
Las historias “oficiales” de los imperios siempre son tendenciosas, sobre todo las que escriben los vencedores, pero también los vencidos; unas porque exageran torpe e innecesariamente los logros obvios, las otras, porque “maquillan” o incluso ocultan los desastres, que casi nunca se adaptan al evanescente concepto de gloria. Es el caso, por ejemplo, de la sorprendente prioridad cronológica de España en muchos de los descubrimiento de los Mares del Sur -si exceptuamos a polinesios y melanesios, que ya habían descubierto aquello siglos antes: por eso estaban allí-. Centrándonos pues sólo en los colonizadores, eso hace aún más misteriosa e interesante la razón del dominio final en ese extenso territorio acuoso por los ingleses, y secundariamente por los franceses y holandeses
Es más, si ampliamos la pregunta y somos capaces de guardar el patriotismo que todo lo deforma aumentando o reduciendo, si, por tanto, miramos desapasionadamente hacia la potencia que definitivamente sucedió a este nuestro soleado imperio; a Gran Bretaña, entonces nos sonará el tópico apresurado que dicta que fue el dominio sobre los mares el que fundamentó esa hegemonía. Y como todo tópico contienen grandes dosis de verdad; grandes, pero no toda la verdad. Si consultáis a los buenos historiadores navales; esto es, además de competentes hurgadores en archivos y legajos, que sepan también qué (no cómo, sino qué) era realmente un barco de aquellos y en qué consiste navegar, os dirán que en la época en que comenzó el declive del Impero español y se fundamentó el británico, nuestros barcos no eran inferiores en absoluto a los suyos y nuestros marinos eran tan competentes como los de ellos. No obstante, en aquel imperio español no sólo se empezó a poner el sol sino a tener goteras ¿Por qué?
Es más: a comienzos del siglo XVII Inglaterra contaba con una flota mucho más pequeña que la española, pero... las fuerzas navales inglesas estaban mejor organizadas, o más precisamente, lo estaban con menos rigidez que las españolas. Contra lo que se cree, en esos momentos –y no más tarde, cuando la tecnología náutica inglesa, como la armamentista norteamericana hoy, avanzó por encima del resto- no era fácil distinguir un galeón inglés de uno español, ni tampoco sus armamentos, que eran más o menos los mismos, ni la pericia como navegantes de unos y otros o su habilidad como combatientes; de hecho, los soldados españoles eran los más disciplinados y mejor entrenados del mundo en ese entonces. Pero esos mismos excelentes soldados imperiales desdeñaban el trabajo que navegar exigía. Los oficiales navales y los militares estaban casi siempre en desacuerdo así que cuanto mayor era la embarcación, cuanto más poderosa naval y militarmente, más grades eran la desconfianza y la confusión. Por el contrario, en la armada inglesa las artes de la navegación y de la guerra o el combate estaban íntimamente armonizadas y los mismos hombres que ceñían una escota o arriaban una gavia eran los que empuñaban los mosquetes o rechazaban un abordaje cuando "tocaba".
Cada vez que en una Administración, pero no sólo, un funcionario, aunque no siempre, me dice que eso que deseo no es de su departamento; es decir, que no es “competente”, me doy cuenta de por qué Australia pertenece a la Commonwealth y no, por vía de don Álvaro de Mendaña, a Perú que está más cerca que Inglaterra de ella y llegó antes cuando era un virreinato español. Gracias a la flexibilidad en el trabajo bien hecho y la ausencia de tontas, gremiales y corporativistas especializaciones. Hoy a eso se le llama trabajo en red, aunque era y es trabajo a bordo.
Lo deja muy claro Robert Graves, el poeta, novelista y erudito greco latino que se afincó en Mallorca, el famoso autor de novelas de “romanos” como Yo Claudio, en la novela Las Islas de la Imprudencia que he releído este verano. Refleja muy bien el enfrentamiento entre el almirante de la flota española camino de las Islas Salomón, que había “descubierto” en una expedición anterior y que quedaron bajo dominio inglés, y descubridor también de las Islas Marquesas -luego Polinesia francesa-, Don Álvaro de Mendaña y Castro, y el coronel jefe de las fuerzas militares y las tropas a bordo, don Pedro Merino de Manrique.
Si Gibbon necesitó cinco tomazos para explicar la decadencia y caída del Imperio Romano, no voy a pretender yo algo similar en cuatro párrafos improvisados, pero creo que contienen una parte no desdeñable de la siempre compleja verdad histórica. Si no te hablas con tu compañero de trabajo...
