

El movimiento romántico, en especial el romanticismo alemán y nórdico, reivindicó las ruinas, como también hizo con la “Naturaleza”, los bosques umbríos, los lagos solitarios y las grutas. Por encima del lustre de la obra perfecta y acabada, recién acabada, tanto mejor el noble paso del tiempo, la tremenda belleza de la fragilidad. Así que no es de extrañar que la metáfora de la ruina haya dado también a la literatura alguna frase memorable. A mí me gustan en especial dos, la del poeta Jaime Gil de Biedma, en su famoso poema, De Vita Beata, y una entrada del magnífico Diario de Jules Renard de 1890.
Dice la primera: “En un viejo país ineficiente/Algo así como España entre dos guerras/civiles, poseer una casa y poca hacienda/y memoria ninguna/No leer, no escribir, no pagar cuentas/y vivir como un noble arruinado entre las ruinas de mi inteligencia.”. Claro que a algunos esa inteligencia no les da más que para unos pocos cascotes dispersos.
Otra cita preciosa es de Borges, cuando habla de aquel reino obsesionado por la precisión de la cartografía que terminó realizando un mapa a escala 1:1, es decir, del tamaño del propio reino, al que luego no se le encontró utilidad y terminó abandonado, “habitado por mendigos y alimañas”. En este caso se trata además, rizando el rizo (término náutico) de las ruinas de una representación de la realidad.
Pero mi favorito es la mencionada entrada en 1890 del diario de Renard: “He construido castillos en el aire tan hermosos que me conformo con las ruinas”
También hay una novela, del malogrado mexicano Jorge Ibargüengoitia, Estas ruinas que veis”(1974), y la novela “La ruina” del neorrealista italiano Beppe Fenoglio. Ibargüengoitia, muerto en un accidente aéreo cuando venía a Madrid, está inmerecidamente olvidado, pero para mí, que en general detesto a los Sharpe de turno y las novelas explícitamente cómicas, la sabia mezcla de ironía y nostalgia de este autor, melancólico y mordaz, es insuperable.
Y lo que más me gusta a mí, la técnica romana de minería conocida como Ruina Montium: derrumbe de los montes, que configuró ese paisaje alucinante de Las Médulas leonesas. El procedimiento, tan salvaje como eficaz, consistía en minar de galerías y pozos todo el "placer" sin salida al exterior. A continuación, se hacia llegar toda el agua acumulada en un depósito o embalse previo, que en una suerte de “golpe de ariete” derrumbaba todo el conglomerado minero. Pero lo que es bonito es el resultado de algo que desde el principio ya buscaba la ruina, la demolición, porque es a partir de entonces, cuando sobre esa ruina ”nueva” se deja pesar el tiempo que, en este caso y porque el tiempo siempre le lleva a la contraria al presente, va restañando y restaurando la ruina y las herida iniciales.
Otra ruina favorita, tan obra humana como la anterior, es la del Monasterio de san Pedro de Arlanza, en el camino natural entre el Duero soriano y la alta Rioja; enmarcado además en las “ruinas” geológicas del cañón calcáreo escavado por el propio río y llenas de colonias de buitres leonados. En realidad, todo es leonado o dorado en este lugar: las aves, las rocas, las mismas piedras del monasterio, la luz, sobre todo en otoño; momento en que es más aconsejable la visita.
El cyborg de Blade Runner se vanogloriaba de haber visto nebulosas engullidas por agujeros negros. Más modestamente, yo me he bañado en la presa de un molino medieval o he contemplado una preciosa ermita románica convertida en aprisco donde las ovejas dormían bajo el ajedrezado de un dintel de más de mil años. Es algo que los fanáticos de la cirujía estética jamás podrán comprender, que el tiempo a menudo embellece sabíamente las cosas y las gentes. Ya lo dice el mismo título de una indispensable recopilación de ensayos de Marguerite Yourcenar: El tiempo, ese gran escultor.
5 comentarios:
Ya...Pero las ruinas de piedras casi siempre son bellas aunque al origen fueran feas y las humanas casi siempre son penosas aunque eran bellas.
No, ariane: estamos hechos de un material más noble que la piedra. Tu confundes un tipo de belleza, la lozanía juvenil, con la belleza en todas sus formas. Mira el rostro surcado de arrugas de un viejo pescador; ahora contempla el de una antaño bella actriz que se niega a envejecer y que ha convertido su rostro en una máscara inexpresiva, con labios agrandados como boniatos, sin una sola linda pata de gallo. Claro que hay gente que envejece mal, normalmente los que nunca fueron bellos -si me permites la cursilerías-: ni por fuera ni por dentro. Otra csa, jodida y cabrona es la decrepitud, la mortalidad a plazos, pero no estoy hablando de eso.
Lansky, no, no confundo, no es bello para mi solo la lanzanía juveníl,conozco u he conocido a gente mayores marchitas con arrugas mucho más bellos que muchos jovenes. La vieja actriz de tu ejemplo es patetica,es una ruina mal reformada ,como las pueden reformar algunos nuevos ricos, si así puedo decir. Pero sin entrar en matices,sigo pensando que en general,eso de que el tiempo es un escultor ,sí lo es pero más talento tiene con las piedras.
Gracias a tu entrada voy a deshacerme del prejuicio que tenia hacia M.Yourcenar ( no he leido nada de ella):Acabo de leer " sixtina" y encuentro este texto muy bello y me apetece ahora leer sus ensayos. Para empezar.
La hermosura de las ruinas es, en principio, tributaria de la belleza de lo arruinado.
Las personas jamás, jamás, son tal cosa. El tiempo no es tan hijo de puta.
julian bluff
Precisamente, Bluff, las personas sí que son tributarias del tiempo, no lo dudes. El tiempo, ese gran hijo de puta.
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