(Adoro esta foto: mirad a don Pío con ese chaquetón de marino, detrás la enseña
pirata -de los "buenos" piratas-, el chato de vino, la boina-
txapela... La divisa de la bandera "...n cuartel" es "sin cuartel"; una vieja broma antimilitarista y ácrata, esto es, sin militares, pero también lucha sin cuartel, la de los piratas)
Es verdad: las “patrias chicas” son realmente pequeñas. A veces no caben en ellas ni la razón ni la Ilustración ni el propio siglo vigente. En cuanto a las grandes, me resulta curioso que los que se suelen definir como sus más rendidos “patriotas” sean los primeros que estén dispuestos a venderla por parcelas.
Aunque para pequeña la política real de las patrias grandes o chicas; esa si que es pequeña, verdaderamente localista, comparada con la economía, sobre todo la de los tiburones de las finanzas, que navegan por los siete mares practicando expolios auténticamente globales, como demuestra la actual crisis y cualquiera del pasado más o menos inmediato. Por eso, al ufano Bill Clinton que dijo eso de “es la economía, estúpido” habría que haberle replicado de inmediato: “¿Y la política qué, tontodelculo?”. La economía se ha convertido en la ley de la gravedad, algo inexorable que proporciona coartadas para no hacer nada salvo lo que dictaminen esos nuevos brujos de la economía esotérica. Pero volvamos al tema si os parece.
Me expondré a perder tres o cuatro de mis cuatro o cinco lectores. Don Pío Baroja era un optimista en pantuflas, no un nihilista de mesa camilla y boina. La prueba está en que declaraba que el nacionalismo se curaba viajando. Pobre. Es disculpable, claro, porque en su época el turismo de masas aún no había hecho estragos cobrándose su primera víctima en el propio, exquisito, antiguo y elitista arte de viajar. Muy al contrario, los nacionalistas viajan ahora mucho, aunque como casi todos viajen mal y sin provecho. Catalanes a Cerdeña en busca de unos Països Catalans allende el Cap de Creus, vascos a la extinta Albania de Enver Hoxha en busca de inspiración y modelos de estado para armar (o pret a porter), españoles escandalosos de esos que dan mucha vergüenza ajena, añorando y reclamando, a gritos, pinchos de tortilla de patata para desayunar en pleno Círculo Polar, etc. Nos es que el mundo sea ancho y ajeno, como decía Ciro Alegría, sino que está plagando de palurdos viajando como locos.
Habréis notado a estas alturas que las contrarreformas xenófobas que algunos llaman nacionalismos y otros autodeterminación, y aún otros más concisos separatismos, se dan siempre en los lugares más ricos: Cataluña, El País Vasco, España…La Padania en Italia. Teniendo en cuenta que siempre se es rico como se es bueno: comparado con alguien: Cataluña y el País Vasco en relación a las otras regiones españolas, España en comparación con los países de origen de sus inmigrantes actuales y hasta de los nuevos socios de la Unión Europea, como Rumania; El Norte de Italia frente al Sur, etc.
Eso sí, tan nacionalistas y por tanto tan carentes de justificación para mí, son los nacionalistas vascos como los españoles. Pero no estoy seguro de que sea relevante la distinción entre ambos como nacionalismos centrípetos (o “micrombligueros”, digo yo) y centrífugos o imperiales. ¿Son más dañinos, más avasalladores los segundos? No estoy seguro. Por ejemplo, el nacionalismo irlandés sólo miró siempre a Irlanda, como si esta isla llenara el mapamundi del cosmos con más superficie que Australia; en cambio, los de la otra isla vecina, la Gran Bretaña, se apoderaron de medio mundo y de un subcontinente entero. Ambos causaron muerte y destrucción, propia y ajena. Lo de no poder quedarse quietos en una habitación como origen de todos los males del mundo es muy cierto en el caso del imperialismo colonial, pero también del patriotismo local.
La razón es fácil de entender si nos fijamos que no se trata de conservar identidades, como declaran los patriotas nacionalistas y que en el fondo no están amenazadas o lo están por procesos globales al margen del Estado en que se insertan, sino de mantener privilegios[1]. Por conservar privilegios cierta “élite” política provocó las últimas guerras de Yugoslavia y su posterior fragmentación, y por conservar privilegios algunos a los que apresuradamente calificamos de locos pueden terminar montando un follón en cualquier punto del planeta donde no lo había.
