profesión de fe

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Somos los conocidos superhéroes del barrio –concepto acuñado por Kiko Veneno para definir lo que se podría llamar héroes de proximidad-: Lansky y Superperropequeño. Ambos somos más ciudadanos que patriotas ( y tan rústicos como urbanos), o bien, nuestra patria son nuestros zapatos -o ni eso en el caso de Jara-, la infancia o el sillón de orejas de lectura, pero nos negamos a la ñoñería esa de ciudadanos del mundo. Simplemente, tenemos pasaporte

03/12/2008

Pesimismos (dos)




Creo que el progreso es real en la ciencia y en la tecnología. En la ética y en la política, sin embargo, pienso que el progreso en el sentido de un avance acumulativo, paso a paso y fase tras fase, es en el fondo un mito o una ilusión. De modo que los males que pensamos haber abolido en un determinado momento regresan. Y el mejor ejemplo que puedo dar de ello quizá sea el de la tortura. No hay triunfo que no pueda perderse ni victoria que, con el tiempo, no acabe perdiéndose.”[1]

No os imagináis hasta qué punto me gustaría disentir de la lapidaria frase citada “supra”, pero no puedo porque estoy absolutamente de acuerdo con ella. De hecho, y os aseguro que no es tonta vanidad, creo tener escrito yo algo muy parecido por ahí. A John Gray le han colgado la etiqueta del pesimista de guardia, en la ilustre estela de los Schopenhauer y Nietzsche de turno. En realidad es un tipo brillante y casi de mi edad (1948) con formación filosófica, económica y sociológica que ha sido profesor de teoría política en la Universidad de Essex, de Oxford, de Harvard y de Yale; establecimientos todos donde no contratan precisamente a mediocridades. Actualmente creo que es profesor en la no menos prestigiosa London School of Economic, que es todo menos una simple escuela de economía, aunque sí que está en Londres (y en un bonito sitio, por cierto).

En realidad, Gray se ha hecho relativamente famoso, no sé en sus clases, pero sí en sus comparecencias públicas y sus polémicos escritos, por su habilidad para desmontar lo que aquí llamamos ‘tópicos’, allí ‘lugares común’ y en Francia ‘ideas recibidas’; es decir, de las consignas y mantras de moda: es un azote de la corrección política y del ‘buenismo’ al uso (¿Alianza de Civilizaciones?, sí, claro, y misas concelebradas de curas, imanes rabinos y agnósticos; esta ironía es muy doméstica cosa mía y no del pobre Gray). En fin, que Gray manifiesta un estructurado y hondo pesimismo de refutación, para desconsuelo del eterno optimismo político, poco menos que imposible. Pero a mí me gusta por lo mismo que a todos nos gustan otros pensadores, ya lo he dicho al principio: porque confirma mis propias ideas, aunque aún estoy a la espera del venturoso optimista que con igual solidez y sin voluntarismos que valgan me las desmantele. Pero dejemos a Gray, aunque os lo recomiendo vivamente.

Lo peor de este mundo, al margen de su manifiesta injusticia, su mortal arbitrariedad, sus absurdas imposiciones, todas ellas fruto de los sueños que producen monstruos que denunciaba Goya, otro prodigioso pesimista, es que suele dar la impresión de que las cosas no pueden dejar de ser como son. Esto es, que al igual que la atracción de la gravedad o la rutina de las mareas y de la circadiana sucesión del día y la noche o la puntual llegada de equinoccios y solsticios, la globalización, por poner el caso más flagrante y realmente existente, sin ir más lejos, es un proceso irreversible. Supongo que para los plantadores de Virginia la esclavitud de unos tíos más morenos era igual de 'inopinable', o la sumisión de la mujer, o el trabajo infantil, y, hoy por hoy, la opulencia de nacimiento de un 30 por ciento del mundo frente a la miseria del 70. Cosas ‘impepinables’, que diría un castizo. Esta es desde luego mi veta no pesimista, ya que tampoco es exactamente optimista, que me guía; la que me hace rebatir la idea de que la Historia “es lo que es”.

Pero no. La historia es un proceso en parte caótico, como la meteorología, no como la astronomía: se puede predecir un eclipse para dentro de varios siglos y errar por un microsegundo, pero es difícil que me asegure si va a llover sobre mi pueblo un día determinado de la próxima semana, no digamos del próximo mes o del siguiente año. Eso se llama Caos, así, con mayestáticas mayúsculas, y define procesos deterministas pero dificilísimos, por no decir imposibles de determinar porque, entre otras cosas, su dependencia de leves diferencias iniciales determinan resultados muy distintos al final. Como esa leve alza de centímetro en la mira de un cañón que provoca diferencias de cientos de metros en el impacto del obús. Así, pero con el cañón bailando la conga y girando por el espacio/tiempo, no sé si me explico. ¿Quién pronosticó la caída del muro de Berlín, la masacre de las torres gemelas o el reciente crack financiero? Ahí radica el fracaso de la Información del Estado en los asuntos más claves y relevantes. En el fondo los servicios secretos son tan solemne y pomposamente incompetentes -como genialmente delata mi adorado John Le Carre- porque son pretenciosamente necios, al no comprender que su incompetencia es espistemológicamente inevitable.

