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1)“Los optimistas escriben mal

Arno Schmidt

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2) El peor asesinato es el político, porque a la premeditación y alevosía de todo terrorismo se añade que implica creer que determinada causa está por encima de la condición humana

El cuñado de Lansky

***

3) Quizás el elevado número de altos cargos electos y no electos en todas las administraciones tiene que ver con un programa de integración laboral de deficientes mentales y yo no me había enterado

Lansky


4) O Europa exporta libertades y derechos occidentales o importa precariedades y esclavitudes chinas; es un problema de balanza comercial ética.

Lansky


06/10/2008

Galileo contra Urbano, segundo y definitivo asalto




Como bien señaló Vanbrugh en los comentarios del post anterior, la cita 1 es el fragmento inicial de la sentencia del Santo Oficio (Inquisición) de Roma contra Galileo.La cita 2 no es de Galileo, sino de su padre y homónimo, y nos muestra en parte el tipo de educación excepcionalmente libre para la época que recibió. La cita 3 sí es del propio Galileo y alude a una disputa con un jesuita aristotélico, Orazio Grassi, que usaba el seudónimo de Lotario Sarsi. Y en ella es fácil apreciar como Galileo no sólo era un polemista formidable (y encima llevaba razón, aunque llevar razón “antes de tiempo” puede ser malo para la salud), sino que era quizá innecesariamente cruel y demoledor. Le gustaba “hacer leña del árbol caído”, pero por poco consigue una pira para su propio uso con dicha leña; el Santo Oficio de Roma estaba bien dispuesto.


Los TÓPICOS[1] sobre Galileo son parte de la verdad, como todo tópico, pero casi como todo tópico también sepultan la riqueza de la verdad, más llena de matices: un listísimo y avanzado señor agobiado por la retrograda e insidiosa Inquisición, que tiraba distintos objetos desde el campanile de la torre inclinada de Pisa (donde había nacido) para medir su velocidad de caída y refutar así la mecánica de Aristóteles (anécdota casi con toda probabilidad falsa), que inventó o mejoró el telescopio (en realidad, la precedencia es holandesa y anónima), y que también e inevitablemente “se las tuvo tiesas” con el papa Urbano, y que, aunque llevaba razón, se la tuvo que “envainar” para no acabar en la hoguera, aunque susurró entre dientes aquello de que a pesar de todo se mueve. Pobre. Otra cita y otra anécdota, como ya he indicado anteriormente, probable y respectivamente espuria y apócrifa. Olvidémonos pues del complicadísimo contexto histórico de la polémica: el tópico no requiere un escenario más complejo que un ring, y casi con menos de los cuatro clásicos ángulos de aquel, con dos bastan: “¡en el rincón derecho y con toda la autoridad de siglos de la institución que le sustenta, Urbano VIII!”, el papa que casi le manda a la hoguera por sostener, con escaso sentido común (de supervivencia), cosas de sentido común en nuestra época, pero no en la suya, como que la Tierra se mueve alrededor del Sol. “¡En el rincón izquierdo, Galileo, el famoso santo laico fundador de la ciencia moderna!”[2].


En cambio, son TEMAS (topics): el ser el primero que observó con detenimiento y precisión la Luna, e identificó las extrañas manchas como relieves de montañas y cráteres que establecían una continuidad morfológica con nuestro planeta (hoy diríamos geomorfológico; sería pues también el primer geólogo planetario). Una vez se hizo con ese anteojo mejorado que conocemos como telescopio ya no paró: manchas solares, satélites de Júpiter (convenientemente bautizados en honor de la familia de los Medici), fases de Venus…todo el santo día y la noche mirando, en vez de fiarse de lo que decían “los clásicos”. Aunque el reivindicó a otro clásico algo más reciente: Copérnico.


Si Galileo merece el disputado título de padre de la ciencia moderna, aunque otros anteriores o contemporáneos pudieran también acreditar meritos para ese titulo, como el polaco Copérnico, el alemán Kepler, el inglés Bacon y hasta el aragonés Servet; todos ellos medio mártires y uno mártir entero y combustionado, es por no una poderosa, sino dos poderosas razones: por dar neta prioridad a la observación y la experimentación sobre los argumentos de autoridad de los antiguos (recordad la tercera cita), sean estos Aristóteles o la Biblia, y segundo, por matematizar, es decir, poner en lenguaje matemático (bastante más universal no ya que cualquier dialecto italiano, sino que el propio latín culto de la época) esas observaciones. A partir de Galileo vendrá lo de mirar la naturaleza como en un libro abierto (aunque no siempre fácil de leer). Y este no fue el único “giro copernicano” que propició su tesón casi suicida y su talento visionario.

