profesión de fe

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Somos los conocidos superhéroes del barrio –concepto acuñado por Kiko Veneno para definir lo que se podría llamar héroes de proximidad-: Lansky y Superperropequeño. Ambos somos más ciudadanos que patriotas ( y tan rústicos como urbanos), o bien, nuestra patria son nuestros zapatos -o ni eso en el caso de Jara-, la infancia o el sillón de orejas de lectura, pero nos negamos a la ñoñería esa de ciudadanos del mundo. Simplemente, tenemos pasaporte

27/01/2009

Belleza y bondad




Parte de la mejor literatura que conozco es moralista o hecha por moralistas. Ahora bien, un moralista auténtico no es un señor que nos da la vara diciéndonos cómo tenemos que comportarnos. No suele hacerlo. Un moralista es simplemente alguien con talante filosófico que sabe percibir las implicaciones éticas que tiene cualquier suceso por amorfo o inane que parezca: es una forma de mirar sutil, no conminatoria. Y es muy difícil de practicar bien.

El huitlacoche son unos pequeños hongos parásitos de la mazorca del maíz. Es el caviar indígena en algunas zonas de México. A la planta además le sienta estupendamente que le quiten al incómodo huésped indeseado. En cambio, el caviar auténtico, las huevas de la hembra de esturión es un estipendio despilfarrador parecido a matar un toro para comerse sólo sus testículos, las criadillas. Lo exquisito también enfrenta el despilfarro al ahorro y el Norte al Sur geopolíticos.

Hay larga tradición histórica de usar o hasta provocar las minusvalías humanas en provecho de ciertas actividades exquisitas. El caso más conocido es la castración de niños para preservar su agudas vocecillas en ciertos registros que ni un contratenor puede alcanzar en el canto. Pero hay más casos, desde cortar los tendones de aquiles de ciertos esclavos que realizan actividades sentados (para que no escapen), o los famosos eunucos de las cortes orientales o los emasculados en las persas, hasta casos más desconocidos o menos públicos, como el de los “frates barbari”, hermanos bárbaros, que eran monjes analfabetos encargados de los archivos y sellos de la documentación diplomática y confidencial entre estados. En una época que no había fotocopias y el papel escaseaba era un buen sistema.

Pierre Bonnard, un impresionista no tan famoso como los Renoir, Degas y Manet, pero que a mí me parece exquisito era además de un moralista, un perfeccionista obsesivo. Por ello retocaba continuamente sus cuadros, que nunca daba por terminados. El problema es cuando vendía uno –tuvo éxito en vida- o, peor aún, cuando lo adquiría un museo. Entonces se presentaba con un cabo de pincel y una pequeña paleta ocultas en la ropa y cuando no miraban los vigilantes, espectadores y bedeles, daba una pincelada acá, iluminaba con un toque de luz allá. Un economista al uso jamás entendería que alguien hiciese eso con un artículo ya colocado en el mercado.

La exquisitez no es servir champán en orinales de plata, como un servil francés colaboracionista hizo con un general alemán durante la ocupación de París en los cuarenta del pasado siglo. Además el general lo rechazó con un gesto de asco. En cambio, era exquisito el modo de liar sus cigarrillos con picadura negra –cilindros perfectos y acabados- el cura párroco de mi pueblo. Es exquisito el gesto burlón y amistoso con el que me recibe en el bar de la plaza mi amigo “Güipi”; lo es el modo de secarse la frente con la manga el hortelano y el gesto de frotarse las manos antes de empuñar el azadón, lo es el fraseo jazzistico de los estorninos que me desintonizan la antena de TV del pajar y la vibración sutil de las brizas de los prados al menor atisbo de viento.O el modo en que Jara alza una sola oreja cuando siente que su ama se aproxima a la puerta, el modo en que el musgo tapiza las hendiduras de las marmitas de gigante de los bolos de granito.

Todo esto no sé muy bien a qué cuento viene, pero creo que viene a cuento de que no conozco ni un solo caso de exquisitez inmoral. Quizá por eso jamás le encontré la gracia a Sade. Lo bueno es hermoso, y viceversa.

11 comentarios:

Mita dijo...

Ah, bellísimo todo. Vuelvo luego a leer con calma. La foto de la chica de tu pueblo leyendo, también está bien.

Ciber-Roxy-Rot-Tedesca

Lansky dijo...

Tedesca, ¿eh?

Vanbrugh dijo...

Recuerdo una conversación de hace meses en este mismo blog, sobre la felicidad. Entonces era yo quien se empeñaba en ver en la felicidad una dimensión ética que, decías tú, no tenía por qué tener. Viéndote hoy defender la correspondencia entre belleza y bondad -con la que estoy muy de acuerdo, pero que me veo tan incapaz de argumentar como aquella otra- me siento oscuramente reivindicado.

Lansky dijo...

Pamplinas ¡Demuéstralo!

Vanbrugh dijo...

Me he perdido. No sé qué quieres que demuestre. ¿Que existió aquella conversación? Basta hurgar un rato en tu archivo. ¿Que lo bueno es hermoso y viceversa? Eso lo tendrás que demostrar tú, en todo caso, que eres quien acaba de afirmarlo. ¿Que la felicidad tiene un componente ético? Eso, si no intenté demostrar entonces, menos lo intentaré ahora, cuando ni siquiera es de lo que estamos hablando. ¿Que me siento oscuramente reivindicado? Eso es asunto mío y no necesito demostrarlo, me basta con afirmarlo. Y lo afirmo. Otra vez. Me siento oscuramente reivindicado.

Lansky dijo...

Te habras perdido pero a mí me has encontrado. Reivindícate todo lo oscuramente que quieras (ni que mi blog fuera un tinte), pero yo sí que no veo que sea lo mismo bondad y belleza, que felicidad e idem. Cuando aprenderéis que lo de la felicidad es algo muy escurridizo...

Vanbrugh dijo...

Ah, y en cambio lo de la belleza no. Concepto sólido y asible como pocos, la belleza. Redundando en el tinte, lo llevas claro.

Mita dijo...

Esos colores del cuadro son preciosos.
(me he saltado algunas frases, no soporto leer ciertas cosas, no soy capaz)
A mí me atrae mucho cuando hablas de la naturaleza, me parece un mundo extraño y enorme por descubrir. Como no sé nada ni del vocabulario,ni de lo que ves...es como un cuento.
Supongo que todo depende de esa mirada sutil de cada cual y del concepto de belleza.
En lo que estoy de acuerdo es en que la bondad es belleza.
¿Te das cuenta: Bondad? Casi nadie se interesa ahora por esas cualidades.

Lansky dijo...

¿oscuro, claro,... espeso?

Vanbrugh, no se trata de que sea fácil definir la belleza, cuyos canones varian e/t como sabemos, si no que una vez definida se detecte y acepte. La felicidad se pu3ede quizá definir, pero los consejos para alcanzar la felicidad son aún más inútiles que los consejos de belleza (para un feo/a)

Sierra dijo...

Proust es bellísimo, pero se encerró 20 años a escribir el librito ese, lo que me parece perfectamente analogable a los castrati. Y cuando digo "encerrarse"...

Por lo demás, enterarme de que esto (1) no es bello sería decepcionante. Y no consigo encontrar ningún aria para castrati de Mozart, pero son... todo un asunto.

(1) http://www.youtube.com/watch?v=wv-S3uoeTXg

Sierra dijo...
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