31/07/2008

Arte (mini relato)




(*) Raquel Marín




Al casarse, se había hecho miembro de una cooperativa de la amargura, asegurándose una vida sin laureles; siempre en casa, pero las pequeñas reparaciones y los trabajos domésticos, igual que el pequeño negocio de abajo, estaban bien vistos por el tacaño de su marido.

Cogió una silla de la cocina, de madera de pino y asiento de enea tejida, y la colocó de pie sobre unas hojas de periódico abiertas. Abrió el bote de pintura haciendo palanca con el mango de la brocha fina. Empezó a extender el color, amarillo huevo, de arriba hacía abajo. Cuando casi había acabado se dio cuenta de que no le gustaba el color. Abrió otro bote, esta vez de un azul plomizo y comenzó a pintar de nuevo. Manchas de color como patas de arañas se iban disponiendo en las grandes hojas entintadas del diario. Apartó la silla y examinó las hojas llenas de significativas salpicaduras amarillas y azules. Montó la doble hoja sobre un cartón, a modo de “passpartú”, la enmarcó y la bajó a la galería después de firmarla con un seudónimo. Casi tardó más en secar la silla que en vender el dibujo. Había nacido una nueva artista en el Soho.
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(*) Raquel Marín (ver post anterior); a menudo dibuja sobre, y por tanto, usa de fondo a sus delicadas viñetas, papel de estraza beis levemente acanalado (ese, o el azul, con el que forrábamos los libros del colegio en vano intento de preservarlos) o cartón del mismo tono. Y es lista como una ardilla o un filósofo.

Filosofía en pantuflas 1 (mini ensayo)

Raquel Marín (*)


Tras las múltiples lecturas de toda una vida, y observaciones directas del entorno he llegado a la conclusión de que los optimistas no obedecen a la lógica, pero son muy intuitivos y que los pesimistas, como cabría esperar, actúan justo al revés. Los optimistas piensan –en realidad “sienten”- que no hay problema por grave que sea que no se solucione simplemente olvidándose de él. Eso no obedece a ninguna lógica, pero su intuición les dicta que llevan razón. Los pesimistas piensan que partiendo de la premisa de que la vida “es” el problema, la vida no tiene solución, porque el problema no puede formar parte de la solución. Es de una lógica irreprochable; los muy mamones se merecen…que les demos la razón.

Ejemplo práctico: los optimistas piensan que vivimos en el mejor de los mundos posibles. Yo no soy tan pesimista como para darles la razón en eso. Ya lo dijo Santa Teresa y lo recordó Truman Capote: “Se derraman más lágrimas por las plegarias atendidas que por las no atendidas.”
(*) Copy: La viñeta de arriba es de una delicada e inteligente ilustradora, Raquel Marín (blogspot: visitarla), uno de "mis" últimos descubrimientos.

30/07/2008

Parecidos



¡Un poco de frivolidad veeraniega! Aunque me avala la genética: tienen un 99 % de patrimonio genético común (y yo, y tú)

Mi canon de novela negra





En vista de lo bien que entráis al trapo (expresión taurina; uno de mis odios veraniegos: los festejos taurinos; lo advierto, siempre me pongo de la parte del toro, de la parte de la bruja en la pira, de la parte de los leones en eso de los circos romanos, de…) os voy a dar mi ranking o canon de novela policial. Porque el verano es tiempo de emprender grandes retos lectores, como Guerra y Paz o en busca del tiempo perdido o incluso Submundo, pero también de pillar (siempre en bolsillo a ser posible) en el quiosco de la estación esa novela negra con tan buena pinta. Advierto que no hago distingos entre dos géneros muy distintos, la novela de deducción, de enigmas o la novela negra, y no lo hago, porque si os fijáis bien los editores tampoco lo hacen y mezclan en sus colecciones ambos géneros. Ya sabéis que yo lo practico a nivel modesto (mi personaje heterónimo Lansky y sus cuentos de asesinatos siempre bien resueltos…por el asesino)

De los anglosajones, reyes sin duda del tema, me quedo con Chandler y Dashiel Hammett, pero también Ross Mc Donnald, Jim Thompson, Chester Hymes y Patricia Highsmith en la época clásica, digamos. En la actualidad, James Ellroy, Elmore Leonard, Robert Wilson y John Connolly. Y luego está otro grande, Le Carre, aunque suela practicar el sub género de espías. Dennis Lehane (el autor de la novela Mystic River, luego convertida en excelente película de Eastwood), Charlotte Carter (Rapsodia en Nueva York, con una detective negra que toca –mal- en las calles el saxo tenor)

