26/09/2008

La vulgaridad (y la crisis, y las almas bellas)


Me están saliendo unas estupendas patas de gallo, pero no son fruto de sonreír, sino de esforzar la vista. Alzo los ojos con temor reverente a la par que esperanzado hacia los últimos pisos de los rascacielos (¡vaya palabra antigua!, peor que dolmen o menhir), y con cierta decepción, lo admito, por más que escruto ilusionado/acojonado no veo caer financieros agarrados a su maletín y a su móvil.


Yo, como Robert Graves y como Juliano El Apostata, prefiero el buen latín pagano al mal latín de párroco. Así que os pregunto “ultram bibis? -y al ver vuestra cara de pasmo aclaro: “Aquam an undam? ¿Qué, nada?


Lo bueno que tienen las lenguas muertas, como el latín, el griego o el eusquera que no sea batúa es que nadie puede ya matarlas, por definición, aunque sí abusar de ellas, pobres, sin que se defiendan. “¿Qué es lo que bebes, el agua o la ola?” Bonito, ¿eh? No es mío, desde luego, pero mía es la intención. Os pregunto, queridos, improbables, habituales, raros lectores: “¿que os bebéis, el agua o la ola?”. Sí: estoy meditabundo, como Rocinante, aunque yo sí como; así que la pregunta no es textual pero tampoco retórica, más bien metafórica. Hablando en plata (otra metáfora; andad: probad a hablar o escribir sin metáforas, aunque sea el manual de instrucciones de un botón y un ojal): os estoy preguntando si os consideráis o no vulgares.

Nadie lo admite. Se puede aceptar con desenfado estar gordo o no ser guapo, pero jamás ser tonto o ser vulgar. ¿Por qué será?

Ser prosaico no es lo mismo que ser vulgar, así que, sin complejos, alguno dirá (¿os acordáis de la pregunta o ya os habéis perdido?): “el agua, el agua”, sin reparar que es salada y por tanto no potable.

Y el exquisito dirá, “la ola, la ola”, como si fuera un locutor pijo retransmitiendo un pijo partido de tenis.

Y tú, ¿te bebes la ola?, amos anda. Ya se le ha visto el plumero a los esnobs y a los dandis, que como siempre han tomado este asunto por un precepto, cuando se trata de un espejo.

Vaya, en realidad, potable o no, todos nos bebemos ambas cosas en distintas proporciones, pero conviene hacerse la preguntita de vez en cuando. También valen estas otras pruebas “del nueve”. Atentos:



1) Ves una foto de una tumultuosa muchedumbre (¿redundancia? puede, pero me mola) de campesinos chinos (date prisa, porque -lo pronostico- dentro de nada sólo los habrá en el National Geographic). O bien:
2) Contemplas un desfile militar. O si no:
3) Ojeas un periodicucho gratuito atestado de anuncios de porquerías fabricadas en masa. O tal vez:
4) Contemplas esas mismas porquerías expuestas a la venta en unos grandes almacenes. Si no es que:
5) Meditas sobre los horrores de la “pax americana” (más latín anacrónico, porque lo de “americana”, en fin…)

En realidad lo que os pido es que reflexionéis –es decir: que hagáis flexiones con las neuronas- sobre una civilización condenada a vivir siglos y siglos (bueno, exagero, esto no va a durar ni tres telediarios) de mediocridad por culpa de la superpoblación combinada explosivamente con la falta de educación (no hablo de modales, pero tampoco de ir al cole, ¿nos entendemos?).

Pues bien, si al contemplar y hasta enfrentaros a tanta escasez de espacio y a tantísima carencia de encanto os tenéis que escapar a un mundo poblado por châteaux con jardines y salas de música con clavicordios es que os bebéis la ola, so mamones. Para el resto de la plebe sólo nos queda el agua, y encima, salada.

Sobrevivir va a ser una vulgaridad, ya lo es, y darse la vidorra una cuestión de beberse literal y no metafóricamente la ola, la ostra con la perla, el bacalao al pil pil y de paso al pescador de Terranova, o como quiera llamársele al asunto esencial (la última y más ocurrentemente cínica es…sostenibilidad que sustituye a otra de cierto éxito: ecológico), arramblar con lo esencial y lo accesorio (de moda) a costa de los demás, como siempre ha pasado, como hacen los grandes cerebros financieros que han montado la que han montado y que vamos a solucionar entre todos los demás. Privatizar beneficicios, repartir inconvenientes; eh aquí la ley no escrita, pero de inexorable cumplimiento.