Los argumentos identitarios[2] precisan de un gran arte para saber escoger entre todos los a menudo confusos “hechos históricos” aquellos que vengan mejor, porque la Historia, así a lo bruto, como argumento bestia, se parece mucho a la estadística sin criterio: que puede demostrarse con ella lo que se quiera. En eso la diacronía es para ellos como un juego de “escoge y pega”, de armar un puzzle aunque sea limando las esquinas de las piezas para que encajen. Es como ese amigo mío cordobés que decidió un buen día hacerse musulmán; al comprobar que yo no le preguntaba por sus razones me las quiso explicar él: “es por ser fiel a mis esencias andaluzas”, me vino a decir, “al fin y al cabo aquí el Islam estuvo durante siglos y desde hace más de mil años”. Yo le respondí sabiendo que en ese instante se estaba perdiendo gran parte de nuestra amistad: “¿Y por qué no te has hecho estoico senequista o pagano romano, que aún estaban antes?”
A ver si va a resultar que los únicos cosmopolitas son los fondos de inversión. De momento, mi patria no es la infancia ni donde hice el bachillerato o donde pasaba los largos veraneos infantiles, ni siquiera mis zapatos, como rezaba una bella canción de El último de la fila. Me conformo con saber donde “no” está mi patria. No está en los aeropuertos, ni en el resto de no lugares cada vez más alarmantemente uniformes. Ni está donde flamean las banderas, pero sobre todo no está donde usted, señor, tiene la suya, porque ahí, a mí, me falta el aire. Prefiero, de verdad que lo prefiero, ser un gentil entre judíos, un maketo entre vascos, un charnego entre catalanes, un bárbaro, un extranjero, un extrañado, un nómada, un viajero auténtico, alguien sin raíces porque tiene alas, jamás un turista que sólo va a los sitios en lugar de vivir en ellos, y por eso se traslada siempre con billete de ida y vuelta
En cambio, para compensar mi desapego con las patrias y otros refugios de canallas -como decía el Dr. Johnson y Ambrose Bierce-, y de tontos, me encariño mucho con los lugares, aunque no sean especialmente bonitos, me basta con que no hayan llegado hasta ellos las hordas dispuestas a su “puesta en valor”, que viene a ser como ponerlos a hacer la calle. En realidad me importa un comino y un bledo[3] ser de acá o de allá. Para mí siempre ha sido menos esencial adaptarme al mundo (o achicarlo convenientemente a mis necesidades, como hacen los nacionalistas) que resistirme a los adaptados. Y por eso me hacen tanta gracia los chistes de vascos: “¿Me da un mapamundi de Bilbao?”
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[1] Esto se lo tengo leído, estoy casi seguro, a Vincenzo Consolo, pero no he conseguido encontrar la cita.
[2] Para una buena revisión de este tipo de argumentos en política recomiendo un libro excelente, aunque reconozco que no lo he leído completo: Amy Gutmann: La identidad en democracia; Katz editores, Buenos Aires, Madrid, 2008
[3] Para evitar que JJ Millás salga con eso de “qué diablos es…” me anticipo, “comino” es una umbelífera carminativa cuya diminuta semilla se usa como condimento. Bledo es una quenopodiácea, una suerte de acelga silvestre (no viene en el diccionario de la RAE, de ahí que Millás lo preguntase en una de sus columnas)
[2] Para una buena revisión de este tipo de argumentos en política recomiendo un libro excelente, aunque reconozco que no lo he leído completo: Amy Gutmann: La identidad en democracia; Katz editores, Buenos Aires, Madrid, 2008
[3] Para evitar que JJ Millás salga con eso de “qué diablos es…” me anticipo, “comino” es una umbelífera carminativa cuya diminuta semilla se usa como condimento. Bledo es una quenopodiácea, una suerte de acelga silvestre (no viene en el diccionario de la RAE, de ahí que Millás lo preguntase en una de sus columnas)
21 comentarios:
Pareces de Bilbao que, ya se sabe, nacen donde les sale de los ... No me ha gustado demasiado este post porque no me dejas apenas espacio para la discrepancia y eso que de nacionalismos y temas afines me gusta debatir. Ciertamente, los argumentos identitarios se inventan y fomentan para defender (o crear) privilegios; los menos nacionalistas son, de hecho, los dirigentes nacionalistas. Pero también es verdad que pueden hacerlo porque en tantas personas hay un afán identitario de lo más cutre y empobrecedor; pero así con las cosas.
