13/08/2008

Hasta pronto


Esta vez si que cierro el quiosco hasta el 10 de septiembre. Voy a estar en sitios en que casi los únicos “ordenadores” son los milicos o “uniformados”. Igual a la vuelta os cuento de un paisito que tiene el doble de extensión que España, sin costas, pero con montañas que doblan de sobra la altura de las de acá y con sólo un quinto de nuestra población. A ver cómo le va a Bolivia.

La foto: ¿Véis esa carretera? Apenas está asfaltada, como la mayoría de la llamada Red de "caminitos" del Estado, y va desde las alturas de los Andes junto a la capital La Paz hasta las llanuras de la Amazonía. No hay pretiles, no hay casi reglas de tráfico, como la para mí muy útil de no adelantar en cambios de rasante, y se conoce como de Los Yungas. Está considerada la más peligrosa del mundo. Visto lo visto, ¿es tan raro que yo prefiera volar con los milicos de El Alto (La Paz) a Rurrenabaque (Amazonía del Beni)? Y eso que la mayoría del vuelo cuesta abajo es sin apenas visibilidad, cortando un permanente océano de nubes.

Algo más sobre mí mismo, ¿3?



Llevo pegado a la tele todo el tiempo que puedo. Confieso que me encantan las olimpiadas, salvo la horterada de las ceremonias inaugurales por muy Zhang Yimou que las planifique. Cuando era un niño me diagnosticaron una cardiopatía leve: un “soplo” (un sonido de escape detectable con el estetoscopio) y un corazón mas grande de lo normal. Para mi bochorno, me eximieron unos años de la gimnasia del colegio, pero mi madre jamás pudo evitar mi gusto por correr, trepar y jugar a juegos rudos. Gracias a mi indisciplina, unos pocos años después el examen de un excelente internista tranquilizó a mi madre: debido al ejercicio continuado y al proceso normal del crecimiento, mi caja torácica había ensanchado lo suficiente como para acoger sin constricciones ese órgano algo mayor de lo habitual; de enfermo leve había pasado a poseer un corazón de atleta, capaz de mayor potencia de bombeo y con 45 pulsaciones en reposo.

He practicado en mi lejana juventud el boxeo amateur (a tres asaltos sin K.O.), la natación (100 metros estilo libre o crawl), el buceo a pulmón libre y con escafandra autónoma (botellas), la carrera de 1.500, el montañismo, la escalada en roca y nieve, la espeleología y la marcha de largo recorrido. En boxeo mi principal defecto era una guardia demasiado baja y abierta (como Casius Clay, pero sólo ha habido uno como él); en natación no saber dosificarme y nadar demasiado deprisa desde el inicio; en 1.500 la manía de coger la cabeza desde el principio y no mirar atrás; en marcha mi manía de ir delante a paso rápido y con la mochila más pesada; en escalada mi excesiva tendencia a asumir riesgos y no respetar la regla de los tres apoyos; en espeleología mis caídas en ensoñaciones fetales y psicológicas. A mi favor puedo decir que jamás he tenido aparatos de gimnasia ni musculación ni he salido a correr entre tubos de escape de automóviles.

Hace unos pocos años dejé de practicar los pocos ejercicios habituales que aún mantenía –siempre he odiado los gimnasios, salvo los de box-: la natación en piscina cubierta, el frontón con pala y los paseos largos. Me diagnosticaron una hiper glucemia (diabetes melitus) resultado de la edad y el sedentarismo. Así que llevo un tiempo haciendo algo de dieta y nuevamente ejercicio, porque el cabrón de mi organismo no quiere que me quede quieto, y he vuelto a unos niveles normales de azúcar y salud. También he bajado doce kilos sin mayores esfuerzos. Me voy a morir sanísimo. He descubierto una rara injusticia: es mejor, creo, no haber practicado ejercicio que haberlo hecho y dejar de hacerlo; mal acostumbras al cuerpo. Igual pasa con la lectura, creo que es preferible no haber sido nunca un lector habitual que haberlo sido y dejar de serlo; de hecho, no hay peor sujeto que el que afirma que ya no tiene tiempo para leer.