De los franceses, una sorpresa, Boris Vian (Escupiré sobre vuestra tumba) y de las actuales la genial Fred Vargas (Siruela), en su día Manchette y muchos escritores menores de lo que allí llamaron “Polar”, incluidas las pelis, y Simenon, claro, al que considero un grande de la literatura universal sin más y al que no tengo empacho en colocar junto a Stendhal o Proust. Y no soporto al sueco Mankell, que se le va a hacer, porque se le notan buenas intenciones. De los españoles o escritores en castellano, el cubano Leonardo Padura , o el aquí ignoto José Latour (“mundos sucios”- Outcast); curiosa esta Cuba que da un porcentaje tan elevado, en proporción a su población, de atletas y escritores de novela negra de talento. Y los catalanes, González Ledesma y Vázquez Montalbán. Marsé, para mí nuestro novelista actual de más talento, como en su día el Mendoza de El misterio de la cripta embrujada o El laberinto de las aceitunas, también tienen novelas de ese género de policiaco de barrio, digamos. Al italiano Camillieri se le nota demasiado la fábrica de churros, aunque entretiene, pero de los italianos actuales me gusta mucho más Izzo.

Soy consciente de los muchos y valiosos autores que me dejo en el tintero, pero de eso se trata, de que los completéis vosotros., de que me reprochéis los olvidos, que no las arbitrariedades, porque de eso se trata: hablo más de gustos que de criterio, que no es exactamente lo mismo. Poneros a la sombra.

29/07/2008

Haiku del estío (en imágenes)

uno
dos

tres


cuatro



cinco
0)
Estío,
la tercera estación
de las cinco
de los antiguos.
..........................
1)
Han descorchado
los alcornoques:
andan desnudos
(de cintura para abajo)
......................
2)
También el río
tiene calor:
saca la lengua
de arena.
............................
3)
Mi adelfa en flor,
semáforos en rojo, pero
pasan las señoras
abejas.
...........................
4)
La ventana de atrás
no tiene cortinas,
se las anda tejiendo
la hiedra.
...................................
5)
Contemplativo,
contemplativa,
a mi además
me salió bigote
---------------------
Nota: el haiku "auténtico" o tradicional consta de 17 "moras" (unidades menores que la sílaba nuestra) dispuestas en tres versos de 5,7 y 5 moras, sin rima. Octavio Paz y algunos otros admiradores occidentales transformaron los moras en sílabas. Los de arriba son de cuatro no de tres versos y tampoco cumplen la silabación, pero respetan, creo, la idea, la palabra clave: el "kigo", que es el motivo que alude a la época del año o estación, y el espíritu zen: sencillez, que no simplismo. Quizás más que haykus son greguerías al estilo de un Gómez de la Serna más rural.


28/07/2008

Opiniones contundentes: las dos mejores novelas norteamericanas del siglo XX




Veo en algún blog amigo (por ejemplo La linea recta de Recaredo Veredas) que alguno se ha dejado llevar por esa regla absurda –para mí- de ponerse en vacaciones con lecturas ligeritas, por no decir flojas; por ejemplo ese previsible dos de mayo de Pérez Reverte o ese sarcástico "peplum" de Eduardo Mendoza, que tan perdido anda desde hace ya décadas. Yo, sin embargo, opino que si en algo hay que variar en verano la liturgia de lector habitual es en el sentido de enfrentarse a grandes retos, por su extensión, por su dificultad, por lo que sea. La ausencia de horarios rígidos, las horas de luz y los lugares tranquilos así lo recomiendan. Entre otras cosas yo he querido releer las que venía considerando las dos mejores novelas norteamericanas del siglo XX. Para comprobar si seguían resistiendo en ese puesto. Y sí. Dejadme, ya que estamos en tan relajada época, que me ponga tajante, terminante, rotundo y os anuncie que…

…las dos mejores novelas norteamericanas del siglo XX son Submundo (Underworld) de Don DeLillo, y "La trilogía USA" (Paralelo 49, 1919 y El gran dinero, junto a ese apéndice que es la así mismo magnífica Manhattan Transfer) de John Dos Passos. Ambas son clásicos rompedores, es decir: continuadoras de la narrativa rusa y francesa, pero novedosas en formas y conceptos; ambas corales, pero con personajes que, como en Guerra y Paz, seguimos a los largo de décadas.

Submundo se publicó en 1997 y se tradujo al español en 2.000 (Circe); así que la releo ocho años después. En “dos” palabras: im-presionante. A pesar de Doctorow, a pesar de Phillip Roth (de jugadores de ligas menores, como Paul Auster, mejor no hablamos) y a pesar de los nuevos talentos: Chabon, Lethen, Franzen, que están surgiendo, creo que DeLillo es el mejor narrador estadounidense de la segunda mitad del siglo XX.