PS: El mundo es ancho y ajeno es el título de la mejor novela de Ciro Alegría (no Bayo, a quien no conozco); te ha dado últimamente por los peruanos.
Gracias, Miroslav, por supuesto tienes razón, por partida doble: Ciro Alegría, que no Bayo, y últimamente (desde hace unos 40 años) me da por los peruanos, incluido Fernando F. Gómez, nacido en Lima. En cambio, se te pasó por alto otra errata: una Armenia donde había que poder Albania. Ambas ya subsanadas. Con lectores atentos como tú uno se supera, amigacho.
Siempre me ha divertido mucho esa pretensión de los enterados de que la economía está detrás de cualquier otra cuestión, decidiéndola y definiéndola, y de que los demás asuntos no pasan de ser las fachadas tras las que se esconde siempre un problema de más o menos pesetas. Creo que no es verdad. Ya me gustaría a mí que lo fuera. El ser humano –en la mayor parte de los casos hay que añadir aquí “por desgracia”– es bastante más irracional que lo que esa idea supondría, y sus móviles rara vez son tan simples, diáfanos y, en última instancia, comprensibles como el elemental deseo de hacer un buen negocio. Insisto en lo que siempre digo: mejor el que mata por dinero que el que lo hace por odio, por ideas o por ideales, ojalá todos los problemas fueran, de verdad, reducibles a una cuestión de quién se va a llevar la pasta. Hace siglos que habríamos alcanzado la paz universal.
(He esperado prudentemente a que algún otro te señalara lo de Albania y lo de Alegría, para que no me acuses de padecer el síndrome corrector. Me ha costado.)
Tu paciencia, vanbrugh (¿diez minutos?) tendrá su recompensa. pero gracias, como le acabo de decir a miroslav, es un placer sentir vuestro sano aliento corrector en mi nuca: así uno tan desmañado como yo tiende a superarse.
Nada de diez minutos, he esperado lo menos quince. Pero no tiene mérito, porque sabía que Miroslav estaría al quite, por lo menos en lo referente a su bienamada literatura peruana. Y lo de Hoxha... me he dicho a mí mismo: Albania, Armenia... ¿quién va a notar la diferencia? No nos vamos a poner nacionalistas también nosotros.
Vanbrugh, supongo que si, por ejemplo, te llamase "mamonazo" en albanés no me captarías. Es lo que tiene no ser verdaderamente cosmopolita
De entre todas las patrias que he tenido me quedo con un campo de trigo donde la hierba se ondulaba como olas y un amanecer llegando a Vigo en coche. Tambien hay una carretera de brea olorosa recien echada que llevaba a la playa y un patio de colegio donde pianban los gorriones enloquecidamente despues de la lluvia. Todos ellos lugares sencillos y sin nombre.
Ajá. Entonces ser verdaderamente cosmopolita significa poder ser insultado en cualquier idioma. Nacionalista, en cambio, es quien solo se siente insultado en el suyo propio. Los mamonazos que nos damos por enterados de serlo en dos o tres idiomas, como mucho, venimos a ser un discreto término medio.
Qué bonito post Lansky! Lástima de mundo convertido en islas.
Mi sano aliento corrector te advierte que hay un "por qué" interrogativo que va separado.
Besos!
Joder, que cursi soy cuando me releo.
1. Es muy "auténtica" la foto, sí.
2.Todas las patrias son pequeñas. Algunas de unos metros cuadrados, incluso menos. A veces, tu escritorio es tu patria. Patria es un concepto fuera del tiempo. Existe una palabra en alemán que se suele traducir como "patria" es Heimat, pero una cosa es la patria y otra la tierra natal.
3. El nacionalismo se cura viajando. Otra cosa es qué llamamos "viajar", claro.
4. Uy, Ciro Alegría, no sé...me ha recordado la novela de la tierra, Huasipungo y eso.
5.Sí, es un asunto de privilegios. La defensa de las lenguas y las culturas, eso sí, es incuestionable.
6. Lo del mapamundi está bien. De todas formas el mundo-mundial puede estar en cualquier rinconcillo de tu propia casa.
Te ha quedado estupendo el texto, y las palabras que has escogido también. Se me ocurrió ir escribiendo esto.
Besos
Jola!