12/08/2008

El arte ocurre, 2







Hace muchos años practiqué espeleología; usábamos luces de carburo: una llamita en el extremo superior del casco, y en cierta ocasión descendí a una cueva con pinturas; ya las había visto antes reproducidas en fotografía, pero entonces descubrí algo...Simplemente deciros que para mí tengo que esos mismos artistas, -hoy lamentablemente anónimos, en su día probablemente no-, también inventaron el cineematógrafo varias decenas de miles de años antes que los Lumiere. Arriba tenéis las pruebas.

Sólo teneís que contemplarlas a la luz vacilante de una antorcha, de pronto la vida que en cualquier caso tienen les hace ponerse en movimiento...¿Séptimo arte?¿Noveno?, (que es como llaman al cómic).

El arte ocurre

Gerhard Richter: La lectora


“Art happens” (el arte ocurre), declaró Whistler, y añadía Borges: “pero la conciencia de que no acabaremos nunca de desentrañar el misterio estético no se opone al examen de los hechos que lo hicieron posible.”. En la oscuridad de la cueva, pero normalmente junto a la entrada, pensadas para ser contempladas a la bailante luz de antorchas, como una suerte de cinematógrafo paleolítico, increíblemente veraces a la vez que mágicas, más hiperrealistas que el burdo y un tanto oportunista hiperrealismo actual, a la par que simbólicas, concretas: pinturas de animales, y algunos hombres; prodigiosas. Del techo principal de Altamira se ha dicho que era La Capilla Sextina del Arte Rupestre, pero yo creo que para ser justos habría que decir que la Capilla de Miguel Ángel era “casi” el techo de Altamira del Renacimiento. Los que pintaron estos prodigios no eran poco más que simios, sino ni más ni menos que Miguel Ángel o Einstein, pero inmersos en sociedades con un desarrollo tecnológico y sanitario varias decenas de milenios anteriores.

En primer lugar, sólo es posible pensar en algunos hoy anónimos artistas, no en una cualidad o talento artístico compartido por todos. Probablemente, la técnica adecuada para tallar un buen bifaz o una punta de flecha en forma de hoja de laurel tampoco era extensible a todo el grupo, aunque estaría más repartida entre los artesanos. Pero lo que todos compartirían es el conocimiento impresionante del animal dibujado, de forma muy distinta pero tan certera como la de los zoólogos de este nuestro siglo.

Pero no nos dejemos engañar por la exactitud; hay muchas formas de ser fiel a la realidad. Los protestantes prefirieron la cruz al crucifijo; es decir, el símbolo abstracto –que antes fue patíbulo- al cuerpo sangrante; los católicos al contrario. Al pintor moderno Gerhard Richter, autor de la maravillosa La lectora, le encargaron una cruz. Dio al símbolo las proporciones de un cuerpo y a la barra transversal la longitud de los brazos de un hombre. O sea, el cuerpo está y no está ahí, encontrándose lo icónico y lo abstracto. Eso mismo siento yo cuando contemplo uno de esos bisontes de Altamira; pese a su asombrosa fidelidad y su valor icónico, lo abstracto también está ahí. Los por qués y los cómos del arte.

¿Qué significado tenían estas pinturas realistas de bisontes y caballos? ¿Religiosas, propiciatorias de la caza, mágicas, chamánicas, de enseñanza? Quizá no se sepa nunca, pero en cambio podemos responder a una pregunta menos prosaica: ¿Cómo es posible tanta emoción, tanta bella perfección? Y sólo tenemos de momento una respuesta: art happens.

11/08/2008

Confusiones y distinciones (anecdotario)

Werner Heisenberg
Martin Heiddegger

Los semicultos, los subrrayadores de suplementos culturales, los ávidos compradores de novedades en editoriales de moda, los admonitorios levantadores de deditos ante la ignorancia ajena y nunca ante la propia, son, para mí, peores que los ignorantes puros y duros, que tampoco deben confundirse con los analfabetos que a veces, sólo a veces, son sabios de otra forma de cultura, la oral, como mi amigo cabrero Braulio.

Un famoso novelista de mefistofélica perilla y apresurada cultura escribió en su florida columna habitual de un así mismo famoso y hegemónico periódico “El principio de Incertidumbre de Heidegger(sic).Difícilmente puede ser tomada como simple errata la confusión entre el físico cuántico, Heisenberg, que junto a Gödel le puso un puñetero palo a la rueda del progreso científico, con ese nazi de retaguardia y pretendido filósofo que escribió un “tocho” de más de mil páginas simplemente porque en su lengua materna no existe la venturosa distinción entre los verbos “ser” y “estar”.