A la vieja pregunta de los narradores de la “Generación Perdida” quién es mejor: Hemingway, Scott Fitgerald o Faulkner hay que responder sin duda que, justo, Dos Passos, el más complejo y cuyo compromiso político, más firme e ideológico que los otros tres, no perjudicó su literatura, aunque sí su difusión. La trilogía se escribió a lo largo de dos décadas, de 193o a 1949. El segundo mejor es…Chandler, y el tercero Faulkner, aunque el mejor cuentista- en los dos sentidos de la palabra- fue don Ernesto y el más encantador Francis, claro.

Otro día, con más calma, intento justificar estas afirmaciones, tan rotundas como sentidas.

23/07/2008

El blog BobPop TV y la "heterofobia"


No seamos tolerantes con (algunos de) los homosexuales

En principio no hay que ser tolerante con los homosexuales, porque no creo que se trate de tolerancia. Hay que ser tolerante, hasta cierto punto, con la limitada aunque obvia inteligencia de un perro, o con los impulsos sin freno de un niño pequeño, pero con la homosexualidad y otras condiciones esenciales aunque minoritarias del ser humano lo que hay que ser es respetuoso. En un homosexual, maricón o lesbiana, no hay nada que tolerar y sí todo que respetar. Tolerar, perdonarle la vida metafóricamente a alguien porque es distinto que tú o porque representa una opción estadísticamente, y sólo estadísticamente marginal, no es de recibo. Yo confieso que contemplar a dos hombres besándose con lengua me puede producir cierto desagrado visceral, pero inmediatamente mantengo ese desagrado bajo control porque en esto estoy de acuerdo con un Evangelio que afirma que el escándalo reside en el ojo del escandalizado y no en las acciones que contempla.

Ahora bien, para mi tengo que en esto de la homosexualidad y los homosexuales concretos hay mucho de lo que se polemizó a tenor de si todas las opiniones son respetables –que no lo son, por ejemplo, la opinión de que hay que estampar a los bebés contra el suelo-, porque lo que son respetables, al margen, aunque sea difícil, de sus opiniones, son las personas que las sustentan y no por el hecho de tener esas opiniones u otras sino por el más simple y esencial de ser personas. Quiero decir que hay opiniones de los homosexuales, y algunas casi mayoritarias, que no sólo no me parecen respetables sino ni siquiera tolerables, como la idea sorprendentemente extendida entre ellos de que todos los varones somos “en el fondo” homosexuales y lo único que pasa es que no lo hemos “probado”. Además de la pesadez proselitista que tan absurda opinión sustenta –se podría, con más peso porcentual sostener la contraria, que todos los homosexuales deberían probar el sexo hetero para comprobar lo que se pierden, y que era, por cierto, opinión mayoritaria e intransigente hace muy poco- , eso sí que supone falta no sólo de realismo, sino de respeto, y el respeto, para no quedarse en mera condescendencia, debe ser recíproco, como los deberes con los derechos.

Viene todo esto a cuento de un estúpido chiste que repetía en su tan frívolo como brillante blog BobPop TV (21 de julio 2008) de que la diferencia entre un heterosexual y un homosexual son…ocho pintas de cerveza. (El mismo autor, Roberto Enriquez, mantenía un interesantísimo blog de crítica literaria, Lector Ileso, lamentablemente clausurado). Por reducción al absurdo –infravalorado e infrautilizado sistema para poner a prueba casi cualquier argumento tonto- se podría usar a la inversa, pero a nadie se le ocurre. Porque, me temo, la diferencia entre muchos heteros y muchos homos, al margen de sus preferencias de pareja, son la mayor y culpable tolerancia de los primeros sobre los segundos, que al final, no todos, claro, pero sí muchos que se tienen por inteligentes, nos acaban faltando al respeto -y ahora haré yo el chiste de dudoso gusto-, terminan por tocarnos los cojones, que seguramente es lo que pretendían ab initio.

