
He esperado prudentemente a hoy para ver si se acababa el mundo. Como muchos sabréis ayer se iniciaba el funcionamiento del superacelerador de hadrones con el objetivo de hallar el bosón de Higgs, una partícula elemental que parece hallarse –por ahora- en el umbral más ínfimo de la materia. El llamado campo de Higgs es una forma de energía (¡otra más!) que impregna todo el espacio y… ¡confiere masa a las partículas! Pero, ¿la masa no era una propiedad intrínseca de las cosas materiales, partículas incluidas? Parece que no, pero, por favor, no hagamos preguntas retóricas (que llevan implícitas las respuestas) ni las opuestas (que no la llevan ni, lo que es peor, pueden llevarla, ni implícita ni explícita). Hace tiempo que la física avanzada no sólo dejó de ser intuitivamente aprensible para una mente medianamente sensata, sino que se parece sospechosamente a lo contrario. La mecánica cuántica, por ejemplo excelso, es precisamente lo contrario de lo que nos dicta la intuición y los sentidos y meterse en ella es como adentrarse en los surrealismos absurdos de Alicia en el País de las Maravillas –fruto a su vez, no lo olvidemos, de un matemático amablemente pedófilo llamado Lewis Carroll-.
Sin ese misterioso campo de Higgs hasta las ballenas azules y los sequoyas de cincuenta metros serían livianos como fotones; tú y yo, también. Pero, eso sí, nos moveríamos a la velocidad de la luz, como el fotón. El LHC (Large Hadron Collider o Gran Colisionador de hadrones) de Ginebra tiene como principal aunque no único objetivo el de encontrar el bosón de Higgs, apodado “la partícula de Dios” por el Nobel Sheldon Glasgow. El llamado modelo estándar con el que los físicos intentan describir el mundo subatómico predice su existencia, no me preguntéis cómo: las ecuaciones lo dicen y punto en boca, en caso de que tengamos boca y en esto, los profanos, me temo no la tenemos; o sí, pero ya se verá cómo. El caso es que se requiere el enorme trasto suizo francés (está mitad y mitad entre los dos países) para alcanzar las altas energías de colisión que requieren, al parecer, observar esa partícula. Eso y seis mil millones de euros. Pero no seamos demagógicos.
Esas altas energías requeridas han llevado a algunas personas (pero no personas cualquiera, sino disidentes entre los propios físicos) a temer que el LHC pueda causar una catástrofe del planeta, como mínimo, mediante la creación de un agujero negro, ya saben, esos que se tragan la gravedad, la luz o galaxias enteras. Han intentado detener el experimento y hasta han interpuesto varias demandas judiciales. El que yo esté ahora, después de haber apretado el botón del acelerador, escribiendo esto y vosotros un poco después leyéndolo, en realidad no significa nada ni a favor ni en contra de estas predicciones catastrofistas: puede que no haya sucedido aún, pero que suceda. Y eso es lo bueno y lo malo de su predicción: que no puede demostrarse que sea falsa, que no sea falsable en el argot de Popper, por eso no es “científica”, que tampoco es siempre tan malo.
Parece ser que la posibilidad de que se creen microagujeros negros es remota además de contraria al modelo estándar, pero, nos tranquilizan los físicos del LHC, además estos microagujeros “serían incapaces de agregar materia en torno a ellos de una forma que resultara peligrosa para la Tierra”. Qué, ¿estáis más tranquilos? Yo, ni lo uno ni lo otro, me adhiero al Principio de Incertidumbre de Heisenberg en esto como en tantas otras cosas. Pero tengo algo que añadir caso de que el fin del mundo me conceda tiempo para formularlo.
