18/09/2008

Literatura costumbrista (el taquillerillo valiente)


(La imagen de arriba pertenece a la página flickr.com/photos/aticolunatico/178136917 ; la de abajo a unos judios muy listos y al pacífico león Daniel, creo que se llamaba, tan famoso como el chimpancé Chita, aunque más anónimo)



Uno

Se levantó, se atusó la perilla, cogió sus flamantes Ray-Ban de pasta (una pasta), y se colocó el uniforme, no se duchó y bajó directamente al bar de abajo a tomarse su café con leche tibia y churros y su copa de chinchón con hielo. Y se metió al metro para ir, gratis, a la estación que esa semana le habían asignado. Allí se encontró con el capullo de su compañero con el que se puso a hablar del último partido de fútbol. Le amargó un poco que el otro le comentase que le venían el pantalón y la camisa estrechos: “¿ya no vas al gimnasio?; te estás poniendo de buen año”. “Gilipollas”, pensó, pero no dijo nada. Y en eso, cuando estaba acabando el turno y ya estaba pensando en coger el móvil y llamar a la titi de la disco, empezó la bronca: el taquillero, por un lado, un niño pequeño y la madre sudacas, por el otro. Que se apañen, no es asunto nuestro, pero es entretenido mirar, joder, ¡cómo se ha puesto el tío! Y en esto que vienen dos neonazis de esos cachas, anda si uno es el Landi, ese que quiere ingresar en la empresa. Por eso, les saludan como si fueran colegas y se saltan la barra del metro sin pagar. Bueno, mejor no tenerla, que esos sí que están en forma, y seguir disfrutando del espectáculo, gratis, como el billete de metro.



Dos

No sabe cómo decirle a la parienta que deberían comprarse dos camas para dormir más cómodos, ahora que los hijos han crecido y ellos ya no practican casi sexo; al menos entre sí; por supuesto su mujer ya no le gusta nada, no le gusta desde hace más de veinte años, cuando se quedó embarazada del primero, pero tiene algunas virtudes, como la de ser una tía como las de antes, que jamás le replica, le aguanta su mal humor y le tiene como un rey la ropa y además cocina de puta madre, y cuando quiere una tía de verdad y con las carnes duras se paga una chavala, que ahora con la competencia de las inmigrantes están bien baratas.

Se duchó después de almorzar tarde en la mesita de la cocina bajo la mirada atenta de su mujer, de pie detrás de él con el cafelito ya preparado. Luego se colocó el uniforme recién planchado y se metió en el metro –gratis, para eso era un empleado- y llegó a tiempo del turno de tarde para relevar al compañero que le abrió la garita blindada y le ayudó a colocar por fuera del cristal el cartel con las nuevas tarifas. Se agradece, porque, a pesar de los años, le sigue poniendo de muy mala leche tener que trabajar en domingo.

Y en eso que llega la gachí esa con el niño a rastras, el primer cliente y ya se la organiza: le intenta comprar el bono con la tarifa antigua en monedas que parece haber recogido a la puerta de una iglesia, aunque más que de pedigüeña tiene pinta de puta porque está buena la jodía, pero mírala, ya la hizo un niño alguno en su tierra. Allí debían volverse todas y todos, menos las putas, claro, y aunque el cartel recién colocado está bien a la vista. ¡El cartel; anda Dios! Y en esto que ve como el cartel se desplaza solo, ¿solo?: es el puto niño que lo anda tocando y ya le ha soltado el papel de celo de uno de los lados. La madre le está volviendo loco con sus moneditas y sus preguntas de cuando han subido las tarifas, y ahí está el puto bastardo enano de puntillas jodiendo la información relevante. Y eso sí que no, se sulfuró, claro, abrió la puerta blindada y le dijo al cabroncete que lo iba a denunciar. Por el rabillo del ojo vio a los seguratas, apoyados sobre las portillas de entrada mirando como si esto fuera un espectáculo gratuito. Esos sí que no dan golpe y tienen un trabajo descansado. Dos veces, dos le han atracado y jamás están cuando se les necesita, pero este asunto lo puede solucionar solo, aunque el reglamentto, precisamente para prevenir atracos, prohibe salir fuera de la garita. Así que la dejó bien claro que no iba a dejar que le jodieran el día nada más comenzar. Mereció la pena, les cantó las cuarenta, se desahogó, no te jode. Así que la tía agarró al niño, como si creyera que le iba yo a dar una hostia, y a lo mejor sí, porque ya uno está hasta los huevos, y salió corriendo hacia la salida. Pues no tendría necesidad de ir a ningún sitio o sí. Tenía buen culo, la jodía, pero seguro que hoy llega tarde al trabajo de mierda que tenga.


Tres

Tania despertó a Rubén de la siesta después de haberse arreglado ella. Se notaba guapa y además era su primer día de trabajo y le tocaba un domingo por la tarde y esta vez no había conseguido que nadie le cuidase al chico, así que se lo llevaría con ella. Tenía que comprar el abono, que salía más barato, pero iba con tiempo de sobra y llevaba el dinero justo en monedas ya preparado. Era importante llegar temprano y causar buena impresión.