Estamos pues ante procesos complejos, más aún que los meteorológicos, porque interviene el más impredecible de los seres, el humano, que tiene una ‘razón’, un cerebro poderoso, pero que siempre se guía por razones que esa razón apenas entiende, y aquí hablo tanto del amor, escaso, como de los odios, tan abundantes como absurdos. Dos mandatos de casi imposible cumplimiento, el socrático ‘conócete a ti mismo’ y el cristiano ‘ama a tu prójimo’. No mientras haya metecos, maketos, bárbaros, gentiles, guiris, sudacas, charnegos, negratas, goyines, infieles, muslines o bwanas… ¿O acaso esos son el prójimo?

De momento quedémonos con una extraña certidumbre para aguardar entregas pesimistas posteriores. Extraña porque no proporciona exactamente consuelo, pero tampoco engaña. La certidumbre, sin paradojas ni resignaciones que valgan, es que precisamente la incertidumbre es nuestro verdadero hogar. Así que no es sólo que sea preferible caminar con una duda que con una fanática certeza, sino que no nos queda otra.

Seguiré opinando desde mi pesimismo relativamente informado.
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[1] John Gray: Tecnología, progreso y el impacto humano sobre la Tierra”. Katz/CCCB, Buenos Aires, Madrid, Barcelona, 2008. Colección dixit. (esta colección son unos libritos que no exceden las cien páginas en alargado formato de bolsillo con un texto de algún pensador y una entrevista relacionadas con su paso por el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona. Los seis títulos editados hasta la fecha son todos, sin excepción, interesantes.)

22 comentarios:

rocio prima dijo...

Relacionado con lo que escribes en tus post pesimistas, hay dos blogs interesantes:

neuroeconomía.cl/blog/

Biopolitica-biopolitica.blogspot.com

Lansky dijo...

Gracias, Rocío. Contra lo que algunos ingenuos anfetamínicos creen, no todo está en la Red, pero sí mucho. Pasaré a verlos.

Jokin dijo...

Perdona que te lo diga aquí, en tu blog. Preguntabas en Liberty por el título del libro de Manchette: LA LUNÁTICA EN EL CASTILLO.
Un saludo

Miroslav Panciutti dijo...

Ay los tópicos, lugares comunes o ideas recibidas. Me ha gustado ese calificativo de mantras de moda. Hace poco convenía con un amigo en que cada vez más gente llama pensar a algo que no es más que la dócil y monótona repetición de esos mantras.

En fin, John Gray, encantado, otro que habré de conocer.

Zafferano dijo...

Bien! Entregas pesimistas posteriores! Lo estoy deseando...!
Yo suelo estar hecha un mar de dudas, por tanto voy por buen camino, porque el que nada duda, nada sabe, aunque el que nada duda, nada mejor. Por tanto nada de dudas, y ante la duda, la más...

Un besote certero!

Lansky dijo...

Jokin: gracias, cualquier sitio es bueno y, en efecto, La lunática en el castillo.

Miroslav:sí,mantras, en lugar de OHHHm, OHHHM, desarrollo sostenible, encuentro de civilizaciones, etc., etc., haré un post de eso en elfuturo. El J. Gray que recomiendo es muy breve, se lee en un rato.

Zaffe: sí, a mi también me levanta el ánimo los escritos de los buenos pesimistas. Tus besos "certeros" siempre son un acierto.

Anónimo dijo...

Cada vez es más complicado dar con ideas -o, mejor, planteamientos- originales dentro del ámbito del pensamiento. No así dentro del campo de la ciencia en el que queda aún todo un mundo por explorar. A corto plazo, en las áreas de la medicina y la química, que van de la mano. Más a largo plazo en el ámbito de la física y, en concreto, en lo que se refiere a la conjunción espacio tiempo.

Aceptado lo anterior, que prácticamente casi todo está ya dicho, asumir asimismo que el común de las gentes a la hora de pronunciarse, de opinar, suele decantantarse casi por unanimidad por la postura oficialista. ¿La razón?. No debemos olvidar que va a ser siempre la más difundida, la más publicitada, y en la época en la que vivimos el nivel de credibilidad y aceptación de las diferentes opiniones depende del tratamiento que se les de en la televisión. Si el tratamiento es único en todas las cadenas ¡borregada al canto!. Si son distintos -como casi seguro que por razones de idelogía primaria, además van a ser contrapuestos - topetazos y descalificaciones entre los rebaños. No se sabe que es peor.

