
Mi descubrimiento de los ríos ha sido gradual a lo largo de mi vida y guarda una proporción entre sus tamaños y mi edad. Primero, en la infancia, estaban los pequeños ríos serranos de la cuenca del Alberche de Gredos, y esos auténticos “oasis alargados” en acertada expresión de Fernando González Bernáldez, escoltados por choperas que rompen los llanos secarrales castellanos. De joven y con más autonomía fui descubriendo los grandes ríos peninsulares; primero El Tajo, que sigue siendo mi favorito; el Duero, El Ebro, El Guadiana y el Guadalquivir, los dulces ríos gallegos, tópicos al margen, con el Sil a la cabeza de mis preferencias, antes que el Miño, y los broncos cantábricos.
Me gustan las desembocaduras y los deltas, cuando el río “camina hacia un lugar más grande que él…, va hacia el mar y nadie puede detenerlo…, nadie detiene ni los días ni los ríos”. Bueno, detenerlos no, pero en este país de embalses y encauzamientos, se les puede entorpecer bastante, aunque nunca lo suficiente para que las aguas no terminen “desperdiciándose” en el mar como dicen los ignorantes o, lo que es lo mismo, los políticos. Y me gustan los nacimientos, los torrentes jóvenes, las gargantas, como llaman en Gredos a esos tramos fluviales: Chilla, Tejea, Lóbrega, Blanca, de Santa María… Y me gustan los sobrios tramos medios. Me gustan y temo por sus riberas, por sus “bosques galería” y sus sotos, porque al ser recursos lineales, como en otro sentido las playas, son mucho más vulnerables a las torpezas e inventos de los modernos tecnólogos. Tened en cuenta una cosa: es más difícil ver en este país un tramo medio de río indemne, a salvo de las obras públicas, que ver un lince o un quebrantahuesos; por una razón, linces y quebrantahuesos, aunque escasos, los hay, tramos medios a salvo, no. Me gustan, aunque comprendo el desastre, las inundaciones, las llanuras aluviales, las terrazas fluviales, los huertos sobre ellas. Me gustan los baños de río.
Más tarde, conozco la pobreza de los raquíticos ríos españoles por comparación de los fastuosos europeos, sin ir más lejos los de la feraz Francia, la Dordoña, la Sena o la Loira, porque ya sabéis que los gabachos creen acertadamente a mi juicio que “los” ríos son femeninos, “las”.
Y luego vendrían los verdaderos gigantes, los tropicales de África, de Sudamérica: el Amazonas, terrible y en cierto modo decepcionante, pero no alguno de sus más tremendos afluentes, como El Negro, el Beni o mi favorito, el boliviano Quiquibei, que suena como el reclamo de un pájaro exótico, donde proliferan tucanes y papagayos y malviven en cambio los chimanes aquejados de maldición de la leishmaniosis o lepra blanca y sobrevive con increible dignidad mi amigo aragonés don Antonio García Barón que fundó allí una apacible, austera e inevitablemente dura República Libertaria del Quiquibei donde sólo se trueca, no se acepta dinero y donde fue a parar tras la Guerra Civil y la Segunda Mundial junto a su compañera Doña Irma, nativa del lugar.
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Y me gustan los relatos de río, el Missippi de Mark Twain, el Ebro de Aldecoa y Solares, El Doiro de Torga, el Tajo de Saramago, el Amazonas de Bates (uno de los descubridores del mimetismo llamado en su honor "batesiano"), el Nilo de Speer, el Sena de Sue, el Rin de Hugo, el Danubio de Magris…
Me gusta mucho El río, la película que Jean Renoir filmó en la India bengalí, bellísima, en un suntuoso color que casi hace olvidar el magnífico blanco y negro de la mayor parte de su obra. El río está basada en una novela de iniciación de una desconocida entre nosotros escritora británica, Rumer Godden, criada en la India. En castellano la tradujo el gran poeta León Felipe. Dice el poeta: “(este libro) está impregnado de una filosofía simple, tradicional y cotidiana…y lleno de gracia y delicadeza (…). Lo escribió una mujer. Yo no conozco de ella más que el nombre (…).No quiero averiguar más (…). La poesía, cuanto más anónima, mejor. (…). Este libro es el poema de un río determinado (…). A los mexicanos y españoles, esta filosofía poética y primaria nos es muy similar. Se alza en la misma infancia de nuestra lírica:
Nuestras vidas son los ríos
Que van a dar en el mar,
Que es el morir…
Y nos asombra escucharla de nuevo ahora en los labios de una niña lejana y fraternal que tiene un alma poética tan vieja como el mundo, aunque sólo cuenta doce años. (…) Es un libro para niños y para gentes doctas e infantiles, para el gran ejercito de los poetas innominados, que son los verdaderos”.
