
Hubo un tiempo en que los ejercitos, o sus campeones combatían para dirimir las disputas entre sus pueblos.
Cuando se quiere poner en solfa la noción de progreso se suele acudir a la historia militar y más concretamente a esa subsección que da cuenta del progreso tecnológico del armamento, cada vez más eficiente en eso de matar a distancia y de matar a más de golpe. Sin embargo, tengo mis dudas de que ese sea el aspecto más relevante para criticar el “progreso”. Porque incluso los cambios bélicos son algo más que tecnología.
Durante gran parte de la historia, las guerras se dirimían entre bandos armados por armas empuñadas de piedra, madera, bronce, hierro y acero, sucesivamente. También se utilizaban armas arrojadizas, azagayas, venablos, lanzas y dardos y flechas. Cuando se inventó la ballesta, que lanzaba dardos de acero que perforaban las armaduras y las cotas de malla, hubo un papa que pronosticó que el mundo desaparecería por culpa de tan terrible arma. Pero con hachas, hondas, espadas y lanzas, dardos y flechas, las guerras se dirimían entre ejércitos que a menudo, aunque siempre estuvo mal visto, arrasaban aldeas y ciudades masacrando gentes no combatientes. El porcentaje de muerte directa en las guerras de población civil era muy inferior a la de guerreros y combatientes. En todo caso, eran las secuelas de la guerra, las epidemias, la escasez de alimentos o la falta de agua potable las que causaban más muertes entre los civiles. Incluso, en el extremo contrario, había batallas que se solventaban por el combate singular de sus líderes, reyes o campeones sin daños para los demás combatientes.
Luego se inventó la pólvora. Los chinos la andaban usando para sus fuegos artificiales, pero algún occidental avispado dedujo que la pirotecnia era la hermana pacifista de la artillería. Creo que se usó por vez primera en el asedio de Constantinopla por los turcos, y era cosa de ver como se derrumbaban murallas y de que poco servían las fortificaciones que ahora se podían conquistar sin la paciencia del asedio. Las poblaciones no combatientes dejaron de poder refugiarse en castillos y ciudades amuralladas y su porcentaje de bajas aumentó, pero todavía nadie tenía el cinismo de llamar a la matanza de civiles “daños colaterales”
En la Primera Guerra Mundial, con buenas razones llamada La Gran Guerra, las trincheras de frentes inamovibles hicieron morir a millones de soldados a veces para avanzar el “vencedor” unos escasos metros. También murieron bastantes civiles, pero como los bombardeos masivos de ciudades no se habían inventado, bastantes menos que soldados. En cambio, la terrible Segunda Guerra Mundial marcó un terrible cambio que se ha mantenido; trajo entre otras innovaciones y mejoras armamentísticas el bombardeo por laminación o “a manta” de ciudades. Lo practicaron los dos bandos, todos los ejércitos y culminó en el lanzamiento de dos bombas atómicas sobre ciudades japonesas repletas de civiles y sin interés ni acantonamientos militares. Por primera vez en la historia de la belicosa humanidad, el número de bajas civiles fue superior al de combatientes.
Ahora, y ya desde Vietnam, pero miren Irak o Afganistán, cuando una pequeña patrulla del poderoso ejercito ocupante es hostigada por guerrilleros enemigos se llama inmediatamente a helicópteros artillados y cazabombarderos que no dudan en lanzar misiles contra un grupo de seis o siete enemigos, mientras los que han solicitado el auxilio aéreo se cagan literalmente de miedo porque en tanto no llegue esa ayuda son simples hombres armados hasta los dientes contra otros hombres armados y a pie como ellos. Y por supuesto, los “daños colaterales, ahora ya no son denominados civiles muertos por soldados, multiplican por cien las bajas de esos bravos soldaditos. Todo un progreso, porque ahora, el sitio más seguro en una guerra es incrustado en el ejercito, como esos periodistas obligados a recibir la noticia al dictado del atacante; ser un militar bien arropado en un blindado y no un niño en una escuela, una anciana en un mercado o un agricultor en un camino; eso sí que es mucho más peligroso. Mientras tanto, como todo lo bueno, y pese a la posibilidad creciente de matanzas masivas, cada vez es más caro matar a un enemigo: frente al coste de la flecha o la espada pongan ahora la de un cazabombardadero y unos misiles de nada, para matar un, dos tres talibanes subidos a un, dos, tres camellos. Es la única ventaja que le veo a la evolución tecnológica de la guerra, que cada vez es más caro matar y también por eso, los desalmados del “otro” bando, con menos recursos económicos, usan aviones de pasajeros como misiles y, sobre todo, atacan directa e indiscriminadamente a la población civil. Todo un “progreso”, ya digo. Si hoy leemos al tan celebrado Lun Tsu, el de El Arte de la Guerra, nos parecerá perfectamente inútil; no porque el arte de combatir sea esencialmente distinto con flechas o con balas, sino porque enemigo y atacantes ya no son lo mismo. Ni la guerra es, como quieren algunos fascinados por el belicismo, el mismo y terrible asunto de antes, sino mucho más sórdido y cobarde. Ni el famoso “Alea jacta est” se pronuncia al cruzar un río, porque esa frontera siempre se establece en los despachos de las multinacionales y de los gobiernos tan prepotentes como unilaterales. Y como la guerra es asunto de los militares y no en principio de los civiles desarmados, es lógico que finalmente se haya convertido en un juego en el que los que más arriesgan no son los que juegan, sino los que miran. Como diría un cantautor, los que "pasaban por ahí".
