
Tengo que volver a abrir el cierre de este blog –para gran regocijo, supongo, de Vanbrugh- porque Rocío me envía noticias recientes del congreso de supuesta Ecología que ha montado la Iglesia Católica en la Expo de Zaragoza (Ver el post de 10/06/2008). Esas noticias incluyen la nota que la asociación profesional de ecología ha mandado a los medios y de la que sólo se ha hecho eco el diario Público. Es bastante moderada, como seguramente resulta conveniente, para mi gusto, pero recalca dos cosas: 1) que la ecología, pese a su difusión popular, es una disciplina científica de larga tradición ya, en la que no caben improvisaciones, y 2) que han incluido materiales, como era de temer, pseudocientíficos y de adoctrinamiento como el dichoso Diseño Inteligente, en realidad creacionismo remozado, como supuesta alternativa al evolucionismo absolutamente comprobado y establecido.
No soy partidario de prohibir, pero si de dar como mínimo las mismas oportunidades a la información veraz frente a la desinformación. Y eso no está sucediendo ¿Por qué se ha dado cancha a estos mitrados tendenciosos e iletrados? ¿Se imaginan a Galileo debatiendo con papas sobre la posición de nuestro planeta en el sistema solar?; claro, de hecho sucedió y en aquel momento perdió Galileo, aunque finalmente no. Dentro de unos siglos, cuando esta exitosa secta siga existiendo, se pedirá disculpas por esta última maniobra de desinformación y se admitirá que Dios era mucho más sofisticado que ese peón de brega del Génesis que creaba los animales de uno en uno y que puso en marcha un mecanismo maravilloso que hacía innecesaria su continua intervención; esto es, un Dios más elegante y presumiblemente inteligente que sus franquicias actuales.
Pero ya lo advirtió Margalef, La ecología ha ingresado en el cajón de los zapatos descosidos del lenguaje y hoy es ecológico desde un yogur a una caja de tornillos o un congreso de teólogos toscos. Eso no pasa con la mecánica cuántica, que les impone un respeto más esotérico. Porque si tuvieran más imaginación se darían cuenta que la partícula Higgs, la supersimetría y la energía oscura son pruebas irrefutables de la existencia de Dios. ¿Cómo? Por la misma razón que Dios creo el mundo en jornada laboral más sensata que la que ahora propone la Unión Europea. Hay que ser coherentes. Por cierto, mujeres y sobre todo feministas del mundo, todas: ¡devolvednos la costilla! La necesitamos. Ah, y llueve, diga lo que diga el Meteosat, cuando los ángeles hacen pipí, al gusto no de todos, sino de los creyentes, que cada vez tienen que ser más crédulos además.
22 comentarios:
Ningún regocijo, usted abre su blog cuando quiera, no faltaba más. Es fácil advertir que tras mis burlas no hay otra cosa que envidia malsana por la facilidad con que tú escribes, que afea la notoria desidia en que yace mi propio blog.
Sería bueno que incluyeras un link a la nota de la asociación profesional de ecología o, por lo menos, nos dijeras qué día la publicó Público; me gustaría bastante leerla.
Como ya tengo comentado, los obispos tienen una gran... iba a decir habilidad, pero no es cierto; habilidad, ninguna. Dejémoslo en una marcada tendencia a adueñarse de los conceptos laicos que más vistosos y extendidos les parecen -la tolerancia, por ejemplo, o ahora la ecología- para producir su propia versión "sacra" del asunto. No son muy duchos en su manejo -suelen ser cuestiones que hasta hace dos días ignoraban o condenaban- y les salen unas tonterías notorias, pero que deben de tener su público.
Con todo, a mí me parecen más inquietantes y dañinas las tonterías que dicen sobre su propio tema que las que vierten sobre los ajenos. Que produzcan bobadas infumables y evidentes sobre asuntos de los que obviamente no saben nada no es peligroso; a lo más, risible. Sirve para que los tragafrailes os carguéis de razón escribiendo post como este y para que los creyentes no idiotas tengamos un nuevo motivo para ponernos colorados tratando de disculpar a mamá, la pobre, que chochea ya un poco. Pero que digan memeces sobre Dios, tema en que hasta los ateos les suponen cierta autoridad, eso sí que es realmente abochornante y dañino. Y, créeme, hablando de religión no suelen decir menos tonterías que hablando de ecología o de política.
Bueno, yo mañana me voy de vacaciones, a lugares felizmente desprovistos de Internet. Sed buenos en mi ausencia y no abráis la puerta a desconocidos.