No me siento poeta, ni siquiera innominado, pero sí, modestamente docto e infantil; quizá por eso me he alegrado tanto cuando, en una librería de viejo, encontré el otro día otra vez este libro, “El río”, que había perdido hace años. Ha vuelto a mí, como un meandro.
Me gusta el Alberche de mi infancia, el Guadyerbas de mi madurez, el Quiquibei de mis modestas aventuras. Y me gusta el perezoso Ganges de “El río”[1]: me gusta El río.
[1] Hay otro libro con el mismo título, El río, que me encanta, el de Wade Davis, un etnobotánico y antropólogo que tiene otro, La serpiente y el arco iris, sobre los zombies del Caribe, que ando loco buscando (Zwigenstein, también, pero como él cita mal el nombre del autor, dudo que lo encuentre antes que yo: le llama Wilson.). El río, de Davis está traducido y editado por Pre-textos y es fácil de encontrar. El río de Rumer Godden traducido por León Felipe y editado en México por Grijalbo está agotado hace años.
8 comentarios:
Y a mi lo que mas me gusta es bañarme en un rio helado, como el rio Nela, en el Norte de Burgos, en el que me bañaba de vez en cuando de pequeña. El rio de las libelulas azules y los labios morados. Gracias por el post Lansky
El río de Renoir es una pelicula maravillosa. Es una pena que Madrid tenga un río tan patético. Saludos y gracias por las fotos.
lo buscaba por Warren no por Wilson,que despues de todo es lo mismo, y sigo sin encontralo ¿Sabias que hay una pelicula?. Por supuesto tampoco la he encontrado
Se me había olvidado comentarte que estoy a punto de conseguir "Passage of Darkness" de nuestro querido Wade Davis (a) Warren. Trata de la experiencias con el pez globo
Curioso personaje García Barón.
Al Alberche y toda esa zona de Gredos les tengo mucho cariño, aunque la conozca poco. Ya que pareces conocer la comarca y me da que la observación de animalejos no tiene secretos para tí, una pregunta ¿Crees que es posible que viese un grupo de lobos allí? Me sucedió hace ya años, unos 20, en algún lugar de la senda hacia las 5 lagunas desde el circo. Yo no pensaba que hubiese lobos por allí, y llevo estos 20 años conteniendo la emoción y diciéndome que eran perros asilvetrados, pero tenían toda la pinta de no serlo. Estaban incordiando a un grupo de vacas, jugueteando a cercarlas, aunque eran bichos evidentemente demasiado jóvenes para suponer una amenaza ¿Qué crees? ¿Estoy soñando? ¿Me estoy pasando con la preguntita? Gracias.
ismo:
Esa pregunta tiene una respuesta "oficial" y es que en los años 80 eran perros asilvestrados, lo que demostraría su desparpajo, yo también lo creo, sobre todo una manada tan numerosa. Pero en esas mismas fechas o un poco antes se mató un lobo auténtico en el Soto de Viñuelas, en Madrid, junto al Monte de El Pardo y Colmenar Viejo.
De don Antonio Gª Barón quizá haga un post un día, aunque no sé si sigue vivo, yo le visité por última vez en el 2000 y estaba bien. Le faltaba una mano, que se había volado con una trampa con alambre y escopeta para cazar un jaguar que le incordiaba. Estuvo en el campo de exterminio de Manhausen, y sobrevivió, estuvo en la industria discográfica, se largó de Europa en los cincuenta, porque consideraba sin solución al viejo continente, era de un pueblo veino del de mi abuela, un aragonés de pura cepa, como Buñuel o Goya.
Zwigenstein:
Lo que yo cononozco es un documental de la National Geographic, y también hay una peli de Universal basada en The serpent an the Rainbow
Recaredo:
El río de Madrid lleva más agua al salir de la ciudad que al entrar, por los desagues domésticos. Quevedo le hizo justicia afirmando que era el único río de Europa navegable...en carreta
Emma, se me olvidaba.
Yo aprendí a nadar en el mar (mi abuelo me tiró desde el malecón de Luanco y me dijo que me moviera para no irme al fondo), pero me encanta bañarme en las pozas de los ríos. Cuando mis hijos eran pequeños hicimos un viaje desde Madrid a Asturias evitando las carreteras principales y atravesando comarcas leonesas ignotas como El Bierzo,La cabrera y La Babia, nos íbamos bañando -inagurando- todos los ríos que cruzábamos, no nos saltábamos ninguno: aguas límpidas y heladas. Y te diré que las libélulas -los dragon fly- me gustaron siempre m´s que las más aclamadas mariposas y no sé si sabes que son los insectos voladores más antiguos sobre la Tierra, vienen desde el carbonífero.
No sabia lo de las libelulas, Lansky. Es increible. Como tu.
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