Y es lo que sigue: queridos amiguitos, admirados físicos a los que hace tiempo que no entiendo y eso que saqué buena nota en física en mis años mozos y que admito haber traspasado el espejo tras las Alicias de turno varias veces:[1] ( Pobre Einstein, porque parece que sí, que Dios era un poco ludópata y jugaba a los dados no sólo con nosotros, pobres, sino con su entera Creación):
aunque de muy distinta índole, las nociones de Dios y las pretensiones de ciertas jergas científicas comparten curiosamente una misma idea muy perniciosa: la de cierto absoluto; la idea de un saber absoluto, y quizá un poder absoluto. Es decir, para mí, una serie de ilusiones de los hombres, la mayoría, incluidas algunas de sus elites intelectuales, como ciertos físicos, acerca de algo que NO EXISTE: ese poder y ese saber, absolutos. Para mí, insisto, destruir esas ilusiones es un objetivo eminentemente humanístico, en el mejor de los sentidos del tan traído y llevado adjetivo. Me parece obligatorio para árabes e israelíes, para católicos o protestantes del Ulster, pero no hace falta que lo sea para físicos subatómicos defensores del modelo estándar, porque, si por un lado, como puñeteros fanáticos, andan buscando ese saber absoluto, en esa última frontera, esa “partícula de Dios", por otro, ellos mismos se encargarán de cargarse ese intento. ¿Sabéis por qué? Porque la ciencia tiene algo que nunca tuvo ni la mejor de las religiones: unas reglas del juego que se encargan de “falsar” (probar la falsedad) de sus propios asertos.
No sé si me he explicado o parezco un físico teórico.
[1] Aunque este post es un “pretexto” para hablar de otra cosa, hay tres libros entre cientos absolutamente recomendables para entender un poco todo este lío subatómico. Ahí van
Steven Weinberg: Los tres primeros minutos del universo. Alianza Ed. Un clásico que su autor, uno de los autores de la llamada Teoría Estándar, escribió hace décadas y que mostraba las conexiones en el inicio del “Bang” entre la física subatómica y la cosmológica, cuando el cosmos era un bebé de unos minutos. Es uno de mis libros de divulgación favoritos sobre este o cualquier otro tema.
Brian Green: El universo elegante, Crítica (bolsillo). Para entender eso de la teoría unificada, las supercuerdas y el universo de once dimensiones más uno. El libro en sí es…elegante. Y reciente, más o menos.
Robert B. Laughlin: Un universo diferente. Ed. Katz. Este es el libro más reciente, y esta editorial, especializada en nuevo ensayo contemporáneo que el dios que sí jugaba a los dados bendiga, y ese autor, con nombre de whisky de malta, ofrecen una buena puesta al día. Y explica una cosa que pocos hacen, que tanto las leyes de Newton como las de la mecánica cuántica son leyes emergentes, esto es, propias de grandes cantidades de materia, pero que cuando sólo tenemos unos “protoncillos sueltos” esas propiedades desaparecen.
Ayer también venía en El País un buen y extenso artículo del excelente divulgador Javier Sampedro, genético del desarrollo el pobre. En él se contaba la metáfora de Miller de los bosones y la Sra Thatcher, que para mí no es muy explicativa, pero bueno...
30 comentarios:
“aunque de muy distinta índole, las nociones de Dios y las pretensiones de ciertas jergas científicas comparten curiosamente una misma idea muy perniciosa: la de cierto absoluto; la idea de un saber absoluto, y quizá un poder absoluto.” Con lo sabiamente que repartes por este párrafo el útil adjetivo “cierto”: “Ciertas jergas científicas”, “cierto absoluto”… te ha faltado, sin embargo, para mi gusto, colocarlo donde más falta hacía: “ciertas nociones de Dios” habría sido una más bonita forma de decirlo. Comprendo que, tras vagar un rato por ese mundo subatómico en el que las más sólidas certezas se vuelven, literalmente, agujeros vibrantes llenos de puro vacío, uno sienta nostalgia de alguna certeza indudable, de alguna afirmación tajante, y se llene la boca afirmando“las nociones de Dios” (todas, sin excepción) o “NO EXISTE”. Pero seguro que tú mismo te has dado cuenta de que, al hacerlo, estás postulando un saber absoluto con no menos vehemencia que los físicos a quienes se lo reprochas.
Como bien dices, el propio mecanismo de búsqueda se encarga de “falsar” (mira que detesto esta palabreja, pero qué le vamos a hacer) sus siempre provisionales afirmaciones. Pues bien, dejémosle que lo haga con todas, hasta con las nuestras, hasta con las que afirman la no existencia de certezas absolutas.
Ay Vanbrugh, siempre entrando a mis trapillos teologales que agito ante tus cuernazos de mihura morigeradamente creyente. Mira, sabes que no podemos estar de acuerdo, porque para mí, insisto siempre en ese "para mí", la idea de Dios es un asboluto que no admite rebajas, si no no sería Dios, sino una razón última de otra índole o alguno de esos amables o crueles diosecillos locales y paganos. Dios es un absoluto, como la verdad para los fanáticos, esa es mi opinión.