Para darle un nuevo enfoque al asunto, vamos a defender aquí que la clave de los nacionalismos no se halla verídicamente en la ambición futura de una gran patría común sino en una nostalgia fantaseada de unos antepasados formidables. A casi toda persona, incluso las más políticas entre ellas, le resulta casi imposible plantearse unos ideales sin verse a si misma su protagonista, esto es: el centro neurálgico de su consecución. Y siguiendo este hilo argumental lo que en realidad irían buscando los Ibarreches, los Carods, del siglo XXI con sus reivindicaciones identitarias, sería materializar otra vez la imagen de unos Ibarreches y Carods primigenios -más cool- gobernando y dirigiendo como buenos pastores -¡faltaría más!- esa arcadia feliz repleta de gentes maravillosas, que ellos apetecen imaginar eran: la Vizcaya Medieval o la Cataluña modernista. Al Ibarreche le encantaria, casi seguro, poder llevar de vez en cuando su armadurita y su maza (y comprobar de paso que los bruñidos le sientan de cojones) y a Josep Luis vestir levita y chanela y fumarse un buen habano -recién llegadito de Cuba- o beberse un Laffite -recién llegadito de Bourdeaux- en compañía de Pi i Maragall (del abuelo, que del nieto ha acabado hasta los mismísimos) y unas cuantas cocottes descocadas, imaginándose que en el XIX Las Ramblas eran igualitas que Les Champs Elysees y él lo mismito que Blanqui (en más liberal ¡qué los tiempos ha adelantado que es una barbaridad!).
Recién terminadas mis vacances, y tras leerme todo los posts antecedentes, he pretendido colocarte algo curiosete, Lansky, y he "acabao" exhausto, con la neurona enfufurruñada avec moi y mucha, mucha, sed. ¡Joder con tu blog, macho, cada día que pasa se parece más a la wikipedia!.
No eres cursi, Emma. Lo que pasa es que llamas "patria" a unas cosas demasiado bonitas para merecer ese nombre irremediable. Yo me quedo con el clásico, ampliado: o mi patria es el Universo, o, casi mejor, jubilo la palabreja. Viene a ser lo mismo.
Mita, el nacionalismo no se "cura", ni viajando ni de ninguna otra manera. Eso lo decía Baroja que, el pobre, era médico y, aunque no lo supiera, un optimista -lo daba la época- y pensaba que cualquier mal era una enfermedad y, por tanto, curable. Pero el nacionalismo no es una enfermedad. O, si lo es, no la padecen los nacionalistas, la padecemos el resto.
Y qué empeño con "defender" las lenguas y las culturas. ¿Del ataque de quién? ¿No sería mejor limitarnos a disfrutarlas, y dejar que se defiendan ellas solas, si es que llega el caso? Empezar por suponer necesaria la "defensa", es decir, dar por supuesto que hay un ataque, es el primer paso, y decisivo, en el camino victimista y agraviado de cualquier nacionalismo.
Julián, ya quisiera la Wikipedia ser la mitad de guay que este blog. (Y tener tales colaboradores, por supuesto).
Pues y tanto que hay que defender las lenguas. Cuesta un montón de esfuerzo, tiempo, energía...conseguir dinero para la difusión cultural. Ahora que estamos fuera, entendemos perfectamente lo que es actuar en beneficio de una lengua y una cultura.
Porque ahora "los otros" somos nosotros.
Y todo se cura, menos morirse.
Besos,buen día!
Eemma:
no eres cursi, porque no pretendes pasar por nadie fino, refinado y elegante, de elevados sentimientos.Simplemente, lo eres y los tienes, por suerte o por desgracia para tí (Pero eso sí: el trigo es trigo, aunque esté verde, y la hierba es hierba)
Zaffe:
Gracias, tu aliento corrector no sólo es sano, sino aromático. Corregido, y también ese Johnson, sin la adecuada "h". (Algún día lo contaré aquí: por razones familiares no fuí a la escuela hasta bastante mayor, me enseñó a leer el hermano pequeño de mi madre, mi tío David, y siempre he tenido "déficits" ortográficos. Y de mi velocidad escribiendo, todo hay que decirlo)
Mita:
por lo común eres muy escueta comentando, el que hoy te hayas extendido me confirma no sólo que te interesa el tema sino mi forma de exponerlo. Gracias (Danke?)