Procedo a la petición de Vanbrugh:
http://www.aeet.org/QuickNews2.asp?cmd
Lo olvidaba: aunque los obispos, como digo, tiendan a decir tonterías, ya ni ellos tratan de vender una tan gorda como "pruebas irrefutables de la existencia de Dios". No hay tal cosa. No existen pruebas irrefutables de la existencia de Dios. Ni de su inexistencia. Ni falta que hacen...
Tampoco hay pruebas irrefutables de la inexistencia de Dios, pero está claro en quién debe recaer el peso de la prueba...
De todas formas, vanbrugh, en esto de ser "creyente" viene al pelo una cita de André Breton (cada vez me gusta más), que me proporciona mi amigo Chema:
"Perdonadme por pensar que, al contrario que la hiedra, muero si me agaarro a algo."
(¡Chúpate esa, -tú y tu mediocre apuesta-, Pascal!)
No, no tengo nada claro en quién recae la carga de la prueba. Ni siquiera tengo claro que recaiga en alguien.
La carga de la prueba recae siempre en quien tenga algún interés en probar algo.
Yo, como creyente, no tengo el menor interés en probar la existencia de Dios. De hecho una de mis creencias es que no puede hacerse tal cosa, y a mí, desde luego, no me hace ninguna falta. Ni creo que se la haga a ningún creyente. Llevamos muchos siglos creyendo sin problemas sin "prueba" alguna que merezca tal nombre. En realidad es por eso por lo que lo llamamos "creer". Nadie habla de "creer" en la Ley de la gravedad, porque es demostrable, no una cuestión de creencias. Hablamos de "creer" en Dios porque Dios no es demostrable. Y no nos importa nada que no lo sea.
No veo por qué un ateo deba tener ningún interés en demostrar que Dios no existe, ni para qué necesitaría hacerlo. Pero si alguno cree que puede hacerse y le parece que debe hacerse, es muy dueño. Ya sabemos, en ese caso, aquién le corresponderá la carga de la prueba.
Bueno, Vanbrugh, los ateos ingenuos y sentimentales tenían interés en demostrar la inexistencia de Dios por puro altruismo, supongo, hacia sus semejantes, para arrancarles de la superstición. Yo no tengo ese interés, allá cada cual; otra cosa es permanecer indiferente ante los intentos de manipulación de los "aparatos", en ese sentido creo que debería estar mal visto (no hablo de prohibir, mala táctica siempre) adoctrinar a los niños indefensos, en un sentido u otro.
El peso de la prueba siempre recae en el que afirma la existencia de algo tan improbable -porque es altamente improbable- de Dios, eso es pura lógica, otra cosa, ya digo es , su interés. Estoy convencido que la creencia en Dios es un atavismo primitivo -otra cosa distinta es la espiritualidad, incluso la eligiosidad-, pero como el concepto de progreso no es esa escalera siempre ascendente, sino que hay históricos descensos, creo que ahora vivimos un resurgir de los irracionalismos de los que las religiones forman parte principal. Y no hablo de que la razón, esa diosa de algunos, suplante la religión o sea guía única e indiscutida, el ser humano es bastante más que un ente racional, probablemente por fortuna.
Ah, se me olvidaba. Sorpresiva y sorprendentemente los de la Semana Negra de Gijón me han invitado a partir de este fin de semana. Tendré la oportunidad de conocer a algún autor que admiro al escaso precio de tener que parlotear un poco desde una tribuna sobre literatura negra, ciencia y blogs.
¡Coño, en Gijón! Bueno, tú ya sabes dónde estaré yo. Pilla un poco lejos, pero no tanto como desde Madrid. Y yo pongo la sidra y el Cabrales. Díme qué día y a que hora "actúas", porque, aunque mover a mi tribu no es fácil, cabría la remota posibilidad -muy remota, no te lo oculto; la pereza es uno de los encantos vacacionales- de que fuera yo quien me acercara a hacerte preguntas inteligentes...
En cuanto al onus probandi, insisto: corresponde siempre a quien cree tener algo que ganar con lo probado. Yo no gano nada con probarte que existe Dios, ni siquiera por motivos altruistas, porque no creo que si yo lograra probarte que existe tú fueras a empezar a creer en Él. (Aparte de que, como también ya he dicho, a eso ya no se le llamaría "creer".) Por lo tanto, paso por completo de la tal prueba, no asumo la carga. Si alguien cree poder imponérmela, puede intentarlo.
¿Qué tiene de malo ser crédulo?;)
Me voy al shiatsu que tanta letra perturba el espíritu.
Me ha alegrado conocer tu blog.
Estoy viajando, pero te contesto a tu retórica -me temo- pregunta: ¿qué tiene de malo ser crédulo? "Creer ligera y demasiado fácilmente, sin criterio", según el diccionario. "Creo" que la definición se basta a sí misma.