Cuando se quiere poner en solfa la noción de progreso se suele acudir a la historia militar y más concretamente a esa subsección que da cuenta del progreso tecnológico del armamento, cada vez más eficiente en eso de matar a distancia y de matar a más de golpe. Sin embargo, tengo mis dudas de que ese sea el aspecto más relevante para criticar el “progreso”. Porque incluso los cambios bélicos son algo más que tecnología.
Durante gran parte de la historia, las guerras se dirimían entre bandos armados por armas empuñadas de piedra, madera, bronce, hierro y acero, sucesivamente. También se utilizaban armas arrojadizas, azagayas, venablos, lanzas y dardos y flechas. Cuando se inventó la ballesta, que lanzaba dardos de acero que perforaban las armaduras y las cotas de malla, hubo un papa que pronosticó que el mundo desaparecería por culpa de tan terrible arma. Pero con hachas, hondas, espadas y lanzas, dardos y flechas, las guerras se dirimían entre ejércitos que a menudo, aunque siempre estuvo mal visto, arrasaban aldeas y ciudades masacrando gentes no combatientes. El porcentaje de muerte directa en las guerras de población civil era muy inferior a la de guerreros y combatientes. En todo caso, eran las secuelas de la guerra, las epidemias, la escasez de alimentos o la falta de agua potable las que causaban más muertes entre los civiles. Incluso, en el extremo contrario, había batallas que se solventaban por el combate singular de sus líderes, reyes o campeones sin daños para los demás combatientes.
Luego se inventó la pólvora. Los chinos la andaban usando para sus fuegos artificiales, pero algún occidental avispado dedujo que la pirotecnia era la hermana pacifista de la artillería. Creo que se usó por vez primera en el asedio de Constantinopla por los turcos, y era cosa de ver como se derrumbaban murallas y de que poco servían las fortificaciones que ahora se podían conquistar sin la paciencia del asedio. Las poblaciones no combatientes dejaron de poder refugiarse en castillos y ciudades amuralladas y su porcentaje de bajas aumentó, pero todavía nadie tenía el cinismo de llamar a la matanza de civiles “daños colaterales”
En la Primera Guerra Mundial, con buenas razones llamada La Gran Guerra, las trincheras de frentes inamovibles hicieron morir a millones de soldados a veces para avanzar el “vencedor” unos escasos metros. También murieron bastantes civiles, pero como los bombardeos masivos de ciudades no se habían inventado, bastantes menos que soldados. En cambio, la terrible Segunda Guerra Mundial marcó un terrible cambio que se ha mantenido; trajo entre otras innovaciones y mejoras armamentísticas el bombardeo por laminación o “a manta” de ciudades. Lo practicaron los dos bandos, todos los ejércitos y culminó en el lanzamiento de dos bombas atómicas sobre ciudades japonesas repletas de civiles y sin interés ni acantonamientos militares. Por primera vez en la historia de la belicosa humanidad, el número de bajas civiles fue superior al de combatientes.