22/07/2008

Lecturas del verano: "Al faro", de Virginia Woolf



Mi conciencia suele ser buena, pero a veces aflora la mala, como me pasa todos los veranos cuando me obligo a dedicar alguna de mis lecturas a algún clásico que por pereza haya ido posponiendo de forma continua lo largo de mi ociosa vida; este Julio le ha tocado a Virginia Woolf, de la que sólo había leído su curiosa novela Orlando, en traducción de Borges, una estrambótica historia a través de la Historia de un ser transexual verdaderamente enloquecido/a, que tanto es un tío peleón en el Renacimiento, como una señora guapa en el Barroco, y algunos de sus cuentos, que me gustaron, aunque no me puse a tirar cohetes. Ahora he leído Al Faro, en traducción de Carmen Martín Gaite –a eso se llama tener buena suerte con tus traductores-, y he acabado hasta las narices de tanto monólogo interior, que algunas historias de la literatura nos quieren vender como invento personal de la señora Woolf, pero que ya los griegos lo practicaban desde la Iliada. En la historia de Al Faro no pasa nada, salvo lo que pasa por la cabeza de sus personajes principales, un matrimonio inglés formado por dos cónyuges camino a la vejez, ella una guapa ama de casa, que no sabe que hacer con su deslumbrante belleza, y el un profesor de filosofía que ha conseguido muchos menos logros de los que su inicial talento parecía suponer, más sus ocho hijos desde la adolescencia a la primera infancia y unos cuantos invitados, todos ellos muermos de solemnidad y sin demasiado interés como personas. En la novela, ya digo, no pasa nada, salvo la intrigante (??) peripecia de que estando en una isla de las Hébridas, el tiempo es rematadamente malo, lógicamente, incluso para el verano y están eternamente programando y desprogramando una excursión a un islote donde se encuentra un faro.

No tengo nada contra las novelas en las que no pasa nada; de hecho, algunas de mis favoritas podrían definirse así, como por ejemplo, muchas de las de Cesare Pavese, pero la escasa simpatía que despiertan en mí los personajes, y de rebote la autora –ahora entiendo que te suicidases en un riachuelo llenándote los bolsillos del abrigo de piedras, querida Virginia- me ha impedido, como diríamos, interesarme, dada la escasez de verdaderas peripecias. A esta señora no le gustaba la vida, a sus personajes, tampoco; como a mí sí me gusta, ni ellos ni ella me gustan. Aún así la he acabado. Sólo he extraído tres conclusiones: 1) A la vista del éxito es posible que el resto de la obra de la Woolf que no he “paladeado” todavía se quede ignota para siempre en mi corpus de lecturas. 2) Que si de lo que se trataba es de veranear y hacer excursiones, por qué no haber elegido Marbella, que en aquella época debía estar poco masificada, y no un lugar tan inhóspito, y 3) Que las despectivas opiniones de la Señora Woolf sobre alguno de sus contemporáneos más excelsos, como Joyce, son improcedentes a la vista de su propio talento, tan evidente como limitado. Y una coda: ahora entiendo la devoción de ciertas feministas paradójicas -caso de que alguna no lo sea- por esta autora; por que todas sus mujeres reniegan de su "condición" (de mujer: de ahí los cambios de sexo en Orlando), pero no se rebelan contra las "condiciones objetivas" del papel a que las condena esa imbécil sociedad victoriana. Como los hombres son idiotas, sobre todo si son intelectuales, como los personajes secundarios, como jardineros o doncellas, sólo se mencionan, pero se les presta menos atención que a los canteros de flores, y como las mujeres, ya digo, son tan frustradas como inermes, y el entorno tan despojado como los propios humanos, el resultado es un yermo desolador como debía serlo la conciencia profunda de esta tristona escritora.

Eso sí, el libro, cuando uno no está tan muerto de aburrimiento como para apreciarlo, tiene párrafos memorables, como los del inicio. Era, desde luego, una brillante escritora; quizás se le podría encontrar un paralelismo con ese buen escritor nuestro de malas novelas que es el tan ensalzado Juan Benet. El problema es que ni ella ni lo que nos cuenta tienen el mínimo interés, pero de vez en cuando aparecen unas reflexiones sobre los caprichos volanderos de los cuervos, o sobre el trazo de la espuma de mar en la playa que están muy bien ¿Sabéis lo que sospecho?, que es, en el peor y más oportunista de los sentidos, una escritora para escritores en ciernes, de quien se pueden aprender muchas cosas, y no sólo buenos recursos de escritura, sino lo que nunca hay que hacer; es una lástima contar con tan buenos recursos cuando no se tiene nada que contar. La lectura de Al faro no ha incrementado mi aprecio por el talento de esta escritora y, en cambio, me ha despertado un cierto desagrado sobre su persona. Creo que hay gentes que hacen bien en suicidarse, aunque suene cruel y tengo una última cosa clara: esta buena señora nunca debía mirar a la cara a sus criados, los prestaba menos atención que a los cuencos de frutas.

18/07/2008

Vuelvo el día 8


17/07/2008

modestas aspiraciones


"En un viejo país ineficiente,
algo así como España entre dos guerras
civiles, en un pueblo junto al mar,
poseer una casa y poca hacienda
y memoria ninguna."
Jaime Gil de Biedma: De Vita Beata

16/07/2008

así es mi amor


"Si es simplemente lo perfecto
Lo que expresarse no se puede
Sino con negativos, así es mi amor.
Al todo que todos aman digo no."