El fin de semana promete. La vida es bella!.

EL_CLAVADISTA_SOLITARIO

Lansky dijo...

Clavadista, sin embargo, Schopenhauer decía aproximadamente (no tener mi biblioteca a mano estimula no sé si la imaginación o la memoria) que era más dificil ser filósofo que físico, porque no se trataba tanto de "ver" lo que nadie antes había visto, como de viendo lo mismo que todo el mundo, "verlo" de otra forma.

El pensamiento único (aunque haya varios, un "único" por bandería,p partido o consigna), como dice Ramonet, u "oficialista" como dices tú es una forma de "no" pensamiento. Aunque te equivoques sistemáticamente (como es tu caso en tus debates conmigo, je, je, je, es broma hombre)pensar por uno mismo estimula el músculo mental y además descubrir la pólvora nuevamente no es lo mismo a que te la den ya descubierta.

Lansky dijo...

Por cierto, Julián, ahí en Barcelona se (tu) madruga que te cagas (¿Para cuando vais a prohibir las visitas a Gaudí y volver a ser una ciudad normal y agradable y no un parque temático para japoneses y meones del ravall?; también es broma -en parte.)

Mita dijo...

Shopenhauer no es un pesimista.Eso también es una idea recibida. Me han gustado mucho esta últimas entradas. También es interesante la relación de Goya con el pensamiento ilustrado y las ideas literarias en sus cuadros. Como la soledad y el asombro del hombre, en el cuadro "el perro"; como el pensamiento de aquel señor tan curioso y polémico que se dedicaba a hacer los almanaques-pronósticos-de futuro (al margen de su gran capacidad irónica para desguazar la realidad que le rodeaba), olvido ahora su nombre: El de si en una cátedra enseña un gran burro, solo pueden salir burritos de los bancos.
Besos

Mita dijo...

Ahora he recordado el nombre: Torres Villarroel
mas besos

Lansky dijo...

Hola Mita, te echaba de menos por aquí. Lo de duplicar tus comentarios supongo que implica que tienes dificultades para dejarlos, ¿quieres que suprima uno? Claro, el preclaro Torres Villarroel, convendría revisarlo. En cuanto a Schopenhauer, por supuesto que, en mi opinión y en la de muchos, es un insigne pesimista, pero ya lo he dicho ahí arriba, a mi los pesimistas me levantan el ánimo.

Anónimo dijo...

A estas alturas del partido la cuestión no estriba en tener razón o dejar de tenerla, como años ha era menester en toda discusión que se preciase de tal, sino simple y llanamente en no soltar gilipolleces. Punto.

Lo de los parques temáticos. Cualquier capital occidental medianamente bonita presenta hoy en día, que ya no viajan sólo los ricos, un flujo itinerante de turistas los 365 días del año. Si es fea, no.

Si el motivo fundamental del auge turístico de Barcelona es Gaudi (que yo creo que sí, aunque hay otros muchos) bienvenido sea que así sea. Gaudi era un genio. Y sus obras, geniales.

En efecto, madrugo mucho. No como tú, cabronazo, que si me contestas a esas horas seguro que es porque has estado toda la noche por ahí de farra y no has llegado a acostarte ¿qué tal esos churritos en San Ginés?.

Por cierto ¿en San ginés seguirán haciendo churros o se los llevaran a medio freir de algún polígono industrial allende la M-40?. Seguro que Vanbrugh nos lo aclara.

¡¡¡¡Vanbrugh!!!!

el_clavadista_solitario

Mita dijo...

Shopenhauer es un "melancólico que piensa", pesimista?? Llevan toda la vida diciéndonos eso.
Besotes

Lansky dijo...

clavadista,

uno, llevas más razón -la quieras o no- que santa guillermina mota; ergo, qué bien se vive en los sitios feos (tengo un amigo que tenía una casa preciosa en un sitio histórico artístico monumental y tal, no diré cuál, pobre, la vendió harto de que le hicieran fotos los japoneses mientras desayunaba en el jardín)

Dos, gaudí era un genio, sí, y un meapilas, pero los gaudianos sólo son eso, meapilas, y no son genios.

Mita (tres), puede que tu "melancólico que piensa" no sea lo mismo que mi intelectual pesimista, sobre todo si pesimista para tí es un triste que da la vara y no piensa, pero para mí, no es eso.

Mita dijo...

No es que de la vara y no piense, es que su concepto del mundo es antipositivo, y eso no es Shopenhauer.Es un idealista melancólico que le debe mucho a Spinoza. Cuando vine a Frankfurt por primera vez, le fui a visitar a su tumba, por si levantaba la cabeza.(A mi modestísimo entender)
Besos

Lansky dijo...

