
Arde Bombay. Voy a la estantería donde atesoro a Schopenhauer, Nietzsche, Cioran, Benjamin…recientemente John Gray[1]
Entre el optimismo de la voluntad y el pesimismo de la razón no hay muchas opciones, salvo la propia y balanceada combinación de ambas propuestas. Los optimistas suelen ser gente agradable, siempre que no se dediquen a ser estomagantes y ñoños propagandistas de sus muy personales y eufóricas o endorfínicas impresiones. Los pesimistas, por el contrario, quizá no sean siempre una grata compañía, pero son de fiar porque suelen ser muy lúcidos y también tener razón, a menudo sin quererla tener. Y es que al intentar entender este mundo enloquecido uno se da cuenta de que los dados están cargados: patria, Dios, raza..., pero el veneno, ay, el veneno es auténtico y mata.
El caso es que la razón, pesimista o no, es el motor explícito e implícito de la cultura de Occidente, al menos el declarado desde Aristóteles en adelante y aún bastante antes. La posesión del ‘logos’ define al hombre. Pero la historia, perdón, la Historia, como la mera actualidad, no se explica, o no se explica sólo, por motivaciones racionales, eso lo sabe cualquiera que mire a este enloquecido mundo con un poco de desapego. Y por eso, entre otras cosas, arde Bombay.
Supongo que lo habréis notado todos, salvo quizá los más jóvenes, que creo que no me visitan: el mundo es cada vez más pequeño y va cada vez más deprisa. En otras palabras: este mundo, el único que tenemos, es cada vez menos un mundo. A eso algunos semicultos, aficionados a la repetición de irreflexivas consignas y mantras de moda lo llaman globalización.
Tanta “globalización”, compensada con lo opuesto: tanto nacionalismo localista y otros auges micro territoriales, y tanta aceleración en el fondo tal vez se reduce a que cada vez somos más y tenemos menos sitio, por un lado, y por otro, que no hay futuro, porque el presente instantáneo (¿cuál si no?) le anda pisando los talones. No hay futuro. No hay proyectos de futuro. Sólo resultados inmediatos. En parte al menos, eso explica la codiciosa ignorancia de todos esos gestores financieros que nos han llevado al borde del precipicio económico. Pesimismo: después de mí el diluvio, o el que venga detrás que arree.
Los grandes delincuentes militares de la historia, es decir, los estados y las naciones, bendecidos cuando hace al caso por sus popes, papas e imanes, y los grandes delincuentes económicos, los transnacionales y muy internacionalistas ‘condottieri’ de esas mismas naciones, los financieros, juntos pero no revueltos. Pero esta gran delincuencia pocas veces –ahora sí, y en el 29- crea alarma: es respetable, porque se trata de primeros ministros, presidentes, monarcas, papas, presidentes de países o de bancos. Gente encorbatada y con zapatos lustrosos. Por eso decía Bertold Brecht, “qué es robar un banco, comparado con fundarlo”.
Así que habitamos este único mundo, pequeño y veloz, cada vez más pequeño y cada vez más acelerado, que tampoco tiene futuro o, mucho futuro, si preferís. Resulta inevitablemente lógico, por tanto, el principio anti ético del rendimiento rápido. Es una conclusión lógica del escepticismo mejor informado, de no creerse el progreso los mismos que tanto lo venden y predican.
Decíamos ayer que el único punto oscuro (no hago chistes ni vale la paradoja) a bote pronto de ese espléndido, culto, elegante y educado maestro de ceremonias que es Obama es encontrar alguna razón por la que opta a un trabajo tan sospechoso y escasamente digno como presidir Estados Unidos. Pero muertos o retirados los Gandhi, Olof Palme, Willy Brandt, Nelson Mandela, Pratap Singh, Allende y un muy lamentablemente corto etcétera, hay poco donde elegir. Zapatero es casi tonto, claro, de talante sólo no se puede vivir; el talante es la sopa boba de la política. Berlusconi también es tonto, el clásico listo tonto, y además tosco y grosero, con ese pelo implantado a lo Bono (otro que tal) encima de unas respectivas y espantosas sonrisas: cual respectivos y espantosos muñecos de ventrílocuos. Sarkozy parece un vampiro involucionado; sin la elegancia del gran Drácula, corto de talla y sobreactuante: Bush, bueno a Bush no se le podría encomendar ni un puesto de castañas en nuestras calles a riesgo de provocar un pavoroso incendio urbano, y encima tiene unos amigos de cuidado, etcétera.