John Donne: Amor negativo (trad. Purificación Ribes)

15/07/2008

siempre sucede


“Siempre sucede,
Voy,
Y la montaña viene.

No pasa lo mismo con los dragones,
Ni con las mañanas,
Sólo vienen
Y se recrean
En la figura de mis dioses.”

(Moisés Ayala: Los árboles No Callan)

14/07/2008

regalo


"Es un mar para jóvenes intactos;

y es un mar para seres que ya saben

lo que el mar lleva en sí, desde la tierra.

Es un mar sin jinetes, no galopa."


( Carmen Conde: Poemas de Mar Menor))

10/07/2008

Más noticias sobre los obispos y la ecología en la Expo de Zaragoza




Tengo que volver a abrir el cierre de este blog –para gran regocijo, supongo, de Vanbrugh- porque Rocío me envía noticias recientes del congreso de supuesta Ecología que ha montado la Iglesia Católica en la Expo de Zaragoza (Ver el post de 10/06/2008). Esas noticias incluyen la nota que la asociación profesional de ecología ha mandado a los medios y de la que sólo se ha hecho eco el diario Público. Es bastante moderada, como seguramente resulta conveniente, para mi gusto, pero recalca dos cosas: 1) que la ecología, pese a su difusión popular, es una disciplina científica de larga tradición ya, en la que no caben improvisaciones, y 2) que han incluido materiales, como era de temer, pseudocientíficos y de adoctrinamiento como el dichoso Diseño Inteligente, en realidad creacionismo remozado, como supuesta alternativa al evolucionismo absolutamente comprobado y establecido.

No soy partidario de prohibir, pero si de dar como mínimo las mismas oportunidades a la información veraz frente a la desinformación. Y eso no está sucediendo ¿Por qué se ha dado cancha a estos mitrados tendenciosos e iletrados? ¿Se imaginan a Galileo debatiendo con papas sobre la posición de nuestro planeta en el sistema solar?; claro, de hecho sucedió y en aquel momento perdió Galileo, aunque finalmente no. Dentro de unos siglos, cuando esta exitosa secta siga existiendo, se pedirá disculpas por esta última maniobra de desinformación y se admitirá que Dios era mucho más sofisticado que ese peón de brega del Génesis que creaba los animales de uno en uno y que puso en marcha un mecanismo maravilloso que hacía innecesaria su continua intervención; esto es, un Dios más elegante y presumiblemente inteligente que sus franquicias actuales.

Pero ya lo advirtió Margalef, La ecología ha ingresado en el cajón de los zapatos descosidos del lenguaje y hoy es ecológico desde un yogur a una caja de tornillos o un congreso de teólogos toscos. Eso no pasa con la mecánica cuántica, que les impone un respeto más esotérico. Porque si tuvieran más imaginación se darían cuenta que la partícula Higgs, la supersimetría y la energía oscura son pruebas irrefutables de la existencia de Dios. ¿Cómo? Por la misma razón que Dios creo el mundo en jornada laboral más sensata que la que ahora propone la Unión Europea. Hay que ser coherentes. Por cierto, mujeres y sobre todo feministas del mundo, todas: ¡devolvednos la costilla! La necesitamos. Ah, y llueve, diga lo que diga el Meteosat, cuando los ángeles hacen pipí, al gusto no de todos, sino de los creyentes, que cada vez tienen que ser más crédulos además.

08/07/2008

Explorador de lo conocido (o el contenido de las vacaciones)

1

2


3





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5



Voy a hacer un viaje por el Comos; al regresar diré que he estado más de un mes en el pueblo. Huraño como soy, habré pasado mucho tiempo solo; también con Paola y Jara; también con conocidos, y habré mantenido encuentros casuales con pastores, pescadores y labriegos (pero todo el mundo debería probar la soledad y el silencio). Miguel Torga, al que pienso releer, decía que “lo universal es lo local sin paredes”, y si aún no me entendéis aquí va este poema del coreano Ko Un:

“Ya salió una estrella.
¡Aquí el lugar se ha convertido
en el universo!”
Las fotos:

1.- Evitar los Cursos de verano, aunque los dé uno mismo en colaboración con colegas/(y sin embargo) amigos
2.- Hacer de socorrista de Jara, que se tira a todas las pozas de las gargantas serranas sin medir las consecuencias.
3.- Disponer la habitación de invitados, hacer de la necesidad virtud y disfrutar de las visitas de amigos.
4.- El patio umbroso de parras, un acuario verde y tibio, fresco al caer las tardes
5.- Mi rincón japonés para mis siestas (algunos pedantes lo llaman meditación e incluso "Zen")

