
Un libro no es un objeto cualquiera para mí, no es una bolsa, no es un bolígrafo desechable, no es un envase de yogur. Me escandaliza la gente que los maltrata innecesariamente, aunque comprendo que es bueno hacerlos circular, prestarlos y hasta subrayarlos (con lápiz, por favor). Y sin embargo...
Puede resultar sorprendente a primera vista, pero a ese genio absoluto que conocemos como Leonardo da Vinci le gustaba definirse como “uno de esos hombres sin libros”, para referirse a su pertenencia al grupo de los tecnólogos/inventores del Renacimiento, al que también pertenecía Galileo. Por tanto, hay que interpretar el duro dicterio anterior como una manifestación racionalista contra los fundamentalismos del libro, sea este la Biblia entendida a píe de la letra o la autoridad de Aristóteles.
Galileo Galilei era otro. En su famoso “Diálogo” denuncia con su energía característica a esos dogmáticos que sólo ven el mundo a través de los libros consagrados:
“Ya empiezo a darme cuenta de que hasta ahora habéis sido uno de esos que para entender cómo suceden estas cosas y enterarse de los efectos de la naturaleza no suben a las embarcaciones ni van juntos a las ballestas y cañones, sino que se retiran al estudio a hojear los índices y repertorios para ver si Aristóteles ha dicho algo al respecto (…) y estiman que no puede saberse nada más”
Por supuesto, no se trata, a estas alturas, de que vaya a resultar que Aristóteles era idiota, sino de abominar de ese “Aristóteles” congelado por los escolásticos; como no se trata de que la Biblia sea ahora un libro infame, lo convierte en infame la lectura literal y fanática de los fundamentalistas cristianos, o lo que es infame es esa lectura, esa forma de leer. Ya saben, si el escándalo está en el ojo del que se escandaliza y no en el supuesto motivo de escándalo, la estupidez tampoco reside en las páginas de un libro, Biblia o Aristóteles, sino en la de ciertos lectores. Aunque también hay libros estúpidos, no es el caso ni de la Biblia ni de la Obra de Aristóteles
Por eso Galileo incurre en la necesaria paradoja de combatir ese fundamentalismo libresco…escribiendo otro libro. Eso sí, su “Diálogo” (Diálogo sobre los dos máximos sistemas del mundo; el ptolemaico y el copernicano) está escrito en italiano y en forma dialogada, cumpliendo una función más democrática que la zafa de los restringidamente distantes intelectuales latinoparlantes de la época.
De sus tiempos de estudiante de medicina en Pisa, Galileo retiene una formación aristotélica, sobre todo la referida a la lógica y a la teoría de la demostración, pero sin sentirse atado a ella por ninguna suerte de lealtad indiscriminada. Por eso, cuando Galileo acusa a los aristotélicos de no saber matemáticas ni apreciarlas está siendo en parte retórico. En cambio, cuando afirma que él sí entiende a Aristóteles (y no, implícita y paradójicamente, los que se reclaman aristotélicos) está siendo correcto.
Cada día que pasa estoy más convencido. La costumbre de leer, por sí sola, ni salva de nada, ni siquiera de la estupidez, ni garantiza nada, ni siquiera es una vacuna para el salvajismo, sólo proporciona siempre cierto placer solitario, mucho más onanista que el onanismo propiamente dicho. Un famoso coronel nazi -habréis oído de él-, sañudo director de un campo de exterminio, escuchaba a Bach, incluso interpretaba al Mozart de cámara con la debida competencia, también leía a Rilke o a Holderlin, disfrutaba en fin de la exquisitez de la alta cultura germana mientras perpetraba con gran rigor barbaridad tras barbaridad contra otros seres humanos con la endeble y exclusiva coartada de la obediencia debida.
Aquí se ama a los libros, en este blog, por su autor y por sus visitas asiduas o no tanto, pero hasta un amor tan prestigioso como crecientemente anacrónico resulta indefendible bajo ciertos extremos.
La foto de arriba es la “livraria” Lello e Irmao en la Baixa portuense, junto a la Torre de los Clérigos (Rua dos Clérigos), http://cidadesurpreendente.blogspot.com/search?q=lello+e+irmao que pasa por ser una de las más bellas del mundo: caoba, latón, cobre, y multitud de esos curiosos artefactos, insuperables en su sencillez, que llamamos libros. La fotógrafa es Milagros y el personaje alucinado, otro letraherido amante de los libros, es mi amigo Javier. Está fundada en 1869 y es, para mi gusto…demasiado bonita.
9 comentarios:
Es preciosa!
http://cidadesurpreendente.blogspot.com/2005/12/lello-irmo-uma-livraria-deslumbrante.html
Gracias!