9 comentarios:
¡Helo por do viene! No sabía que tenía blog. Me gustará leerte aquí, aunque no tanto en los comentario a Malherido, que ahora parece no admitirlos. Saludos desde los mares del sur.
Me uno a la reflexion ( y al lamento de Joseph desde los mares del Sur por la perdida de tus comentarios en Malherido tambien).
"Divide y venceras" que Julio Cesar ya dejo dicho para la posteridad. La division y la exclusion parecen ser, tristemente, endemicos en nuestra sociedad. Siempre igual,fuera, fuera, dejadme en paz con lo mio.
Y que es lo tuyo se puede saber?
Hoy he llamado a la embajada de España Lansky. La sola idea de que yo pudiera hacerles trabajar les ha hecho darme todas las excusas habidas y por haber. Es bastante vergonzoso. Avergonzador ( si se puede decir asi)
Estoy bastante de acuerdo contigo; esa característica actitud de orgullo vano que se traduce en individualismo y dificultad para el trabajo en equipo, para ponerse a hacer lo que hay que hacer sin pensar si eso es "digno" de mi cargo, etc ... Esa característica, digo, se repite con demasiada frecuencia y desde hace demasiado tiempo en las personalidades hispanas (principalmente en los provenientes de la antigua corona de Castilla) como para sospechar que hay algo de cierto en eso de los caracteres nacionales.
Sí, miroslav, da la impresión de que hay países arribistas, los del self made man, el hombre hecho a sí mismo, el triunfador que llega a director de periódico habiendo sido un vendedor callejero del mismo, y países del corporativismo y las jerarquías inamovibles, aunque ambos modelos no se den ya en estado puro y además tengan sus respectivos defectos, es evidente que en Estados Unidos domina uno y en España otro (no hay más que mirar los apellidos que dominan en el poder político y económico y los de hace medio siglo: son los mismos).
Pero precisamente por eso no creo que sea acertada la denominación de "carácter nacional", aunque sea práctica precisamente por su simplicidad, por lo que tiene de connotación de invitable. No creo en países perezosos o ingeniosos o laboriosos, sino en contextos sociales y culturales que propician ciertas formas u otras. Creo que el corporativismo español es fruto de herencias históricas y educativas que vienen de lejos, en nuestra Historia, y se mantienen en gran parte hoy. O sea, que no estoy en desacuerdo con tu comentario, sino en emplear la muletilla cómoda del "carácter nacional". El turismo, que para mí es el antiviaje no ayuda mucho a corregir eso, es demasiado superficial, pero trabajar, vivir fuera sí que lo hace, por eso los inmigrantes aprenden más que los que los acogen. No sé si me explico.
Perfectamente, Lansky.
Claro, por eso tú, Emma, has aprendido tanto, pero no me avisaste a tiempo de la quiebra de Lehman y ahora vuelvo a estar en la ruína y a tener que empezar de nuevo, ¡qué duro es ser un buen especulador!
Lansky, se de sobra que a ti la quiebra de Lehman te la trae al pairo, como a mi. De hecho es una magnifica oportunidad para empezar de nuevo. Sopla el viento asi que dejemos que las velas se inflen y nos impulsen suavemente, con la ayuda de un buen timonel.
Te comunico que dejo las finanzas, amigo mio. En breve me mudare de nuevo, esta vez a Bruselas, donde me iniciare en una nueva profesion : La de funcionaria de la Comision Europea.
( Ahora ya es seguro. Y estoy muy contenta)
Me alegro mucho, Emma.
Por ciero, supongo que sabes de donde viene la expresión que usas: estar (no traer) al pairo es marinera y significa mantener el barco quieto sin ancla ni fondeo, con las velas largadas con poco trapo y las escotas más bien sueltas para que las corrientes y el escaso viento no "abatan", no arrastren el barco: has mantenido tu buque extático (has estado a la espera) en espera de poder moverte en la direcciñon deseada, y parece que lo has conseguido. ya digo, me alegro mucho.
Gracias Lansky, marinero. Lo del pairo no lo sabia asi que el hecho de haber utilizado esa expresion para hablar de mi estado pasado y actual, cuando por fin el barco comienza a moverse, me hace reflexionar sobre las magicas coincidencias.
Un beso
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