profesión de fe

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Somos los conocidos superhéroes del barrio –concepto acuñado por Kiko Veneno para definir lo que se podría llamar héroes de proximidad-: Lansky y Superperropequeño. Ambos somos más ciudadanos que patriotas ( y tan rústicos como urbanos), o bien, nuestra patria son nuestros zapatos -o ni eso en el caso de Jara-, la infancia o el sillón de orejas de lectura, pero nos negamos a la ñoñería esa de ciudadanos del mundo. Simplemente, tenemos pasaporte

16/06/2008

El síndrome de los "dos ponis"




(con permiso de Jonathan Franzen y Charles M. Schulz)

Cuando cuelgo un post en este blog y no me aparecéis por aquí comentando, no digamos ya si es para bien (eso es ya la hostia), en ese momento de ausencia de comentarios que, pese al contador instalado da la verdadera medida de vuestro interés, entonces pienso en vosotros, mis visitas, como colectivo y me digo: “¡Ojalá fueran dos ponis!”

Hay gente optimista y gente pesimista –algunos les llaman “negativos”, lo que me parece muy mal, pues ni son antecedentes de fotos ni números restadores-, y creo que ni ambos grupos lo pueden evitar ni que en ninguno domine, por ejemplo, la gente más inteligente o capaz que en el otro, sino que son variables independientes: optimistas inteligentes, pesimistas tontos, y viceversa. Lo que sí se puede evitar es el que aquí bautizo como “síndrome de los dos ponis” Mejor que explicarlo, voy a contar de donde lo he sacado.

Charles M. Schulz ha sido el creador de la para muchos –como el propio Jonathan Franzen, Ray Bradbury y, ejem, yo mismo- mejor tira cómica de la historia; la de Carlitos y Snoopy, la titulada –no por Schulz, al que siempre cabreó- “Peanuts”; esto es cacahuetes o maní, pero en buen argot yanqui algo sin valor: aquí diríamos no vale ni dos pimientos, allí, no vale ni dos peanuts. Bien es cierto que a partir de los años setenta se va volviendo más manierista, menos agresivo, aparecieron otros personajes…y fue perdiendo calidad; o sea, que la mejor época es desde su nacimiento hacia finales de los cuarenta hasta finales de los sesenta. Tampoco conviene confundir la tira con toda la parafernalia kitsch de tacitas, almohaditas, despertadorcitos, muñequitos, boligrafitos, cucharitas, que superaron incluso a la del propio Disney -el rey de la explotación comercial de la infancia: el niño como consumidor- y que reportaban más ingresos que la propia obra original. Ni Charly-Carlitos, ni Snoopy, ni Charly Schulz tienen la culpa. Ni tampoco que el pijerío haya adoptado a Snoopy para sus inanes juramentos o como icono de niñatos. En este caso la corrupción del arte por el comercio es, como casi siempre pasa con los corruptores, culpa del corruptor, no del corrompido; culpa del comercio y no del arte. Así que no confundamos.

La tira que da nombre al síndrome, que a menudo padezco, como vosotros, pero del que conviene cuidarse y, desde luego, diagnosticar, cuenta como un Carlitos melancólico porque la nueva niña del barrio no le hace caso, le comenta a un filosófico Snoopy tumbado a su lado que ojalá tuviera dos ponis, porque entonces el podría ir montado en uno y llevarle el otro a la sugestiva niña y entonces los dos pasearían juntos a caballo por los bosques y praderas y finalmente descabalgarían y contemplarían juntos el atardecer cogidos de la mano y…, en ese momento Carlitos se para, mira a Snoopy y le dice: “¡Ojalá fueras dos ponis!”. Y Snoopy alza la vista al cielo y piensa: “ya me temía que llegásemos a esto”.

El síndrome de los dos ponis también afecta mucho a los poderes públicos y administraciones, no sólo a las personas singulares, y tiene efectos devastadores: museos que se convierten en espectáculos de masas y no en fuente sosegada de conocimiento, jardines donde se instalan reclamos para multitudes, plazas donde no se vive la vida de barrio, sino que se impide. Habría que contarles lo evidente a esos “ocurrentes” ediles: “Mire, esto es un jardín, y se diseñó pensando en usarlo de esta forma; esto es un museo, no una caseta de feria, aquello una placita, no un "rockódromo.” Bueno y: "esto es una ciudad, no un aparcamiento gigante"


Así que no quieras que tu mujer, tus hijos, tu novio o tu trabajo sean dos ponis, porque son lo que son, no dos ponis y si no te gusta, cámbialos, por otros, pero los nuevos -nueva mujer, nuevos hijos, nuevo trabajo- seguirán siendo eso y no dos ponis. ¿Comprendes?

12 comentarios:

Vanbrugh dijo...

