profesión de fe

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Somos los conocidos superhéroes del barrio –concepto acuñado por Kiko Veneno para definir lo que se podría llamar héroes de proximidad-: Lansky y Superperropequeño. Ambos somos más ciudadanos que patriotas ( y tan rústicos como urbanos), o bien, nuestra patria son nuestros zapatos -o ni eso en el caso de Jara-, la infancia o el sillón de orejas de lectura, pero nos negamos a la ñoñería esa de ciudadanos del mundo. Simplemente, tenemos pasaporte

21/10/2008

¿Un excéntrico de la biología?, 1



O podríamos titular conforme al gusto de otro escocés de talento contemporáneo de nuestro héroe: "El extraño caso de Mr Thompson, el Doctor D´Arcy y otros “excéntricos” de la biología".


Una posible definición de cultura elitista, sin asomo de connotaciones peyorativas, es todo aquello que no está en la wikipedia.[1] Otra posible es todo lo que ve como cultura “normal” y lógica el último director del Met -Metropolitan Museum of Art- de Nueva York, Phillippe de Montebello. En la historia de la biología también tenemos exquisiteces, no necesariamente rarezas.

En la misma época que los Stevenson construían faros, salvo el benjamín, un tal Louis aún por nacer que querría ser poeta, los Thompson eran capitanes de altura, esto es, de alta mar que tenían a gala y por tradición no morir en casa, salvo también el más pequeño D´Arcy, nacido en 1860 en Edimburgo, que decidió ser biólogo, o más bien matemático, aunque tal vez clasicista. En fin, a comienzos del siglo XX fue el autor del libro de biología, de zoología, de historia natural más fascinante y extraño que haya parido escocés alguno[2]. Tomó la morfología que había fundado Goethe y la convirtió en morfogénesis. Ya veremos como.

Su padre había nacido a la altura de la Tierra de Van Diemen, hoy más prosaicamente conocida como Tasmania, y se había convertido en un profesor de enseñanzas clásicas –de ahí, al parecer, la afición de D´Arcy al griego y el latín- más bien anticonformista, pues era partidario de la enseñanza de las niñas y en cambio estaba en contra de los castigos corporales. Un excéntrico que podría haber servido de modelo al profe progresista del Club de los poetas muertos, pero que en realidad tuvo, mira por donde, de alumno al joven Stevenson, y a su propio hijo, claro, el joven D’Arcy.

Al pequeño D´Arcy, siempre con la nariz metida en sus libros, coleccionando plantas, observando animales y soltando citas en griego clásico, los demás niños le llamaban “Daftie” (tontito). Lógico que junto a su padre se pusiera a traducir La historia de los animales de Aristóteles, asunto que le llevó “sólo” unos treinta años. Igualmente, a la par que ingresó en el Trinity College de Cambridge y recorrió la campiña dando conferencias bastante peculiares (Aristotle on the cephalopodes), tradujo del alemán “Sobre la hibridación de las flores” que prologó, un año antes de su muerte, el mismísimo Charles Darwin. Este era el angelito que iba a plantear una cuestión que un siglo después sigue desconcertando a propios (biólogos) y extraños (matemáticos), y de los clasicistas, mejor ni hablamos.

Lo lógico sería pensar que D´Arcy tardaría poco en ingresar por la puerta grande en la Universidad, como futuro y poderoso catedrático, pero en cambio acabó de profesor en Dundee, un pequeño y apartado puerto ballenero. A él no pareció nunca importarle, y así escribe a uno de sus amigos: “Me metí con la matemática, ¡y creo haber descubierto algunas maravillas insospechadas sobre la espiral de los foraminíferos!” ¡Hay que joderse con los entusiastas! En cualquier caso, esta es la primera mención que se conserva de la obra que ocuparía toda su vida: observar los bichos y la naturaleza con la mirada de un geómetra.

¿A que no adivináis quién fue su predecesor en ese camino? Exacto, el gran Galileo. Galileo es el primero que explica las razones profundas de la escala de los seres vivos, de por qué ningún dinosaurio es más grande que un Diplodocos, ni ningún insecto mayor que el escarabajo Goliat o las libélulas del carbonífero.
Nota sobre las fotos:
La de arriba es el retrato oficial del científico que se conserva en el colegio universitario de Dundee; la de abajo es de D´Arcy y su hija Bárbara en una excursión por los acantilados de la zona.
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[1] D´Arcy Wentworth Thomson (1860-1948) sí que está, faltaría más, y con una dignísima entrada tanto en la versión inglesa como en la española. A lo que me refiero es a no pretender reducir o limitar todo el campo de lo posible a lo que ofrece este instrumento, la estupenda enciclopedia libre, con todo lo que puede encontrarse, a poco que se busque, en cualquier campo y aspecto del mundo de la cultura, lleno de matices y recovecos.


