Prometí una reseña de este libro, ganador del Pulitzer en 2001, y aquí va. Antes no había leído nada de este autor, de la generación de esos brillantes jóvenes estadounidenses como Jonathan Franzen y Jonathan Lethem a los que ya he incorporado en mi modesto panteón. Chabon se reveló antes, pero yo le he descubierto ahora, a través de esta novela. Es, en cierto modo, posmoderna, pero no os retiréis espantados. Esperad. Lo es en el sentido de que contiene una reflexión constante sobre el arte de crear. Pero no es una novela dentro de la novela, sino una novela sobre el noveno arte, el cómic. Los dos personajes y primos, el muy “brookliniano” (Broocklyn se está convirtiendo en el escenario favorito de estos escritores: Lethem, Franzen, Chabon…) Sammy Clay, americanizando su nombre judío, Samuel Klaimann, y su primo huido de la Praga ocupada por los nazis, Joe Cavalier, antes Josef Kavalier, encuentran en el naciente negocio de los cómics su forma de lograr no sólo ascenso económico -esta es una novela como tantas norteamericanas sobre el proceso de meritocracia del país de las opotunidades- sino promoción cultural y hasta una curiosa forma de lucha contra el nazismo. Las reflexiones sobre los superhéroes: Superman, Batman y otros más improbables e inventados, El Escapista que ellos crean, una suerte de Mandrake El Mago, pero con dotes para escapar y liberar a los oprimidos, es muy significativaYo creo que este es un libro muy sagaz, no sólo en su forma de contar el cómic desde otro medio narrativo como es la novela, sino por su difusa forma de mezclar el ensayo sobre las diversas artes, el cine, el jazz, la música clásica, la pintura moderna, la arquitectura, el arte de la jardinería, el propio cómic y la literatura basura de las novelas “pulps, con la propia y dramática peripecia de sus personajes. Un riesgo que se corre en un empeño de este tipo que además transcurre con el telón de fondo de los agitados años 30 y 40 del siglo pasado, es no saber prescindir y querer meterlo todo. Pero Chabon selecciona muy bien sus materiales, todo lo que incluye, reflexiones ensayísticas también, es pertinente para el avance de la historia. Los personajes además, tanto los dos principales como los secundarios están muy bien trazados, alejados por completo de la caricatura.
No quiero desvelar más de la trama. Es una novela excelente, porque, como ya he dicho, pese a su extensión, sabe seleccionar sus componentes, ingredientes y materiales. Lógicamente, lo es aún más para los que nos gusta el cómic y para los que nos interesa esa convulsa época, pero no nos engañemos, una novela debe ser juzgada desde ese único concepto de su valor literario; es decir, qué cuenta y cómo lo cuenta. Puede que lo primero no interese a muchos, aunque yo creo que sí, pero lo segundo es un neto acierto: Chabon narra muy bien, con un oficio excelente en la carpintería (estructura) de la novela y un lenguaje eficaz, a menudo terso, pese a los despistes afortunadamente escasos del traductor. Yo la he disfrutado mucho.
2 comentarios:
Ayer entré a curiosear en la Rafael Alberti, como hago con frecuencia, y me encontré una edición de bolsillo de "La solución final" -creo: ahora, de repente, no estoy seguro del título- de este hombre, Chabon. Ya no hice otra cosa en toda la tarde y hasta bien pasadas las doce que leerlo. Enorme disfrute. Es un hallazgo, este tío. Escribe una novela policíaca inglesa de las de toda la vida, con detective listo, policías cachazudos y toda la ambientación requerida, pero que no es una parodia, ni un remake. Tampoco, claro, es exactamente una novela policíaca porque en ocasiones, aunque sutiles, la alusión o el guiño son demasiado explícitos para quien está atento. Digamos que es una novela policíaca que se sabe novela policíaca y que se ha leído con provecho todas las novelas policíacas anteriores. Cortita, pero una obra maestra. Y eso que aún no la he acabado, me pudo el sueño.
Sí, se llama exactamente así, "La solución final", y la han reeditado en bolsillo en la colección 21 de Debolsillo. La tengo apartada para leer.
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