Buenísima la historia de Charlie Brown. No la conocía. Carlitos y Snoopy son una de mis muchas lagunas. (A cambio, domino por completo a sus émulos argentinos, más cerebrales y menos líricos, Mafalda y Cía, que también tienen historias muy citables.)

Es muy cierto que tenemos con frecuencia la tentación de desear que las cosas y las personas no sean lo que son, sino otra cosa que en ese momento nos parece más deseable, y es cierto que es una malísima tentación. Una falta de respeto para lo eventualmente menospreciado por no ser la pareja de ponis que creemos necesitar, y un desperdicio de lo que verdaderamente hay en vez de los ponis, y que dejamos de disfrutar a cambio de una añoranza inútil.

El colectivo de tus visitas somos un buen ejemplo, y a pesar de ser tú quien te diagnosticas el síndrome no das muestras de quererlo corregir. "La ausencia de comentarios que da la muestra de vuestro verdadero interés..." insistes en decir. No es verdad. Es posible que los comentarios sean una muestra de interés, pero su ausencia no lo es de falta de él. Por otra parte, hacer comentarios puede obedecer a exhibicionismo, a obsequiosidad o a incontinencia gráfica, y no hacerlos a timidez, modestia o pereza. Insistir en medir el interés que despiertan tus posts por los comentarios recibidos es seguir deseando que seamos una pareja de ponis, querido Charlie. Ya me temía yo que íbamos a llegar a esto.

Lansky dijo...

Ya te digo

d.m. dijo...

buenooooooo!

Lansky dijo...

Por cierto, vanbrugh, tienes una excelente coartada, caso de que la necesites, en forma de ese hijito tan espabilado, aprovechando que se está editando en castellano y a precio asequible la edición canónica de Schulz por años completos por Planeta/Agostini. Ya sabes, no compres ningún años posterior a 1970

Emma dijo...

Lansky, no es tarde para un programa de radio. Estoy seguro que tendrias muchos oyentes.

Lansky dijo...

Sí, Emma, pero me da pereza tener que montar un radio pirata. Empezaría siempre con una frase de saludo en la madrugada: "El sueño que alimenta al hombre es, además, su verdugo. Gracias por estar despiertos"

Miroslav Panciutti dijo...

Como ya ha dicho Vanbrugh, la ausencia de comentarios no es necesariamente síntoma de desinterés. Uno comenta (al menos es mi caso) cuando le parece que tiene algo que decir. Obviamente, si el tema del post no me interesa, no comento; pero también me abstengo de comentar cuando, interesándome el tema, poco o nada tengo que añadir.

En cuanto a lo de negativos y negatividad (me doy por aludido enlazando con tu último comentario a mi antepenúltimo post; en el penúltimo no comentaste, pero no te imagino ni deeseo como dos ponis), pues te diré que a mí tampoco me gusta el término y, aplicado como adjetivo calificativo de personas, prefiero sin duda el de pesimista. Sin embargo, ¿cuál es la cualidad de los pesimistas? Coincido en la escasa eufonía de la palabra negatividad, pero no en que resulte innecesaria, salvo que me aportes un sinónimo adecuado. Entre tanto, si he de referirme a la tendencia a ver la botella medio vacía, no dispongo de otro término que ese. Lo que evitaré será calificar a las personas de negativas.

Anónimo dijo...

Cuando comento me suelo sentir como Chiquito de la Calzada apostillando a Pico de la Mirandola. No me parece que añada ni mejore lo ya dicho. Un poquito de timidez también hay.
Julia

ismo dijo...

Me has traido a la cabeza lo que Chesterton escribía sobre Pimlico en "Ortodoxia"... Esta es la típica farfollada irrelevante que suelo callarme para no parecer un gilipollas, pero comento hoy para que no estimes falta de interés.

Cigarra dijo...

Debo estar un poco dormida, porque al final no se si me tengo que disfrazar de poni, o no.
Bueno, en cualquier caso mi suegra estaría de acuerdo contigo, porque su frase preferida es: "las cosas como son, son". Y probablemente tengáis razón los dos.
Aunque creo que a mi, a veces, me gustaría mas ser un poni, ahora que lo pienso.

Cigarra dijo...

¡qué bueno el comentario de Julia! Yo me decido a hacer comentarios cuando pienso en el dinero que ganó Chiquito de la Calzada haciendo de sí mismo. Mucho más que Pico de la Mirandola, seguro

Lansky dijo...

Miroslav, "pesimismo", en la mayoría (no todas) de las ocasiones valdría por esa horrenda "negatividad". En otros casos puede ser "obstruccionismo", "pasividad", etc. Depende del contexto.

Julia, para mi estás más cerca de don Pico que de Chiquito.

Gracias a todos, mi querida manada de ponis salvajes