

Meterse con Freud para desacreditarle, a estas alturas de las neurociencias es alancear moros muertos. Cuando algunas personas con cierto talante intelectual oyen decir que los "descubrimientos" de Freud sobre la mente humana están totalmente desacreditados por la ciencia actual, que el psicoanálisis, en su casi siglo de vida, no ha podido ofrecer un solo caso de curación probada, y que toda la terminología de esa psicología, tan fascinante y metafórica, no refleja ninguna realidad, reaccionan con violencia, porque no se trata ya de ningún debate de ideas, sino de una religión. No es casual que Nabokov, muy hóstil al médico austriaco, le llamase siempre "El mago de Viena".
Wittgenstein –probablemente el mayor pensador del siglo XX-decía que el psicoanálisis era falsa ciencia, mala mitología e inútil terapéutica. Creo que llevaba razón en la primera y la tercera afirmación. Sobre la última ya no caben dudas. Y desde luego es una “ciencia” que se ha revelado tan falsa como la quiromancia o la astrología y que ningún descubrimiento posterior –y ha habido muchos- sobre el funcionamiento de la mente y el cerebro ha confirmado. Es muy probable que Freud confundiera sus propias obsesiones personales: la sexualidad, la culpa, la angustia, con las de toda la especie humana. Pero, en aparente paradoja, contribuyó a la cultura de la sociedad occidental y mundial al declarar la importancia de lo subyacente a la mente consciente, del subconsciente: esa fue su mayor aportación, aunque la embarulla con toda esa parafernalia del Yo, del Ello, del Súper Ego y demás inventos.
Y creó una mitología poderosa, la de ese subconsciente y la del análisis, con sus ritos del diván y el callado analista. Porque Freud fue un escritor sumamente brillante e inauguró un género que hoy practican gentes de talento como el neurólogo Oliver Sacks (El hombre que confundió a su mujer con un sombrero): el relato clínico.
Sus principales discípulos, Jung, Adler, Lacán, continuaron con la patraña y tuvieron diverso interés. Adler es el autor de la famosa teoría sobre los complejos de inferioridad y superioridad; en concreto este último sería uno de inferioridad encubierto. Jung, para mí el más díscolo, sincero y fascinante, que rompió tempranamente con el maestro, se concentró precisamente en la mitología del asunto, sus famosos arquetipos; su concepto de un Inconsciente Colectivo y de determinadas figuras, “personas”, recurrentes es muy interesante. En tanto que Lacán, el adorado Lacán, representa todo lo que de patraña intelectualista tiene el psicoanálisis y todo lo que de superficialmente tramposo tiene el “intelectual” ignorante de la ciencia.
Curiosamente Wittgenstein, a quien se le dijo que su filosofía era una especie de psicoanálisis, cosa que no le agradó, y Freud compartían muchas cosas, además de la de ser coincidentes estrictos en espacio-tiempo: compatriotas y coetáneos. Wittgenstein reconocía la fascinación del enigma contenido en los sueños, pero afirmaba que, precisamente, nos intriga porque no tiene solución. Otro favor que le hicieron al psicoanálisis fue el antagonismo hostil que despertó tempranamente, por un lado, entre los marxismos dogmáticos (caso de que los haya de otro tipo) y entre los fascismos, en ambos casos por algo más que ser la obra de un judío. El filósofo austriaco consideraba de hecho que había que combatir el psicoanálisis, pero reconocía el talento de Freud: “…está lleno de pensamientos cuestionables y su encanto y el encanto de su tema te pueden engañar con facilidad, (Freud) tiene razones muy inteligentes para decir lo que dice, gran imaginación y prejuicios colosales, prejuicios con los que es posible engañar a la gente, Freud escribe extraordinariamente y es un placer leerlo…” En otro momento escribe: “posee la atracción de las explicaciones mitológicas, que dicen que todo es una repetición de algo que ha sucedido antes. Y cuando la gente adopta o acepta esto, ciertas cosas le parecen más claras y fáciles. Así sucede también con la noción de inconsciente. Pero lo que ofrece es especulación, algo previo incluso a la formulación de hipótesis”
¿Hay que leer a Freud? En mi opinión, rotundamente sí, pero con espíritu crítico y como amante de la literatura, como ese avispado editor (Siruela) que publicó sus relatos clínicos como relatos sin más en una colección... de literatura. Mis favoritos son sin duda La interpretación de los sueños y El malestar de la cultura. De Wittgenstein hay que leerlo todo, que es poco, pero también se puede uno refugiar, para este tema, en una recopilación de Paidos: Lecciones y conversaciones sobre estética, psicología y creencia religiosa.