Y sacúdete esa polvareda blanquecina de tus hombros, porque no es ni caspa ni restos de hisopo, sino un mogollón de blosones de Higgs que te han caído desde Ginebra
Nada de morigeradamente. Que mi forma de creer no encaje en la idea que tú tienes de lo que es creer no le añade morigeración alguna. Trato de no ser morigerado, ni en eso ni en nada. La morigeración como propósito a priori siempre me ha parecido una estupidez. Como tantas otras cosas, solo funciona bien cuando sobreviene como cualidad no buscada, pero jamás si es un propósito deliberado y previo. Y en mis creencias no aparece de ninguna de las dos maneras. Como bien dices, no se puede creer en Dios "moderadamente". "- ¿Usted cree en Dios? - Bueno, un poquito." No.
Dios, efectivamente, no admite rebajas, no es un diosecillo pagano local, ni cruel ni amable, y es, efectivamente, un absoluto. Pero NO como la verdad para los fanáticos. OTRA forma de ser absoluto.
Ah, y yo no trato de que estemos de acuerdo. No me interesa que estés de acuerdo conmigo. Me interesa que lo estés contigo mismo.
Ah, malandrín, ¿acaso insinuas que me llevo a mí mismo la contraria?
Te la llevo a tí, y muy a gusto, todo hay que decirlo. Por otra parte ya conozco tu gusto por las virtudes sobrevenidas y no buscadas, no las perseguidas aposta, sino las que vienen como los cromos con el chocolate, aunque yo de niño comía chocolate para quedarme con los cromos.
Tampoco entiendo por qué un absoluto, Dios, va a ser diferente de cualquier otro absoluto, como la verdad totalitaria, y no un ejemplo, bastante acertado, de ese mismo tipo de nefastas verdades.
Y límpia los bosones, que en el negro se nota mucho
Ah, y falsable no es muy eufónico, pero no había otra palabra para decirlo en español hasta que Popper la inventó. Verificable, por ejemplo, no es lo mismo. Peor aún Falsación, pero iden de adem idem
No lo insinúo, lo afirmo sin ambages. En mi primer comentario lo explico claramente, pero lo volveré a hacer: tu post es formalmente equivalente a la frase: "Todas las afirmaciones tajantes y universales son falsas".
No entiendes por qué Dios, un absoluto, va a ser diferente de cualquier otro absoluto, como la verdad totalitaria. Me parece bien. Efectivamente ¿por qué va a ser diferente? Pero, también ¿por qué no va a serlo? ¿Todos los absolutos, por serlo, deben ser iguales? Es posible. Y también es posible lo contrario. Como no estamos dispuestos a aceptar verdades absolutas, optaremos por hipótesis. Yo opto por la mía: Dios es un absoluto que libera, abre y posibilita. Otros absolutos, como las verdades incontestables e impuestas, atan, cierran e imposibilitan. En mi opinión, pues, no todos los absolutos son iguales. Es mi opinión, mi hipótesis, mi apuesta...
Cierto, "verificar" es comprobar que algo es verdad. Comprobar que algo es falso sería, paralelamente, "falsificar". Pero esta palabra ya está ocupada por otro significado. Nos quedaremos, pues con "falsar". Pero es horrorosa. Y no es culpa de Popper, claro. (No sé cómo se dice en inglés, ni cómo suena). Es culpa de sus traductores.
Y lo de mis hombros no son bosones. Es pátina.
Glup.Habría debido decir "No sé cómo se dice en alemán, ni cómo suena...". No creo que Popper escribiera en inglés...
1)"Todas la afrimaciones tajantes y universales son falsas"
2)"La anterior afirmación (supra) es tajante y universal así que...es falsa."
Aunque vienés de nacimiento, Popper se educó y trabajó en Inglaterra y siempre escribe en ingles (falsation)
Y sí, la idea de Dios absoluto (redundancia) jamás ha producido dolor a los humanos, o en caso de que lo haya producido (daños colaterales, quemas en la hoguera, suoplicios varios, aculturación) siempre menores que sus evidentes beneficios.
La afirmación anterior no es tajante ni universal; tan sólo irónico, o sea, que podría ser cierta, pero no es falsable.
