profesión de fe

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Somos los conocidos superhéroes del barrio –concepto acuñado por Kiko Veneno para definir lo que se podría llamar héroes de proximidad-: Lansky y Superperropequeño. Ambos somos más ciudadanos que patriotas ( y tan rústicos como urbanos), o bien, nuestra patria son nuestros zapatos -o ni eso en el caso de Jara-, la infancia o el sillón de orejas de lectura, pero nos negamos a la ñoñería esa de ciudadanos del mundo. Simplemente, tenemos pasaporte

24/06/2008

El secreto de la felicidad, 1 ("entre a tomarse un té")




El autor del blog de El Clavadista Solitario siente una personal aversión a los manuales de autoayuda. Yo también. Es obvio que a ninguno de los dos nos hace feliz el que se nos aleccione sobre cómo ser más feliz. Por mi, pueden exilar a la Isla del Diablo (la de Papillon) a los Bucay y Coelho de este mundo. Sin embargo, por provocar y sin incurrir en la autoayuda (ayudaros solos) voy a reflexionar un poco sobre estas cosas. Previamente, quitémosle ñoñería al asunto: al adicto le hace feliz la heroína, al asesino de masas, mal llamado suicida, el portar una bomba que mate a la gente a su alrededor; al sádico le produce una felicidad intensa hacer daño a alguien indefenso. La cuestión es ¿por qué?

Hay quién para ser feliz quiere un camión, quiere un camión, y que no suba el gasoil. O un tractor amarillo. Pero normalmente esos deseos se revelan luego como fuentes más de problemas que de felicidad. Para ser feliz hay quien cultiva su sensualidad, porque no sólo hay gourmets de la comida, también los hay de la bebida o del sexo, incluso de la siesta. Hay quien busca la felicidad, y a veces hasta la consigue, en los propósitos, en plantearse metas; digamos que es la felicidad del emprendedor, no necesariamente empresario; es un poco la misma felicidad que procuran los viajes o las vacaciones, con sus fases: anticiparlos y luego consumarlos, tal vez recordarlos, aunque eso de vivir de las rentas no casa con la inmediatez instantánea de la felicidad. Digamos pues que, como animales intensamente curiosos, exploradores e inventivos, planificar nos hace felices. Eso sí, hay que poner cuidado en las metas que te pones; si el listón está muy alto y no se consiguen, surge la frustración, pero si las metas son demasiado ramplonas con relación a las propias aptitudes tampoco satisface.

También estaría la felicidad de competir, digamos el “orgasmo” del poder y de rivalizar. Se trata no sólo de ganar, como en el emprendedor, sino a costa de alguien, qué se le va a hacer: la dicha de ganar a otro. Los crueles, los psicópatas, que indudablemente disfrutan haciendo daño al indefenso, pertenecerían, como caso extremo, a este grupo; torturadores, mentales o físicos; violadores, que disfrutan más por agredir que por tener sexo, o porque ese sexo no sea consentido ni mutuamente deleitoso, y claro el asesinato. Lo peor de este placer extendido, sin llegar a los extremos anteriores, es el síndrome de la patada al gato: ya se sabe, el sargento, regaña al cabo, que regaña al.., y el gato se lleva una patada del soldado raso. Se establece entonces en la sociedad, por mera búsqueda del placer, lo que yo llamo ley de la gravitación social: lamer culos hacia arriba, dar patadas hacia abajo.

Pero la especie humana no sólo es competitiva, sino profundamente cooperativa, así que la felicidad también es alcanzable apara algunos individuos por esa vía, la del misionero, la del cooperante, la del militante en defensa de la naturaleza o del defensor de animales domésticos maltratados (una cooperación que salta barreras de especie para extenderse al resto del reino animal o del biológico). Es un mecanismo de defensa contra el fracaso del grupo. Probablemente, si se aplica la teoría de juegos al éxito de una pequeña banda de humanos lo más útil es una combinación de individuos cooperativos y otros competitivos y muchas utopías son indeleblemente idiotas por no haber comprendido eso. Eso sí, como comenta el etólogo Desmond Morris, el famoso autor de El mono desnudo, se encuentran muchos individuos fuertemente implicados en esas causas que traslucen sin embargo una cierta tristeza y desánimo. Es lógico: si te has planteado salvar el planeta o incluso más modestamente todos los burros maltratados del norte de África, siempre encontrarás que es poco lo conseguido comparado con lo mucho que pretendes. Es pues, como dije más arriba, un caso típico de colocación del listón de las aspiraciones excesivamente alto.

