profesión de fe

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Somos los conocidos superhéroes del barrio –concepto acuñado por Kiko Veneno para definir lo que se podría llamar héroes de proximidad-: Lansky y Superperropequeño. Ambos somos más ciudadanos que patriotas ( y tan rústicos como urbanos), o bien, nuestra patria son nuestros zapatos -o ni eso en el caso de Jara-, la infancia o el sillón de orejas de lectura, pero nos negamos a la ñoñería esa de ciudadanos del mundo. Simplemente, tenemos pasaporte

12/11/2008

Ballardiana (uno)




He prometido en varias ocasiones hablaros de Ballard. James Graham Ballard (Shanghai, 1930- ¿Shepperton, Inglaterra, 20…?), la última que recuerde en http://www.lansky-al-habla.com/2008/10/hermoso-y-maldito-la-leyenda-del-santo.html

Ballard es probablemente el autor más interesante (fijaos que no digo el mejor, no por nada, sino porque no sé bien cómo se mide tal cosa) de la narrativa contemporánea, que yo conozca y en cualquier idioma.

Pero primero diré lo que Ballard no es, porque varios equívocos muy difundidos le han ocultado, sino perjudicado. El primero y más decisivo es el de que haya sido encasillado en el género de ciencia ficción, o incluso en el de algún tremendista cajón casi específicamente creado para él (“profeta del nihilismo absoluto”, "el profeta del apocalipsis total", "English New Wave", y el mismo: "soy un terrorista literario").

En segundo lugar, que haya sido llevado al cine por autores de prestigio, lo que parece obviar la necesidad de acudir directamente a él. Es el caso de Steven Spielberg con El Imperio del Sol o David Cronenberg con Crash. Como su encaje en la ciencia ficción no es fácil ya que no es ni ajustado ni justo (aunque esté editado inicialmente en castellano por una muy digna editorial especialista de ese género: Minotauro) se le hace sitio a bulto y se afirma que sus entornos no son los del espacio exterior, sino que es “un explorador del espacio…interior”, vaya, como Cervantes, Flaubert o Proust, sin ir más lejos. De hecho, sus futuros son siempre tan cercanos como nuestro presente.


Otra “casilla” en la que “encasillarle” (veremos qué buen “desencasillador” soy yo) es la de escritor catastrofista/terrorista: Crash y sobre todo la así mismo atroz, La exhibición de atrocidades. El mundo sumergido (su primera y ya excelente novela), El viento de la nada, La sequía y El mundo de cristal, han sido interpretadas en esa clave del subgénero de catástrofes, y por desgracia para él es cierto que en ellas anticipaba en décadas asuntos hoy tan vigentes como el dichoso Cambio Climático; pero en realidad es un muy presocrático ciclo de los cuatro elementos primitivos: aire, agua, fuego, tierra.

Lo que sí es. Como inició estudios de medicina (lo cuenta en La bondad de las mujeres) está capacitado (anatomía se estudía en primero, y la Anatomia de Gray es en cierto modo mejor relato sobre el ser humano que el Ulysses[1]) para hacerle auténticas y sangrantes "autopsias" a este tiempo nuestro. De ahí a ser tildado de profeta de la barbarie de la civilización, que parece una contradicción en sus términos, pero todos sabéis que no es así, con novelas como Rascacielos, La isla de cemento, Crash. Ya de niño (El imperio del Sol, donde se cuentan sus propias experiencias infantiles en un campo de concentración japonés en China) aprendió que la muerte no es un fracaso de la vida, como Juan Cruz y tantos otros creen (¡qué despiste!), sino una inapelable e inexcusable condición de la vida. O si se prefiere, la vida, que tiene montones de virtudes, no cuenta con la perpetuidad entre sus defectos.

El problema que tiene Ballard con muchos de sus críticos es que es un falso profeta, aunque sólo sea porque siempre nos habla del presente, y porque practica una muy dura narrativa de ideas; sí, sus novelas son novelas de ideas. Es decir, como Jonathan Swiff, es un moralista, pero un moralista listo, que extrañamente no “nos da la brasa”, porque sólo muestra sin pedir explicaciones ni denunciar: sólo te enseña a mirar el horror, lo que es más que suficiente, por eso no es tan curioso que Ballard muy a menudo resulte también tierno y hasta agradable, como en mi favorita de sus novelas: La bondad de las mujeres.

Al igual que en la novela policíaca, ante lo extraño, ante el enigma (y qué mayor enigma que la misma vida) hay dos formas de enfrentarse: la clásica de intentar desentrañarlo y desvelarlo, como hace la literatura popular con la intriga; o bien, dar cuenta simplemente de la extrañeza, que es lo que yo creo que hace la buena literatura sin género: extrañarse ante lo que las miradas más superficiales admiten sin más. Ambos planteamientos no tienen porqué excluirse, claro. Ballard es un excelso ejemplo de lo que decía Machado a través de su Mairena de que la verdadera libertad no reside en poder decir lo que se piensa –como practica tanto vocero banal, grosero y gamberro-, sino en ser capaz de poder pensar lo que se dice. Y qué pocos pueden; Ballard entre esos pocos.



Presentaré sus credenciales:


Es autor de algunas de las posiblemente mejores recopilaciones de cuentos o relatos cortos del siglo XX: Vermilion Sands (1973), Zona de catástrofe (1967), Mitos del futuro próximo (1982), Fiebre de guerra (1990), aunque, si queréis no andaros con chiquitas y os manejáis en inglés, entonces haceros con sus The Complete Short Stories of J.G. Ballard (2001)

Es autor de una de las cien mejores novelas (según Anthony Burguess y yo) del pasado siglo: Compañía de sueños ilimitada (1979) y de otras siete u ocho muy estimables de un conjunto de 18 hasta la fecha de muy buen nivel.

