
La bruma se pega al césped –aún verde, aunque apagado, por la buena otoñada- de las dehesas y a la superficie del agua en el río y los recodos y abras del embalse. Los troncos de las encinas[1], dominantes, los alcornoques los quejigos y los rebollos, en orden decreciente de frecuencia, surgen como mojones oníricos en un paisaje de colores fríos y sin apenas profundidad. El único colorido, si se me permite la aparente paradoja, o la única perspectiva, por mejor decir, lo dan los sonidos, perfectamente escalonados a las distintas distancias: el del leve sonajero del viento entre las hojas duras de los esclerófilos y las secas pero marcescentes de los robles; nuestras pisadas, más leves y a trompicones por las arrancadas tras los conejos de Jara, más regulares, pesadas y espaciadas las mías. Al fondo, en el agua, se oye a los gansos y a los ánades y en el aire el trompeteo de las grullas. Son nuestros invernantes escandinavos, llegaron hace ya un mes y no se irán hasta que asome la primavera, de solsticio a equinoccio. Todo el camino hasta aquí han estado sonando esquilas de las ovejas merinas (las churras manchegas andan más cerca de los predios del pueblo, junto a la orla de olivares) y los cencerros de las vacas avileñas y alguna “limusín”.
La brisa mueve la bruma por encima del agua, pero levanta la niebla. Llamo a Jara a mi lado y la señalo para que permanezca quieta a mi lado, levantó los prismáticos y los vuelvo a limpiar, empañados por mi vaho: en las orillas, los bandos de grullas, grandes y grises, permanecen silenciosos y podrían confundirse con ovejas, pero ahí están zanquilargas y elegantes; en el aire, en cambio, trompetean sin parar con sus formaciones de vuelo en “V”; los gansos, más recelosos son aún más bulliciosos, como dándose ánimos unos a otros en esa mañana fría. En esa “tierra” de nadie que es el aire tan sólo unos metros por encima del agua, vuelan gaviotas patiamarillas (hay temporal en la costa, a cientos de kilómetros de aquí), mucho más robustas que las más habituales gaviotas reidoras; alguna garza real, bandos de avefrías de redondas alas negras y quejumbrosa voz y hasta abubillas, que de un tiempo a esta parte, como las cigüeñas, están comenzando a renunciar a su viaje invernal a África. Más altos, más lejos y más veloces ejercitan su vuelo en nubes cerradas los estorninos, más insectos coordinados que aves.
Pero la sorpresa está en el agua; nunca he sabido distinguir bien a las anátidas por la voz y la mayoría no son azulones, los ánades reales, como venía suponiendo, sino sus primos los patos cucharas, que han llegado por cientos. También hay algún ánade rabudo, porrones comunes y fochas. En los esqueletos pelados de los árboles que no cubre del todo el agua hay posados un grupo de cormoranes con las alas abiertas para secarse. Estas primitivas aves, al revés que los patos que se impermeabilizan con una especie de cera o grasa para surfistas que toman con el pico de una glándula uropigial y extienden por el plumaje, se empapan totalmente y necesitan secarse al sol, como viejos adoradores egipcios del astro que tímidamente ya asoma; eso quiere decir que ya han estado pescando las bogas que decidieron no remontar el río este otoño o los barbos, cachuelos y bermejuelas más sedentarios del embalse.
Desde el pueblo hemos subido por el ramal antiguo del viejo cordel de trashumancia, un eje principal de las cañadas de la mesta medieval que mantiene un camino de un ancho de noventa varas de marco castellano, unos setenta metros, que viene del puerto del pico atravesando Gredos y bajará hasta las dehesas extremeñas. Un zorro del tamaño y el color aproximados de Jara se nos ha cruzado furtivamente unos veinte metros por delante, y una piara de cerdos ibéricos, negros y patilargos, ha trotado en paralelo a nosotros al otro lado de una cerca; pensarían que les traía pienso, porque el suelo está muy duro para desenterrar bulbos de “poa” o bellotas.