El caso es que Morris cuenta un “experimento” social llevado a cabo por el equipo de rodaje de un documental basado en su segundo libro más famoso, El zoo humano, donde planteaba la cuestión de que el hacinamiento en las ciudades provocaba la pérdida de una serie de logros sociales, como la cooperación. Según Morris, la vida urbana aumenta la competitividad y disminuye la cooperación. Para demostrarlo, el productor sugirió que un actor se desmayase en diversos entornos. En la gran ciudad el caído no provocaba ningún gesto de auxilio, algunos apartaban la mirada, otros también el paso, porque se desviaban de su camino, etcétera. En un pequeño pueblo, por el contrario, las personas se paraban inmediatamente a prestar ayuda. Como el actor fue repitiendo la experiencia en diversos puntos de la pequeña población, eso produjo otra conclusión más imprevista: las noticias vuelan en grupos humanos pequeños, de modo que cuando al actor le tocó desmayarse delante de los rosales de la linda casita de una gentil viejecita esta salió enseguida y acercándose al fingidor le espetó con una radiante sonrisa: “Ah, usted es ese que no para de desmayarse. Ande, entre a tomarse un té.”

(Seguiré con otras vías hacia la felicidad en próximas entregas)

20 comentarios:

Vanbrugh dijo...

Creo que esta de la felicidad será siempre una cuestión confusa e insoluble, en primer lugar porque usamos esa palabra para referirnos a demasiadas cosas demasiado distintas. Desde la euforia hasta el satori, desde la excitación sexual hasta su aplacamiento, desde la conciencia tranquila hasta la tripa llena. Esto suele explicarse con una banalidad: "Claro, es que a cada uno le hace feliz una cosa. Somos distintos, tenemos distintos conceptos de la felicidad." Vale, si aceptamos que la felicidad es un concepto subjetivo que cada uno define y limita a su manera; pero entonces ya queda poco más que decir sobre el asunto, y hemos reducido la felicidad a una palabra hueca, que cada uno rellenará con lo que quiera. Si vamos a hablar de ella, habrá que partir de una mínima noción objetiva y común, y convenir en que, por muy distintas modalidades que aceptemos, no necesariamente merece el nombre de felicidad cualquier cosa a la que alguien decida llamar así. Quiero decir que, independientemente de cómo quiera llamar el psicópata a lo que experimenta torturando a su víctima, yo tengo claro que cuando hablo de la felicidad NO hablo, en ningún caso, de eso. Por ejemplo.

No es mucho más lo que tengo claro al respecto. Aún así, apuntaré algo. En primer lugar creo que a la felicidad le pasa lo mismo que hace tiempo nos decías tú de la belleza: que es un subproducto, un resultado que se alcanza siempre indirectamente en el proceso de tratar de conseguir otra cosa. La felicidad es una característica del camino, no el camino, ni su meta.Y es, en gran medida, más una forma de andarlo que ninguna otra cosa. La felicidad es una actitud, una disposición del ánimo, un propósito. Es posible que no dependa solo de nosotros, no lo sé. Pero sí estoy seguro de que no hay ninguna otra cosa de la que dependa más que lo hace de nosotros.

Lansky dijo...

Que la felicidad sea distinta paara un psicópata que para tí, o sin llegar a ese extremo que nos hagan felices cosas distintas a tí y a mí, no implica que no se pueda hablar de ella. Precisamente por eso hago ese intento de clasificación. En ciencia se pueden estudiar cosas que no han sido definidas precisamente porque la definición depende de conocerlas mejor. Sí estoy de acuerdo en que no es una meta, sino un resultado o sibproducto.

Pero acepto el reto de intento de dfinir; por exclusión. La felicidad es múltiple (ya he citado tres )e incluye variantes antisociales y repugnantes. la felicidad no es el bienestar ni la paz de espíritu. El bienestar es lo que sentimos cuando la vida es buena; mientras que la felicidad es la sensación, muy breve e intensa, que nos embarga cuando, de repente, la vida alcanza lo mejor de forma efímera y pasajera. Así que permíteme que siga hablando de ella.

Vanbrugh dijo...

Entiendo que la felicidad se puede obtener de maneras muy distintas, lo que explica que las cosas que nos hacen felices a ti y a mí no tengan que ser necesariamente las mismas. Pero creo en cambio que, conseguido por vías diferentes, el estado alcanzado será el mismo o muy similar (y por eso hay una palabra para referirse a él, y no dieciocho). En tu caso, en el mío y, si alguna vez lo alcanzara, en el del psicópata.