Quizá por ser ya tan moderno en sus métodos, podríamos decir que en su epistemología, podemos confundirnos e incurrir en un anacronismo: el de considerar que Galileo fue un científico moderno también en su forma de vivir, algo así como un “investigador” de la Universidad de Padua o al menos un “becario” de los Medici en Florencia y hasta un polemista en el tribunal de Roma, lo que en el fondo sería restarle méritos. Fue un hombre adelantado a su tiempo, es decir, desplazado, alienado, peligrosamente situado en un mundo hostil por menos avanzado que él. Y lo fue no sólo por esa forma de extraer la verdad de la observación directa de la naturaleza, sino por cómo se consideraba a sí mismo en cuanto persona, lo cual entraba en conflicto frente a como le consideraban la inmensa mayoría de las demás gentes y sobre todo sus protectores, los poderosos: un simple, ingenioso, hábil y extravagante cortesano, con más categoría que un palafrenero o un camarero, pero menos seguramente que un confidente o una dama de compañía.

La pregunta pertinente, como reza el subtítulo del libro mencionado[3], sería más bien cómo practicar la ciencia, tal como hoy la entendemos, hace cuatro siglos, esto es, en el contexto histórico del absolutismo. Y esa pregunta (la buena ciencia es el arte de plantearse buenas preguntas más que el de responderlas, puesto que con lo primero ya está hecha la mitad de lo segundo) es la que intenta y yo creo que logra el profesor de historia de la ciencia Mario Biagioli, recreando la articulación de esta nueva y completamente inédita hasta ese momento identidad profesional: la de nuevo filósofo o filósofo astrónomo, dentro de una corte del XVI-XVII donde los filósofos, los pintores y muchos otros eran poco más que los mayordomos o los mozos de caballerizas. El “oficio” de Galileo era el de matemático (Pisa, Universidad de Padua); sin embargo, cuando se instala con sus protectores de la Toscana, los famosos Medici, se “representa” (se vuelve a presentar) como filósofo, eso sí, un filósofo atípico: él se llamaba a sí mismo filósofo matemático. Y lo era.



¿Qué se obtiene de nuevo con este planteamiento? Bueno, aparte de situar-contextualizar mejor la labor pionera del genio de Pisa, las condiciones de trabajo, los recursos disponibles, las limitaciones, si, pero sobre todo estudiar uno de los casos más paradigmáticos de relación entre poder y conocimiento. Miren la genómica actual con sus posibilidades de “mejorar” la vida humana o sus perspectivas de vida y envejecimiento, miren las tremendas relaciones entre armamentismo y ciencia, miren donde quieran en el mundo de hoy y podrán observar la pertinencia de esa relación: ciencia vs. poder; conocimiento versus dominación.

En 1633 un Galileo ya cansado, pero que había sido y aún era un polemista de cuidado, se enfrenta al famoso juicio. Y comienza a ingresar en uno de los más famosos tópicos históricos. En realidad, el asunto venía de mucho antes, cuando el mecenazgo, del gran Duque de Toscana, el Médicis de turno, que le había impulsado inicialmente, cambia de signo y se propone destruir la carrera del genio. Es decir, es un caso típico de “caída del favorito”. Pero el que ejecuta la destrucción de esa carrera es la corte de Roma, la de los papas, no la de Toscana. Y es una corte muy extraña, porque no es la sede de ninguna dinastía y ni siquiera hace falta pertenecer a la aristocracia para terminar siendo papa (aunque ayuda), de manera que no es insólito que un súbdito de origen social inferior acabe gobernando a quien antes fuera su propio soberano, un Médicis, por ejemplo. La caída del favorito era, por tanto, una forma de preservar al príncipe, de rejuvenecer la corte, una suerte de chivo expiatorio, como Bacon.

El tema (Topic y no tópico) es que en febrero de 1632 el Diálogo de Galileo sale de la imprenta en Florencia. Antes lo había intentado publicar en Roma. Pero para obtener el imprimátur se le exige que incluya ciertos retoques, como un prefacio y una conclusión siguiendo las directrices del papa Urbano, que no era precisamente ni un gran cosmólogo ni un reputado matemático, aunque probablemente él considerara que bastaba con atenerse a la Biblia, y eh ahí el conflicto. Al final Galileo tira de influencias para conseguir que sea el inquisidor florentino y no el romano el que revise definitivamente el manuscrito y de la autorización. Y así se imprime con la aprobación de la iglesia. O eso parece. En realidad, Galileo, que tan bien se mueve entre los hechos astronómicos observables, ha metido la pata en los hechos políticos del momento. Y le cuesta caro el error. Galileo, nos parece ahora, tenía mucho sentido común en colocar a la Tierra alrededor del Sol, pero muy poco en retar al papa, como les pareció a casi todos entonces.