***************


“El pasado domingo 7 de septiembre, a las 18.15, vi una violenta escena en la estación de Príncipe Pío. El empleado de la taquilla del Metro había salido de la misma y estaba gritando alaridos a un niño de unos seis años. Al pasar por su lado oí que le decía al niño “¡Como vuelvas a tocar el cartel te denuncio!” Al parecer, el niño había estado moviendo el cartel de tarifas de sitio, jugando. Su madre le abrazaba e intentaba alejarle de la escena. El sujeto gritador era de unos 50 años y tenía el rostro desencajado de ira. El niño y su madre eran sudamericanos. Junto al señor de los gritos, se encontraban dos guardias de seguridad, uno de ellos con gafas de sol. Miraban la escena literalmente con los brazos cruzados y una media sonrisa, sin hacer nada.
Yo venía de la estación de Las Matas, donde los usuarios tuvimos que codearnos con tres sujetos con el disfraz nazi paramilitar: Cabezas rapadas, botas militares, pantalón de camuflaje, y esvásticas bien visibles cosidas en la cazadora. Oían música bien alta. La vigilancia de la estación y el jefe del andén los ignoraron.
Quizá son dos señales de por qué la delincuencia no disminuye en Madrid pese al dinero que nos saca Esperanza Aguirre para pagar la seguridad: El espíritu, la actitud neonazi, es cobarde y necesita un enemigo muy débil. Pero allí donde están los problemas a resolver, el neonazi no saca los músculos de gimnasio ni las gafas de sol, ni el carácter: Se esconde cual gallina hasta que alguien amaine el temporal. El domingo vi el nazismo y la cobardía. Dos caras de la misma moneda.-Alfredo Santaolalla. Madrid.”

Carta al director publicada el martes 16 de septiembre en el diario El País.

Todo parecido entre este apresurado relato y la realidad no es mera coincidencia. Es decir, el relato es lamentablemente verosímil, aun asumiendo mi torpeza literaria, pero la Carta al Director del señor Santaolalla que la inspiró estoy seguro que es verdad; lo que es bien distinto. He procurado, sin demorarme ni recrearme en exceso, probablemente echando demasiada mano de tópicos y prejuicios míos, recomponer una historia e inventado sólo en la medida en que mi torpe habilidad me lo exigía para la continuidad de la narración. Por supuesto, no piso terreno seguro en las escenas que describo, ni el niño ni su madre, los únicos que han merecido que les de nombre, probablemente no se llamen Tania y Rubén, pero algo muy semejante a la versión que doy de los acontecimientos debió haber ocurrido y, en todo caso, ahí está la carta tan auténtica como el hedor a mierda de las alcantarillas de esta sociedad de nuevos ricos en que vivimos con o sin crisis.


6 comentarios:

emma dijo...

Gracias Lansky. Ante situaciones como esta lo unico que se puede hacer es no permanecer en silencio y que mejor que en este caso escribir un cuento ( bien contado, personajes bien esbozados, me ha gustado). Porque si la gente mira y despues comenta el percance como una anecdota, " te cuento cari lo que he visto hoy en el metro?", la cosa se queda igual o peor. Yo no se que cojones ( siento la palabrota pero la echo de menos) pasa. Por que es tan dificil el respeto. Por que tan poca humanidad y educacion. Sinceramente he decir que se me pone cada vez mas dificil desear volver a mi pais. Me gusta el silencio de aqui y el " bonjour" y el "merci" y que en el tren y el autobus la gente vaya en silencio no atronandote con gritos y musica que no te dejan pensar y que nadie mire a nadie mas de lo necesario. Sinceramente, no lo se, era Madrid antes asi? Parece mentira que diga yo esto estando en mis treinta. Pero lo digo : Ya no hay educacion.
Y sin ella que sera de nosotros? Nos despedazaremos?

Miroslav Panciutti dijo...

Chapeau, Lansky.

Lo jodido, ante situaciones así, es que uno no sabe qué hacer.

Lansky dijo...

Gracias a los dos, aunque precisaré un poco:

Emma, el cuento, lo creo sin falsa modestia, es malo. Está escrito con premura y, como ya dije, plagado de tópicos: las muletas del mal escritor, pero es el caso de que no quería demorarme, ni hacer literatura, era un pretexto para "colgar" la carta de ese ciudadano que, como bien dices, no permaneció en silencio.

Miroslav, por fortuna no estaba presente, porque, aunque la edad me ha calmado mucho, no soy agresivo pero puedo ser violento (distinción que algunos no entienden). Mejor estar calmado ante situaciones así para enfrentarse a un energúmeno como ese taquillero, con unos "seguratas" pasivos según con quien, o para ponerse, simplemente, junto a ese madre y su hijo.

Creo que en este como en tantos casos es de aplicación el famoso poema de Bertold Brecht: "Primero se llevaron a los negros,/pero a mí no me importó/ porque yo no lo era. /Luego se llevaron a los judíos/ pero a mí no me importó (...)/Después detuvieron a los curas/pero como yo no soy religioso(...)....Ahora me llevan a mí/pero ya es tarde." ¿Educación para la ciudadania? Me conformaría con que colgaran un cartel con este poema en todas las aulas del país.

Anónimo dijo...

Lamentable blog. Engolado, risible, torpe, flatulento y sin lectores. Una enorme cagarruta. Por favor, vuelva a poner fotos del payaso calvo con el perro. Cuanto menos conmovían por lastimeras.
Luís Sabat

Lansky dijo...

Anónimo, dizque Luís Sabat:

Seguro que no ignoras que podría borrar tu, ejem, aportación, pero sería pura envidia. La dejo, por tanto, como modelo de comentario agudo, inteligente, ponderado, bienintencionado...

p.d.- en cuanto a colgar fotos de payasos, mandame una tuya, por favor, dedicada.

Cigarra dijo...

Muy bueno el cuento, porque viene a lo que viene, no a hacer literatura.
Y muy buena la distinción entre agresividad y violencia. Porque yo también me siento muy inclinada a la violencia, en según qué situaciones, y sin embargo soy muy poco agresiva.
A "luis sabat" ya le has contestado tu, de sobra. Me gustaría ver su blog, si lo tuviera y si tuviera lo que hay que tener para poner un enlace a él.