

“Art happens” (el arte ocurre), declaró Whistler, y añadía Borges: “pero la conciencia de que no acabaremos nunca de desentrañar el misterio estético no se opone al examen de los hechos que lo hicieron posible.”. En la oscuridad de la cueva, pero normalmente junto a la entrada, pensadas para ser contempladas a la bailante luz de antorchas, como una suerte de cinematógrafo paleolítico, increíblemente veraces a la vez que mágicas, más hiperrealistas que el burdo y un tanto oportunista hiperrealismo actual, a la par que simbólicas, concretas: pinturas de animales, y algunos hombres; prodigiosas. Del techo principal de Altamira se ha dicho que era La Capilla Sextina del Arte Rupestre, pero yo creo que para ser justos habría que decir que la Capilla de Miguel Ángel era “casi” el techo de Altamira del Renacimiento. Los que pintaron estos prodigios no eran poco más que simios, sino ni más ni menos que Miguel Ángel o Einstein, pero inmersos en sociedades con un desarrollo tecnológico y sanitario varias decenas de milenios anteriores.
En primer lugar, sólo es posible pensar en algunos hoy anónimos artistas, no en una cualidad o talento artístico compartido por todos. Probablemente, la técnica adecuada para tallar un buen bifaz o una punta de flecha en forma de hoja de laurel tampoco era extensible a todo el grupo, aunque estaría más repartida entre los artesanos. Pero lo que todos compartirían es el conocimiento impresionante del animal dibujado, de forma muy distinta pero tan certera como la de los zoólogos de este nuestro siglo.
Pero no nos dejemos engañar por la exactitud; hay muchas formas de ser fiel a la realidad. Los protestantes prefirieron la cruz al crucifijo; es decir, el símbolo abstracto –que antes fue patíbulo- al cuerpo sangrante; los católicos al contrario. Al pintor moderno Gerhard Richter, autor de la maravillosa La lectora, le encargaron una cruz. Dio al símbolo las proporciones de un cuerpo y a la barra transversal la longitud de los brazos de un hombre. O sea, el cuerpo está y no está ahí, encontrándose lo icónico y lo abstracto. Eso mismo siento yo cuando contemplo uno de esos bisontes de Altamira; pese a su asombrosa fidelidad y su valor icónico, lo abstracto también está ahí. Los por qués y los cómos del arte.
¿Qué significado tenían estas pinturas realistas de bisontes y caballos? ¿Religiosas, propiciatorias de la caza, mágicas, chamánicas, de enseñanza? Quizá no se sepa nunca, pero en cambio podemos responder a una pregunta menos prosaica: ¿Cómo es posible tanta emoción, tanta bella perfección? Y sólo tenemos de momento una respuesta: art happens.
En primer lugar, sólo es posible pensar en algunos hoy anónimos artistas, no en una cualidad o talento artístico compartido por todos. Probablemente, la técnica adecuada para tallar un buen bifaz o una punta de flecha en forma de hoja de laurel tampoco era extensible a todo el grupo, aunque estaría más repartida entre los artesanos. Pero lo que todos compartirían es el conocimiento impresionante del animal dibujado, de forma muy distinta pero tan certera como la de los zoólogos de este nuestro siglo.
Pero no nos dejemos engañar por la exactitud; hay muchas formas de ser fiel a la realidad. Los protestantes prefirieron la cruz al crucifijo; es decir, el símbolo abstracto –que antes fue patíbulo- al cuerpo sangrante; los católicos al contrario. Al pintor moderno Gerhard Richter, autor de la maravillosa La lectora, le encargaron una cruz. Dio al símbolo las proporciones de un cuerpo y a la barra transversal la longitud de los brazos de un hombre. O sea, el cuerpo está y no está ahí, encontrándose lo icónico y lo abstracto. Eso mismo siento yo cuando contemplo uno de esos bisontes de Altamira; pese a su asombrosa fidelidad y su valor icónico, lo abstracto también está ahí. Los por qués y los cómos del arte.
¿Qué significado tenían estas pinturas realistas de bisontes y caballos? ¿Religiosas, propiciatorias de la caza, mágicas, chamánicas, de enseñanza? Quizá no se sepa nunca, pero en cambio podemos responder a una pregunta menos prosaica: ¿Cómo es posible tanta emoción, tanta bella perfección? Y sólo tenemos de momento una respuesta: art happens.
14 comentarios:
Bonita entrada. La frase de Borges es espectacular, toda ella como una pintura rupestre.
Me llama la atención que esa pintura de los albores de la pintura sea tan parecida a la pintura de los niños. Deja a un niño cerca de una pared con unas cuantas tizas y tendrás un bonito mural que será un prodigio, a la vez, de simbolismo, de detallismo, de observación, de acción, de abstracción... Como si cuando un niño empieza a pintar reprodujese los primeros pasos de la Pintura en la Historia.
Es bonito lo que dics; la infancia del arte=el arte de la infancia. Lástima que esté en absoluto desacuerdo; primero, porque no parece la pintura de un niño, o ee un niño con considerable pericia y conocimiento íntimo del modelo. segundo, porque todos los analistas coinciden al menos en esto: que la pintura naturalista del sur de Francia y Cántabro español ya estaban en posesión de todos los recursoso expresivos que vinieron detrás, incluso mayores, como si el arte augural hubiera surgido ya crecido del todo, lo cual pasa de hecho en otras artes; en cuanto al arte esquemático levantino aún sigue pasmando a los pintores modernos.