Con Oporto y Lisboa, mita, me pasa lo mismo que con Bilbao y San Sebastián, que no sé con cuál quedarme, o depende de los días o de los años. El blog que mencionas, cidadesurpeendente, especializado en "Porto", es muy bueno.
Yo me quedo con Oporto por supuesto.
Por una cuestion de " saudade". Pase alli un año estudiando en la Universidade Moderna. Es la ciudad que mas me ha embrujado con diferencia. Llena de personajes e historias y a esa libreria me acercaba todas las tardes que podia despues de las clases, con el estomago rugiendo de hambre pues mi beca no daba para mucho.
Soñaba con poder volver algun dia con dinero y comprar todos los libros que me apetecia comprar en ese instante.
Todavia no he vuelto.
Es un placer que me reservo.
Preciosa librería, aunque el año de su fundación no lo asocio en ningún modo al solitario placer de la lectura. O se me ha metido un escándalo en el ojo...no sé...
Un besote
Cierto, la costumbre de leer no tiene ninguna utilidad -si acaso, consecuencias desastrosas: los platos sin fregar, las casa patas arriba, todas las obligaciones pendientes y uno aquí, leyendo.- Es, de hecho, una mala costumbre, una deleitosa e insustituible mala costumbre, adictiva y esclavizante como la peor de las drogas, que solo puede justificarse -y solo desde el punto de vista del adicto- por el placer que depara. Es por lo que las campañas institucionales y los esfuerzos docentes para promover la lectura me producen algo entre perplejidad y grima. Por suerte son tan inútiles como cualquier otra campaña institucional o esfuerzo docente...
Entre Lisboa y Oporto no tengo libertad de elección, Lisboa me cautivó hace años como ninguna otra ciudad... (Salvo quizás San Sebastián, me ha hecho gracia que la pongas como ejemplo. A ninguna de las dos puedo compararla con ninguna otra.) Pero qué librería tan fantástica...
Demasiado bonita, sí. Y que la lectura es más onanista que el onanismo me parece una exacta afirmación.
En cuanto a tu comentario comparativo: no conozco Oporto así que he de quedarme con Lisboa, que me encanta. Pero, ¿cómo puedes siquiera comparar Bilbao y San Sebastián? Y conste que en Bilbao residen algunos recuerdos que guardo con mucho cariño.
emma
Yo me quedo con las dos, pero ahora le contesto a Miroslav que dice atrevidamente que cómo puedo comparar Bilbao a Donosti (es un caso parejo)
Zaffe, como sabes el 68 es aún mejor que el 69. So mala.
Vanbrugh, es este un vicio terrible, sí, sólo se combate...cayendo en él.
Miroslav, pues claro que me atrevo a la comparación; o diferimos en criterio, o puede que aquí sólo quepan elecciones. De hecho, Bilbao me "cae" mucho más simpática que la "bonita" San Sebastián. Es mucho más fabril y menos nacionalista, ha resucitado de sus cenizas, la Ría del Nervión es la hostia y el casco viejo, las siete calles ni te cuento, hasta el absurdo titaniogugenheim me gusta, pero reconozco que poner una playa en forma de concha de vieira con dos montes a cada lado y una isla (sta cristina) en la bocana tiene su miga.Lisboa es bonita, pero Oporto es más oculta; también, como Bilbao más fabril y canalla, menos pagada de sí misma...Otra dicotomía bonita/interesante canalla es la de Barcelona/Madrid. ¿De verdad que hay que elegir entre el parque temático para turistas y el patio de vecindad lleno de mierda y ruido? En esto de las ciudades soy polígamo y me acuesto con todas. Igual que no me terminan de convencer las mujeres que van de guapas, aunque lo sean, igual, igual con las ciudades, pero ya digo, mi harem tiene a Lisboa, Oporto, Bilbao, san Sebastián, Vitoria, Río de Janeiro, Úbeda, Baeza, Soria, Edimburgo...Y a tí, que como arquitectoo tienes el gusto más "formado" te dejo el horrendo San Paulo lleno de "niemeyers"
Os he puesto en el texto del post el enlace del que hablaba Mita (último párrafo)
Aplaudo y comparto tu poligamia en materia de ciudades. Y sí, verdad es que Bilbao ha resurgido de sus cenizas en los últimos años, pero aun así. También es verdad que el fanatismo nacionalista afea considerablemente mi ciudad natal; pero aun así. En todo caso, tienes razón, no hay que elegir, pero fuiste tú quien usó la expresión "no sé con cuál quedarme" cuando, en realidad, te quedas con todas (y haces bien).
PS: la isla de la bahía donostiarra se llama Santa Clara.
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