Justo. A eso me refería. La afirmación "Todas las afirmaciones tajantes y universales son falsas" se declara falsa a sí misma. "Se lleva la contraria a sí misma", como creo que te pasa a tí también, en ocasiones (y, probablemente a mí, y a todos. Pero ahora hablamos de tu post). Porque es eso, exactamente, lo que creo que le pasa a tu post, que declara tajantemente que NO EXISTE la posibilidad de declarar tajantemente si algo existe o no.
En cuanto a nuestra eterna y cíclica querella, no necesito de tu estupenda ironía para saber que, en verdad, determinadas ideas de Dios, muy extendidas e históricamente dominantes, han producido a la humanidad tanto sufrimiento, al menos, como beneficios le han procurado otras, distintas, concepciones de la divinidad. (No la necesito, pero la disfruto mucho, que conste). Lo sé, yo también, y yo mismo lo he dicho en muchas ocasiones.
Pero no es eso lo que discuto, sino que esas concepciones de Dios, que ni a ti ni a mí nos gustan, sean las únicas posibles, ni las únicas existentes. No lo son. Hay otras. En las que Dios no deja de ser un absoluto, pero no un absoluto del mismo género que "la verdad para los fanáticos" sino, exactamente, todo lo contrario. Eso es lo único que digo, y, efectivamente, no es una afirmación falsable, como tampoco lo es la tuya, su opuesta.
(Es la ciencia la que se mueve en el campo de lo falsable. La fe, sea en la existencia de Dios -la mía- o en su inexistencia -la tuya- no es falsable. Ni falta que le hace.)
(Decididamente, y por distintos caminos, el amigo Popper está dispuesto a dejarme mal).
Verás, V. A mí esos "Dios" tan relativos, ambíguos y poco tajantes no sólo no se parecen a Dios ni a dios, sino que me recuerdan a esos padres progres y gilipollas (no es lo mismo, a veces no coinciden) que quieren ser "amigos" de sus hijos en lugar de hacer bien el papel que les toca de padres. Te confieso también y por ceñirme a la cultura en la que he estado inmerso e indefenso en la infancia, que cada vez me gusta menos ese Dios (¿lo es?) calculadamente ambíguo y blandengue -y cuando no peor-(pero¿se tiraba no a la estupenda María Magdalena?) y cada vez me cae mejor el colérico y truculento barbas del Antíguo Testamento; una cuestión estética, o sea, ética. Y creo, sinceramente y bromas aparte, que un hombre como yo, que se reclama humanista (o tendente a) en el mejor sentido de la expresión, debe ser coherentemente ateo, aunque agnóstico quede más mono.
Veras, L., para mí es un verdadero problema discutir contigo de este tema, porque tu postura me cae muy bien y tú la defiendes modélicamente, con todos los detalles que me gustan y espero encontrar en una defensa del ateismo como Dios manda, valga la expresión. No quiero insistir más en lo que tantas veces he dicho: emocional e intelectualmente me encuentro mucho más cercano a algunos ateos lúcidos, como tú, que a muchos creyentes gilipollas como… mejor lo dejamos así. Y además nada hay más desalentador que que te lleven la contraria mal; pero cuando te la llevan bien, te asalta la tentación, también estética, de dejar las cosas como están. “Qué lástima, perturbar un ateismo tan redondo…” Algo así, no sé si me explico.
Pero aunque solo sea por respeto a la controversia, no debo hacerlo. El Dios en que creo, aunque a ti te lo parezca, no es relativo, ni ambiguo ni poco tajante, sino todo lo contrario. Tú has identificado el ser “absoluto” con ser Yahve en el Sinaí, y, aunque estás en tu derecho, yo no tengo por qué aceptar, y de hecho no acepto esa identificación. Dios NO es un padre progre y gilipollas, no quiere “ser nuestro amigo”, y hace estupendamente su papel de padre. Ese es el problema, que lo hace estupendamente, mucho más estupendamente de lo que somos capaces de imaginar, y no se pliega tampoco al modelo barbas tronante, aunque ese sea el que a ti te guste, para poder mandarlo a la mierda con tranquilidad de espíritu. Tiene su propia idea de cómo ser padre, y la cumple muy bien.