Es decir, al revés que entre los deportistas o los científicos puros, y tal vez los ebanistas, no parece que la selección de los mejores funcione entre los políticos, más bien al contrario. O bien, lo que se selecciona son otras “cualidades”, como el oportunismo, la falta de escrúpulos y el respeto absoluto a la teoría de la gravedad social, que es dar patadas hacia abajo (y a los lados más ponderadamente para hacerse sitio) y lamer culos hacia arriba (hasta que toque que te lo laman a ti, muchacho, y entonces habrás llegado). En cualquier caso, sé que la ironía, el humor, la melancolía, la capacidad crítica, la vena intelectual y el rigor no son cualidades abundantes ni estimadas ni buscadas entre y por los políticos. Sólo sabemos que su ausencia decretada por uno sólo (“Haga como yo y no se meta en política” recomendaba el dictador Franco) es aún peor. Mucho peor. Y eso les vale.
Pero el problema es que no está suficientemente evaluado si la mera estupidez no causa más dolor que la pura maldad, no digamos la combinación de ambos que denunció Anna Arendt bajo la etiqueta de "La banalidad del mal" (los malvados son siempre tontos, a fin de cuentas, o la maldad es una forma de estupidez). Y hablando de mezclas, qué decir de la de codicia e ignorancia, más explosiva que el TNT y de efectos parecidos en cualquier paisaje que abandonemos en manos de alcaldes, promotores y presidentes de comunidades autónomas. No, no penséis que estoy dejando aflorar ese anarquismo que hay en mí y que es lo mejor que hay en mí. En esto de la política es posible realmente que alguien tenga que hacerlo en vista de que de momento el progreso ético es ilusorio y no parece que seamos capaces de resolver nuestros problemas entre todos.
Sólo pido entonces dos cosas muy sencillas, que no simples, a los políticos, a los nacionalistas, a los gestores, a los economistas; primera: que intenten resolver los problemas, y si no pueden, no pasa nada, pero entonces, que no los creen. Y segunda, que usen las palabras bien, honestamente, para nombrar las cosas y describir los fenómenos, para intentar las siempre provisionales aproximaciones a la verdad, porque si no lo hacen –y no lo suelen hacer- el mundo será (es) mucho peor de lo que podría ser.
Yo, por mi parte y sin ir más lejos, reconozco, remedando a Mae West, que cuando soy bueno soy muy bueno, pero, cuando soy pesimista, soy mucho mejor. Y encima hoy es lunes y como dijo Gil de Biedma va a resultar que los días laborables llevan razón. Siempre.
[1] John Gray: Tecnología, progreso y el impacto humano sobre la Tierra; Katz editores, 2008. Mi último descubrimiento que será tratado más por extenso en una entrada (post) futura.
15 comentarios:
La verdad es que, con todos los pertrechos con los que has pintado al pesimismo de la razón -y no me parece que hayas exagerado ni un poquito- el optimismo de la voluntad lo tiene bastante crudo. Tus peticiones finales, únicas armas con las que cuenta el pobre optimismo, son bastante modestas y no creo que, ni atendidas, bastaran para remediar gran cosa del desastre; pero es que, encima, tampoco creo que vayan a ser atendidas. Mal veo que vayan a resolver ningún problema los que viven, precisamente, de crearlos. Pero que utilicen el lenguaje para tratar de aproximarse a la verdad los especialistas en usarlo para enmascararla, falsearla y extraviarla, eso sí que es pedir peral al olmo. Como decía el cura del chiste, démonos por jodidos.