Lo siento mita, por apresurarme he abierto y te he contestado en mi siguiente post, pesimismos (tres), pero creo que este debate es meramente de terminología. También adoro a Spinoza y también es para mí un pesimista intelectual.

Vanbrugh dijo...

Los churros de San Ginés, Clavadista, los fabrican en un polígono industrial, sí, pero del valle del Yang Tse. El mismo en el que fabrican la butifarra amb mongetes que se sirve en la mitad de los bares de carretera de Cataluña. Es una fábrica que montó hace ya veinte años un industrial de Mataró, un ciudadano ejemplar, de la ejecutiva provincial de CiU. Aunque hace años, cuando su primogénito estuvo a punto de afiliarse al PP, el le prometió a la Moreneta que si curaba el españolismo de su pobre hijo votaría a Esquerra el resto de su vida, y así viene haciéndolo en secreto desde entonces, porque la Virgen atendió su ruego y ahora el chaval vive en Rentería y se ha hecho nacionalista vasco. Su padre está muy orgulloso. Lo detuvieron en Hendaya el fin de semana pasado por seguir a un empresario francés, precisamente un socio de su padre en la fábrica china. Creo que a eso se le llama globalización.

Vanbrugh dijo...

No lo entiendo. Habitualmente llaman optimistas a los que, para soportar que el mundo sea como es, necesitan hacerse ilusiones acerca de él. Y a los que, a pesar de saber que es exactamente como es y negarnos a ninguna clase de engaño al respecto, seguimos disfrutando del buen olor del aire y de la maravilla de estar vivos, nos llaman pesimistas. No lo entiendo.

Yo creo que es justo al revés. Optimista, a mi entender, soy yo, que a pesar de saber, por ejemplo, que Obama será tan Presidente de EEUU, es decir, tan hijo de puta, como todos sus antecesores y sucesores; y que, llegado el caso, bombardeará, invadirá y mentirá como todos ellos -por eso está ahí- sigo pensando que la vida merece la pena y el mundo tiene esperanza. Pesimista, en mi opinión, es el que, para eso mismo, necesita contarse historias sobre negros demócratas que alcanzan heroicamente la presidencia.

Una cosa es diferir en matices de terminología, y otra usarla exactamente al revés.

Lansky dijo...

Vanbrugh, vanbrug, dos cosas, como tus dos comentarios:

Bonito cuento, Vanbrugh, el del hijo nacionalista, aunque se te olvidó comentar que ese milagro de conversión no fue tanto debido a ninguna intercesión mariana como a una operación exitosa de extirpación de gran parte del lóbulo frontal del cerebro del interfecto (parte superflua de la corteza cerebral donde radica la empatía y el pensamiento abstracto y el concreto también, al parecer)

Otro asunto: no nos pasemos, vanbrugh, Obama no va hacer la revolución solidaria y humanista, incruenta y perfecta que algunos parecen suponer, no está en ese sitio para eso ni está en ese sitio por eso y de hecho está en ese sitio porque no es eso. Aclarado, ahora bien, dentro de que todos los políticos que "llegan" se dedican a administar la realidad y no a cambiarla (a mejor), hay diferencias; es decir, no todos los políticos son iguales y este hombre, a poco que se esmere lo hará mejor que el descerebrado asesino anterior.

Vanbrugh dijo...

No hay contradicción, Lansky. La intercesión mariana se realizó lobotomía mediante. Fué asi: su padre lo matriculó en Deusto, para alejarlo de la pija rubia del PP que le llevaba por mal camino. El clima lluvioso, la abstinencia sexual, el chiquiteo y la poca costumbre de estudiar le provocaron tremendos dolores de cabeza, y acudió a Urgencias, en donde se produjo una pequeña confusión: le desviaron por error al Programa de Normalización Euskera de Tallas de Txapelas y le extirparon el lóbulo ese que dices, tras de lo cual dejó los estudios, se mudó a Guipúzcoa y entró en contacto con unos abertzales muy simpáticos, que dieron un nuevo sentido a su vida. Como él mismo decía: los caminos del Señor, oye, que son muy suyos, joder, me cago en la hostia, pues.

En cuanto a Obama, pues sí, seguro que lo hace mejor que su lamentable antecesor. Solo con que cierre Guantánamo, ya habrá hecho algo. Pero reconoce que decir eso no es decir gran cosa, y que poner nuestra esperanza en lo que quiera y pueda hacer el Presidente de EEUU no es optimismo, sino uno de los últimos grados de la deseperación.

Por otra parte, la verdad es que si algo me da miedo en este mundo son los gobernantes que se proponen cambiar la realidad. Especialmente si es a mejor.

Lansky dijo...

vanbrugh, el último párrafo de tu comentario anterior me "pisa" mi próximo post, "pesimismos, 4" (creo, voy perdiendo la cuenta), así que a ver si estamos a lo que estamos, joé...