profesión de fe

profesión de fe
Somos los conocidos superhéroes del barrio –concepto acuñado por Kiko Veneno para definir lo que se podría llamar héroes de proximidad-: Lansky y Superperropequeño. Ambos somos más ciudadanos que patriotas ( y tan rústicos como urbanos), o bien, nuestra patria son nuestros zapatos -o ni eso en el caso de Jara-, la infancia o el sillón de orejas de lectura, pero nos negamos a la ñoñería esa de ciudadanos del mundo. Simplemente, tenemos pasaporte

29/01/2009

Darwiniana, 2: un largo silencio






Darwin se convenció de “el hecho” de la evolución probablemente en la costa argentina plagada de fósiles de especies de mamíferos distintas pero próximas a las existentes en la actualidad en el mismo lugar, como perezosos (pero gigantes), camélidos, etcétera. La llegada, un año después a las Islas Galápagos, donde los llamados pinzones de Darwin (Geospiza spp) formaban una radiación adaptativa, con un pájaro en cada isla o entorno especializado en un alimento distinto y con picos adaptados a esas diferencias, no sólo le acabó de convencer sino que le sugirió la relación obvia, pero escurridiza entre la aparición/desaparición de nuevas especies y el fenómeno de la adaptación de estas al entorno. Con el caso de las grandes tortugas terrestres que dieron nombre a las islas pasaba algo similar, una especialización, muy visible en sus escudos distintos en cada isla y en cada ambiente de cada isla.

A su regreso a Inglaterra, Darwin se casó con su prima, se retiró al campo, inició una carrera como reputado naturalista y guardó silencio durante décadas sobre su descubrimiento hasta que el codescubrimiento de otro naturalista victoriano más joven, Alfred Russell Wallace, que acababa de regresar del archipiélago Malayo con muy similares ideas le forzó, primero, a presentar sus conclusiones en una reunión conjunta con el anterior en la Real Sociedad de Londres e inmediatamente después a la publicación, largamente aplazada, de El Origen de las especies, cuyas primeras ediciones se agotaron de inmediato convirtiéndose en un best sellers de la época.

Darwin no permaneció ocioso en el intervalo entre su regreso del periplo del Beagle y esa publicación. No se le escapaba el revuelo que iba a causar y en cierto modo detestaba la primera linea de batalla de toda controversia (para eso surgió un paladín, el llamado “bulldog de Darwin”, el biólogo Thomas Henry Huxley, abuelo del escritor Aldous y el biólogo Julian). Sus observaciones sobre la selección artificial que los ganaderos realizan para criar individuos más interesantes para sus fines (carneros sin cuernos, vacas con mayor producción de leche, cerdos con más peso) y en especial de palomas, a cuya cría era muy aficionado, le ratificó que el proceso debía ser una selección similar pero no dirigida por el ganadero o el hombre, sino por las condiciones ambientales pertinentes: la selección natural. Algunas lecturas del momento, como las tesis del economista Malthus sobre el crecimiento más acelerado de la población humana frente al más lento de la producción de alimentos[1], le dieron otra clave: las especies producían mucha más descendencia de la que llegaría a adulta (una ínfima parte); sólo los mejores en cada ocasión lo conseguían y a su vez se reproducían; el duro entorno, la competencia por el alimento y otros factores (como la selección sexual de la que se hablará más tarde) se encargaban de eliminar a los más. Y los "mejores" dejaban a sus hijos esos factores que les habían concedido esa ventaja reproductiva siempre temporal (ni una palabra sobre "la lucha por la vida" que acuñó un reaccionario darwinista social que Darwin repudió).

(Continuará)
________________________________________________________
[1] Existen buenas ediciones en castellano de esta obra de Malthus, Ensayo sobre el Principio de la Población (1798), por ejemplo en Alianza Editorial