02/07/2008


Una consulta. Pensaba volver a escribir sobre Maupertius (¿recordais el post sobre él y Voltaire?, tuvo bastante éxito). Pensaba reparar el olvido en el post anterior de La balada del abuelo Palancas, de Félix Grande. Pensaba criticar el absurdo afán de la busqueda de lo insólito frente a lo habitual en los supuestos amantes y observadores de la naturaleza. Pensaba escribir sobre mi ciencia ficción favorita (Lem, Bradbury, Dick). Pensaba escribir sobre la música de las "canciones de taberna" de Purcell y los músicos isabelinos. Quería iniciar una serie de post sobre una suerte de historia sentimental de la ciencia, como la llama el físico y pedagogo francés, Nicolas Witkowsky, y hablar del fenómeno posmoderno de la narrativa japonesa, con Murakami a la cabeza, pero...Creo que hay que saber controlar el "tempo" y que debo reconocer que ha llegado el estiaje, más conocido como veraneo e incluso vacaciones. Unos os vais ya, otros os habéis ido, al menos de aquí, y francamente, yo no quiero parecerme a uno de esos semáforos de las carreteras playeras: un objeto que os recuerde la ciudad y la vida que creéis que habéis dejado atrás, aunque la llevais metida en la maleta junto a la sombrilla. Además, yo también tengo una vida al margen de estas páginas y aunque voy a permanecer todo Julio en Madrid, también huiré a destinos más exóticos que Bali (los campos del pediment de Gredos) o tan normales como Los Yungas de Bolivia. ¿Nos vemos...uhm....el 8 de septiembre? De todas formas me seguiré asomando por aquí a regar vuestros comentarios, si es que los hay. Disfrutad, disfrutad malditos; aquí va una receta: muchos liquidos, hacia afuera y hacia adentro; sexo perezoso, siestas en penumbra, lecturas raudas, baños en pelotas, poros abiertos y siempre por la sombra, pastelitos míos. Sed felices; yo, mientras tanto, voy a ver si me aclaro de una vez con la física cuántica y las ecuaciones de tercer grado (¿se puede dividir una esfera por medio de un segmento en dos porciones porporcionales?, me pregunta el viejo y jodido Arquímedes); le haré el seguimiento a un nido de cigüeña negra en el río de mi pueblo; colocaré los estantes de la troje; instalaré la lavadora en el pajar (más sitio para la cocina principal); me renovaré el pasaporte; arreglaré la moto que Güipi me va a prestar; haré marchas de 40 kilómetros con Jara; sustituiré el tabaco por vino de pitarra; podaré el granado (más tarde); no iré a las rebajas, pero sí a las canchas y mercados del altiplano boliviano, y pensaré nuevos temas.

Postdata: ¡Se me olvidaba! Y me dejaré un bigote de bandido mexicano.

Amar el campo (y venderlo en cómodos plazos)


Ya sabéis que al campo algunos urbanitas irredentos le llaman La naturaleza, también así, con mayestáticas mayúsculas. Esas gentes despistadas pero, por lo general, bienintencionadas pueden, sin embargo, conforme al famoso aforismo del infierno enlosado de buenas intenciones, contribuir a destruir lo que valoran. Basta con que se compren un chalecito en esos campos, en “plena naturaleza”, lo cual, si se piensa un poco, es como comprarse un barco con carga de profundidad incluida e instalada en la sentina. Pero nadie debe negar esa valoración, entre otras cosas porque es una valoración que parte de una mirada históricamente romántica, pero estrictamente urbana. La gente no va tanto al campo como huye de la ciudad inhabitable, un invento que define a la civilización y que, paradójicamente, surgió para mejorar la vida de sus habitantes. Es la mirada urbana, a menudo ignorante, pero cargada de buenos prejuicios la que valora esa “Naturaleza” tan bonita. Unamuno lo tenía claro cuando escribió que el que está con la frente sudorosa inclinada en la esteva del arado no tiene ocasión de deleitarse con las bellezas naturales. En un extremo, los que no tienen tiempo para mirar, en el otro, los que miran sin saber ver (Unos niños urbanos corretean por los campos desde el coche con las puertas abiertas. De pronto descubren un hoyo en el suelo donde han dejado basura anteriores campistas; está lleno de envases de tetrabrick de leche. Gritan el descubrimiento a sus padres que están ocupados en instalar toda la parafernalia de mesas, sillas plegables, sombrilla y nevera portátil: “Papá mamá, venid: ¡un nido de…vacas!”)