Entiendo también que cuando el psicópata viola y mata (o cuando el comprador compulsivo quema la tarjeta de crédito en el Corte Inglés, no hace falta irse a ejemplos tan trágicos) están satisfaciendo una compulsión irresistible, u obteniendo alguna clase de satisfacción, pero no alcanzando nada a lo que podamos llamar felicidad. Sin duda ambos son también capaces de ser felices, y a lo mejor por caminos no muy distintos del tuyo y el mío. Pero el error, a mi juicio, está en llamar felicidad a lo que obtienen asesinando o comprando compulsivamente.

Es posible que, como dices, este sea un caso en el que la definición deba ser consecuencia del estudio empírico, y no al revés; en el que debamos acotar el campo de lo que llamamos felicidad tras haber examinado muchos ejemplos de lo que, en principio, pudiera serlo. Mi hipótesis es que, cuando alguien lo haga, no le parecerá razonable utilizar la misma palabra para llamar a lo que tú experimentas cuando tu vida alcanza lo mejor de forma breve y pasajera -¡buena definición!- que para referirse a lo que experimenta el carnicero de Milwaukee cuando rebana en vivo un pezón, o mi vecina de enfrente cuando se deja en la maquinita del bar el dinero de la compra.

Si insistes en considerar felicidad tanto lo uno como lo otro, naturalmente que te permitiré que sigas hablando de ella -aunque no más sea porque no sabría cómo impedírtelo- pero no creo que llegues a ninguna conclusión útil.

d.m. dijo...

'hijo mío, la felicidad está hecha de pequeñas cosas: un pequeño yate, una pequeña mansión, una pequeña fortuna …' me dejo de polladas, me pierde groucho marx.

muy bueno tu post, querido. ahora una de borges:
'he sospechado alguna vez que la única cosa sin misterio es la felicidad, porque se justifica por sí sola'.

mi padre dice de mí: mi hija no sabe estar no feliz más de cinco minutos. me hace de reír pero no sé muy bien a qué se refiere.

sigue, please. beso

Lansky dijo...

El súbito trance de placer cuando algo mejora. Sea a costa de lo que sea, mutilar a un ser humano o componer una sinfonía; placer entendido no como mera sensualidad, que es uno de los caminos. Empecinado vanbrugh, intento explicar(-me) la multiforme e inamprensible esencia de la felicidad, y no excluyo la obtenida por medios detestables. La felicidad está ligada al camboio (para bien), así que es breve, puede ser trivial (una cerveza muy fría) o trascendente (el nacimiento de un hijo): me temo que quieres importunarla concediéndola una nobleza ética que no tiene por que tener. Puede, finalmeente, que no "llegue a nada útil" como tan drásticamente me condenas de antemmano, pero, te contradigo, porque contradecirte me produce uan cierta felicidad.

D.m. Ese pobre padre tuyo te conoce, cosa inusual en los padres.

Vanbrugh dijo...

Oh sagacísimo Lansky, demuestras serlo cuando me llamas empecinado -lo soy, mucho, y lo peor es que no logro convencerme de que sea un defecto- y demuestras también serlo cuando llegas de un golpe al meollo de la cuestión: es cierto, atribuyo a la felicidad una nobleza ética que quizás tengas razón cuando afirmas que no tiene por qué tener. Pero yo creo que sí. Para mí es inseparable.

Y, en cambio, no demuestras serlo cuando confundes a todas luces felicidad y placer. Si realmente crees que son lo mismo, asunto concluído, por eso no nos ponemos de acuerdo. Pero si crees que hay entre ambos alguna diferencia, repasa tu discurso, porque algo falla.

Lansky dijo...

Yo no he dicho que placer y felicidad sean lo mismo, sino que uno, entre muchos, de los caminos de la felicidad es el placer. Que le des esa altura ética a la felicidad se debe, claro, a tu religiosidad. Ojalá fuera así, pero no: el malvado disfruta a menudo mucho y, ejem...bien.

A continuación, en exclusiva para todos, abdelenda a este post con comentario a la deliciosa foto, nuevamente repetida de einstein en bici

Vanbrugh dijo...

Empecínome pues otro poquito: quizás no hayas formulado expresamente que felicidad y placer sean la misma cosa, pero todo el rato razonas como si pensaras que lo son. Hablando, por ejemplo, de mi manía de dar altura ética a la felicidad, dices: "Ojalá fuera así, pero no: el malvado disfruta a menudo mucho y, ejem...bien." ¿Quién niega que el malvado disfrute? Claro que disfruta con sus maldades, por eso las comete. Pero ¿qué tiene eso que ver con que sea feliz? En mi opinión, nada o poco, y aún ese poco, casual. En la tuya, mucho y causal. Porque identificas disfrutar con ser feliz y cometes con ello, a mi juicio, un grave error conceptual.

