TABLÓN DE ANUNCIOS

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1)“Los optimistas escriben mal

Arno Schmidt

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2) El peor asesinato es el político, porque a la premeditación y alevosía de todo terrorismo se añade que implica creer que determinada causa está por encima de la condición humana

El cuñado de Lansky

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3) Quizás el elevado número de altos cargos electos y no electos en todas las administraciones tiene que ver con un programa de integración laboral de deficientes mentales y yo no me había enterado

Lansky


4) O Europa exporta libertades y derechos occidentales o importa precariedades y esclavitudes chinas; es un problema de balanza comercial ética.

Lansky


26/06/2008

El secreto de la felicidad, 4: ¡ritmo!




El bailarín es feliz por la misma razón que lo son los peces del río en el cuento chino, porque te alegras al verlo/s. Una actividad rítmica intensa -no hablo de sexo, pero se le parece-, la música, la danza, el canto, los derviches giróvagos, el vudú, la capoeira y hasta los desfiles militares que a muchos no nos hacen levantar. Un compás arrastra y provoca euforia, la coordinación motriz es satisfactoria, pero no todo es control, sino dejarse llevar: “déjate llevar”, se dice cuando estás enseñando a bailar a alguien. Y es compartido. No me gustan los conciertos multitudinarios, porque, como ya he explicado en otras ocasiones, siento fobia a las masas en sitios más o menos reducidos (y a las masas en sí), pero entiendo la euforia de los adictos, la ola de los partidos de fútbol, los himnos de las iglesias baptistas de negros norteamericanos y de los equipos deportivos.

Claro que sí. Nuestra vida, la de todo ser vivo, es ritmo: cardíaco, respiratorio, nos tranquiliza que nos mezan de bebés, es agradable el balanceo de la hamaca o la mecedora –ese entrañable viejo personaje del que quizás es el mejor western de John Ford, es decir, del mejor western de todos los tiempos, que aquí se tradujo por “Centauros del desierto”; sólo quiere una mecedora, y un sitio donde ponerla, ritmo y hogar. Repetición consoladora, impulsos atávicos, ritmo. No todos, claro, hay gente que “no se deja llevar”, que no cede al ritmo, que no baila nunca: “los tipos duros no bailan", le espetó un famoso gangster a un famoso boxeador cuando este le preguntó por qué no sacaba a bailar a su novia (es el título de un magnífico libro de Norman Mailer). Danzas tribales, bailes campestres en corro, desde la circunspección de la sardana a la arrastrada y sexual canalla del tango. ¿No quieres bailar?, entonces, de follar ni hablamos.

El síndrome del sábado noche, la euforia del “travolta”, es de base fisiológica: se secretan más endorfinas, la hormona de la satisfacción euforizante, una suerte de auto droga emparentada con la morfina: la morfina natural del cuerpo, la que produce el llamado “éxtasis del corredor”, pero que podría llamarse del bailarín. Recientemente se ha descubierto que las endorfinas no están solas; hay una analgésico natural, la anandamida ("dicha interna", en sánscrito, hay científicos sorprendentemente cultos) que se libera también en estas actividades rítmicas y que está emparentado con el cannabis. El placer, y la felicidad, del fumata de hachís, del fanático del deporte intenso, del bailón del sábado noche son muy similares.

Y no olvidemos que si somos animales con lenguaje articulado, el lenguaje es ritmo, tanto el oral como el escrito. Nietzsche: “La lengua oral es sonora y los intervalos, los ritmos, los desarrollos, la fuerza, la acentuación son símbolos del contenido emotivo de lo que se quiere expresar”. Por eso es tan inaceptable la mala prosodia de locutores y políticos, y no sólo su pobreza lingüística: ha-blan-se-pa-ran-do-las-sí-la-bas, y no las palabras, sin respetar la puntuación; seguramente bailarán igual de mal que hablan.

(Mañana no estoy; hasta el lunes)

6 comentarios:

Cigarra dijo...

Jo, Lansky, llevas un ritmo de producción, que en cuanto está una ocupada unos pocos días sin venir por aquí, se acumula una tarea que no veas. Me voy a remontar al primer capítulo de la serie, que este tema siempre interesa mucho. A ver si por fin lo descubro.

Lansky dijo...

Remóntate, remóntate, salmonicillo mío

Cigarra dijo...

¡Me saca de mis casillas esa manera de decir las palabras y las frases despojándolas de toda naturalidad y ritmo y musicalidad y entonación y expresión normal!
Echaría a la mitad de los locutores de radio y televisión y a la totalidad de los políticos.

Cantar debe generar tambien esas anandamidas que dices. Y no todo es igual, por supuesto, pero cuando se cantan cosas de esas monumentales, 90 voces, una orquesta o un órgano a todo volumen y el Mesias de Haendel, o alguna barbaridad de Bach, el efecto es increíble. Hay que vernos, la mayoría aficionados que no podríamos cantar en solitario ni la pequeñez mas sencilla, pero te ves formando parte de todo aquel sonido, esa armonía rítmica arrolladora y salimos materialmente flotando. Hay que mirarse los pies para darse cuenta de que los tienes posados en el suelo. Ha habido vez que tras estar dos horas de pie (después de otras tantas de preparación: o sea que entramos a las 19,30 el último día, y terminamos a la 1 de la madrugada, entre unas cosas y otras) les decía a mis compañeros:
¿A que te lo volverías a cantar entero otra vez? Y todos estaban de acuerdo. Es una droga, evidentemente.
Pero yo a los que envidio de verdad es a los bailarines. Me fascina ver bailar a casi cualquiera que lo haga bien. Desde Fred Astaire a Sara Baras. Su espectáculo "Sabores" es de lo que más me ha gustado sobre un escenario en muchos años. Talmente me alegré como el monje que miraba a los peces felices.

Lansky dijo...

Seguro que segregais anandamidas como locos en ese coro tuyo, Cigarra. Y si no, hay un método seguro; consiste en ponerse hasta la coronilla con cerveza especial y de graduación (una cerveza conmemorativa de la coronación de algún Windsor servirá) y luego entonar a grito pelado alguna de las maravillosas canciones de taberna de Purcell que espero que ya te hayas agenciado.

bluff dijo...

Una de las claves del deleite por la danza es el componente sexual que encierra. Y no hablo de metáforas. Permite sin cortapisas el exhibiconismo de la mujer y el voyeurismo del macho. Y entre la juventud de la europa contemporánea, el baile -las discotecas, ya saben- no es sino un preámbulo del sexo. Y puede ser que a veces incluso ¡del amor!. Como bien dice Lansky, si ella no accede a agitarse en la pista de baile a tu lado, se hace bien difícil pensar que la cosa pueda ir a mayores.

Lansky dijo...

Hombre, Bluff, te creía perdido tanto en tu propio blog como en este, que también es tu casa.

La danza y el baile, como sabe cualquier niño aficionado a las pelis de indios, subgénero del western, es un preludio del amor, pero también de la guerra.