08/08/2008

Pedro Salinas



AFÁN


No, no me basta, no.

Ni ese azul en delirio

celeste sobre mí,

cúspide de lo azul.

Ni esa reiteración

cantante de la ola,

espumas afirmando,

síes, síes sin fin.

Ni tantos irisados

primeros de las nubes

ópalo, blanco y rosa,

tan cansadas de cielo

que duermen en las conchas.

No, no me bastan, no.

Colmo, tensión extrema,

suma de la belleza

el mundo, ya no más.

Y yo más.

Más azul que el azul alto.

Más afirmar

amor, querer, que el sí

y el sí y el sí.

La tarde, ya en el límite

de dar, de ser,

agota sus reservas:

gozos, colores, triunfos;

me descubre los fondos

de mares y de glorias,

se estira, vibra, tiembla,

no puede más.

Lo sé, se va a romper

si yo le grito esto

que ya le estoy gritando

irremisiblemente a golpes:

«Tú, ya no más; yo, más.»


Para leer a la orilla del mar, en la playa, a la sombra y en voz alta, mirando al...

Este blog es mi librillo de Cardenio






“En esto, alzó los ojos y vio que su amo estaba parado, procurando con la punta del lanzón alzar no sé que bulto que estaba caído en el suelo, (…) y, aunque la maleta venía cerrada con una cadena y su candado, por lo roto y podrido della vio lo que en ella había (…).Y buscando más, halló un librillo de memoria ricamente guarnecido…”


Quevedo llamaba a la lectura, en especial de los clásicos del pasado, “escuchar a los muertos con los ojos”, título que toma prestado el historiador Roger Chartier para la lección inaugural en el Collège de France del pasado año dedicado a la historia del libro como objeto. Estoy convencido de que muchos iniciaron la lectura de los grandes clásicos, como también que pocos de aquellos la concluyeron, porque siempre se cita la página 15 de En busca del tiempo perdido, la de la famosa magdalena, o la 1 y 2 de Don Quijote, donde enumera bienes y condición de un hidalgo. Y sin embargo, como diría un niño lector, lo bueno viene luego. Por ejemplo, en el capítulo ese por en medio (Capítulo XXIII) en que Don Quijote entra en Sierra Morena y se encuentra con la maleta desvencijada de Cardenio. Y de Cardenio se nos muestra un objeto fascinante para cualquiera que le interese la cultura escrita: el “librillo de memoria”[1], que en el francés contemporáneo de Cervantes se traducía por “tablettes”. Estoy convencido de que este blog y todos los blogs son “tablettes”, librillos de memoria. Encomendémonos a San Cardenio[2].

¿Qué era un "librillo de memoria”?, tal como lo menta Cervantes era un objeto, a modo de cuaderno, donde era posible escribir sin pluma ni tinta (como aquí), pero lo que verdaderamente lo hacía singular era que lo escrito se borraba fácilmente (como aquí) y se volvían a usar sus páginas (las de aquí parecen tan inmateriales como eternas). Aquellas ingeniosas páginas estaban cubiertas por una fina capa de barniz, así de fácil. El objeto abandonado por Cardenio, el noble andaluz que había elegido el retiro solitario en las montañas, es el que usa don Quijote, a falta de papel y tinta, para escribir una carta a Dulcinea y otra a Sancho, en realidad una carta de amor y una letra de cambio (que habrán de leerles otros, pues ambos son analfabetos). No es un cuaderno de notas ordinario ni un dietario de viaje como proponen algunas traducciones modernas y señala Chartier; en todo caso se parecería a esas pizarras mágicas para niños donde es posible dibujar, borrar lo dibujado, volver a dibujar…Sí, este objeto es una metáfora de la memoria y el olvido, temas obsesivos en esos capítulos de la Sierra Morena. Sancho, analfabeto insisto, es un memorioso, que se sabe de corrido claro montones de refranes y sentencias. Don Quijote también, pero de otro tipo, pues el recuerda continuamente sus lecturas a las que evoca para dar sentido a sus peripecias. Uno está habitado por la prodigiosa cultura oral que, al no poder confiar en la memoria artificial de lo escrito, repite y recuerda. Don Quijote, más próximo a nosotros, simplemente contextualiza, como cualquier ávido lector, la vida propia con sus lecturas abundantes: es una memoria libresca, como podría ser la mía sino fuera por mi devoción a la Historia Natural (tengo, por tanto, también una memoria visual).

