

El último trabajo publicado por Charles Darwin, dos semanas antes de morir, fue la descripción de una diminuta especie nueva de molusco bivalvo, un diminuto mejillón de agua dulce que iba prendido de una pata de un escarabajo acuático. Se lo había enviado un zapatero y naturalista aficionado apellidado Crick, abuelo de un tal James Crick que un siglo después, junto al norteamericano Watson publicaría en Science su revolucionario artículo sobre la molécula de ADN que soporta la información de la herencia de todos los seres vivos del planeta. Se había cerrado un círculo, porque lo que Darwin esencialmente ignoraba y hubiera necesitado saber es la naturaleza exacta de la herencia y la posibilidad o imposibilidad de heredar los caracteres físicos adquiridos durante la vida del individuo en su relación con un entorno dado.
En este año se cumplen 150 desde que Darwin publicara probablemente el libro más famoso de la ciencia o al menos de la biología, el conocido abreviadamente como El origen de las especies, y 200 desde su nacimiento en 1809. De la trascendencia de su contribución, que no fue proponer la evolución de las especies frente a la inmutabilidad del relato de la Creación del Génesis (ya había numerosos antecedentes, desde los presocráticos a Lamarck, pasando por su propio abuelo Erasmus Darwin), sino un modelo explicativo de esos cambios temporales de los que surgirían nuevas especies y desaparecían otras: la Selección Natural, baste acordar con el genetista Theodosius Dobzhansky que toda la moderna biología, hasta sus últimos avances, sería hoy incomprensible si no es en el marco de su teoría, tan confirmada una y otra vez en lo esencial como retocada una y otra vez en sus detalles, cada día más perfectos.
Por ello, considero tan recomendable celebrar las dos efemérides haciéndose con sus dos libros fundamentales, el mencionado Origen de la especies, en alguna de las buenas ediciones que han surgido por tal razón (por ejemplo, la muy primorosa y bonita de Espasa Calpe) y su Diario de viaje de un naturalista alrededor del mundo (también en Espasa Calpe), pero además sería conveniente acudir a algunos de los excelentes trabajos modernos que dan cuenta del estado de la evolución biológica moderna, completado con alguno de las buenas biografías y ensayos históricos de su esencial descubrimiento.
4 comentarios:
Darwin es el mas grande cientifico de todos los tiempos?
Pregunto.
Gracias por el recordatorio sobre Darwin. Hace años me compré "El origen de las especies" y "El origen del hombre" de Editorial Diana de México, ilustrados con grabados, también tengo el "Diario de un Naturalista ...", parece que de Alianza Editorial. Espero poder leerlos algún día que no sea muy lejano. Y, ¿qué título y autor reúne los requisitos de excelente trabajo moderno que da cuenta del estado de la evolución biológica moderna?, si no es mucha molestía que lo digas.
A veces viene a mi mente el pensamiento que la ciencia, así como cualquier otra área, ha zanjado una andana, como rama nerval desde la médula espinal, abriéndose paso, claramente dando muy racionales explicaciones acerca del mundo y todo lo que está en él.
Es muy posible que todo esto sea la punta del iceberg, a lo que me refiero es al palimpsesto irrevocable al que estamos condenados por la sucesión de eventos en que ocurren las cosas.
Dejo fuera toda sensación pánica, simplemente es una manifestación. Por lo que cada conocimiento nuevo es una ventana infinita de otro alumbramiento.
Como hilo de cáñamo abriéndose paso dentro de un cubículo de mimbre. No creo en el azar, ni tampoco en el determinismo. Pero si en la visión cerebral a la que no se puede escapar, mas si intentar girar levemente.
Creo ahí la llave de todas las llaves.
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Te cuento me he encontrado con los escritos Ernesto Sábato hace muy pocos días. Muy interesante.
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Saludos Lansky!
emma
En biología, sí. La gente de la comunidad científica suele mencionar dos ingleses y un alemán: Newton, Darwin y Enstein.
David
No adelantemos acontecimientos; incluiré esas referencias en mi siguiente post sobre Darwin: Darwiniana, 2.
Álvaro:
Para mí decir "no creo en el determinismo" o "no creo en el azar" es como decir "no creo en el segundo principio de la termodinámica" o "no creo en la ley de la gravedad". Entiendo que te desagrade conceptualmente el azar (a mí no, pero quizá porque lo enfoco desde un lado más bien matemático) o el determinismo, que en las ciencias físico naturales no tiene que ver casi nada con lo que se llama determinismo en ciencias sociales, pero ahí están, y funcionan.
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