Al regreso pararé a tomar un café en el bar de Hilario, rechazaré la invitación de aguardiente y olfatearé el evocador olor a leña y pan reciente que despide el pueblo.
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[1] Por si alguno quiere ver con el Google de imágenes las especies que menciono, salvo las domésticas como Jara o las vacas y ovejas, aquí va, en orden de aparición los nombres científicos “latinos” de las que menciono.
Quercus ilex
Quercus suber
Quercus faginea
Quercus pyrenaica
Anser anser
Anas spp
Grus grus
Larus Cachinnas (antes Larus argentatus)
Larus ridibundus
Ardea cinerea
Vanellus vanellus
Upupa epops
Ciconia ciconia
Sturnus vulgaris
Anas platyrhinchos
Anas clypeata
Aythya ferina
Fulica atra
Phalacrocorax carbo
Pseudochondrostoma polylepis
Luciobarbus guiraonis
Squalius spp
Achondrostoma arcasii
Vulpes vuñpes
Poa bulbosa
13 comentarios:
Esto es GENIAL. Muchísimas gracias.
Ahora no tengo tiempo, pero por la tarde me lo volveré a leer todo con más calma y te comento.
Besos, pa Hilario también.
Noto que cuando observas a nuestra especie te da el pesimismo, y el optimismo te da cuando observas a otras y además bastante alejadas en la filogénia. ¿y ese desprecio a las vacas y a las ovejas? ¿Que pasa, que no merece la pena ver sus imagenes? pues son bien bonitas.
Siempre he sospechado que los zoologos son bastante misántropos y utilizan la excusa de que los bichos se asustan para estar solos en el campo, cosa por otra parte bastante agradable. Prefiero la humildad del botánico que mira al suelo a la altanería del ornitologo que mira al cielo.
Por cierto ya que hablas de grullas, ¿de donde sacó PLinio y otros eso de que se peleaban con los pigmeos?
Optimismo uno, dices? Optimismo a mil! Pero dónde estuviste, en el paraíso terrenal? Qué maravilla! Aquí, algún que otro lagarto y va que chuta...
Besotes y envidio, optimisticamente, tu buena suerte.
Mita:
gracias; el Hilario te acepta el beso; es gamberro, faltón y brusco con los parroquianos,pero nada misógino, al contrario.
Zwingenstein:
hay dos hipótesis con lo de los pigmeos y las grullas: 1) los pìgmeos serían pigmeos, pero las grullas serían las grullas coronadas africanas, aún más altas que las europeas, o bien, avestruces, que ni decir...Y lo de pelearse, por un quítame allá esas pajas, digo.
Y tenéis mucha razón: la misantropía es una buena razón, no siempre subyacente, para salir al campo a observar. En cuanto a altanería de ornitólogo frente a humildad de botánico (mirar al cielo o al suelo), salvando la obviedad de la línea de "tiro" al observar, la verdad es que más bien es al revés, según mi experiencia con los expertos de uno u otro lado; es decir, los botánicos son más insoportablemente egocéntricos (Rousseau lo era, y es el que acuñó el tópico del libro de la Naturaleza), salvo los pteridólogos, que son encantadores.
Y vacas, cerdos, ovejas y cabras merecen todos mis respetos, en el campo y en la mesa.
Zafferano:
vendrán más optimismos: dos, tres,...aunque, como señala agudamente zwigenstein casi siempre en soledad o en compañia de una, dos o tres personas a lo sumo. Y es que me gustan algunas personas y detesto a la gente, no digo ya las multitudes.
Como comprenderás, todo paraiso tienen su serpiente (Elaphe escalaris, Natrix natrix y Malpolon monspessulanus) y su ángel de espada flamígera; pero sí: paraiso bien buscado y necesariamente anónimo para que lo siga siendo, aunque vos estás invitada.
No te imaginas como he disfrutado buscando fotos de todo. Son preciosas estas aves.
Me guardaré esta entrada, para ver más y leer sobre ellas.
Besos,buenos días!