(Imagino que lo que nos anuncias, con foto repetida -por primera vez repetida, y no nuevamente- de Einstein en bici, no es, como dices, una abdelenda -que era lo que había que hacer con Cartago según Catón- sino una addenda.

Sí, soy rencoroso e implacable. Y no entiendo por qué, porque serlo no me hace feliz. Es, sin duda, alguna clase de psicopatía.)

Lansky dijo...

Nuevamente te equivocas. Quiero decir exactamante eso, es más, quiero decir "abdelenda es Cartago", en donde Cartago eres tú y yo, Roma.

Aníbal Vanbrugh dijo...

Pues ya sabes. Gemirás largos siglos bajo la púnica maldición.

Vanbrugh dijo...

d.m., guapa, disculpa que ocupado en llevarle la contraria a Lansky, tarea imprescindible de acometer de vez en cuando por las gentes de recto sentir para evitar que se crezca en demasía y mantener así el equilibrio cósmico, no te haya hecho el caso que tú y tus estupendos comentarios merecéis. Tu padre es sabio, sí, como buen padre tuyo, y su descripción excelente. Lo sé sin conocerte más de lo que por aquí trasluces -pero eso es ya bastante para un buen conocedor, como yo-, porque también me cuadra a mí. Yo digo de mi mismo que en cuanto nadie se ocupa durante más de cinco minutos de impedirme activamente ser feliz ¡zas!, ya estoy siéndolo otra vez. Sin propósito deliberado, oye, me sale así, de mi natural. Y a tí te debe de pasar lo mismo, a Dios gracias.

Saluda a tu padre de mi parte. Con mi enhorabuena.

ismo dijo...

Lo que cuentas de los viajes planificados me ha hecho pensar lo feliz que me hacen mis viajes, no cuando los planifico sino cuando los imagino, que no es igual (y los sigo imaginando cuando estoy en ellos, y a mi vuelta). Y eso me hace pensar que la imaginación pueda ser una de esas cosas que nos lleva a ser felices, aunque no sabría decir por qué.

Lansky dijo...

La felicidad de la imaginación, la felicidad del soñador, está en mi lista. Quizá hable de ella si no alargo en demasía esta serie de posts sobre el tema.

Cigarra dijo...

Extraigo frases que me gustan entre las que decís:
Me gusta la de Vanbrugh que relaciona la felicidad con el modo de andar el camino, y la disposición del ánimo.
Y me encanta la de Lansky: "Cuando la vida alcanza lo mejor de forma efímera y pasajera"
Pero el mejor (me van a perdonar) como siempre Groucho Marx.
Seguid hablando de ello, hijitos míos, que me haceis muy feliz

Cigarra dijo...

Por cierto, cuando querais os invito a tomar un te. Con rosquillas.

Lansky dijo...

Mientras llega ese té, y ya que te molan las definiciones (a mi me gusta mucho la que cito de Samuel Johnson), te regalo otra muy guay, de Swift: "la felicidad es el sereno y apacible estado de ser un tonto entre bribones", y la de Spinoza: "La felicidad es la exploración y disfrute del genio no contaminado por la propia carencia del mismo"

rosa piña dijo...

He vivido setenta años y opino que la felicidad,como la relacion con dios,la filiacion politica y el ser que elegimos para amar es algo personal producto de la trasmision genetica y el entorno en que nos relacionamos, algo así como el orgasmo absolutamente personal,establecer parametros y busquedas para la felicidad como pretenden los de auto ayuda con todos mis respetos funcionaran en casos muy puntuales, cada ser debe definir sus metas alcanzables y los pasos a seguir para conseguirlas y dejar que la felicidad nos sorprenda como un bueno orgasmo, gracias por dejarme participar, disfruto mucho de sus mensajes saludos para todos.

Anónimo dijo...

Que cantidad de estupideces dicen,
entre ese Lansky "que me importa
un pito quien es" y los que le siguen, en vez de elogiar la obra realizada por Zaragoza que no creo que muchos lo hubieran hecho con tanto cariño, por eso les digo
sres. "sicologos" POR QUE NO SE CALLAN.

Anónimo dijo...
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Lansky dijo...

Quito un menaje porque además de bobo estaba repetido, no por censura. El otro idéntico, la dejo como testimonio, que no homenaje, a la estupidez.