleza y el que hace posible la comprensión de las líneas maestras de los acontecimientos naturales, en primer lugar la de su irreversibilidad. Schrödinger renuncia a cualquier reduccionismo fisicista cuando afirma que las leyes de la Física no bastan para explicar el comportamiento de esa materia viva (hoy diríamos que no basta ese nivel de complejidad), cuyos rasgos más fascinantes están notoriamente basados en el principio de “orden a partir de orden” El autor no se sorprende de que no nos baste con las leyes físicas, pero tiene la esperanza de encontrar un nuevo tipo de ley física que la gobierne, o bien, una ley “no-física” o “super-física”. Su conclusión es que ese nuevo principio no es ajeno a la Física. En principio todas las leyes físicas son probabilísticas, están basadas en la estadística, pero eso hay que matizarlo, porque precisamente el orden a partir del orden parece no entrar dentro de esa cualidad.
Pensemos en el movimiento de los astros: es mantenido igual por un tiempo casi indefinido de forma que la situación de las constelaciones en un momento dado está en relación directa con la de cualquier momento del pasado o del futuro; de hecho, esto se ha utilizado para datar más correctamente acontecimientos del lejano pasado histórico. Esto no está basado en ninguna estadística, sino el la famosa Ley de Newton de la atracción universal. A continuación, el autor hace un paralelismo con el mecanismo de un reloj: funciona porque se le da cuerda, por lo que parece que tampoco tiene que ver con procesos estadísticos, pero en realidad la interacción de átomos y moléculas que está regida por esa estadística siguen existiendo y el proceso inverso, que el reloj obtenga del calor ambiente la forma de darse cuerda a sí mismo sería altamente improbable pero no imposible. Lo que sucede es que para explicar el movimiento del reloj “no necesitamos” tener en cuenta esas pequeñas perturbaciones que rige la estadística.
El poeta tenía razón, como siempre: “somos polvo de estrellas". Los átomos de carbono y oxígeno d e la materia viva se forjaron en los núcleos de estrellas que explotaron, en un proceso de reciclado más viejo que nuestro Sol. Pero la vida no es sólo materia, como no es sólo un mecanismo asimilable a un reloj, aunque es un proceso. Kant ya lo había observado con perspicacia, un organismo es “a la vez causa y efecto de sí mismo”[3]. Un ser vivo es pues algo diferente a cualquier cosa del universo, más centrado, literalmente, en sí mismo. En el origen de nuestro planeta, cuando era joven, lleno de fuego y azufre, está el origen de la vida también. Fue en esa caldera donde se originó y evolucionó la primera vida, y esa secuencia se repite en las vías metabólicas de ciertas bacterias de ambientes extremos, como las que habitan junto a escapes volcánicos en los fondos oceánicos, que son reliquias de ese origen, pues en lugar de fotosíntesis utilizan la quimiosíntesis de ese azufre primigenio para obtener energía.
La vida exhibe procesos direccionales, como la expansión, el incremento de taxones o el consumo creciente de energía (como las propias sociedades humanas) que no se concilian bien con los procesos básicamente aleatorios. Es un signo de la evolución biológica el incremento de la complejidad de la vida, que, por cierto, no tiene cabida en el neodarwinismo ortodoxo, pero que adquiere sentido cuando la consideramos junto a otros sistemas naturales de flujo de energía.
(continuará)
[1] Se refiere a los modelos en física atómica que viene mencionado anteriormente.
[2] Con una sola copia alude a los jemplos del huevo y de los organismos unicelulares, porque en los organismos de mayor organización, las copías se multiplican, pero ¿hasta qué punto?: hasta 10 elevado a 14 en un mamífero adulto.
[3] Crítica del juicio (1790)
4 comentarios:
Por lo que sabemos la vida no contradice el segundo principio, globalmente hablando. El saldo total de entropía siempre es positivo, el desorden total aumenta en un sistema cerrado, cada pequeño cúmulo local de complejidad antientrópica -cada organismo vivo- pueden existir solo a costa de provocar mayor entropía en otro punto del sistema.
Pero no deja de ser sorprendente que "tienda" a contradecirlo, que, aunque solo sea local y parcialmente, actúe, y vigorosamente, en contra de la tendencia universal. Que le dé por "rodar pendiente arriba", aunque al hacerlo impulse a su entorno pendiente abajo para que el segundo principio no tenga de qué protestar.
Es cierto que el fenómeno, así visto, parece pedir a voces una explicación también global, algún nuevo principio que le permita integrarlo en la ley general dejar de presentársenos como una excepción inexplicable.
...que le permita integrarse en la ley general y dejar de presentársenos...
(Quise decir)
Entiendo perfectamente eso de "cada organismo vivo puede existir sólo a costa de provocar mayor entropía en otro punto del sistema". ¡Es el cuarto de mis hijas!
Sí, vanbrugh, en el post siguiente, el de hoy, doy cuenta de esto que comentas.
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