Cuenta Julián Rodríguez en su precioso Cultivos[1] la carta abierta a mi adorado Ítalo Calvino firmada por Pier Paolo Pasolini. Una polémica de mediados de los setenta. Tenía un título, muy bello: “Limitación de la historia e inmensidad del mundo rural. Carta abierta a Italo Calvino”, luego recogida en sus Escritos corsarios. Pasolini negaba las acusaciones de añoranza de una “edad de oro” y una “Italita” inexistentes. Si se escarba un poco, esa edad de oro mítica, la que añoran los conservacionistas de la naturaleza en España, la de la ardilla viajera y volatinera que atravesaría la Península de copa en copa sin bajar al suelo, la de osos, lobos, linces y águilas, se puede situar como muy tarde, en los años sesenta del pasado siglo, pasado lo peor de la posguerra civil, pero cuando aún no había arribado el desarrollismo ni el milagro económico español, cuando, sí: no había especiales destrozos ni urbanizaciones ni obras públicas polémicas, pero los pueblos se vaciaban de sus habitantes, carne de emigración, y el centro de España se convertía en ese atolón de demografía desertizada, con un centro madrileño y unos bordes costeros de hacinamiento, mientras las “aguas” de las tierras de Soria o Guadalajara permanecían quietas y vacías. ¿Un escenario deseable? Según se mire y quién lo mire.

Los neo cazadores urbanitas actuales van ahora disfrazados de cuerpos de elite de la Guerra en Chechenia, pero para recibir su licencia de caza precisan de un examen del cazador donde se les pregunta por las especies protegidas y otras limitaciones necesarias. Quizás habría que implantar un examen análogo para domingueros y urbanitas de fin de semana. Bastaría que leyeran algunos manuales de ecología rural como las novelas Las ratas o El camino de Miguel Delibes[2], o la espléndida trilogía de la tierra de John Berger[3], o que redescubrieran al premio Nobel islandés Harold Ladnex[4]. O a Pasolini en su polémica con Calvino. Para empezar el cineasta y poeta niega la mayor: “¿Añorar yo nuestra ‘Italita’? (…) La ‘Italita’ es pequeño burguesa, fascista, democristiana; es provinciana y está al margen de la historia; su cultura es un humanismo escolar formal y vulgar.¿Pretendes que yo añore todo eso?”

Lo que Pasolini añora, y lo explica muy bien, no es el pasado, sino lo que antes llamábamos “mundo rural” (y hoy, “Naturaleza”). No reclama ninguna máquina para viajar en el tiempo, sino respeto para mantener ciertas huellas substanciales del pasado. Otro italiano, Chilanti, dio con un término acertadísimo la “edad del pan”: consumidores de lo estrictamente necesario, absentistas de lo superfluo y del lujo, practicantes de pobres y precarias, pero quizá necesarias vidas. Añade Pasolini: “El que yo añore o deje de añorar ese universo campesino es asunto mío. Lo que no impide de ninguna manera que yo ejerza mi crítica del mundo actual ‘tal como es’: pudiendo hacerlo más lúcidamente al sentirme desvinculado y al aceptar sólo estoicamente vivir en él”.

Julián Rodríguez sigue la estela de Unamuno en su Cultivos cuando escribe: “Me gusta la tierra, pero no me gusta trabajar en ella. Creo que nadie en sus cabales, excepción hecha de la generación de mi padre, puede gustarle este trabajo. Es un trabajo demasiado duro.” La pregunta es ¿qué añoramos entonces y qué debemos conservar de ese mundo rural tan poco idílico en cuanto escarbamos un poco, como esos niños urbanos en su “nido de vacas"? O bien, ¿es el mundo rural sólo de los campesinos y de los que lo “saben” apreciar (de mí, vaya)? ¿La generación de nuestros padres es la última generación del mundo rural, los campesinos europeos son nuestros yamomanis, una tribu y una cultura en extinción? Hay muchas ‘Italitas’ poco dignas de admiración; por ejemplo, las ‘Españitas' de Malraux , o la de Orwell, las Españas fascistas antes del fascismo nominal, la España latifundista antes de que Malefakis inventara el término peyorativo (El mayor latifundio de Estados Unidos es el King Ranch de la multinacional de las hamburguesas. El mayor latifundio de Europa está en España: La Almoraima, en la Baja Andalucía, de tamaño similar al rancho tejano). Aquellos hombres no vivían ninguna edad de oro, sino esa edad del pan. Año de hambre, pan de bellotas (pà de angla, en provenzal), decían los antiguos.