Optimismo de la voluntad...a veces no hace falta casi ni ponerle voluntad, si, por poner un ejemplo, notas en la piel la brisa que desprende el vaivén oscilante de unas caderas de mujer. Es decir, qué le voy a hacer si me gusta la vida (por eso aún me cabrea más que nos la jodan)
Mi santa madre decía: "Prefiero el malvado al necio, porque el necio no descansa" Lo malo es que da la impresión de que en muchos casos parece que el malvado y el necio se unen en un sólo individuo y consiguen llegar hasta un puesto de poder político, y entonces digo como el cura del chiste de Vanbrugh: nos podemos dar por jodidos. Que es lo que viene pasando mayormente de unos cuantos miles de años a esta parte.
Creo que si, que hoy es lunes y me he dejado mi proverbial optimismo (de la voluntado o de la razón, qué mas da) en casa, por el frío.
Que hoy es lunes???
Jajaja, Lansky. Me he reído a carcajadas con tu descripción de ZP y compañía. Me alegro de que hayas elegido un lunes para publicar, me lo pones más fácil...
Un besazo!
Hola!
A mi lo que me ha parecido más gracioso es el comentario sobre Bush. Tragicómico. Una forma perfecta de definir al tipejo sin recurrir a los topicazos al uso.
En cuanto a los políticos. Alguien se tiene que dedicar a eso. Tú, no; yo, no; vale ¿somos mejores qué ellos? No creo. Detrás de un puesto de concejal se encuentran muchos sábados perdidos votando a mano alzada en comisiones absurdas mientras tú y yo los dedicabámos a hacer cosas ciertamente más gratificantes. Intento -ahora- que lo visualicen: ¡ni de cojones me van a nombrar a mi presidente de la comunidad de vecinos!. Pero tiene que haberlo. Y tiene que haber alguien, una persona, que haga de presidente de mi comunidad de vecinos. Mejor entonces que ocupe el cargo aquel al que eso lo apetezca. Y yo, que considero esa tarea aborrecible, no voy encima a indignarme con la criatura.
Abrazos!.
Mira Julián sé que es incurrir en el topicazo el recelar de las motivaciones de los políticos, pero, estadísticamente, creo que buscan poder y no dar demasiado golpe, privilegios para unas mediocridades que se lo tendrían que currar mucho en otros campos o profesiones para obtener tales cosas y rentas. Por supuesto, no es lo mismo, con o sin todos mis respetos, ser concejal de festejos en Marmolillo de Abajo que Presidente de EEUU, pero, precisamente porque sé que todo es político y que la política (remedo a Clemenceau con lo de la guerra y los militares) es demasiado importante para dejarla "sólo" en manos de los políticos, precisamente por eso, aplico la norma de modificada de Marx (Groucho) de no estar dispuesto a pertenecer a un club (el de los políticos profesionales) que admite a personas como ellos...De todas formas no pretendo convencerte yo: basta con que escuches durante un minuto a cualquiera d elos portavoces de los partidos, no te digo ya a un concejal de urbanismo procesado por corrupción.
Los politicos no son ni mejores ni peores que el resto de la ciudadanía. Pero son los que mandan. Y eso a los que no mandamos nos jode.
Ojo, hablo de "ciudadanía", no de ciudadanos concretos con nombres y apellidos. Y a estos, para intentar demostrar que los políticos no son peores ni mejores que el resto de la ciudadanía, podrían oponérseles, así mismo, políticos concretos con nombres y apellidos (ej.: Fernando Morán, Eduard Punset...)
Un abrazo.
el_clavadista_solitario
Clavadista, no estoy de acuerdo, pero nada que objetar, salvo indicar que tu pesimismo es mucho más atroz que el mío: yo opino que -pongamos...- 9 de cada 10 políticos en activo son impresentables, y tu opinas lo mismo de 9 de cada 10 personas sin más: si llevas razón, y quizá la lleves, es tremendo y justifica mi tendencia a la misantropía.