[2] D´Arcy Thompson: Growth and Form; 1ª edición de 1917, 1942 la edición definitiva. Existe una edición francesa: “Forme et croissance”, Seuil, de 1994, abreviada, y una edición anterior española, también abreviada: Sobre el crecimiento y la forma, H.Blume, Madrid, 1980, fruto del empeño de un editor y…¡arquitecto! Luis Fernández Galiano. Hay una edición en castellano más reciente y por ello asequible de Akal Cambridge, 2003

6 comentarios:

Vanbrugh dijo...

Me gustan mucho estos científicos recónditos que nos exhumas. También este, como Maupertius, parece más ocupado en su trabajo y en sus investigaciones que en obtener de ellas rendimiento económico, social o académico. Es un rasgo que me los hace especialmente simpáticos. Podríamos decir que son lo opuesto a esos profesionales tipo Garzón, que dedican el noventa por ciento de sus esfuerzos a sacarle brillo mediático y económico al exiguo y torpe resultado del diez por ciento que dedican a trabajar de verdad.

Por cierto, no me queda muy claro cuál era, exactamente, la cuestión que planteó el angelito y que un siglo después sigue desconcertando a propios y extraños. Me la aclare, please, si es tan amable.

(Tuve a Fernández Galiano de profesor de Elementos de Composición en la Escuela de Arquitectura, antes de dejar colgada la carrera. Era un tipo encantador y asequible, y un profesor excelente. Y le he leído los análisis "políticos", en el más exacto y noble sentido de la palabra, más lúcidos de cuantos se publican por ahí. Cuando los arquitectos se olvidan de ser divos y "artistas", con la ciudad de todos como su sala de exposiciones particular, tienen una perspectiva inmejorable sobre la política, que no en vano viene de "polis".)

Lansky dijo...

"-Cómo dice que se llama?"
-No lo he dicho"

Pues eso, Vanbrugh: aún no lo he dicho, aunque lo he sugerido.

Luis F. Galiano es lo que yo llamo un "culto" cabal; pudo haber sido mi primer editor: leyó mi manuscrito y con implacable dulzura me explicó por qué era una mierda. Lo corregí, y lo publiqué más tarde en otra editorial. Él tiene publicada su tesis doctoral en la Colección Alianza Forma, ¿lo conoces?, está muy bien.

Mita dijo...

Pues mucha gracias, por toda la erudición. Dundee debe ser precioso.
Besos

Miroslav Panciutti dijo...

Iba a preguntarte lo mismo que Vanbrugh, pero ya veo que le dices que no lo has dicho, sino tan solo sugerido. En fin, últimamente te gusta abrir boca a tus lectores.

En cuanto a LFG, no lo conozco lo suficiente para juzgarlo. Sólo una vez pasé una tarde con él (y otro amigos) y me abrumó con una pedantería insoportable (escribí hace tiempo un post inspirado en el recuerdo de esa tarde a principios de los 80); tampoco suele gustarme su forma de escribir en las críticas arquitectónico-urbanistícas; le noto demasiado ciertos tics que abundan en la universidad española. Todo lo cual no quita que sea una persona encantadora, asequible y cabal.

Lansky dijo...

Miroslav y vanbrugh:
Me cito a mí mismo, entrecomillado y tal: "Tomó la morfología que había fundado Goethe y la transformo en morfogénesis". Y también: "...la obra que ocuparía toda su vida: observar los bichos y la naturaleza con la mirada de un geómetra". Al margen de que el título del post lleva un "1", lo que da a entender que habrá al menos un "2" como mínimo. No obstante, si os tengo que dar tantas explicaciones es porque iniciamente, en este post, me explico mal ante dos perspicaces y críticos lectores como vosotros dos. Qué le voy a hacer: no doy más de sí (¿o de mí?)

Miroslav:
Le has clavado, el peor defecto, para mí, de LFG es que es bastante pedante. Sin embargo su libro, El fuego y la memoria, creo recordar que se llama, no lo es, pero él en persona sí, no debe poderlo evitar.

Cigarra dijo...

Me detengo en el entusiasmo que provocaban en este encantador señor las maravillas descubiertas en las espirales de los foraminíferos, porque me reafirma en mi idea: no hay ningún asunto por árido, espinoso, rutinario y aburrido que parezca, que no pueda llegar a entusiasmar al que le preste la atención necesaria. No hay asuntos aburridos; hay asuntos que necesitan muchísima atención hasta que descubres la gracia que pueden tener. Pero si te detienes en ellos lo necesario, acabas apasionandote.
El aburrimiento es el merecido castigo de los superficiales.