Luego están los que sólo se beben la ola metafóricamente, los que se conocen esa playa aún sin edificar, los que comen tomates de huerta, mantienen refugios al margen de modas, viajan por su cuenta (y riesgo, mucho riesgo). Los que tienen jarrones con flores convencidos de que no hace falta que sean de Sevres los unos y orquídeas las otras, que incluso quedan mejor los de alfarería popular con flores silvestres ¡Pobres almas bellas! Vamos de culo.


CODA

Esos châteaux con jardines y orangeries, y salas de música con clavicordios están edificados sobre un corazón de tinieblas de todos los Congos de este injusto mundo. Los pobretones no son un resultado inesperado del sistema, sino parte esencial del mismo. Y nos plantean un falso dilema: ¿injusticia o vulgaridad? Porque está claro que ciertos igualitarismos (que siempre terminan con unos pocos mucho más “iguales” que el resto, repartiendo dachas y fusilando con cierta capacidad discriminatoria) acaban con los châteaux o los reservan para uso de esos que son más iguales que el resto, pero acabar con la vulgaridad es distinto de imponérsela a todos. El Imperio Americano, El Imperio Contraataca, El Imperio del Mal, El Imperio de los sentidos, El Reino del Consumo, Ya es Primavera en la Unión Soviética… y todos los demás emporios pasados y presentes, sólo se diferencian en el toque más monástico o más fardón, pero todos, unos y otros, pretenden acabar con la vulgaridad imponiéndonosla a todos.

(Para Rocío y Angelito, con los que compartí hace casi veinte años una orangerie, aunque no eramos naranjos, sino alcornoques)

9 comentarios:

Mita dijo...

Me bebo la ola. Soy una mamona, según tú. Sorry.

Vanbrugh dijo...

Nunca había oído este chascarrillo latino, y no lo entiendo. ¿Por qué beberse la ola es exquisito y beberse el agua vulgar? Cuando viene la ola yo trago agua, como todos, y esa agua forma evidentemente parte de la ola. Bebo ambas cosas, pues y, por una vez no me importa demasiado cómo decirlo. Creo que se me ha escapado la metáfora.

Pero yendo al fondo, la cuestión que planteas es bastante espinosa. Confieso que mi tendencia es escaparme al sucedáneo de chateau que más a mano que me quede, más bien una cabaña con jardín pequeñito, equipo de alta fidelidad en vez de sala de música con clave y buena biblioteca; beberme metafóricamente la ola, creo que es como lo llamas, refugiarme en lo que tan bien describes de la playa recóndita, el tomate de huerta y el pote con margaritas. Me deja la conciencia mucho más tranquila que el chateau, aunque nunca del todo tranquila, porque en el fondo sigo sabiendo:

- Que también mi cómodo refugio vital está construido, como el chateau, sobre la miseria de muchos y, sobre todo, que también conserva su bucólico confort a base de pisarla, ignorarla y consentirla.

- Que no he renunciado de veras al chateau, simplemente ocurre que nunca estuvo en realidad a mi alcance.

- Que el esfuerzo con el que me procuro y sostengo mis modestas satisfacciones de escapista sostiene también todos los chateaux y orangeries de este puerco mundo, cuyos beneficiarios cuentan fundadamente conmigo para seguir siéndolo.

Un poco jodidas tus consideraciones, para ser Viernes.

Anónimo dijo...

mita, perdón por el autobombo, pero no hay más remedio: vuelve a leerlo y verás que ni me tienes ni te tengo que pedir perdón (aunque beberse la ola sin agua...en fin)

vanbrugh: sí lo entiendes. Y la prueba la das tu mismo en el párrafo siguiente. Y mis consideraciones son bastante menos jodidas que este jodido mundo cuando se pone jodido(sí, sí, vale, y también hermoso, mientras te tengas de píe)

Lansky

Cigarra dijo...

Yo soy más vulgar que la tortilla de patatas, valga la metáfora.
Y en cuanto al uso de metáforas, soy una pura metáfora con patas. Casi no se hablar de otra manera.

Vaya por Dios, yo había pensado que la salada era la ola (del mar) y por eso pensaba decir que bebo agua (del grifo) Pero si ahora resulta que también el agua es salada... va a tener que ser una cervecita. ¿Cómo se dice "cerveza" en latín?

¡Ahh, regocijo, ya me diste la razón! Siempre he dicho que todos los males del mundo proceden de dos causas, por separado o combinadas: La superpoblación y la mala educación. (entendida como la falta de consideración hacia los derechos o el simple bienestar del prójimo)

Cielos, me acabo de ver definida como "alma bella". Conclusión: voy de culo.