Ahora, y ya desde Vietnam, pero miren Irak o Afganistán, cuando una pequeña patrulla del poderoso ejercito ocupante es hostigada por guerrilleros enemigos se llama inmediatamente a helicópteros artillados y cazabombarderos que no dudan en lanzar misiles contra un grupo de seis o siete enemigos, mientras los que han solicitado el auxilio aéreo se cagan literalmente de miedo porque en tanto no llegue esa ayuda son simples hombres armados hasta los dientes contra otros hombres armados y a pie como ellos. Y por supuesto, los “daños colaterales, ahora ya no son denominados civiles muertos por soldados, multiplican por cien las bajas de esos bravos soldaditos. Todo un progreso, porque ahora, el sitio más seguro en una guerra es incrustado en el ejercito, como esos periodistas obligados a recibir la noticia al dictado del atacante; ser un militar bien arropado en un blindado y no un niño en una escuela, una anciana en un mercado o un agricultor en un camino; eso sí que es mucho más peligroso. Mientras tanto, como todo lo bueno, y pese a la posibilidad creciente de matanzas masivas, cada vez es más caro matar a un enemigo: frente al coste de la flecha o la espada pongan ahora la de un cazabombardadero y unos misiles de nada, para matar un, dos tres talibanes subidos a un, dos, tres camellos. Es la única ventaja que le veo a la evolución tecnológica de la guerra, que cada vez es más caro matar y también por eso, los desalmados del “otro” bando, con menos recursos económicos, usan aviones de pasajeros como misiles y, sobre todo, atacan directa e indiscriminadamente a la población civil. Todo un “progreso”, ya digo. Si hoy leemos al tan celebrado Lun Tsu, el de El Arte de la Guerra, nos parecerá perfectamente inútil; no porque el arte de combatir sea esencialmente distinto con flechas o con balas, sino porque enemigo y atacantes ya no son lo mismo. Ni la guerra es, como quieren algunos fascinados por el belicismo, el mismo y terrible asunto de antes, sino mucho más sórdido y cobarde. Ni el famoso “Alea jacta est” se pronuncia al cruzar un río, porque esa frontera siempre se establece en los despachos de las multinacionales y de los gobiernos tan prepotentes como unilaterales. Y como la guerra es asunto de los militares y no en principio de los civiles desarmados, es lógico que finalmente se haya convertido en un juego en el que los que más arriesgan no son los que juegan, sino los que miran. Como diría un cantautor, los que "pasaban por ahí".
10 comentarios:
No sé yo hasta qué punto es una ventaja que matar sea cada vez más caro; cuanto más cara es una actividad cualquiera, más hijos de puta hay dedicados a vendérnosla, y más firmemente tienen a quienes deciden cogidos de los huevos -o de los bolsillos, o de ambos sitios- para asegurarse de que esa actividad sea considerada de interés primordial-nacional-patriótico-benefactor.
¿Sabes de algún país que haya dejado de hacer la guerra porque sea cara? Yo, de ninguno. En cambio se me ocurren unas cuantas guerras que se han empezado precisamente porque iban a ser carísimas. Es decir, un buen negocio.
Llevas razón.
Y yo también. Yo también, si se parte de la premisa de que hay un abundante número de hijos de puta sin demasiados recursos ¿Te imaginas si las bombas atómicas fueran baratas? No creo que la gente se auto contuviera más que los países; de hecho, con una simple moto se pueden convertir en asesinos, pero siempre es preferible un asesino en serie que un asesino en masa.
Yo no haría demasiada diferencia entre los muertos de las guerras. Sean las armas o el hambre, muertos están por causa de la guerra.
También cabe decir que la proporción entre muertos y armamento moderno no ha sido constante a lo largo de la historia. Creo recordar que la rebelión taiping causó una mortandad sólo superada por la 2ªGM (que incluía masacres de comarcas enteras, civiles), a pesar de que en la 1ªGM se contaba ya con armamento mucho más moderno, gas, etc.
Por otro lado, también hay que contar con que hoy es posible acceder a armamento muy barato y tremendamente destructivo, como el químico... Y no olvidar tampoco que el mayor responsable de muertes en la actualidad no es un bicho demasiado sofisticado, ni demasiado grande ni demasiado caro: el famoso fusil de asalto AK47.