O sea, memoria sin libro y libros como forma de memoria. Y entre medias los “librillos de memoria”: “se annóta en el librito todo aquello que no se quiere fiar a la fragilidad de la memoria: y se borra después para que vuelvan a servir las hojas”. (Diccionario de la Lengua castellana de la Real Academia, comienzos del siglo XVIII). “Olvidar es una condición de la memoria, borrar es la condición de lo escrito” (Roger Chartier, Op. Cit.). Lo que ya no sé es si es deplorable o lo contrario esta fragilidad de lo escrito, hablo ahora de este blog y de todos los blogs. Aquí se trata de escribir como en la arena húmeda de la playa antes de que el borrador de la próxima marea deje otra vez la página en blanco. O si dura algo más, como grabar un corazón en un árbol en crecimiento. Don Quijote no se podía conformar grabando su corazón y el de su amada en la corteza de un árbol y, a falta de papel y pluma, le escribe en el librillo evanescente una carta a Dulcinea, la carta de amor más hermosa de la literatura española, según Pedro Salinas:

“¡oh bella ingrata, amada enemiga mía!”

En cambio, lo que dura cambiando –la única manera de durar desde Heráclito- es la lengua que el gramático Nebrija –santo patrón de Vanbrugh como Cardenio lo es mío- caracterizaba en 1492 como perfecta, “por la ausencia de distancia entre lo que se escribe y lo que se pronuncia”.

Esta es mi isla y vosotros, mis lectores, sois mis compañeros de naufragio. Robinsón Crusoe averigua que no está solo en su isla cuando descubre huellas de pies humanos en la playa, como yo descubro que no lo estoy cuando leo vuestras pisadas en forma de comentarios. Mucho antes, en la mítica antigüedad clásica, otro naufrago "sabe"que la isla de Rodas está habitada por hombres cuando ve dibujos geométricos en la arena, quizás la clásica demostración geométrica del Teorema de Tales. Las playas son librillos de Cardenio, los blogs lo mismo, la vida de un hombre también, porque es condición de la vida recordar y de la memoria olvidar. Ya podéis borrar esto, basta un “clic”. O dejar vuestras huellas para que sepa que no estoy solo.







[1] También aparece un librillo de memoria en la novela ejemplar Rinconete y Cortadillo
[2] También llama la atención de Shakespeare la figura de Cardenio en la última comedia recientemente descubierta del dramaturgo. Entusiasmado por la lectura de la traducción de Don Quijote de John Shelton, en 1612, William escribe Cardenio recientemente incorporada al corpus del genio y antaño considerada apócrifa del teatro isabelino. Finalmente, hay dos boxeadores, un tal Cardenio Gallegos, campeón español del peso medio ligero y Cardenio Ulloa, boxeador cubano.

07/08/2008

¡Premio!


Ah, se me olvidaba. El departamento de Lengua y Literatura españolas de la Universidad de Bolonia, que se dice una, sino la más antigua de las europeas, le ha dado un premio a este blog. Eso demuestra que dicha institución "progresa adecuadamente", como señalan algunos maestros (ellos) refiriéndose a algún alumno (yo), pero también que aún les queda trecho por recorrer ya que, sin ir más lejos, entre los enlaces de este mismo blog hay algunos más merecedores de una distinción que premia el buen manejo del idioma. Sin bromas: creo, sin modestia alguna (¿modesto, yo?), que se premia más bien cierto desenfado, algo de mi, por qué no, picardía, la brillantez que es el escalón más bajo de la inteligencia, sea eso lo que sea, porque primero, brillante; luego, inteligente; luego, modesto y, finalmente, entre la gente: o sea, vosotros. Y el jamón que les mandé claro; que un pata negra, se pongan como se pongan los señores académicos, siempre es otro grado frente al aseadito de Bolonia.