Sí mita, y mis inseparables prismáticos, los "rolls royce" del género, son de por allá cerca de donde tu vives.
El Vulpes vuñpes es mi favorito. Gracias.
Perdon, Vulpes Vulpes.
Pues señor mío, ya tenemos algo más en común.
La pregunta tonta del día: Por qué en algunos nombres científicos se repite el mismo término? Natrix natrix (precioso) por ejemplo, o Vulpes vulpes. Sabes que en italiano el zorro se llama volpe? De dónde vendrá...
Gracias por tu invitación al paraiso...
Zaffe:
No es ninguna pregunta tonta; las preguntas siempre son listas, tu lo debes saber puesto que "trabajas" (¡Ay!) con niños, pero a veces hay respuestas idiotas; voy a procurar que no y perdón porque me imagino que la mayor parte de lo que sigue ya lo sabes: la nomenclatura limneana de los nombres científicos de los seres vivos se forman por dos palabras derivadas muy chapuceramente las más de las veces del latín (Vulpes, v.gr.) o del griego (Acanthodactylus, p. ej.); la primera, en mayúscula, es el género, que puede compartir con otras especies próximas, como Anas (los patos de superficie, o ánades), y está el Anas clypeata /pato cuchara), el A. platyrhinchos (azulón o ánade real, etc, hasta unos cuartenta); el segundo nombre en minúscula es el nombre específico y suele aludir a alguna caracterictica del bicho o lo que sea: silvestris, domesticus, tarda, etc., pero no siempre, puede ser en honor de alguien: darwiniana, limmnei, marchii; Y a veces al nominador de la especie le parece que es mejor repetir el género en la especie para rearfirmar su singularidad (o la falta de imaginación de él)y así frente al zorro de la India Vulpes bengalensis, o el de Sudáfrica: V. chama, o el del Himalaya, V. ferrilata, Limneo, invemtor del sistema de nominación y nombrador (nominador) del zorro en concreto, reivindica el zorro zorro, que no podría ser otros dado el europeismo imperante que el zorro europeo: Vulpes...vulpes. ¿No te he convencido? ya te avisé de que de haber algo tonto sería la respuesta.
Un abrazo
Gracias por la aclaración, me deja más que satisfecha.
Feliz solsticio a ti también, Lansky lansky y un beso muy grande.
Saludos Lansky.
Gracias por la narración, es encantadora, y de allí, creo, el título de Optimismos. Los comentarios, son muy ilustrativos. Realmente, con esas descripciones me dan ganas de creer que Voltaire se equivocó cuando dijo que “el optimismo es la manía de decir, cuando todo va mal, que todo va bien”.
Sólo una cosa me causó un poco de escozor, y es la referencia al respeto que te merecen en la mesa los animalitos que mencionas, ya ves que comenté ser tu servidor aquí en México parte del movimiento de la defensa de los animales, y bueno, no puedo dejar de mostrar mi inquietud o interés cuando a ellos se hace referencia, sin embargo, lo tomo como lo que es, una buena broma de tu parte, aunque sea cierto que te los comes.
A propósito no se si en tu blog tengas algo relativo a la teoría del crecimiento del cerebro en la historia humana básicamente y a partir de una dieta carnivora, como lo sostiene el autor del “Mono Obeso”, o a la que sostiene que lo fue principalmente y a partir del consumo de alimentos ricos en almidones. Si no hay algo al respecto, por favor, si no es mucha molestia, que dieras tu punto de vista, el cual seguramente será muy acucioso y muy informado.
David, ¡bienvenido! echaba de menos tus comentarios desde esa tierra tuya brava y bella.
Lamento decirte que sí, como animales y algunos de sus productos, como el jamón ibérico, son para mí prueba irrefutable del progreso de las civilizaciones que en otros aspectos pongo en duda.
El mono obeso, mi leído amigo, lo leí hace tiempo y me gustó. No comulgo una por una con todas sus teorías e hipótesis y sí en conjunto. Me lo apunto el tema que sugieres para un futuro inmediato.
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