Ismo,
No estoy de acuerdo con tu hipótesis previa: que puesto que muertos están todos da igual cómo. Precisamente, de eso se trata al analizar cualquier cuestión, en no decir que todo es igual, porque, sabes, todo es igual (los terrorismos, los maltratos, las personas) siempre que se pretenda así, pero nada lo es bajo aspectos clasificatorios y de análisis . Lo que yo, al parecer torpemente por vuestros comentarios, pretendía decir, son dos cosas: 1) que los muertos directos (en atención a tu objección) por las guerras entre la población civil exceden cada vez mayores los de los soldados directamente combatientes, y que eso pasó por 1ª vez constatada en la Segunda Guerra Mundial. 2ª) que matar a un hombre con una honda es infinitamente más barato que con un misil aire-tierra, lo cual es una obviedad, pero no el coste por víctima, que se incrementa en la medida que esas armas, tan "inteligentes" y tal, son cada vez más indiscriminadas.
Mi suegro decía que la primera vez que se usó la polvora en la guerra para la toma de una ciudad fue en la toma de Niebla por los castellanos en la mal llamada reconquista, mucho antes de la toma de constantinopla. Mi suegro era historiador y geografo y tan lenguaraz como su hijo.
Siguiendo con nuestro pais como innovador en el arte de la guerra, los bombardeos sobre la población civil fueron la tonica general en nuestra guerra civil. El caso mas conocido es el de Guernica, pero ya en los inicios de la guerra los rebeldes bombardearon muchisimos pueblos de Andalucía desde el aerodromo de Tablada, pueblos en los que solo había población civil. Es famoso el bombardeo de la población civil que huía de Malaga, que fueron bombardeados en las carreteras. Un horror.
Y hay otro aspecto del que nadie habla y del que me enteré hace poco por un libro que no me acuerdo como se llama (joía vejez). La posibilidad de bombardear a mansalva las ciudades se relaciona con la posibilidad de obtener Nitrogeno ad libitum para fabricar explosivos. Y esto solo se hizo posible con el convertidor de Haber-Bosch, que fija Nitrogeno directamente de la atmosfera. Antes se sacaba de los nitratos de chile (muy reciente) y de las cagadas de las palomas (de toda la vida), recursos bastante limitados.
La primera vez que se usa el N atmosferico para fabricar explosivos es en la primera guerra mundial, cuando los alemanes perdieron el acceso a los nitratos de chile, controlados por los ingleses. Pero en la segunda se uso a mansalva, permitiendo el bombardeo masivo de las ciudades. La cantidad de minas, minitas, bombas, bombitas y explosivos en general que destrozan ahora la vida de civiles en todo el mundo son hijos de este convertidor.
Los ecologistas se echan las manos a la cabeza con el incremento de CO2 en la atmosfera y el tan cacareado cambio climático, pero nunca hablan del tremendo impacto ambiental y social de la fijación de Nitrogeno atmosférico, que ha permitido dos cosas, fabricar explosivos y abonos a mansalva. De los explosivos para la guerra ya he hablado. Los explosivos para la paz han facilitado muchisimo la modificación de la cubierta de la tierra con obras publicas y minas. Y los abonos... han hecho posible la revolución verde, incrementando una barbaridad la producción de alimentos, y produciendo tremandas transformaciones sociales de las que hablé en otro post. Y tambien han contaminado con nitratos la tierra, incrementando la tan temida eutrofización de ecosistemas acuaticos. Tambien han democratizado la producción de explosivos. Los misiles caseros que lanzan los palestinos a los israelíes se hacen con abonos nitrogenados.
La fijación de Nitrogeno es la que ha hecho posible que la población humana haya crecido una barbaridad en los ultimos 50 años, al incrementar la producción de alimentos, y ha hecho posible tambien matar masivamente a la gente.
Rocío,
si tu erudito suegro dice que Niebla y no Constantinopla, sea Niebla, que también tiene murallas. Muchas de las cuestiones de precedencia tiene que ver con la definicón del límite: la primera vez que se uso pólvora (¿para romper un muro?), la primera vez que se usaron armas de fuego o artillería masivamente, etc.