Es un agudísimo critico cultural de la modernidad, la posmodernidad, lo humano y lo divino, como lo prueba su recopilación de ensayos Guía del usuario para el nuevo milenio (1996) donde está, entre muchas otras interesantes, la única opinión reciente verdaderamente novedosa, y en este caso acertada, sobre Cervantes que haya leído después de aquella lamentable tontería de Nabokov sobre El Quijote. (“Triste y mala” decía don Vladimiro)

Pero sobre todo, para mí y como Proust, es autor del mejor ciclo de, llamémosla, “Ficción Autobiográfica”, a falta de un rótulo algo mejor, compuesta por las dos novelas: El Imperio del sol y La bondad de las mujeres (la primera muy mal traducida, la segunda, por Luis Murillo Fort, muy bien por el contrario) y por su autobiografía explícita Milagros de vida (2008).

Encontraréis en la red, sobre todo en inglés, muchas web dedicadas a él. Casi todas, en fin, de SF. Mi teoría es la siguiente: como es tan bueno, tan apabullantemente distinto, tan pesimista y poco consolador, un profesor de la desesperación –como Schopenhauer, Cioran, Celine, Bernhard, Kundera, Kertész y, ya a más distancia, Jelinek y Houllebeck- a sus contemporáneos, críticos y narradores rivales, o críticos narradores, no les ha quedado otra que decir que sí, que es muy bueno, un muy buen escritor de SF, y así apartarle un poco para hacerse algo de sitio ellos.

Vive en Inglaterra, tiene un blog muy interesante en el que contesta incluso a algunos de sus admiradores (como yo, sin ir más lejos) y se está muriendo de cáncer. Voy a seguir hablando de este genio en sucesivas entregas.
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[1] La Anatomía de Gray es una novela mucho mejor que el Ulisses, dice el protagonista y “alter ego” de Ballard, James o "Jim", en La bondad de las mujeres. Lógicamente se está (y me estoy) refiriendo al manual real de anatomía y disección que da título a la serie actual de TV y no a la serie en sí.

8 comentarios:

Emma dijo...

Bien, la vida se hace mas breve para mi cada dia que descubro todo lo que me queda por leer. En cuanto deposite mis pies en Bruselas y sea la funcionaria lectora que nunca me arrepentire de ser ( al menos temporalmente) acudire al asalto de las "Short Stories".

Vanbrugh dijo...

Digo lo mismo que Emma, salvo que yo no me voy a Bruselas ni, desgraciadamente, tengo por qué pensar que vaya a tener en el futuro próximo más tiempo para leer que ahora. Pero haremos lo que podamos. En un arranque de optimismo pregunto: ¿por cuál me recomendarías empezar? (Como si en mi querida biblioteca pública fueran a tener tantos libros de Ballard que se pudiera elegir... Uno o dos, me imagino, y eso si hay suerte.)

Lansky dijo...

Vanbrugh: Compañía de sueños ilimitada (Minotauro y ahora está editando todo Random House Mondadori con nuevas traducciones, no sé si esta ya está)); y las dos novelas de ficción autobiográfica, aunque insisto que la 1ª está muy mal traducida: El Imperio del Sol y La Bondad de las mujeres; si lees inglés están en Harper Collins y la dos últimas en ed. económica en Debolsillo.

Emma, The Short... está en Harper también y creo que en bolsillo.

Miroslav Panciutti dijo...

Que recuerde ahora, de Ballard creo que sólo he leído relatos cortos; tengo en casa un libro que creo que efectivamente es de Minotauro, me parece que se llama Mitos del Futuro o algo así (lo comprobaré esta noche, si me acuerdo) y recuerdo que me gustó, pero tampoco tengo recuerdos muy impactantes. El Imperio del Sol y Crash no los he leído pero (qué vergüenza) sí he visto ambas pelis; Crash me gustó mucho. En fin, que visto cómo lo pones, habrá que hacerse con alguna de sus obras (trataré de conseguirme la de la Bondad de las mujeres, que me ha gustado el título). La verdad es que, con estos posts tan entusiastas, logras transmitir ganas de leer lo que recomiendas. Lo malo es que la lista de lecturas pendientes cada vez se me hace más larga y el tiempo sigue siendo corto.

Lansky dijo...

Miroslav, todos os quejáis de la desproporción entre el tiempo de que disponéis y lo que os queda por leer interesante. Bueno, a todos nos pasa eso, aunque yo cada vez compro más tiempo (uno de los dos pilares del "lujo esencial") para mí (Espacio es más caro aún). Es como si alguien os habla de Birmania y os dice que, fuera de los circuitos turísticos, es un país precioso, y os quejáis de que tenéis que visitar ese y otros del Extremo oriente, y también Canadá y...

Miroslav Panciutti dijo...

Sí, nos quejamos de la falta de tiempo y coincido contigo en que es no uno sino, para mí, el lujo esencial (el espacio lo tengo resuelto). Y a tu analogía le pondría la pega que el que nos dice que Birmania es un país precioso, es el mismo que nos dice que no dejemos de visitar el Extremo Oriente y, poco antes, Canadá ... Vas a tener que montar una agencia de viajes.

Mita dijo...

Buenos días! No sé quién es Ballard, me leeré todo lo que has escrito esta noche con calma. Gracias.
He de decirte que me has dejado sorprendida, muy sorprendida, con tu comentario en mi blog. Me ha encantado.
Besos

Lansky dijo...

Mita,

no me gusta adornarme con plumas ajenas: se me olvidaron las comillas, lo que te gustó es un poema de Mario Benedetti.

Besos para tí también.