Nota bene: Ya digo que no me gusta adornarme con plumas ajenas -como los sioux, que lo hacían con las rectrices del águila de las praderas-, ni menos con virtudes ajenas a mi temperamento, como la modestia. Pero es que además tengo claro que los premios, se trate del Oscar de Hollywood y hasta si me apuráis del Nobel, son como las rifas, basta estar ahí y el resto es fruto del azar y hasta de la arbitrariedad, porque siempre, siempre hay un arbitro, un tribunal, un jurado.

veinte mil


Y para celebrar que he superado las veinte mil visitas (aunque diecinueve mil, probablemente, sean mías) desde que instalé el contador, "cuelgo" una segunda y extraordinaria foto de Lucía Lacarra demostrando que esa curiosa deformación del continuo espacio-tiempo, que algunos llaman localmente gravedad, no siempre se cumple.
Sólo puedo decir una cosa: vale más un abductor en tensión de Lucía que todos los discursos sobre la salud de todos los ministros de sanidad que en el mundo son y han sido.

Ballet





De las llamadas artes escénicas reconozco abochornado que no me gusta demasiado el teatro. Me refiero como espectáculo, no como género literario. Los actores encaramados en el escenario o asomados al proscenio no consiguen en mí ninguna suspensión de la credulidad, no me creo a Hamlet, no me creo a Don Juan, salvo si los leo. Por eso, de esas artes escénicas sólo me gusta el ballet -a ser posible clásico- y las marionetas. Porque ver danzar bajo tan exigentes y en cierto modo antinaturales normas a un cuerpo perfecto, en especial femenino, ya me parece increíble de por sí; no necesito ninguna suspensión temporal de la credulidad porque ya ellas se encargan, provisionalmente, de poner en suspenso –nunca mejor dicho- la mismísima ley de la gravedad.

Pero en realidad, todo esto es un mero pretexto para colgar una foto extraordinaria de esa extraordinaria bailarina que se llama Lucía Lacarra y que anda ahora bailando con música de jazz, concretamente de “El Duque”, Duke Ellington; es decir, bailando con lobos.

06/08/2008

Foto que me hizo zwingenstein la última vez que pasó por mi pueblo


(ver comentarios al post anterior: Dios y la ciencia, en especial los del propio Zwi)

El extraño diario




A levantarme esta mañana, ante la insistencia de mis hijos pequeños, he tropezado con uno de los patines que me regalaron para que hiciera ejercicio y no viera tanto la tele; los había dejando sin recoger anoche. Me he golpeado la cabeza y creo que me desvanecí unos instantes. Luego he recogido el periódico que he encontrado sobre el felpudo de la entrada y me he vuelto a la cama a leerlo. Sólo he leído los titulares, porque estaba aún algo mareado y me he vuelto a quedar dormido enseguida.

Se ha detenido a la menor que acosó a un varón adulto obligándole a que se exhibiera.

La dirección de la prisión de Guantánamo ha denunciado a Amnistía Internacional por sus comunicados arbitrarios y sin pruebas de vídeo

La unión de consumidores reclama una subida en el precio de los combustibles para evitar el efecto invernadero.

Constructores y agentes de bolsa reclaman sueldos homologables a los profesores de primaria y los médicos en prácticas.

Preocupación de las autoridades por el incremento en la venta de coches en el primer trimestre.

La multinacional peplox despedirá a sus directivos para reducir costes. La plantilla, en cambio, permanecerá íntegra.

Iberdrola propone reducir las tarifas eléctricas

Port Aventura se transformará en una fundación para la conservación del patrimonio

China elimina de su legislación la pena de muerte y solicita audiencia con el Dalai Lama para iniciar el proceso de autonomía en Tibet

Esperanza Aguirre se niega a privatizar hospitales y dar más dinero a la enseñanza privada.

Chueca reclama que se vea con naturalidad a los heterosexuales.

Los responsables de cuatro viejas centrales nucleares proponen el auto cierre

David Bisbal suspende sus conciertos pendientes y anuncia que interrumpe su carrera musical para ingresar en el primer curso del conservatorio.

Sánchez Dragó reconoce que no ha vuelto a leer un libro desde que cumplió los 18. “Entonces es cuando me quedé impotente”, añade.

Los obispos increpan a los fieles para que sean más tolerantes con los practicantes de las demás religiones.

Bono, Brad Pitt y Bill Gates, entre otros artistas y magnates, anuncian que cesarán en sus obras benéficas. A cambio, están dispuestos a pagar íntegramente sus impuestos como el resto de los ciudadanos corrientes.