La precedencia de nuestra Guerra Civil, sí, que ya se sabe que fue usada por la Lutwaffe alemana como ensayo general y con todo ara la Segunda, pero, pese a Guernica, no se usó el bombardeo de laminación sistemáticamente, por ejemplo, con la empecinada Madrid, sólo artillería fija y alguna bombita dese el aire (aunque desde entonces, mi madre que era una niña, no soporta los truenos)
Ahora, lo que es verdaderamente interesante es lo que cuentas del nitrógeno (y de lo que algo había oído yo), con ese frente múltiple que tan bien señalas de la agricultura forzada, la obra pública explosionante y la guerra, eso sí que es la puñeterísima trinidad de la transformación de la natura, y todo merced a un elemento que suele tener la bendita costumbre en su ciclo de escapar al aire en forma gasesosa y si no fuera por las bacterias de uno y otro signo...En fin, Rocío, cuando quieras te cedo el tinglado y me sustituyes, te podrías llamar Lanskya, para no cabrear a la ministrilla esa, que no tiene empacho en llamarse Aído en lugar de Aída, como le señalaría Verdi
El bombardeo sistemático a la población civil con aviones fue la tónica en Andalucía. Todos los dias salian de tablada aviones para bombardear pueblos y ciudades, y muchisimo antes del bombardeo de Guernica, lo que pasa es que esto es muy poco conocido.
No me largues el muerto del blog porfavor. con hacer comentarios tengo bastante. Si quieres me cambio Rocio por Rocia, para que quede mas politicamente correcto.
Bueno, creía haberte entendido. Cuando digo que tanto da lo hago porque pienso que ese riesgo de hambrunas que trae una guerra, por ejemplo, no es una mera casualidad y que está planificado: matar tíos a tiros, tirar bombas para machacar a la población civil, provocar hambrunas... Con todo ello se ataca a la población, pero se hace para debilitar al enemigo militar. Esa población es la que mantiene el aparato militar y no creo que haya época en el mundo en que los ejércitos no la hayan tenido en cuenta como objetivo. Por otra parte, la dinámica machacante de la población civil tras la 2GM no ha sido la misma: ahora se bombardea con más discreción (mira Bagdad ahora y mira Bremen antes), lo que creo que hace discutible tu punto 1. Y es cierto que la 2GM marcó un triste hito en cuanto a machacar población civil pero lo cierto es, como dices, que no tenemos registros de muchas matanzas anteriores, de modo que, en esto, el análisis queda en suposición (bastante probable pero suposición).
También en ese sentido traía a la discusión el AK47, como prueba de que, en la actualidad, las grandes matanzas de población se hacen "artesanalmente"... Ni hace falta tener aviones ni misiles para machacar a los civiles del enemigo.
Es evidente que los yanquis, por ejemplo, gastan millones en sus superbombarderos, pero los AK47, bastante baratos, siguen siendo responsables directos de muchas más muertes. Quizá la estadística haya incrementado el coste por víctima, pero supongo que la estadística de la que hablas tiene en cuenta todo el gasto militar, tanto en superbombarderos invisibles como fusiles de asalto cuando, insisto, los últimos son mayormente responsables directos de las grandes matanzas.
El coste en dólares deflactados (descontada la inflación para poder comparar épocas distintas) por muerto, sea por kalasnikov o por misiles, ha ido aumentando inexorablemente a lo largo del tiempo. Es un hecho; otra cuestión es como interpretarlo. Yo interpreto que a medida que las armas se vuelven más mortíferas se vuelven también más indiscriminadas y han ido afectando gradualmente a más población civil hasta exceder la de combarientes directos en el conflicto, lo que es malo.
Pero el hecho de que aumente el coste de matar no es en sí una mala noticia, aunque implique un gran negocio para las mafias armamentísticas y algunos estados industriales como USA. También aumenta el negocio farmaceutico a costa de la supuesta o real lucha contra la enfermedad. Pero ese incremento de costes se puede comparar, como simple analogía, con lo que le cuesta en gasto energético a un depredador capturar una presa; es indudable que si un león gasta más calorías en cazar una gacela de las calorías que esa gacela le proporciona no lo hará, disminuirá lo que algunos zoológos con veleidades de ecólogo llaman el "índice de apetencia". Evidentemente los costes armamentísticos no repercuten desgraciadamente sobre el que los utiliza, los militares, sino sobre el conjunto de la población, y sólo beneficia a los que las fabrican o negocian con ellos, traficantes e industrias, por lo que la anterior analogía no deja de ser eso y no se puede llevar más lejos. Pero me parece sugerente.
Rocío, Tablada, las pobres poblaciones andaluzas fueron bombardeadas, pero no por laminación. El bomabrdeo por laminación se empleó en el ensayo de Guernika de forma muy tosca y ya perfeccionado por vez primera en Dresde por los aliados, ni siquiera Londrés fue bombardeado así, sino por V2 toscamente teledirigidas y bombardeos clásicos.
Ok, entendido.
Por cierto, donde dije Bremen me refería a Dresde.
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