La coda, cierta como la vida misma. ¿Qué verán nuestros hijos, ay?

Emma dijo...

Yo tengo una teoria confusa sobre todo esto ( y permiteme ser opaca ya que tu tambien trastabillas en tu entrada, sin que sepamos muy bien que es lo que quieres que te contestemos)

Como siempre pido disculpas por mi pesima ortografia : Ya veis, todavia ando aprendiendo el castellano ( o esta lengua que llamamos castellano) Pero es que los teclados anglosajones no son muy amigos para esto.

Yo me he criado en un ambiente muy vulgar. Mis profesores ( salvando a dos) eran bastante vulgares. Mis progenitores tienen una idea del mundo y de la vida bastante mediocre ( es decir, nada meditada) Creen cosas como que las ayudas de las guarderias publicas se dan a todos los inmigrantes, que los musulmanes son seres que deberian desaparecer de la faz de la tierra y vete a saber que cosas mas terribles. Soy una hija de mi generacion, un padre que "aprendio" a formar a una familia por lo que vio a su padre, terrible vastago de otra terrible estirpe de acerrimos ignorantes fascistas. He escuchado las cosas mas absurdas salidas de la boca de mis tios, de mis abuelos, de mis hermanos. Los estereotipos mas idiotas. Nadie levanto nunca un dedo y me mostro los libros. Nadie me dijo nunca que yo era libre y que podria ser lo que quisiera. Nadie me enseño a querer algo, es mas, me repetian que iba a acabar mal si seguia asi, queriendo hacer las cosas por mi cuenta, sin escuchar a nadie. Me dijeron que acabaria mal, lo recuerdo perfectamente.

Yo soy la ola, eso es lo que creo.Traigo el sol conmigo, no tengo miedo a perder, se que soy fuerte y valiente, adoro la vida, la amo de verdad, a pesar de todo.

Pero asi como yo soy la ola todos los demas pueden serlo. Si yo lo soy por que no pueden serlo ellos? Si me cai y me levante y llore y sufri y aprendi a encontrar los tesoros enterrados en la arena todos los demas tambien pueden hacerlo?

Por que no? Es gratis, completamente gratis, creo que yo no pague ni un duro por todo ello.

No se si me he explicado bien pero es esa mi teoria Lansky.

Pero el proximo post podria ser otra recomendacion literaria, algo mas sencillito.

Anónimo dijo...

De orangerie nada, eran las cuadras, diseñadas por le Notre pero cuadras
Angel

Lansky dijo...

Cigarra:
"Son las almas bellas las únicas que saben lo que hay de grande en la bondad" (siempre que sean discretas y no alardeen, añado yo)

Emma:
Joder, te has expresado de puta madre. Sólo añadir que toda educación que merece la pena es "auto-educación"; todos somos autodidactas, de una y otra forma, y menos mal, porque a la familia no se la escoge (al menos a los ascendientes y descendientes)

Ángel:
Más que falsoanónimo deberías haber permanecido "inédito". Mis recuerdos son míos, y hago con ellos lo que quiero, como tú con los tuyos. Yo necesitaba para mis metáforas arboreas una orangerie, porque una cuadra, por muy reformada por Le Notre que sea me dirigiría hacia escabrosos símiles de équidos etc. Pero vale, aunque la objetividad, la exactitud, la precisión están muy sobrevaloradas, llevas razón: eran cuadras ¿Contento? Por lo menos estarás de acuerdo en que yo estaba allí y que Monsieur de Bosmelais me repartía el correo en batín y bicicleta ¿o no?

Vanbrugh dijo...

No, de veras que no lo he entendido. Como diría mi hijo, sé lo que quieres decir, pero no por qué lo dices así. Es decir, mi comentario prueba sólo que sé de qué estás hablando y adónde apunta la metáfora latina: beber el agua o la ola significa ser o no vulgar, eso lo he cogido. Pero sigo sin saber por qué significa eso, es decir, cómo funciona la metáfora. Si me hubieras dicho que era vulgar quien bebía la ola y exqusito quien bebía el agua, me lo habría creído igual y mi comentario habría sido el mismo. Y lo habría entendido igual de poco.

Anónimo dijo...

Vale, Vanbrugh: las metáforas son...(mmhh, déjame que piense una metáfora, o al menos un simil o comparanza...) como las pasiones amorosas: no se explican. Es decir, nadie puede beberse la ola, sino dibujarla, sentirla, etc., como nadie puede hablar "en plata", sino claramente o torcidamente, porque si hablasemos en plata, también en plomo, etc., etc., y sí, lo exquisito, la ola, lo trivial, el agua y tal, anda.

Lansky