Me parece estupendo, pues, que seas coherentemente ateo. Estoy seguro de que también a Dios se lo parece. ¿Tú a quién aprecias más, quién te cae mejor: un tipo que piensa por su cuenta, te da o no la razón según crea que la tengas y te manda a la mierda cuando cree que debe hacerlo, o alguien que te da la razón sumisa y acríticamente, canta loas exageradas y untuosas a tu persona y te hace la pelota abyectamente? El primero ¿no? Bueno, pues yo no creo que Dios sea peor que tú o que yo, de modo que también le caerá mejor el primero. Sé, pues, tan ateo como quieras, ese no es el problema, ni para mí ni para Dios.
En cambio que pretendas adueñarte del humanismo como patrimonio exclusivo del ateismo para mí sí es un pequeño problema (para Dios, no sé. No creo). Yo también pretendo ser humanista, chaval. Y no soy ateo. ¿Algo que decir?
Vanbrugh:
Tú no eres un creyente típico, entiendo por típico el que defiende la ciencia estadística, como la desviación estándar, que también se llama "típica" si recuerdas tus estudios de ciencia y arquitectura. Y vienes a decir, con otras palabras, que yo no soy un ateo típico (¿o tópico?), lo cual es halagador, no porque sea malo para mí ser un ateo típico, sino porque a todos nos gusta considerarnos algo...excelsos o fuera de lo común, pero no estoy seguro de que, muy al contrario, no represente yo, precisamente, lo más típico de la postura atea, la de esos entrañables acratas o libertarios de nuestra tradición tan hispana. En cuanto al humanismo, yo lo veo así, por supuesto es un problema de definiciones, y admito la tuya, inclusiva de esa forma de religiosidad tuya, pero el humanismo surgió en el renacimiento, de forma algo ingenua, como oposición a la teocracia oscurantista medieval y como reivindicación del antiguo paganismo laicista (¿es esto una contradicción?) griego. Te agradezco sobremanera que no hayas contestado mi último post: no tenía mayor interés que ver tu reacción, que ha sido exquisita: "no coment". Pensaba borrarlo, pero como ya hay un comentario, de emmma, me parecería una grosería hacia ella. Tu Dios no me molesta, me cae casi también como tú, pero, primero por coherencia y luego, lo confieso, por beligerancia contra la "mayoría típica" de los defensores de la que se supone tu fe, no pienso cambiar. Un abrazo.
Ah, se me olvidaba, y me encanta ese ramalazo cheli que te ha salido al finalizar tu anterior comentario: "Algo que decir", que viene a ser aproximadamente equivalente al:"¿Pasa algo?, chaval". Pues no, no pasa nada.
mi comentario penúltimo desliza un "también" cuando debería decir tan bien. Y el último omite las interrogaciones al citar el de vanbrugh. Cosas de escribir tan rápido y sin revisar
Me alegra que tomaras como un desaire mi falta de respuesta. Lo cierto es que el tono de tu último post me desconcertó un poco. No logré encontrarle ninguna “continuidad lógica” con lo que hasta entonces llevábamos hablado pero, como el dueño de tu blog eres tú, preferí esperar a ver por dónde querías seguir, y si resultaba tener o no algo que ver con por dónde quería seguir yo. Veo ahora que era una especie de prueba, que resulta que he pasado con éxito. Qué potra tengo.