Ese mismo verano de 1632, el papa ordena que se secuestre el libro (se retire de la circulación) y además ordena que se cree una comisión especial para investigar posibles transgresiones de Galileo. En otoño recibe el informe y decide el pontífice dejar el asunto en manos de la Inquisición que cita a Galileo a Roma. Este llega a Roma en febrero de 1633, el proceso comienza en abril y culmina en junio, con la condena de reclusión perpetua; también se le ordena una penitencia: rezar los salmos penitenciales una vez por semana durante tres años…Y Galileo sube a los altares de la ciencia, tal como hoy la entendemos.



[1] “Tópico” en castellano, y “topic” en inglés es lo que los traductores profesionales llaman “falsos amigos” (faux-ami), palabras que derivando de una misma o próxima etimología suenan igual pero significan cosas distintas, como embaraçado en portugués, que no es embarazado, sino avergonzado (aunque algunos semicultos ya lo usan en este último sentido) en castellano, o constipated en inglés que no es resfriado sino estreñido, etc. Tópic en inglés es tema, no tópico. Perdón por la clase elemental.

[2] Cuatro siglos después la Iglesia ha pedido perdón por aquel desliz. No debió hacerlo, resulta patético, no enmienda nada, llega tarde y además simplifica un conflicto mucho más complejo y fascinante. Para las banderías entre, digamos, agnósticos racionalistas y fanáticos religiosos les bastará con el tópico, pero como servicio a la verdad histórica, siempre tan escurridiza, es mejor acudir al matiz: la verdad siempre reside en el matiz, aunque “no venda”.



[3] Mario Biagioli: Galileo cortesano. La práctica de la ciencia en la cultura del absolutismo. Katz editores, Buenos Aires, Madrid, 2008

11 comentarios:

Mita dijo...

Uhh! Dios mío, todo lo que hay que leer. Vamos a empezar por el bizcocho de chocolate.
Conclusiones:
1.No se puede llevar razón antes de tiempo.
2. No se puede hacer leña del árbol caído.
3.A veces es mejor no tener sentido común, te queman.
4.Hay que "mirar" continuamente.
5.Qué tiempos en los que se secuestraban libros...
6.Cada uno tiene sus santos, el tuyo es Galileo?
Besos

Lansky dijo...

y no te olvides, Mita, de aquel que reza: "cuando las barbas de tu vecino..."

No, en mi panteón de hombres ilustres (no creo en la santidad, ni siquiera en la laíca), además de científicos suicidamente adelantados a su época (Galileo, Servet, Darwin), hay prostitutas, bandidos generosos, piratas compasivos, boxeadores sonados, bailarines sin oído, músicos sordos (don Ludwig), escritores sin lectores (yo, por no ir más lejos), sicarios tiernos...y en general seres humanos dañados que no prolongan a otros el daño.

Miroslav Panciutti dijo...

Quizá para añadir algún pequeño detalle a esta semblanza del pisano, yo diría que su carácter tiene cierta importancia para explicar sus avatares con inquisiciones y similares. Galileo no sólo tuvo razón antes de tiempo sino que defendía sus argumentos (incluso cuando estaba equivocado) con un estilo bastante agresivo; vamos, que le encantaba machacar al rival, cegarle todas las posibles escapatorias por las que el otro, aún vencido, pudiera presentar una imagen digna. Por lo que he leído de él, me lo imagino pecando de soberbia algo más de la cuenta (o de lo razonable).

También es cierto que no era tonto y sabía buscarse protectores con los que compensar los enemigos que también, a veces, él mismo propiciaba. El propio papa, cuando cardenal, había sido uno de sus confidentes y supongo que la amistad entre ambos debió influir en Urbano para intentar apaciguar a quienes pedían un castigo más ejemplar (e irreversible) para Galileo.

Miroslav Panciutti dijo...

Por cierto, hoy no he sido tu más madrugador comentarista. Buena semana.

Júbilo Matinal dijo...

Cuestión lateral tonta: "embarazo", tanto en español como en portugués, significa primordialmente "estorbo, obtáculo, impedimento". Usarlo, como se hace en español, para referirse a la preñez, no es más que un púdico eufemismo: "Fulanita está embarazada" significaba en principio "Fulanita tiene alguna clase de impedimentos para hacer vida normal. No pregunte usted de qué impedimentos se trata, porque no sería propio de un caballero". Lo que pasa es que todos los caballeros se imaginaban enseguida qué era, exactamente, lo que "embarazaba" a Fulanita, es decir, lo que estorbaba su libertad de movimientos, y así lo que trataba de ser un pudibundo velo para ocultar la preñez se convirtió pronto en un sinónimo socialmente mejor aceptado para referirse directamente a ella.