Bluff:
Querido, cuánto tiempo, te suponía desaparecido en combate. Medio de acuerdo en lo que dices, pero contento de tu aparición.
Vanbrugh:
Bien, el que mientras yo cierro esta "botiguería" (las tardes son sagradas para mis actividades no cibernéticas) tu te dediques a responder a todos y cada uno de mis corresponsales (salvo a tí mismo) está bien. Eso significa que alguien agarra la caña del timón, pero no te pases (es broma)Y al revés que tú yo sí creo que casi todo esto se puede "curar" o redimir, porque, como autodidacta, tengo una cierta fe excéptica (valga la contradicción) en la autoeducación, viajando, leyendo, observando y escuchando a los "otros", ese infierno al que Sartre llamaba los otros.
A todos, de verdad, Gracie tante...
Nos hemos cruzado por la mañanita, mita, pero ya ves que estoy básicamenet de acuerdo contigo en lo de curarse y en lo de los "otros".
El debate entre dejar morir "darwinistamente" las lenguas minoritarias o defenderlas de las más pujantes (inglés, español, árabe, chino mandarín,...) toca lateralmente el tema de los nacionalismos, pero también es algo distinto. Para mí, una lengua, y no sólo hablo del castellano o el francés, sino del aymara o el swhagili, es un mundo o una manera distinta de otras de ver el mundo, un ecosistema cultural global, no un simple instrumento o canal de transmisión. Supongo que estamos más o menos de acuerdo.
Me he debido de explicar mal, yo no pretendo en absoluto que dejemos morir a las lenguas ni a las culturas que no sean capaces de sobrevivir por sí mismas. Detesto los nacionalismos, el vasco y el catalán como el español, el servio o el albanés, pero siento un interés profundo y "afectuoso" por todos los idiomas que alguien hable. Lo que precisamente me lleva a lamentar muy sinceramente que tantos de ellos hayan caído en manos de nacionalismos que los utilizan como coartada, como arma de agresión y como rehén: que los "defienden", vaya. O sea, que los convierten en víctimas lastimeras y agresivas, en objeto de cuidados indeseables y asfixiantes, en criaturas monstruosas artificialmente cebadas y mantenidas en un mundo irreal de mitologías tribales y agravios identitarios. El vasco es para hablarlo, coño, y para escribirlo y para usarlo libremente como se usan las lenguas, no para inventárselo a la medida de la administración autonómica, ni para convertirlo en programa de oposición para funcionarios, ni para elevarlo a reglamento repartidor de carnets de identidad, ni para exhibirlo en museos, ni para pegarlo en banderas. La cultura, que yo prefiero considerar universal y única y no como distintas "culturas" contrapuestas unas a otras, es de la gente que la hace y la usa, no del estado o sucedáneo que la "defiende".
Te explicas alto y claro, Vanbrugh, y probablemente los más de por "aquí" estamos de acuerdo contigo. Sólo un matiz: me parece muy bien que hables de una única cultura -asi se evita que unas se utilicen contra otras-, pero entonces convendrás conmigo que un elemento esencial y nada paradójico de esa "única" cultura es su diversidad. De hecho, yo creo que lo global y lo local se refuerzan mutua y beneficiosamente si se entienden y se emplean correctamente.
Lo que es raro es que el resto de los españoles no muestre ningún interés por las otras lenguas del país. Se podrían ofrecer en las escuelas, motivar el aprendizaje, despertar la curiosidad, algo así.
He de decir que el nivel de conocimientos de lenguas "extranjeras" en España es pobrísimo (me incluyo en parte). Notamos que vienen estudiantes de Erasmus de inglés y alemán y es penoso. En el entorno en que me muevo hay una competencia enorme, hablar, escribir, comunicarse en muchos contextos diferentes en tres lenguas es lo normal. Si hablamos de Suiza, eso ya es la locura (positivamente hablando), cambian de registro y de lenguas sin notarlo. Una envidia, vamos!
Esto de los nacionalismos políticos es algo tan trasnochado
Bs
Lansky
Mejor estar medio de acuerdo que completamente de acuerdo. En las adhesiones incondicionales encuentro casi siempre un trasfondo un tanto inquietante.
Por cierto que hoy sí que parece -de momento- que puedo entrar en el blog.
julian bluff
Claro, amigacho, julián, tío, las adhesiones inquebrantables, las lealtades incondicionales y demás apestan
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