En realidad no creo que ni tú ni yo seamos excesivamente atípicos. A Dios gracias. Nuestra manía de pensar y nuestra costumbre de no emplear los resultados de esta manía para abrirle la cabeza al contrario no son, quizás, actitudes que parezcan muy extendidas. Pero es cierto que siempre ha existido una corriente ácrata de pensamiento cuyos principales intereses son el crecimiento y la libertad del hombre, que si se opone a cualquier idea de dios es precisamente porque las considera un obstáculo para estos fines y que, consecuentemente, no trata de imponer su ateismo como una especie de religión simétrica, tan totalitaria, opresiva y esclavizante como lo haya sido nunca la peor de las religiones; y tú representas muy dignamente esta postura. Y, aunque no lo creas, también ha existido siempre un humanismo religioso que considera a Dios como la última garantía de la libertad y la dignidad humana. Tiene precedentes incluso entre los fieles del terrible Yahvé del Antiguo Testamento, pero su formulación más clara y coherente la proclamó el fundador de mi invento, su hijo, mi jefe, vaya: Jesús de Nazaret. Y si su chiringuito se ha mantenido hasta ahora mismo, a pesar de cruzados, torquemadas y curas y curias varias, es porque nunca ha dejado de estar subterránea pero vigorosamente recorrido por esta corriente vivificadora de fe en el único Dios pensable, el que derriba del trono a los poderosos, enaltece a los humildes, colma de bienes a los hambrientos y a los ricos los despide de vacío. (El Magnificat, cuya lectura te recomiendo, es una de las oraciones más hermosas y liberadoras que conozco.) Yo he tenido la suerte de ser educado en esa corriente, por unos padres profundamente creyentes y profundamente respetuosos de mi libertad, y por unos curas, los marianistas, con la amistad de algunos de los cuales me sigo honrando. (Por cierto, parece que la Conferencia Episcopal quiere ahora negarle a su editorial, SM, la consideración de “editorial católica”, oficialmente por el terrible delito de editar libros de “Educación para la Ciudadanía” y de enseñanza del islam y, en realidad, como castigo a su díscola, inmanejable y cristianísima libertad de criterio.) Más de boquilla de otra cosa, pero a fin de cuentas lo mejor que puedo y sé, no hago más que tratar de ser fiel a lo que se me ha transmitido y muchos cristianos han vivido y proclamado antes y mejor que yo. Más o menos esto es lo que quería decir con ese “¿Algo que decir?” que tan amablemente me celebras.
Jua, jua, jua, qué puñeterameente arrimas este ascua a tu sardina. Mi respeto -merecido- por gentes como tú, algunos marianistas, San Francisco de Asís o un amigo boliviano cura que siempre me desarma con su bondad discreta, entrega a los demás sin aspavientos, con verdadera modestia y ocultación, a los jodidos de este mundo, no me hace olvidar una cosa: que esa no es la corriente principal(metáfora fluvial) ni la que tiene la sartén por el mango (metáfora culinaria)de esa milenaria institución conocida como Iglesia; precisamente milenaria porque es sabia (y maligna) y sabe que hay que mantener también esas otras corrientes marinales y arroyuelos que aseguran estar a las duras y a las maduras, en misa y repicando, con Dios y con el Diablo. No olvides que además de ateo pertnezco a una "corriente"de más raigambre hispana que los taurinos: soy anticlerical. En la antigua URSS, estoy seguro que lo sabes, había un museo del ateismo; siempre quise visitarlo por el morbo que tiene la estupidez supina y por reirme de los ateos obligatorios, pero seguro que la actual Rusia no ha tenido el suficiente sentido del humor para mantenerlo, qué pena.
Y por cierto, marginal, no me has contestado si en tu opinión el chaval se enrolló con la Magadalena. Y no me digas que eso no tiene importancia, si de celebrar la vida, como don de Dios o como don sin más se trata, al igual que se trata de estar al lado de los desfavorecidos y quién más desfavorecido y agradable que una puta guapa y arrepentida, digo yo.
Vaya por Dios, el anticlericalismo me gusta en muy escasas modalidades, casi todas ellas creyentes. La más bien burda de la que haces gala me resulta uno de los aspectos más casposos y prescindibles del peor ateismo. Qué se le va a hacer, nadie es perfecto.
Respecto de la cuestión por la que te interesas carezco por completo de noticias, hipótesis, conjeturas ni ganas de tenerlas. Siento, pues, no poder pronunciarme.
Un abrazo.