Lo cierto es que sólo era una sugerencia pero no entiendo tus argumentos, no sé qué es conocimiento íntimo del modelo ni qué se tiene por recursos expresivos. La pintura rupestre me sigue resultando infantil, sin que ello me parezca un demérito.
Si tuviese que admirar el arte rupestre levantino porque lo admiran los pintores modernos, antes tendría que admirar a los pintores modernos, lo que sucede en raras ocasiones, y después tener la suya por una opinión autorizada.
Conocimiento íntimo del modelo quiere decir exactamente eso: cuando uno de aquellos pintaba un bisonte demostraba, por la postura, la actitud, etc., que llevaba años observando al animal detalladamente.
No invoques el Principio de Autoridad, puesto que yo no lo hago, "tener la tuya por una opinión autorizada", como dices, aunque te diré algo sobre los expertos que ya he repetido más de una vez en estas páginas: no creo en exceso en los expertos, porque por definición traen las cosas pensadas de antemano y excluyen al profano por principio. Lo que tengo es mucho arte visto.
Pues ya me explicarás por qué debía sentirme impresionado porque a los modernos les impresione el arte levantino. No has dado muchos más datos que hagan pensar que no estabas utilizando un argumento de autoridad. Si no crees en los expertos, no cites a los expertos.
Los expertos y los analistas, por cierto, también tienen mucho arte visto.
Ismo:
Me parece muy bien que disientas de mí, incluso que llames expertos a los artistas, que no lo son (expertos son los críticos o los historiadores del arte; los artistas son...otras cosa). Lo que ya no me parece tan bien es tu tono, crecientemente brusco -quizá desde aquella torpeza mía de dar por concluida sin mas expediente otra polémica estéril-; y desde luego, y aunque sea figuradamente, no me gusta nada que me digas lo que NO tengo que hacer. Quizás debrías buscarte otro blog más afin con tu tono e intereses.
Los artistas que dan lecciones magistrales van de expertos, y los considero así sin ningún rubor. Tu tono es tan desagradable para mí como el mío para tí. No pretendo decirte lo que debes hacer, pero vas listo si te crees que me vas a colar tus argumentos de autoridad como si no lo fuesen.
Buscaré otro blog donde nadie juzgue mi tono con un varita distinta a la que usa para juzgar el suyo y donde nadie se crea tan listo como para saber cuáles son mis intereses. Que te vaya bonito en América.
Ismo
Apruebo aliviado tu decisión. A guisa de regalo de despedida, te voy a ser tan franco que casi pareceré impúdico, y desde luego, escasamente diplomático. Creo que sientes bastante admiración por mí por razones tan improbables para tí como para mí. El problema es cuando esa admiración la sienten personas inmaduras, como los adolescentes, -y algunos adultos lo son de por vida-, porque entonces inician lo que los froidianos llamaban "matar al padre", que es un proceso de duda asistemática agresivo aunque no suele ser cruento y de reafirmación, y en cualquier caso es un latazo. Yo no se lo aguante a mis hijos, mucho menos a tí. (Si dudas de esta conclusión, puedes comprobar la secuencia de tus comentarios desde tu aparición en este blog hasta el día de hoy: es muy ilustrativa)
Tú no necesitas a nadie que te admire, ya lo haces bastante tú mismo. Y eres realmente admirable, juá. Ale, voy a reafirmarme un poco por ahí, madurito.
Tú no necesitas a nadie que te admire, ya lo haces bastante tú mismo. Y eres realmente admirable, juá. Ale, voy a reafirmarme un poco por ahí, madurito.
¿Madurito? Probablemente para los patrones de este eufemístico siglo XXI, así es, pero en el XIX, un anciano.
Claro que Shakespeare proponía confinar a todos los varones entre 14 y 25 años en una isla desierta para hacernos la vida más apacible al resto. Convertir ese penal insular en el escenario del señor de las moscas hasta que aprendan a relacionarse con los demás, aunque se corra el riesgo de que se devoren entre sí. Jodío William.
Querido Lansky
Espero que sólo hayas tenido un mal día.
Sólo conozco a Ismo por los comentarios que hace aquí, que por cierto,
me suelen gustar.
Julia
Pero Julia, entra en el blog del ismo y comprobarás que es el el que ha perdido los nervios en un clásico caso de matar al padre que yo no pedi ser.
Lo dijo Kiplig, creo, algo así: ser capaz de soportar que la verdad que dijiste/ sea falseada por bellacos que hacen trampas para necios. Exactamente es lo que pasó. Ismo tiene algo de talnto, pero es agresivo y crispado, como todos los insguros.
Te escribo por cierto desde uno de los cybercafés con probabilidad más altos del planeta, desde el café de la Universidad en la Paz, a 3.850 m. Un abrazo
En la versión que yo conocía decía: "si logras que se sepa la verdad que has hablado / a pesar del sofisma del orbe encanallado" en un intento bastante forzado por hacerlo rimar en castellano.
Me he dado una vuelta por los blogs de Ismo y aparte de que dibuja espectacularmente no he visto más cosas de esas que dices. Pero la verdad es que acabo de llegar de vacaciones y aún estoy un poco espesa (aparte de mi habitual falta de sutileza)
En fin, una lástima.
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