Un catedrático de economía ha dicho que por qué la gente se pregunta por qué baja la bolsa y no por qué sube y que por qué ese empeño de seguir creciendo continuamente en un mundo finito

Se prohíbe la actividad comercial de intermediarios en los alimentos y productos de primera necesidad. “Distorsionan el mercado”, ha afirmado una autoridad económica.

Ho Chi Ming y Henry Kessinger devuelven el premio Nobel de la Paz que les concedieron hace más de treinta años. “No nos lo merecimos”, afirman.

La Selección Nacional de fútbol dispuesta a no jugar más partidos hasta que no se reforme de forma más digna y justa la legislación sobre acogida de inmigrantes.

El presidente del Senado presenta su dimisión. “Tengo ganas de dedicarme a cosas verdaderamente importantes, como traducir las cuartetas de Omar Khayam al catalán”, afirmó.

Se inicia la campaña para apadrinar un alto cargo con mil euros al mes.

Qué extraño. Al despertar y no encontrar el diario le he preguntado a mi mujer; me apetecía hacer el crucigrama y leer los poemas que sustituyen la habitual sección del horóscopo. Me ha dicho que no estamos suscritos a ningún periódico, que de hecho, nunca leemos la prensa, pero a mí me ha parecido interesante eso de estar informado.

05/08/2008

De los límites de la escritura o el abuelo disléxico (mini ensayo)




Para escribir bien, esto es, para construir adecuadamente el sentido de un texto hay que funcionar en un equilibrio entre las restricciones transgredidas y las libertades refrenadas. Si no transgredes puede que escribas correctamente una carta comercial o una lista de la compra, pero jamás un buen poema. Si no te refrenas, si no sujetas las riendas de tu libertad, no te vas a hacer entender. Por ejemplo, la ortografía no es un arcano para distinguir a los cultos de los poco letrados, sino un código de entendimiento común. Es una de las formas materiales de lo escrito, que delimita un extremo; el otro, son las competencias culturales y compartidas de los lectores. Ahora bien, la creación auténtica implica la producción de diferencias significativas de las que surgen sentidos posiblemente inesperados. Nuevamente los poetas son los que mejor lo saben hacer y eso les concede su superioridad sobre el resto de literatos: construyen caminos donde los demás sólo habíamos visto precipicios y despeñaderos. “Inventa mundos nuevos y cuida tu palabra; /El adjetivo, cuando no da vida, mata.”, escribía Huidobro.

Aunque a veces el descubrimiento fulgurante no surge de la artística pericia sino de la flagrante ignorancia, como ese “ostentóreo”, acertada mezcla de ostentoso y estentóreo, que acuñó un famoso ordinario. Y a veces eso hace casi superflua la filología; un amigo me preguntó una vez que si yo sabía de donde provenía su apellido: “Megino”. "De un abuelo disléxico que se llamaba Gimeno", fue mi respuesta. El lenguaje es también un abuelo disléxico que encuentra perlas entre tanta ostra podrida.



Deberes para casa: redacción de una página sobre las siguientes cuestiónes:

¿Qué son más inmorales, los bajos fondos o los fondos de inversión?
¿Qué es más inmoral, robar un banco o fundarlo?