11 comentarios:
"...la atracción de las explicaciones mitológicas, que dicen que todo es una repetición de algo que ha sucedido antes. Y cuando la gente adopta o acepta esto, ciertas cosas le parecen más claras y fáciles."
Brillante, Wittgenstein. Nunca lo había pensado, pero es cierto: qué fácil es tomar por explicación lo que no es más que una comparación, y qué bien le cuadra el diagnóstico a Freud. Otro que pongo a la cola de mis lecturas pendientes (no Freud; Wittgenstein). De momento lo único que he leído de él es a "su sobrino", el de Bernhardt.
(Bueno, por fin devolví el puto loro.)
me gustó mucho el post, lansky. no he leído nada de ellos; freud me da grima y la filosofía me da yuyu, pero tu post muy bien. anoche estuve en las calles y acabé hablando de lógica cartesiana. eso lo sé, de lo demás no recuedo bastante ni para un haiku.
besoss
(p.d.: me voy a marsella en 5 horas, ¿recomendaciones?)
el Tractatus, primer wittgennstein y Las Investigaciones, segundo, son esenciales, en Alianza y UNAM de México, respectivamente, pero hay una antología de ambos textos y alguna conferencia en la nueva serie de Austral que es un buen incio.
d.m. Gracias.manten la grima por los freudianos, pero lee algo de Freud, te sorprenderá, es uno de los mejores escritores de comienzos del siglo XX. En cuanto a leer filosofía, sobre todo si escoges bien: Niezsche, Spinoza, Wittgenestein, o divulgadores de ella, como Onfray, es uno de los placeres de la vida para chicas listas y camioneras como tú.
a niezsche sí lo he leído, mola. los demás, tal vez me animo, a ver si pienso un poco. gracias a ti
Ah, Vanbrugh, no quiero olvidar tu paréntesis: tu no devolviste el loro, no te des pisto, te lo arrebataron, recuperándolo. (El personaje del viejo decrépito es genial, y dar voz interior al loro, en las últimas páginas, una genialidad absoluta ¿nop crees?)
¡Te vas a la Massalia!, d.m. No dejes de ver el barrio de Le Panier, lleno de tiendecitas (ah, las "boulangeries"...) y que tiene La Charite, cono el Museo de Arqueología del Mediterráneo. Compra chocolate, que no todo es Suiza o Bélgica. Otro barrio recomendable es Le Castellane en el Prado. Los amrselleses son aún más ligones que los italianos del sur, pero de un modo propio, bronco y abrupto.
Efectivamente, el secuestro del loro contado por él mismo es de lo mejor que he leído en los últimos tiempos. Pero es que es eso, precisamente, una de las cosas que más me han gustado de este Chabon -que me ha gustado mucho y por muchos motivos-: la eficacia con que maneja el punto de vista desde el que narra. Porque el comienzo del libro, por ejemplo, el niño y el loro vistos con los ojos del viejo, basta para engancharte sin remedio.
guay, tengo el hotel en le panier. qué ganas! tomo nota de lo demás.
Hace tiempo empecé el Tractatus y lo dejé a medias; leer a Wittgenstein exige, creo, una cierta serenidad y ganas de jugar a enrollar y desenrollar madejas; lo tengo pendiente. Freud, obviamente, es otra cosa y coincido contigo en que debe leerse como literatura. La interpretcaión de los sueños es apasionante.
El Tractatus me pareció poesía cuando lo leí. Una especie de poesía del lenguaje. No sé si mi tiro se desvía mucho.
Un saludo. De Freud recuerdo La fobia de un niño (¿o niña?) de 5 años, una especie de relato clínico que me impactó.
Consigues evocarme viejas lecturas. Y mira que tengo mala memoria, más bien sostenida en impresiones, que a veces no sé si serán inventadas o falsas.
Y en el Chabon, que no conozco, me fijaré cuando lo vea por ahí.
Un saludo.
hombre de barro,
es muy interesante eso que dices de que el Tractatus te pareció poesía. Muy bien traido, porque para Wittgenstein los límites del mundo vienen a coincidir, y viceversa, con los del lenguaje, y yo creo que Wittgenstein, junto a Spinoza y en parte Nieztsche son los filósofos que debería ser de cabecera de los amantes de la literaratura.
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