Es lo que tienen los blog, que no pueden sustituir una conversación cara a cara como las que mantengo con mi amigo el cura amazónico (misionero y tal, pero un puñetero cura, vaya) Él sabe que soy un anticlerical profundo y convencido, pero que sería capaz o tan loco (igual no es verdad, pero él lo cree así y yo lo siento así) de enfrentarme a un pelotón de fusilamiento para evitar que fusilaran a un cura por ser cura (y hasta por ser un hijo de puta, si vamos a eso: estoy contra la pena de muerte, incluso en tiempos de guerra, o especialmente en tiempos de guerra); tampoco quemaría conventos, porque me encanta el arte monacal y aunque gracias a un convento quemado disfruto del mercado de Maravillas junto a casa y construido en su solar que es una maravilla. O sea, que lo que si debo ser es un anticlerical atípico, no violento ni demás tópicos. Y observo con cierto alivio, por qué no confesarlo, ese claro asomo de prejuicio que tienes con los buenos anticlericales. Aún así, cada vez que veo una sotana hago disumuladamente (para no ofender) el signo de la "higa" (dedos entrales plegados contra la palma, meñique, indice y pulgar extendidos y palma hacia abajo: me lo enseñó un amigo siciliano y á él su abuelo, una anarquista de los de antes)
Y por cierto, lo que sí es un tremendo prejuicio es el que tú creas saber a qué corriente anticlerical pertenezco. Yo sólo hablo de raigambre hispana. Pero bueno, deslices los tenéis los mejores, así que te digo a cuál pertenezco: soy un comecuras no violento ¿Te vale? (Y no creo en los anticlericales religiosos: al final todos acabáís en las garras de los clericales y punto)
Lansky
Los chistes racistas, el uso de términos como “sudaca” o “moranco”, los tópicos sobre narices ganchudas y otras avaricias judaicas y, en general, el campechano y pacífico refocile en la propia pertenencia a la “raza afortunada” son en sí inocuos, pero constituyen el caldo de cultivo objetivo donde un mal día florecen y estallan de repente los guetos en llamas, los progroms y las cámaras de gas. Por eso, además de por evidentes motivos de estética, me molestan profundamente. Paralelamente las bromas sobre el celibato o sus contravenciones, las higas subrepticias antisotana y las gracietas anticlericales en general son bastante inocentes, no matan a nadie ni queman iglesias, pero objetivamente preparan el terreno y suministran combustible y balas, todo lo metafóricas que quieras pero no por ello menos efectivas, a los que otro mal día deciden pasar a la acción. Por eso, además de por evidentes motivos de estética…
En fin, no pasa nada. La controversia se mantenía en un nivel estupendo hasta que yo, en mi último comentario, me deslicé notoriamente hacia el pringoso terreno de la “piadosidad”, fallo evidente pero que constituye un escollo muy difícil de salvar cuando se habla en serio de las propias creencias religiosas. No supe evitarlo, mea culpa. En simétrica y automática respuesta tú te trasladaste de inmediato al igualmente resbaladizo suelo del anticlericalismo de brocha gorda. Probablemente sea también inevitable cuando se habla en serio de la propia falta de creencias religiosas. Hasta ahí, estamos en paz.
No obstante, la simetría se acaba ahí. A ti, al parecer, te alivia un tanto que yo dé por fin la cara “beata” con mis “prejuicios” anti-anticlericales (!!!). A mí, en cambio, me decepciona ligeramente que tú asomes, por fin la oreja tragafrailes…
¡Qué barbaridad! Después de leer este debate a dos me he olvidado del post y, sobre todo, de lo que quería comentar. Esto me pasa por llegar con retraso, pero es que ando muy liado. En cualquier caso, creo recordar que me iba a dejar constancia de mi sensación de asombro y perplejidad ante esos mundos subatómicos (al leer este post y en otras ocasiones en que me he acercado a ellos) y que tomaba nota de las recomedaciones lanskyanas (no doy abasto con tantas).
En cuanto al debate, cada punto de los que tocáis da para un desarrollo largo y enjundioso. Me hace gracia que varios de ellos se relacionen con lecturas mías recientes; por ejemplo, hogueras y anarquías.
DE NAZIS Y ANTICLERICALES
Sí, Vanbrugh. El viejo chiste remozado sería: "se empieza matando curas y se acaba por no ir a misa" (sí, así, no al revés, por eso es un chiste), pero ambos sabemos, creo, que casi todo, hasta lo más sagrado, admite grados. Los chistes de narices ganchudas no son los responsables del genocidio nazi, aunque no contribuyeran a paliarlo tampoco lo causaron. Más bien, ya que andamos por teológicos caminos, yo plantearía el caso que tu has sacado a colación de forma bien íntima y distinta: Hitler fue fiel a sí mismo, no traicionó su propio yo, el problema, para mí, es que hubo millones de alemanes que sí lo hicieron. Esa fue la tragedia. Es decir, lo grave no es que hubiera un hombre con suficiente valor (sí, me has leído bien) para ser malvado, sino que hubiera millones de personas sin el valor necesario en aquellos momentos para ser buenos.
No sé cuantos anticlericales hay ni cuantos estarían dispuestos a seguir consignas de exterminio como obedientes corderillos; sí sé en cambio que yo tendría el valor necesario para no seguirlas, aunque quizá me preguntase, si hubiese vivido el anticlericalismo del 36, por qué tanta gente odiaba tanto a los curas, que en teoría estaban ahí para ayudar a las buenas gentes.