04/08/2008

Dios y la ciencia


El nombre de Dios


El empeño idiota por demostrar científicamente la existencia de Dios sólo es equiparable al de intentar demostrar científicamente su inexistencia, y hay que decir que últimamente –Dawkins, Watson- proliferan estos últimos. En el caso de que exista el libro La nube del desconocimiento de un místico anónimo que cita Don DeLillo, que escribía allá por el siglo de la gran peste negra, XIV más o menos, habría que retener una frase del comienzo: “Detente un instante, miserable piltrafa, y repasa lo que ha sido tu vida”. Lo que la distingue de otras admonitorias llamadas al examen de conciencia, al margen del saludable y familiar trato interpelativo, que me encanta: “miserable piltrafa”, y que somos todos nosotros, queridos lectores y blogueros todos, y de la llamada a la pausa y el inventario, se puede empezar a pensar en Dios, a falta de cosas mejores, como un secreto, como hace el monoteísmo para mí más sofisticado, también el más antiguo, el judaísmo. Dios como un “largo y oscuro túnel”. Nuestra simpleza (es un decir) frente a la enormidad del rostro de Dios. Ahora, intentemos aproximarnos a Dios a través de su secreto, de su incognoscibilidad; apliquemos una teología cuántica relativista, una teoría de supercuerdas adecuada al problema. Dejemos a los optimistas la idea de aproximarse a Dios a través del amor o la oración o del LSD, porque, unos y otros, una cosa está clara: no podemos conocerle a través del intelecto. Podemos llegar a conocer la mente a través de la mente, los neurocientíficos andan en ello, el continente a través del contenido, el todo a partir de las partes del todo, pero a Dios no. Hay que aprender a respetar el poder del secreto. Respetar a Dios no es hacer fiesta según un absurdo calendario, sino respetar su secreto, aproximarse a Él a través de ese secreto, a través de su carácter de no creado, porque a nosotros nos hacen, nos crean. Dios no está hecho. El espacio quizá sí, el tiempo, también, pero Dios no. Ni le conocemos ni le afirmamos, porque cómo podemos pretender el conocimiento de un ser semejante. Vengan filósofos alemanes a resolver esta cuestión. Así que La nube recomienda desarrollar la única pretensión de búsqueda razonable, a través y en torno de esa única palabra, una única palabra que no es “Dios”, porque esa la hemos gastado en ferias. Qué palabra, cuál palabra. No lo sé, pero con esa única palabra –no los mil rebuscados e ignotos nombres de Dios-, sino una, se elimina toda distracción, se nos centra la búsqueda y la aproximación a la inaprensible identidad de Dios.

¿Qué palabra?, quizá “amor”; no, demasiado sentimental, indefensa y gastada.

“Ayuda”, también indefensa, y además patética y gastada igualmente. Pero Nick Shay, el personaje de Submundo de Don DeLillo, propone la versión en italiano: AIUTO, se debe pronunciar como un lobo aullando a la luna (a Dios en realidad): "Aiii-uuu-to".

O sino, la propuesta de otro místico español y no anónimo, San Juan de la Cruz: “todo y nada”

En realidad se trata de intentar evadir el fiero dictamen de Wittgenstein: Cuando oigo a hombres inteligentes hablar sobre Dios, pienso que “si las pulgas tuvieran rituales, serían sobre los perros.” Las religiones son profecías auto cumplidas, con lo que eso tiene de trampa intelectual, lo señalaba el propio Libro de Job: “porque si tengo miedo, me acaece, y me sucede lo que temo”.

Ateismo pedagógico

Desde mi óptica, la de un ateo trascendente inmerso en una cultura mediterránea, o al menos latina y por ende católica, los intentos del biólogo y excelente divulgador inglés Richard Dawkins[1] y el filósofo francés Michel Onfray[2] de practicar una suerte de proselitismo ateo me podrían parecer algo superfluos por no decir patéticos. Sin embargo, el asunto no es tan simple. En realidad la cosa sí sería sencilla si la ciencia y la filosofía, como disciplinas racionales del saber, dejarán a su aire los intentos consoladores de los irracionalismos trascendentes, con las religiones tradicionales a la cabeza aunque no las únicas. El problema es que esas religiones no se limitan a defender su fe, esto es, la defensa de unos planteamientos que la exigen, puesto que no son racionales como dogmas, aunque en parte sí como expresión de unas necesidades, el aludido deseo de trascendencia, el miedo a la muerte, la negación de la pura y mera extinción, entre los mayores. Y no se limitan porque, de un lado, pretenden rivalizar y hasta desautorizar la racionalidad positivista que nos viene desde la Ilustración, anteponiendo a “hechos” bien establecidos, como la evolución por selección natural, invenciones como el mal llamado Diseño Inteligente. Debería limitarse afirmar que creen a pies juntillas en el relato del Génesis y punto. Y en segundo lugar, porque no se conforman con organizar los ritos y prácticas y creencias de sus propias religiones sino que se entrometen en la vida de todas las personas, creyentes o no y de los estados laicos que las acogen. En ese sentido, la labor pedagógica de filósofo y biólogo no nos puede parecer tan olímpicamente superflua, pues es una tarea de desintoxicación.

Aunque sólo hay una cosa casi tan tonta como la búsqueda “científica” de Dios (o del alma) y es la pretendida demostración “científica” de su inexistencia. No olvidemos que el blasfemo y el orante interpelan igualmente a Dios.


[1] Richard Dawkins: El espejismo de Dios (The God Deilusion) 2007/2006
[2] Michel Onfray: Tratado de ateología, 2008