Pero es que la sociedad juzga impresentables a los que se salen del rebaño ¡no hay más que acordarse -ya que le he citado- de los chistes imbéciles que se hacían a costa del pobre de Morán, muchísimo más brillante que toda la caterva de chistosos que pretendían burlarse de él.
Ay qué joderse, Lansky! Ay qué joderse!.
julian bluff
Se puede afirmar de cualquier grupo humano que no es ni mejor ni peor que el resto –afirmarlo con razón, quiero decir– cuando lo que lo define como grupo es una circunstancia aleatoria, no elegida o cuando, aunque se trate de una característica elegida, no está especialmente relacionada con ser “mejor o peor”: “Los rubios no son mejores ni peores que el resto de los ciudadanos”, “los tenderos de ultramarinos no son mejores ni peores que el resto de los ciudadanos”, “los andorranos no son mejores ni peores que el resto de los ciudadanos”…
¿“Los voluntarios de la Cruz Roja no son ni mejores ni peores que el resto de los ciudadanos”? Hombre, pues habría que ver cada caso, pero en general, parece que el hecho de que presten desinteresadamente su tiempo y sus habilidades en beneficio de la sociedad permite suponer que sí son algo mejores que el resto de los ciudadanos que no lo hace así. ¿”Los asesinos en serie no son peores ni mejores que el resto de los ciudadanos”?...
Los políticos han elegido serlo. Los motivos por los que lo haya hecho cada uno de ellos serán siempre una cuestión de su intimidad, pero como su actividad es pública y notoria, hay muchas pistas para conjeturarlos. Y ya no pistas, sino evidentes pruebas para valorar las consecuencias de su decisión de ser políticos. A la vista de unas y de otras, de una significativa mayoría de ellos me creo en perfecta situación de afirmar, convencido: “Los políticos son bastante peores que el resto de los ciudadanos”. Más ambiciosos, más prepotentes, más superficiales, más vanidosos, más interesados, más inescrupulosos, más oportunistas, más despiadados, menos cultos, menos reflexivos, menos sensibles. ¿Sigo?
¿Necesarios? Sin duda ¿Iguales? Sin insultar, oiga…
(!Ay!, Clavadista, es lo que me dan ganas de exclamar a mí cuando veo la forma de la que escribes "hay que joderse".)
¡Ay que joderse con el Vanbrugh!.
Ay ay un hombre que dice ay.
No se como se les denomina a los lapsus linguae en los que se incurre redactando en lugar de hablando, pero justo eso es lo que me ha ocurrido en mi anterior intervención escrita. En cualquier caso, lo siento. La próxima vez procuraré tener más cuidado.
Abrazos.
el_clavadista_solitario
"Ahí" arriba, en el comentario que "hay" escrito arriba por vanbrugh, ¡ay! estoy de acuerdo; sí, naturalmente estoy de acuerdo con el comentario de vanbrugh.
Incluso no sólo se puede argumentar que los políticos son peores, como conjunto estadístico o "media" que la media de los ciudadanos, y que los voluntarios de la cruz roja, por seguir su ejemplo, son mejores, sino que los ebanistas (improbable ejemplo que ponía yo en mi post)son así mismo mejores en cuanto que ebanistas que los políticos en cuanto que políticos, porque, cada uno en su oficio (y beneficio) un ebanista inútil es rápidamente eliminado por una suerte de selección cuasi natural, pero un inútil en política (inútil para los ciudadadnos a los que supuestamente sirve, no a sí mismo, su partido y sus "patronos") será hasta promocionado por ello.
La expresión tradicional, Clavadista, era "lapsus calami", llamando cálamo, sin ánimo de ofender, al cacharrito con el que se escribía. Ahora que escribimos con teclas, cuya raiz y posible equivalente latino desconozco, se me ocurre que podríamos hablar de "lapsus clavis", llamando "llaves" a las teclas, como hacen los ingleses. Pero no es más que una sugerencia.
De ahí, lo de "calamidad", según Isidoro el de Sevilla
Respecto a malvados y necios ... ¿Conoces la teoría de Carlo Cipolla magistralmente expuesta en Allegro ma non troppo?
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