Y tienen razón miroslav, este post iba de otro asunto, pero, mea culpa prima, se ha ido entre ambos por otros lados. Lo que no me parece tan mal
Siempre conseguís hacerme reir leyendo vuestras controversias ateo-teologicas, y eso está muy mal, porque se supone que yo estoy trabajando, y ¿de qué se puede reir una bibliotecaria que está tranquilamente en su mostrador esperando que vengan a pedir o a devolver libros?
....
(Unos cuantos comentarios más tarde)
¡que me echen del trabajo si quieren, que estoy disfrutando como una loca!
.....
(que conste que me río del puro júbilo de asistir a un combate de intelectos formidables, no, por supuesto, de ninguno de los dos. Pero es que tenéis gracia diciendo las cosas, qué demonios. Sólo siento, como Miroslav, haber llegado tan tarde)
...
En resumen: mi postura está en las filas de V., aunque no sepa expresarme tan bien como él. Pero nuestro anfitrión, Lansky, se defiende como un león; y sobre todo, siempre tendrá mi agradecimiento por suscitar y mantener estas polémicas, y por recomendar libros tan buenos, todo sea dicho.
¿Con que te divertimos, Cigarra?, mírala. Pues no, mujer, aquí lo que se ventila es algo muy gordo, a saber: Si vanbrugh me salva el alma a mí (por cada tres almas salvadas creo que te dan un puesto más cerca del trono de Dios, así que un estajanovista de la conversión/salvación puede llevar a sentarse en el escabel, a sus Píes) o si yo le vuelvo a él ateo convencido y hasta descarado: lo que yo gano con eso no puedo comentarlo porque me lo prohibe la letra pequeña de un contrato que firme hace tiempo con un guapo tipo de bigotes y perilla afilados que usaba un after shave a base de azufre, bueno para el acné, tengo entendido.
Pero vamos, está claro que en el improbable caso de que verdaderamente intentase convencerle, sería un intento vano, y viceversa. En realidad, me conformo con haber conseguido, en pleno fragor de tan dialéctica batalla, nada menos que...el muy cabrón se saltase alguna que otra tilde ¡Increible!
Qué grande es la ceguera del idólatra, oh Dios, qué insondable la ignorancia del pagano. (Vb 5, 18) No contento con la arrogante presunción de que tiene un alma -qué le hará suponer semejante cosa- me atribuye el propósito de salvarla (como si no tuviera yo nada mejor que hacer) aduciendo fantasías parateológicas sobre puntos y escabeles y, lo más grave de todo, pretende que me he saltado tildes (claro está que no presenta ni un solo ejemplo de tal cosa, pero acusar es gratis). Si no estuviera ya acostumbrado ¡qué sinsabores sin cuento, qué quebrantos sin medida no encontraría yo en el trato de este endurecido pecador! Dame, oh Señor, un corazón paciente para sobrellevar con calma las iniquidades del impío. (Vb 17, 122)
Tú "verás", si me quieres creer de "veras", pero entretanto, mira tu comentario en este mismo post de 11 spt, 1.54 pm; ese mismo que comienzas: "Veras..."
"Airean la falta de tilde sobre la vocal del prójimo, pero callan, taimados, sobre la coma mal colocada en el párrafo propio..."(Vb 30, 45)
Hijo mío, nadie, ni yo siquiera, es del todo perfecto. Confieso con humildad que en ocasiones cometo errores. Sin ir más lejos recuerdo una vez, en 1972... pero vaya, para qué castigarme la memoria si ya tu diligente e interesada búsqueda nos ha procurado ese ejemplo que tanto necesitabas como único argumento al que agarrarte para justificar tu... Ya me he perdido. Me pones nervioso, con estas tonterías... En fin, que sí. Disfruta, disfruta de tu efímera victoria. Haz leña de mi pobre rama caída, mientras finges no ver tu propio tambaleante tronco... (Vb 74, 133)
V.
No, vanbrugh:
tú has vencido,
tú has llegado a lo más alto,
porque eres tú no sólo el de la ortografía canónica,
sino que has llegado a ser, nada menos, que...
¡un evangelio apócrifo! (que son los que más molan)
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