En cuanto al otro uso metafórico de la palabreja: la vergüenza o, más bien, la falta de soltura y de espontaneidad en el modo de hablar y de comportarse, creo que es tan antiguo en español como en portugués. Alguien se comporta con embarazo cuando sus palabras, sus movimientos y su conducta en general parecen entorpecidas o estorbadas por alguna clase de traba, como la timidez o la vergüenza. No creo que este sea un uso ni semiculto ni reciente.

Lansky dijo...

Júbilo

Evitemos, en la medida de lo posible, las polémicas basadas en lo que NO ha dicho el otro, aunque sean tan amable como esta.

Embaraçada, en portugués NO significa ni preñada ni grávida ni nada parecido, sino entorpecido, avergonzado, etc.Ya sé que en español sí que tiene ambas acepciones, como mínimo; y ahí tenemos el embarazo que me produce no ser bien comprendido, tal vez por explicarme mal. Por tanto, embarazada y embaraçada es un ejemplo de "falsos amigos"

Júbilo Matinal dijo...

Ninguna polémica, si de mí depende. No discutía la relación de falsa amistad que hay entre "embaraçado" y "embarazado", trataba solo de ilustrarla. Lo que sí discutía es que el empleo del "embarazo" como sinónimo de vergüenza sea en español ni reciente ni semiculto, como parece dar a entender tu frase entre paréntesis "aunque algunos semicultos ya lo usan en este último sentido." Digo que ni "semicultos" ni "ya lo usan". Se usa desde antiguo, tanto al menos como en portugués, y su empleo no tiene nada de "semiculto", quiera esto decir lo que quisiere. Es, junto con el que se refiere a la preñez, uno de los significados habituales del embarazo.

Zafferano dijo...

Bueno... es español, si no me equivoco, constipado también significa estreñido. Así que Galileo estaba embarazado y constipado? Pobre... Con razón tanta mala milk!

Besos

emma dijo...

He disfrutado mucho leyendo tu entrada de hoy.
De hecho me he hecho un par de preguntas tan profundas que las he olvidado por inaprensibles.
Quisiera saber si Galileo fue un genio o solo un hombre como los demas que disfruto persiguiendo la verdad en vez de dejarse morir como los demas.
Es decir, si fue alguien excepcional.
Tambien he pensado en la relacion ciencia y poder.
Me han dado escalofrios y me ha venido un pensamiento lugrube, triste, querria un mundo donde brillase la verdad pero me temo que no lo vere.

Ricardo dijo...

Sigo desde hace tiempo con interés y admiración tu blog, aunque en plan voyeur y sin hacer comentarios. Hoy, sin embargo, tras leer tu post sobre Galileo, cuya figura siempre me ha atraido, me decido a intervenir. En primer lugar lo hago para felicitarte. Y en segundo para recomendaros a ti y a quienes os intereséis por el personaje que, si no lo habéis hecho, leais "La hija de Galileo", de Dava Sobel (ISBN 84-8306-226-7) para disfrutar de detalles de cómo la vida familiar de Galileo se vió afectada por el largo proceso,a través de la correspondencia de su hija, Sor María Celeste.

Lansky dijo...

Júbilo, llevas razón, aunque a uno ya le cansa dártela siempre (porque la tienes). No obstante, estamos hablando de palabras, los falsos amigos, que no son parecidas por casualidad, sino por origen (etimología), pero que usos y modos trastornan en cada idioma. Así, traducir que determinado señor "apurado" o "embarazado" esperaba un hijo, es lo que todo traductor apresurado teme.

Zafferano, como Mae West cuando eres buena eres muy buena, pero cuando eres mala eres mucho mejor.

Emma, yo no dudo de que existan y hayan existido siempre unos pocos hombres excepcionales entre una multitud de otros más corrientes: Leonardo, Galileo, Darwin, Bach, y algunos ignotos. Pero hay una diferencia con esta época nuestra: antes se buscaba la gloria, la inmortalidad; ahora se pretende la mera fama. Y famoso, la vedad, lo puede ser cualquier gilipollas que salga en la tele comiéndose los mocos.

Ricardo, bienvenido y gracias; un poco de alpiste para la vanidad nunca vienen mal. Y gracias por tu recomendación. De Sobel leí "Longitud" y me gustó mucho; me apunto el que mencionas.