Pasolini reclamaba su derecho a romper las paredes de esa ‘Italita’ y asomarse a otros mundos: “el mundo del campo, el mundo subproletario y el mundo obrero.(…) El universo campesino es un universo trasnacional: que no reconoce a las naciones. Es el residuo de una civilización precedente (o de un cúmulo de civilizaciones anteriores todas ellas muy análogas entre sí), dominado la clase dominante (nacionalista) dicho residuo según sus propios intereses y sus propios fines políticos". En España, dicha clase dominante, con la complicidad de pequeños y míseros y amnésicos nuevos "ricos" endeudados en hipotecas, es la que ha vendido este país del duro y hermoso pasado por parcelas, lo ha cementado y asfaltado, y todo ello al grito de amor por su nación que no es la mía, desde luego.
[1] Julián Rodríguez: Cultivos, Mondadori, 2008
[2] Todas en Destino
[3] Editada en Alfaguara
[4] Tusquets editores

01/07/2008

La metáfora de la ruina





El movimiento romántico, en especial el romanticismo alemán y nórdico, reivindicó las ruinas, como también hizo con la “Naturaleza”, los bosques umbríos, los lagos solitarios y las grutas. Por encima del lustre de la obra perfecta y acabada, recién acabada, tanto mejor el noble paso del tiempo, la tremenda belleza de la fragilidad. Así que no es de extrañar que la metáfora de la ruina haya dado también a la literatura alguna frase memorable. A mí me gustan en especial dos, la del poeta Jaime Gil de Biedma, en su famoso poema, De Vita Beata, y una entrada del magnífico Diario de Jules Renard de 1890.
Dice la primera: “En un viejo país ineficiente/Algo así como España entre dos guerras/civiles, poseer una casa y poca hacienda/y memoria ninguna/No leer, no escribir, no pagar cuentas/y vivir como un noble arruinado entre las ruinas de mi inteligencia.”. Claro que a algunos esa inteligencia no les da más que para unos pocos cascotes dispersos.

Otra cita preciosa es de Borges, cuando habla de aquel reino obsesionado por la precisión de la cartografía que terminó realizando un mapa a escala 1:1, es decir, del tamaño del propio reino, al que luego no se le encontró utilidad y terminó abandonado, “habitado por mendigos y alimañas”. En este caso se trata además, rizando el rizo (término náutico) de las ruinas de una representación de la realidad.

Pero mi favorito es la mencionada entrada en 1890 del diario de Renard: “He construido castillos en el aire tan hermosos que me conformo con las ruinas”

También hay una novela, del malogrado mexicano Jorge Ibargüengoitia, Estas ruinas que veis”(1974), y la novela “La ruina” del neorrealista italiano Beppe Fenoglio. Ibargüengoitia, muerto en un accidente aéreo cuando venía a Madrid, está inmerecidamente olvidado, pero para mí, que en general detesto a los Sharpe de turno y las novelas explícitamente cómicas, la sabia mezcla de ironía y nostalgia de este autor, melancólico y mordaz, es insuperable.

Y lo que más me gusta a mí, la técnica romana de minería conocida como Ruina Montium: derrumbe de los montes, que configuró ese paisaje alucinante de Las Médulas leonesas. El procedimiento, tan salvaje como eficaz, consistía en minar de galerías y pozos todo el "placer" sin salida al exterior. A continuación, se hacia llegar toda el agua acumulada en un depósito o embalse previo, que en una suerte de “golpe de ariete” derrumbaba todo el conglomerado minero. Pero lo que es bonito es el resultado de algo que desde el principio ya buscaba la ruina, la demolición, porque es a partir de entonces, cuando sobre esa ruina ”nueva” se deja pesar el tiempo que, en este caso y porque el tiempo siempre le lleva a la contraria al presente, va restañando y restaurando la ruina y las herida iniciales.

Otra ruina favorita, tan obra humana como la anterior, es la del Monasterio de san Pedro de Arlanza, en el camino natural entre el Duero soriano y la alta Rioja; enmarcado además en las “ruinas” geológicas del cañón calcáreo escavado por el propio río y llenas de colonias de buitres leonados. En realidad, todo es leonado o dorado en este lugar: las aves, las rocas, las mismas piedras del monasterio, la luz, sobre todo en otoño; momento en que es más aconsejable la visita.
El cyborg de Blade Runner se vanogloriaba de haber visto nebulosas engullidas por agujeros negros. Más modestamente, yo me he bañado en la presa de un molino medieval o he contemplado una preciosa ermita románica convertida en aprisco donde las ovejas dormían bajo el ajedrezado de un dintel de más de mil años. Es algo que los fanáticos de la cirujía estética jamás podrán comprender, que el tiempo a menudo embellece sabíamente las cosas y las gentes. Ya lo dice el mismo título de una indispensable recopilación de ensayos de Marguerite Yourcenar: El tiempo, ese gran escultor.