Jurídicamente tenemos la carga de la prueba y la inversión de la carga de la prueba. Lo de la inversión puede hacerse con el propósito de favorecer a la parte débil; es habitual, por ejemplo, en procedimientos laborales (que el empresario tenga que demostrar que la cosa no es como dice el trabajador para librarse de la acusación) ¿Quién es aquí la parte débil: el creyente o el ateo? ¿Vanburgh o Lansky?
La parte más débil aquí soy yo.Porque ambos están segurísimos de lo que dicen, o eso parece. jo
Vamos a ver, Ismo; acabo de regresar del inicio de la Semana Negra en Gijón, así que haré un simil policiaco: si yo digo que el asesino es el matordomo, ¿en quien recae la carga de la prueba? En quien tal cosa afirma, frente al que dice no saber quién es el asesino. Si yo digo algo tan poco evidente o improbable, -que requiere "creer", como bien dice vanbrugh- como que existe Dios, frente al agnóstico que dice no saber, o el ateo, que dice que el no "ve" tal cosa (o las ángeles, o el infierno, la resurección o cualquiera de esas creencias) la carga de la prubeba es de quien lo afirma, al igual que el sistema de mitosis en las células, que no se ve a simple vista, o la cadena de ADN.
Pero vanbrugh "tiene razón" para mí en su actitud abierta y no crispada; si todos los cristianos fueran como él yo seguiría siendo incrédulo, pero me suscitarían menos o ninguna animadversión.
En cuanto a Mita y su "debilidad", a ella sí que no la entiendo.
Depende, insisto: si eres un representante sindical tienes muchas posibilidades de que la carga de la prueba se invierta a tu favor. PUedes decir que existe Dios (o que existe una conducta antisindical del empresario) y que sea tu oponente (el empresario) el que tenga que probar que no es así (que Dios no existe, o que no existe tal conducta antisindical); de no hacerlo el empresario, el tribunal concluiría que Dios existe, por falta de prueba en contrario.
Pero el Derecho es una ficción y mi propuesta una coña, porque no creo que haya parte débil en esta discusión, sinceramente.
En cuanto a Vanburgh, yo también pienso que su actitud es siempre respetuosa y prudente; seguramente muchos creyentes deberían imitarle y, seguro, muchos ateos también. Personalmente apreciaría mucho más a los ateos si les preocupase menos aquello en cuya existencia no creen.
Hombre,a los más inteligentes de los ateos lo que de verdad les preocupa son las "consecuencias" de las creencias más que la inútil discusión teológica sobre si Dios existe o no. En mi caso, hay una irevocable actitud contraria al asunto en el sentido de que no comparto que si Dios no existe habría que inventarlo. No, a estas alturas, no.
Y ya sé que bromeas, pero insisto, el "onus probandi", el reparto de la carga de la prueba, es en este caso de los que hacen afirmaciones incomprobables.
Pero lo de las consecuencias no sería cuestión de ateísmo sino de anticlericalismo. Tampoco ningún creyente sensato condenaria a Dios por las acciones de sus obispos.
No ismo, no se trata de anticlericalismo, ni de condenar a Dios, ya que no existe según el ateismo, sino de repudiar las consecuencias de la religión tanto como concepto -el miedo a la muerte, el repudio a la única vida comprobable, etc.- como en cuanto a prácticas. La única forma de conocer las supuestas acciones de Dios es a partir de las acciones de los que se dicen sus representantes; si,por ej., recomiendan sacrificios humanos o cortar los pechos de las adúlteras no se trata de repudiar a ningún dios sino a sus sacerdotes y practicantes. Dejémoslo ya, Ismo, para mí todo este es demasiado obvio para que ni siquiera exista polémica. Soy tolerante con las doctrinas siempre que no se inmiscuyan en mi vida o las de los demás, lo que por otro lado, pretenden todas las religiones. Pero no me dejo.
Me recuerda cuando mi tía, la que está un poco sorda, fue a comprar unas ropas de verano y el vendedor le decía "son colores ecológicos" y ella contestaba: "¿Psicológicos? ¿Son psicológicos los colores?"
¿Qué querría decir aquel hombre?
(más o menos, lo que los obispos, pero con mejor intención, probablemente)
Pero nos reimos cantidad a cuenta de eso.
No pretendía convencerte, si he dado esa impresión. Yo no creo en dioses y no soy fácil de adoctrinar... pero es tu blog, lo dejo. Espero que lo de la inversión de la carga de la prueba sí quede explicado.
Cigarra: bienaventuradas las viejas tías sordas, porque ellas le dan sentido a la puñetera propaganda
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